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martes, 10 de octubre de 2017

recordando canciones: hooting & howling, wild beasts (2009)

En 2010 fui al primavera sound. Los días previos, haciendo repaso del cartel, me dediqué a investigar a los grupos que no conocía. Entre ellos, Wild Beasts. Por entonces, habían publicado sus dos primeros discos, Limbo, Panto y Two dancers. Escuchando este último descubrí a un grupo que me desafiaba con su propuesta. Una suerte de art pop en el que claro, destacaba la voz de Hayden Thorpe, más drástica en estos dos primeros discos que en el resto de su discografía.
Las tremendas canciones que contiene Two dancers me atraparon desde la primera escucha, siendo Hooting & howling la primera que me voló la cabeza. 5 minutos de apasionada e intensa épica a golpe de emoción.





























Escuché por primera vez a Wild Beasts (en la foto, en una orilla) preparando hoja de ruta de ese primavera que comentaba más arriba, descubriendo a un grupo del que me haría seguidor desde el minuto uno. Lo que no sabría es que luego a la práctica, me quedaría sin verlos. Dentro de la tiranía de los horarios de un festival, coincidieron con otro grupo del que también soy seguidor, Broken Social Scene, así que me decanté por estos últimos. Calenté el horno para luego no hacer bollos.
Y ahora, después de 7 años y ellos llamados a la separación, pocas oportunidades más voy a tener.

Después de Two dancers, vendrían tres discos más, en los que perfeccionarían sus aptitudes y llevarían ese art pop de sus dos primeros álbumes a un sonido más personal, íntimo y sugerente. 5 discos para descubrir y que muestran a un grupo siempre interesante e inquieto.
5 discos y una oportunidad perdida (por mi parte). Javier Ruiz

lunes, 4 de septiembre de 2017

recordando canciones: perfect illusion, lady gaga (2016)

El momento exacto en el que escuchas una canción por primera vez es determinante. En este caso, fue un viernes por la mañana temprano, en la habitación de un hotel de una ciudad en el extranjero esperando a que llegara la hora de que abrieran el bar para desayunar. En ese instante me entró curiosidad por saber como sonaba eso de lo que tanto hablaba la gente. En ese momento desperté en mí la atracción hacia el personaje. Hasta ese momento, atracción cero por mi parte. Si me hubieran hecho un análisis marica de sangre para determinar mi nivel de adoración a grandes iconas, los resultados podrían haber sido estos (aprox.):

-70% Madonna
-20% Beyoncé
-  5% Rihanna
-  5% Otras/os

Esto es, cero % Gaga . No sentía ni frío ni calor con su propuesta. Bueno, sí, indiferencia. Pero ese viernes cambió todo. Bueno, tampoco hay que exagerar. Todo no, y tampoco es que ahora sea ultrafan a muerte. Pero sí que me llama poderosamente la atención su persona. Y sus canciones (algunas, cada vez más), que prácticamente ni había escuchado.

Pero escuchando Perfect illusion ese día de vacaciones me voló la cabeza. Tres minutos de una canción aparentemente inofensiva en la que parece mentira que hayan participado tres de los productores/compositores más solicitados de la actualidad. Parece mentira porque ni es un prodigio de la composición ni de la producción, ya que sin ser yo un entendido de ambas cosas, no parece tan espectacular, ni avanzada, ni incluso contemporánea como se podría esperar, pero así todo, claramente, es una canción que te consigue poner en un estado de ánimo curioso. Una canción diferente a todo lo que escuchamos actualmente (prácticamente en cualquier ámbito) y que al escucharla por primera vez se pasan por las siguientes fases:

1. Rechazo: Ni es una canción EDM (ese ritmo atropellado y que parece que nunca va a arrancar), ni tampoco rock guarro como pide la interpretación de Lady Gaga. Como es una cosa rara que de primeras no sabes por donde cogerla es evidente que la primera sensación sea de rechazo total y de no querer escucharla nunca jamás en la vida.

2. Curiosidad: Pero joder, es tan irracional que necesitas escucharla de nuevo para poder comprobar cuantísimo se les ha ido la olla. Y demonios, el subidón en el estribillo final es para morir de emoción y rabia. Está cantada como si le acabaran de romper el corazón dos minutos antes y el "misteken for love" es de una genialidad absoluta.

3. Fascinación: Aquí ya estás entregado totalmente a esta locura (si no has muerto antes de un ataque epiléptico al ver el vídeo) y ya no hay marcha atrás. Abrí una puerta a mis casi 40 años que me pregunto porque seguía cerrada a estas alturas: "Don't be a drag, just be a queen".

Lo que pasó a continuación no te sorprenderá. Sigo tirando de la cuerda y me doy cuenta que Lady Gaga cuenta con un numero considerable de greatest hits. Grandes canciones de las que vivía ajeno. Insensato de mí.

En estos momentos, si me hicieran otro análisis los resultados quedarían así:

-70% Madonna
-20% Beyoncé
-  5% Rihanna
-  4% Lady Gaga
-  1% Otras/os




(por el bien de su buen nombre y trabajo, aclarar que ni Amaya ni Manolo han tenido nada que ver con el marino Gaga que ilustra este texto)

martes, 2 de mayo de 2017

recordando canciones: passionfruit, drake (2017)

Passionfruit de Drake por ManoloDomínguez



Passionfruit de Drake por Javier Ruiz



Espera, espera, mierda. Que le jodan a todo esto, tengo que empezar esta 
mierda de entrada, espera. Que le jodan a todo esto. Todavía tengo que pensar que es lo que digo en esta entrada que a Manolo se le ha ocurrido hacer. Esperad, me voy a poner una copa, seguro que lo hago mejor

Drake no es mucho de discos. No es un artista con el que se disfruten sus álbumes al completo, es más bien un artista de grandes canciones y disco flojos. Pero que grandes canciones: Take care, Hold on, we're going home, Hotling bing o Too good. Y ahora se repite la jugada con su último disco/playlist/mixtape More life y podemos añadir a su lista de logros Passionfruit.

No diré que Passionfruit suena como una brisa de verano a la hora de ponerse el sol. Eso sería muy evidente. Pero sí que a mí me suena a canción que pongo en el coche en verano, de camino a meternos en el mar. A esa sensación me suena. Al aire entrando por la ventanillas. A la música sonando alta y nosotros pensando en el día de mar. Uno de los mejores momentos del verano, uno los momentos más esperados del año.

A la sensación de meterte de repente en el agua fría, a la piel erizada. A los diferentes tonos de azul y a pocas olas.

Espera, espera, mierda. Que le jodan a todo esto, que todavía estamos en mayo, espera. Que le jodan a todo esto. Todavía tengo que pensar como acabo esta entrada que a Manolo se le ha ocurrido hacer. Esperad, me voy a poner una copa, seguro que llega antes

miércoles, 8 de marzo de 2017

recordando canciones: these are the dreams of the working girl de comet gain

No soy, no he sido jamás, un activista en mi vida. No he defendido mis derechos ni aquellos que creo justos para los demás. Y no llevo bien eso de meterme donde no merezco. Por eso suelo atender de forma pasiva las reivindicaciones de días como este, no porque no tengan todo el sentido del mundo, sino por esa personalidad (o falta de) que me agarra al sofá y no me permite expresar ciertos sentimientos.



Sin embargo, hoy me he acordado de este diseño fallido que realicé para una camiseta que nunca existió, en la que le daba una pequeña vuelta de tuerca a la canción de Comet Gain (que en realidad hablaba más del hastío social y de la necesidad de enamorarse) incluyendo una foto que estaba por casa y que pertenece a unas placas de vidrio realizadas probablemente a principios del siglo 20 y que muestra a unas trabajadoras de la Fábrica de Tabacos de Sevilla. Mi padre encontró estas placas perdidas en un almacén de las oficina de Tabacalera, las reveló, se quedó con la copia y, como siempre le pudo esa integridad que al final nunca lleva a ningún lugar, las entregó a la empresa para que ahora anden en cualquier otro cajón aún más olvidadas que antes.

Yo escogí esta foto con una doble intención, por un lado hacer uno de esos pequeños homenajes encriptados a la figura de mi padre y, por otro, al referente de lucha por la dignidad de la mujer trabajadora que fue siempre el de las cigarreras de la fábrica de Sevilla.

Por los designios del destino la cosa quedó ahí perdida y hoy, entre tanto mensaje de Facebook, me he acordado de la foto y he creído que era un buen momento para que, al menos, no se quede tan olvidada como la placa original de la que se reveló a papel.

jueves, 26 de enero de 2017

recordando canciones: juegas con mi corazón, un pingüino en mi ascensor (1986)

Juegas con mi corazón por Amaya Granell:



Juegas con mi corazón por Manolo Domínguez:
Si he sido fan incondicional de algún grupo, ese debe ser Un Pingüino en mi Ascensor. Porque nadie es tan fan ni tan excesivo como se es con quince años; y esa es precisamente la edad con la que descubrí el EP Yang & Ginés, que también puede ser el que más haya escuchado en mi vida. Ese fanatismo post-adolescente, en el que no importan los datos,  la historia, o las objetividades, y en el que un tío con un Casio de andar por casa puede ser más importante que los mismísimos Beatles, es algo tan maravilloso que casi lo echo de menos. Echo de menos no emocionarme como entonces, no vivir con la necesidad interna de argumentar cada filia y cada fobia, no cargar con un equipaje tan grande de discos que es casi imposible sorprenderte, y poder decir que una canción es la mejor del mundo simplemente porque es la que te gusta más en ese momento, porque en la letra hablan de salir por ahí y acabar tirado borracho en una acera o porque te cuesta menos tararearla que otras.

Y Juegas con mi corazón es esa canción. La que yo reproducía una y otra vez en el plato del salón, a un volumen digno cuando estaban mis padres y al más alto posible si me quedaba solo en casa. Me sabía la letra y reconocía cada sonido emitido por su voz nasal. Me aprendí a dibujar los pingüinos de la portada y me obligó a tratar de descubrir (infructuosamente, solo llegué a tener alguna canción grabada de un concierto de los 40 principales en el que hacían de teloneros) quiénes eran Ciento Bailando en esa era pre-internet en la que todo era más difícil, y más emocionante. Y también a plantearme que una canción como Suspiros de España puede molar y que toda esa música que yo sentía rancia podía no serlo.

Los discos de Un pingüino en mi ascensor, y en especial sus dos primeros, pueden tener si queréis mil defectos, pero yo solo veo en ellos una virtud que no es cuestionable, y que es la capacidad que tienen de emocionarme. Esa cualidad tan subjetiva que no sirve para otra cosa que para ser sinceros, para no tener que recurrir a todos esos criterios oficiosos de crítico musical a los que habitualmente nos aferramos para defender a un artista o una canción. Porque un crítico no puede, o no debe, utilizar todos estos recursos para diseccionar una obra. Se debe a unos parámetros objetivistas. Pero yo sí puedo, y eso hago cada vez que me pongo Juegas con mi Corazón: Volver a sentirme un pijo adolescente cuyo único problema en la vida era no tener la vida que deseaba. Como le ocurre a la mayoría de los protagonistas de las canciones del Pingüino, esas que siguen, treinta años después, formando parte de mi vida.

jueves, 10 de noviembre de 2016

recordando canciones: morirás, espanto (2016)

Morirás por Amaya Granell: 





























Morirás por Javier Ruiz:

"Despertarás entre sudores fríos una mañana, te darás media vuelta, ni saldrás de la cama,
temblarás, de nada servirán ya las mantas, arderás eternamente entre las llamas.
Morirás de cualquier modo, a todos nos pasa, no te pongas así, no te des importancia"

Nunca he sido de relativizar. No se me da bien. Todo me lo tomo muy en serio y muy a la tremenda. No hay nada más triste que lo mío, de eso no tengo ninguna duda. 
Por eso, cuando ocurre algo a mi alrededor que se sale de lo normal, de mi zona de confort, es como un tsunami que arrastra y devasta todo, dejado un caos absoluto a su paso. 
Ese caos provoca, que, por inercia, me cuestione todo tipo de cosas, como si de repente nada hubiera tenido sentido hasta ese momento, como si el caos fuera un programa de mantenimiento que cada cierto tiempo se encarga de vigilar el pleno funcionamiento. Aunque todo esto ocurre como un ciclo que se repite una y otra vez, un blucle que por mucho que se repita siempre acaba con el mismo resultado, siempre insatisfactorio. 

"Lo que no has hecho hoy, tampoco mañana, nunca más te dolerá la cabeza, caerás sin más un día cualquiera, te desplomarás, bajo tus pies no habrá nada, morirás y sonará una campana"

En mi cabeza no hay campanas sonando. Todo ha quedado devastado, pero no he escuchado ninguna campana. Como si hubiese sido una muerte en silencio, que solo yo he podido presenciar. Una muerte silenciosa, que solo yo puedo llorar y sufrir sus consecuencias.

"Dormirás para siempre, aunque no tengas ganas, bailarás con sombras, te querrán los fantasmas, no habrá vuelta atrás, saltarás a una nueva dimensión, verás que te abandona tu alma, caerá del cielo un rayo de fuego que iluminará tus últimos pensamientos, dejarás de existir, bostezará el universo, alguien dirá "¡Qué complicada es la vida!" y morirás"

Toda la perdida y el vacío para que al final todo se vuelva negro y...bostece el universo. Que se pare el universo, yo me quedo aquí. Intentando convertir el negro en gris. 

viernes, 12 de agosto de 2016

recordando canciones: november rain, guns'n'roses (1991)

November rain por Amaya Granell:




November rain por Manolo Domínguez:

1992 fue en España el año de los juegos olímpicos de Barcelona, y en Sevilla el de la Expo, el año en el que la ciudad jugó a ser lo que realmente no era, una ciudad de referencia mundial en el ámbito social y cultural. Con motivo de la exposición universal se habló incluso de reunir a The Beatles para una actuación en Cartuja que, o no existió y fue solo un gran bulo o no fraguó. Sí fue sin embargo una realidad la serie de conciertos Guitarras legendarias que en cinco días reunió a B.B.King, Paco de Lucia, Phil manzanera, Roger Waters, Joe Satriani, Steve Vai o Brian May entre muchos otros, y que yo imagino como un tostonazo de dimensiones considerables. O la presencia de Jean Michel Jarre en un espectáculo creado para la ocasión en el lago del recinto de la Expo. Por aquella época yo ya relacionaba su música con lo hortera y pasé de comprar entrada (a precio desproporcionado) o intentar colarme, como parece que hizo mucha gente, ya que el espacio desde el que se desarrollaba era tan amplio que fue imposible de acotar correctamente.

Pero no solo dentro del marco de la Exposición se celebraron conciertos en Sevilla ese año. El estadio Benito Villamarín también fue sede de noches memorables, e incluso del fallido intento de ser una de las fechas del Dangerous Tour de Michael Jackson, que finalmente suspendió, aparentemente por dudas de la organización sobre la seguridad del recinto. Sin embargo, sí que se celebró, un 30 de junio, la gran noche del Rock con Guns’nRoses, Faith No More y Soundgarden y entradas a unas 4.500 pesetas que me alejaron de poder asistir. Yo nunca he sido fan de ninguno de los tres grupos, pero sí tenía curiosidad por formar parte de aquella velada que a buena parte de mis compañeros de facultad les tenía obsesionados. Recuerdo perfectamente como desde casa, al igual que cuando el Betis marcaba algún gol, se escuchaba el murmullo de lo que sucedía a un par de kilómetros. Y si miraba desde la calle observaba el estadio completamente iluminado, como en los mejores partidos del equipo, mientras yo moría de envidia por no formar parte del evento del verano en la ciudad. 

Guns’n’Roses por aquel entonces aún no tenían tan claramente asociado el sambenito de lo hortera. Sus camisetas solo se veían entre los heavies y no en los festivales modernos de electrónica o las estanterías de Inditex, y la imagen de Axl y Slash no daba (tanta) pena como ahora. Acababan de publicar su obra magna, el eterno (por lo largo) Use your illusion I & II, cuyos volúmenes se podían comprar por separado en una de las estrategias de mercado más incomprensibles que he vivido jamás, y habían trascendido el mundo de rock o el heavy más blandengue para llegar a todo el público en general. Sus temas más animados hacían que los más duros vibrasen como Dios manda y sus baladas enternecían al pijerío más estandarizado, el de los snoopys, los polos pasteles y los levi 501 super-remangados. Además, aún no había explotado del todo el grunge, que los empujaría de golpe y sin remisión al fango de lo rancio, y aún eran unas absolutas estrellas. Por eso había que verles, y yo sin embargo me lo estaba perdiendo. Al día siguiente, sorprendentemente la comidilla, más que en la actuación de los cabeza de cartel, estaba en la lluvia de latas y botellas que le cayó a Mike Patton, el cantante de Faith No More, cuando empezó a pedirle a gritos al público que les tiraran latas de cerveza hasta hacerle daño. ¡Más cosas ahora! ¡Más cosas! repitió hasta que todos los espectadores se quedaron sin bebida en las manos y el escenario se convirtió en el suelo de la plaza del Arenal tras el botellón de cien fines de semana sin recoger. Una experiencia que, para la juventud rockera, significó casi más que las propias canciones que interpretaron. Una lluvia de noviembre en la que en vez de chuzos de punta volaron latas de cruzcampo.

Pero lo peor fue cuando empezaron a contarme como durante todo el día, en los alrededores del estadio, en los programas de radio locales, en las sedes de los periódicos y casi en todas las esquinas de todas las calles de la ciudad, se regalaron cientos o incluso miles de entradas para disimular la baja taquilla conseguida. Yo, con toda mi envidia en mi habitación, pensando lo que debería ser poder contar a mis nietos algún día que yo estuve allí, mientras la mitad del aforo había entrado completamente gratis. Menos mal que al año siguiente se pasó Radiohead por la ciudad y de eso sí que puedo presumir por haber estado.

jueves, 9 de junio de 2016

recordando canciones: space oddity, david bowie (1969)

Space oddity por Manolo Domínguez




Space oddity por Javier Ruiz

El otro día tuve una pesadilla. Justo el día antes de publicar la playlist de canciones para dormir, soñé que se la enviaba a Manolo para que se la leyera y me diera el visto bueno (es un procedimiento habitual, con según qué textos necesito que Manolo me dé el aprobado, pero eso es otra carencia de la que quizás os hable más adelante). Digo pesadilla porque en el sueño Manolo me decía que era un horror de post y que dónde iba publicando eso. Imaginad mi desanimo al oír eso. En el sueño no rechistaba y borraba el post y me quedaba con un palmo de narices.
Llegó la hora de despertarse ese día y mi cabeza no paraba de dar vueltas. Ya van cuatro años del marino en la orilla (y eso que no cuento los que pasamos en lanadadora) y no hay día que me pregunte qué sentido tiene todo esto. Hay que tener en cuenta que yo no tengo nada que ver con "la escena": no soy participante activo en ninguna disciplina. Simplemente me compro los discos/películas/libros/etc que me gustan y pago las entradas a los conciertos que me apetece ir. Por algún fallo en mí, o algo que no me debe funcionar, encuentro muy divertido y entretenido escribir sobre ello. Sobre lo que me parecen o me dejan de parecer. Como esto se trata de un espacio personal y no tengo que rendir cuentas a nadie, focalizo fuerzas hablando solo de lo que me gusta y me apetece.

Pero... ¡ay!, eso de hablar solo en infinitos monólogos interiores está muy bien y puede ser muy entretenido, pero luego, después de comer, aparecen las dudas. ¿Para qué? ¿Para quién? Por mucho que le doy vueltas, siempre acabo pensando que para mí. No le digáis a mi marido que le quiero, que vuelvo a casa para cenar.
Porque al final conseguí volver a picar a Manolo (queda pendiente la tercera parte), de vez en cuando a Amaya, incluso en ocasiones a alguno de vosotros, y eso es todo lo que necesito para que no pare la diversión. 

lunes, 28 de marzo de 2016

recordando canciones: en soledad, dar ful ful (2001)

En soledad por Amaya Granell




En soledad por Javier Ruiz

Ya hacía tiempo que la rutina había dejado de ser un problema. Demasiados días iguales, sin nada interesante en ninguno de ellos. Sí, estaban sus nietos. Estaban las películas de Paul Newman. Pero cuando terminaba todo eso, estaba solo. Y por mucho que lo intentase, nunca se había acostumbrado. A pesar de eso, había aprendido que la rutina era su mejor aliada. 

También estaba el mar. Le producía un inmenso placer acercarse a la playa, fuera la época del año que fuera. Pero eso cada vez ocurría menos. Hacía falta coger el tren, y cada vez le costaba más. Guarda fotos de una de las tantas veces que fueron. En verano. Ella, el sol y el mar detrás. Por el deterioro parece que hay nubes. Pero él sabe que no, que ese día no había ni una, que brillaba el sol. Más que ningún otro. 

Ese día se sentía con ganas. Había decidido coger el primer tren de la mañana y así aprovechar el día. Compró el billete, y se sentó a esperar a que el tren llegara a la vía. Una vez en su asiento solo pudo acordarse de todos esos días. 

Esa mañana el mar estaba tranquilo, ni una sola ola. Tuvo suerte, no le hizo falta ni ponerse la chaqueta. No podía pedir más. 

martes, 15 de marzo de 2016

recordando canciones: famous, kanye west (2016)

Famous por Manolo Domínguez 







Famous por Javier Ruiz 

Una canción de un disco que no ha salido a la venta (si acaso, durante solo unas horas y solo en formato mp3). Una canción de un disco que no ha salido a la venta físicamente y que según el propio Kanye West, no lo va a hacer. Una canción de un disco que solo se puede escuchar legalmente en un programa de streaming en el que el propio Kanye West es parte interesada, y que solo está perjudicando a todos los artistas que están involucrados. Una canción de un disco que no sabemos si está totalmente finalizado, ya que según el propio Kanye West, una de sus canciones no está terminada. Una canción de un disco que en breve, según el propio Kanye West, tendrá una continuación, quedándose más arrinconado, si es que eso es posible.

Un disco, a pesar de todo esto, increíble y totalmente fascinante. Una canción que está en un disco que su propio autor boicotea. Una canción, que con los ojos cerrados, coronaba ya como la mejor de 2016.
Una canción en la que el propio Kanye West hace algo inimaginable en él, dejar con la miel en los labios. La arma con varios elementos, dejándolos en su esencia, concretándolos, a cada cuál más alucinante. Rihanna aparece al principio de la canción (su presencia es breve, el mejor de todos sus featurings) apropiándose y adaptando esta maravilla de Nina Simone y poniendo un poco de cordura entre tanto ego:

                     

Después, Kanye West vacila con sus colegas (y con las chicas que han probado su rabo, como el que ha recreado Manolo) de lo famoso que es, tanto que hace famosos, casi sin quererlo y por la gracia de Dios, a los demás.Sí, es un gilipollas, pero me la pone palote cuando les cuenta que se puede follar a quien quiera. También me la pone dura cuando Swizz Beatz le jale y Kanye responde "We never gonna die".

Pero incluso después de todo esto, todavía no hemos llegado al clímax. El clímax llega cuando Kanye West samplea esto:

                     

Una gozada. Un puto engreído que se cree el rey del mundo haciendo con la polla una de las putas mejores canciones de los últimos años.

Sí, West tiene a Dios de su parte.

martes, 16 de febrero de 2016

recordando canciones: habits (stay high), tove lo (2014)

Habits (Stay high) por Manolo Domínguez


Habits (Stay high) por Javier Ruiz

Coincidiendo con el solsticio de invierno y teniendo en cuenta la poco caprichosa situación de La Catedral de Palma, la luz del amanecer entra por su rosetón pequeño para reflejarse en su rosetón grande. Esto resulta en un espectáculo que dejé plasmado (reglamentariamente) en mi instagram. Digno de verse y a lo que ninguna foto puede hacerle justicia.

Esa mañana me levanté muy temprano para poder ir tranquilamente al Museu Es Baluard, desde el cuál se pude contemplar esa maravilla. Llegamos, vimos amanecer, pasamos frío, disfrutamos del espectáculo, hicimos fotos y nos fuímos a desayunar a Ca'n Joan de S'aigo.
Cuando terminamos de todo eso solamente eran las 09.30 de la mañana y yo no sabía qué hacer.
Decidí la opción obvia, ir a mirar discos. Con un poco de suerte me iba a casa con algo para hacer todo la mañana.
Tuve suerte. El día anterior había escuchado esa canción en algún sitio y se me había quedado en la cabeza. Me arriesgué. Comprar un cd solo por una canción, como en los buenos viejos tiempos.
Y como en los buenos viejos tiempos, llegar a casa, ponerlo y escucharlo tocándolo, mirando las letras y los créditos. Algo de lo que hemos perdido la costumbre en estos tiempos de escuchar con prisas y ansias unos mp3 en un ordenador.

"Pick up daddies at the playground how I spend my day time loosen up the frown make them feel alive"

miércoles, 10 de febrero de 2016

recordando canciones: sentimental, family (1991)

Sentimental por Amaya González





























Sentimental por Manolo Domínguez


El primer viaje al norte fue extraño. El día anterior pasaba por Sevilla la gira con la que Green Ufos celebraba su décimo aniversario, con los conciertos en el palenque de Piano Magic, Françoiz Breut y The Little Rabbits. A mí me fastidió especialmente que Experience solo actuase en Madrid y Barcelona, pero lo que iba a esperarme los siguientes día dejaban en un tercer plano cualquier grupo al que pudiera ver. Aún así, y ya que tenía mi entrada desde días antes, allí me encontraba, enviando sms mientras las actuaciones iban pasando, hasta que, de pronto, empiezo a notar que me encuentro mal; un sudor frío y unas terribles ganas de vomitar. Corro a los servicios y camino de ellos me doy cuenta de que el mismo virus que hace unos días tuvo a mi madre tres días con fiebre ahora se está cebando conmigo.

El vuelo al día siguiente, con escala en Barcelona y 38 de fiebre, se hizo eterno. No había dormido esa noche y estaba realmente cansado. Subí al avión sabiendo que no solo tenía que imaginar cómo eran los 46 pasos entre ese salón en el que Amaya pasó horas escuchando sus discos preferidos y la oficina desde la que me escribía todas las mañanas el primer mail que yo leía al llegar al trabajo, sino también controlar mi malestar con ibuprofeno y primperán y tratar de aguantar hasta que llegase a mi destino sin comer tal y como me dijo el médico de cabecera. Tal vez sea por esto, por este primer viaje, por el que siempre que vamos juntos de vacaciones nos ocurre algo. Las relaciones que empiezan con alguna anécdota de este tipo se suelen ver abocadas a arrastrarlas para siempre.

Cuando Amaya me recogió en el aeropuerto me dijo que había comprado manzanas para hacérmelas al horno. Creo que ha sido la primera y última vez que las he comido en mi vida. Recuerdo estar en su salón, delante de los cientos de cds que tenía en la estantería junto al equipo de música, con la manzana hirviendo y una cuchara en la mano. Allí estaba toda la discografía de Le Mans, de La Buena Vida, de Los Planetas o La Casa Azul. Yo cogía un disco y lo ponía, dejaba que sonara media canción y me iba a otro. Encontré el Mini-Lp de Aventuras de Kirlian y le conté que yo no lo tenía. Ella me dijo que compró 5 copias y las fue regalando, pero que ya solo le quedaba la suya, esa que ahora está en casa junto al resto de aquellos cds que yo veía por primera vez.

Entonces le pregunto por el soplo en el corazón y me indica dónde está. Hay dos copias, la original y la reedición en digipack. Y junto a ellas un disco que me resulta familiar. Es un cd-rom con las canciones de la maqueta plateada y una portada impresa a color. No es la original. Yo por entonces no había visto el verdadero diseño que realizó Aramburu en su día pero sabía que no era el que tenía Amaya porque ese que estaba ahí lo hice yo años antes, cuando me bajé los mp3s de algún sitio. Le pregunté cómo lo había conseguido y me dijo que se lo había descargado su hermano del soulseek y que ella lo grabó y lo imprimió, extrañada porque la portada no viniese con la firma de Javier Aramburu, sino de otra persona. Incluso se lo comentó a él, que no era normal que un trabajo de Family tuviera un diseño de otra persona. De lo que no se había dado cuenta en todo este tiempo es de que el nombre que aparecía junto a aquel dibujo abstracto era el mío. Y que, de alguna forma, yo había estado todo ese tiempo en su salón, acompañándole mientras ella ponía sus canciones preferidas en soledad y que, por eso, al final eran también las mías. Las mismas canciones que esa noche pusimos, de sus grupos y sellos preferidos, hasta que dejamos de fondo el soplo justo antes de quedarnos dormidos en el sofá.

martes, 26 de enero de 2016

recordando canciones: sweetest smile, black (1987)



Ahora lo pienso y Wonderful life no debería ser una canción que llamase especialmente la atención a un niño de 13 o 14 años, pero lo cierto que aquel primer disco de Black lo compró mi hermano a esa edad y, obviamente, lo hizo animado por el éxito que el tema estaba teniendo en ese momento. Sin embargo fui yo el que se obsesionó con el artista. Si él puso el vinilo cien veces yo lo hice cien mil, si él se aprendía los estribillos de los singles, yo las letras completas de todas las canciones, si él se compró el primer lp, yo lo hice con los dos siguientes y los maxis de Everything's coming up roses, Sweetest smile, Now you're gone y The big one.

Me obsesioné tanto que empecé a querer vestir como él. Me compré unos pantalones de pinza negros y una camisa de igual color que llevé al viaje de fin de curso del instituto, junto con el walkman y las cintas grabadas del recien publicado Descanso dominical y el Wonderful life. En el autobús, camino de Sesimbra, sonaron las canciones de Mecano y después, en la soledad de mi habitación del hostal, las de Colin Vearncombe mientras el resto de los compañeros iban a buscar abastecimiento alcohólico para la noche. Al poco llegaron y yo paré el cassette para unirme a ellos. Allí cayeron las primeras cervezas de la noche antes de enfundarme en mi uniforme del lado oscuro para unirnos a la fiesta que se organizaba en un discoteca cercana donde por 300 escudos tenías barra libre de Sagres.

En aquel local sonaron todos esos éxitos que suenan en una disco de pueblo. George Michael, Belinda Carlisle, Rick Astley, Robert Palmer, Pet Shop Boys, Bon Jovi y Fairground Attraction. Por mi cabeza iban pasando aquellos hits del momento mientras las cervezas iban acumulándose en la mesa en la que me senté con mi compañero de habitación para no tener que pasar la vergüenza de moverme como un pato tratando de bailar delante de todo el curso de 3º de BUP del instituto Ramón Carande. Pero, poco a poco, el alcohol empezaba a difuminar la sala y a la gente hasta dejarlos tan borrosos que iba dejando de reconocerlos y, por tanto, de importarme su presencia. Entonces, decido levantarme justo cuando uno me dice que acaba de ver en el otro lado de la pista a la chica de la que habíamos estado hablando antes. Esa que no era ni fea ni guapa pero que en clase de matemáticas decidió que quería sentarse conmigo porque yo sabía más que nadie en la clase y podía ayudarle a aprobar la asignatura. Me acerco hacia ella tropezando con personas y columnas y, cuando consigo identificarla, compruebo como se agarraba al cuello de uno del pueblo que le traía una copa. Me doy la vuelta tratando de que no me vea y, justo entonces, empieza a sonar Wonderful life para recordarme que mi sitio en aquella sala no estaba junto a los demás, sino en la mesa en la que los chicos de negro disimulan su soledad con cerveza.

Me siento de nuevo y Antonio me grita al oído que qué suerte tengo, que cuando me levanté él se había acercado al dj a pedirle mi canción preferida, y que estaba sonando justo ahora. No le contesto y me acerco a la mesa por dos botellines. Y después por dos más, y otros dos, hasta que alguien decide que en mi estado lo mejor ya es volverse al hotel, donde me espera el walkman parado justo en la que en ese momento sí era mi canción preferida, Sweetest smile, la más triste del disco.

jueves, 26 de noviembre de 2015

recordando canciones: please, please, please let me get what I want, the smiths (1984)

Cuarta entrega de la sección en la que recordamos canciones. En esta ocasión, Amaya escoge, Manolo ilustra y Javi escribe.


Please, please, please let me get what I want de The Smiths por Manolo Domínguez.


Please, please, please let me get what I want de The Smiths por Javier Ruiz.

Cierro los ojos. Intento ir a ese lugar al cuál vamos cada noche, pero del que no sabemos situación ni coordenadas. Se abren, intento cerrarlos de nuevo. Y así durante un largo rato, horas, minutos o segundos, no lo sé. No sé si ya estoy allí o todavía estoy intentando llegar, pero solo pienso en una cosa: en lo malo que me tiene que pasar para convertirme de un buen hombre en uno horrible.
Partiendo del punto en el que yo me creo que soy uno de los de la primera clase y no quiero llegar a ser uno de la segunda. Pero quizás ya he llegado al punto en el que se dan de la mano, todos felices, los de la segunda clase.
Dejando esto a un lado, eso lo retomaré en otra oscuridad, me pierdo en pensamientos que me harían llegar, en un hipotético caso, a esa segunda clase. A la que no quiero llegar, a la que me resisto.

En el delirio en el que veo situaciones que me llevan e eso, el fatal momento en el que me convierto en lo que no quiero, llego incluso a la puerta de las estrellas. Como en 2001, una odisea en el espacio. Una puerta a alucinaciones, colores y velocidad. Pero también a lo más oscuro que se te pueda imaginar. A lo más extraño y desconcertante. A lo que te puede volver loco. Al punto de no retorno. Pero como en una película en la que todo pasa y nada queda, consigo regresar. No sé como lo he hecho, abro un ojo, lo vuelvo a cerrar. Todo se oscurece. 

jueves, 12 de noviembre de 2015

recordando canciones: friday I'm in love, the cure (1992)

Tercera entrega de la sección recordando canciones. En esta ocasión, Manolo ha elegido la canción, Amaya la ha ilustrado y Javi la ha escrito.


Friday I'm in love de The Cure por Amaya Granell.



Friday I'm in love The Cure por Javier Ruiz.

Se despierta con los primeros rayos de sol, pero no se mueve de la cama hasta que escucha a sus nietos levantarse, reclamando atención. No quiere molestar. Se levanta, desayuna con ellos (este es uno de sus momentos favoritos del día) y los acompaña al colegio. A partir de ese momento, el abismo.
Le pasaba desde joven, en determinadas ocasiones en las que se encontraba con tiempo libre a la vista, se le abría una brecha en el pecho, una brecha en la página en blanco.
Había aprendido con la edad, siendo realista y pragmático, que ya no cabía la ansiedad. Simplemente se sentaba en el parque hasta la hora de comer. O iba a hacer la compra los días de la semana indicados. Las tareas rutinarias le ataban a la realidad.

También aprendió que una buena manera de acortar la brecha era ver películas. Ver historias inventadas o no tanto, que ocurrían en otro momento, en otras circunstancias distintas a las suyas. Eso también era importante.

Después de comer se sentaba en el sillón y muy al contrario de quedarse dormido, lo que más quería era que en la televisión pusieran una de esas películas que tanto le gustaban. Había días en los que ponían alguna de Paul Newman, su actor favorito. En esos días, no podía más que sentirse afortunado.
Todos los días sin ser iguales eran similares, lo único que diferenciaba la semana era el viernes, día en el que La Filmoteca abría sus puertas y proyectaban los títulos que había visto y disfrutado en esos momentos que ahora no quiere olvidar.

Ese viernes era especial, estaba programada Cortina rasgada, su película favorita. Aún recuerda cuando fueron al cine juntos y tras salir de la sala, le pidió que pasaran toda su vida juntos.

Todavía se emociona cuando cae en la cuenta de que realmente lo lograron. Lo suyo fue para siempre. Como en las grandes historias. Como los hombres maduros en el cine.

viernes, 30 de octubre de 2015

recordando canciones: alas de algodón, vainica doble (1980)

Alas de algodón de Vainica Doble por Amaya Granell.



Alas de algodón de Vainica Doble por Manolo Domínguez.

Desde hace meses suelo coincidir en el autobús, de vuelta del trabajo, con un antiguo vecino y amigo del barrio. A pesar de subirnos en la misma parada nunca nos hemos saludado. En realidad no sé si me recuerda, yo a él perfectamente. Siempre lleva un mono del lidl, y una de esas bolsas térmicas que, en teoría, sirven para mantener la temperatura de los tuppers con la comida, pero que en la práctica nunca funcionan y siempre terminan obligándote a tomártela fría. Si puede y lo encuentra sin ocupar, intenta sentarse en el primer asiento tras el conductor. Siempre le veo con la mirada perdida o dirigida al suelo, nunca a la ventana o a los demás pasajeros. Si acaso a uno de los folletos de ofertas del supermercado.

Durante el viaje, mientras el resto de la gente mira sus móviles o escucha música, él se mantiene ausente, incómodo entre ellos. A veces suele sacar un brick de zumo y le da un par de tragos, para volverlo a guardar casi avergonzado de haberlo hecho. Yo habitualmente suelo bajarme antes, pero cuando hemos quedado para comer en casa de mi madre también coincidimos al final de trayecto. Entonces, para intentar no coincidir con él en la salida, me levanto antes del asiento y me sitúo cuanto antes frente a la puerta, mirando al exterior para evitar contacto visual. Tras bajar, mientras el autobús se marcha, le imagino detrás mía, caminando con desgana hacia la casa de sus padres.

A Ricardo, que así se llama, dejé de verle cuando nos mudamos de vivienda, a solo 300 metros de donde vivíamos, pero en un edificio con dos habitaciones y 40 metros cuadrados más. En realidad podríamos haber mantenido el contacto, pero para entonces, yo con doce años y él con uno menos, ya estábamos bastante distanciados. Yo empecé a hacer nuevo amigos en el colegio y él... en realidad él nunca tuvo amigos aparte de mí. Así, poco a poco y casi sin mucho esfuerzo por mi parte, fui dejando que su recuerdo se fuera difuminando hasta casi desaparecer de mi vida.

Hace unos años fue mi madre quien me lo trajo de nuevo a la mente, ya que me dijo que se había encontrado con la suya por el barrio mientras compraba en la frutería que hay frente a nuestro antiguo piso. Ella le contó que estaba muy preocupada con Ricardo. Tras un instituto con ciertos altibajos, y con algún año de retraso, logró superar selectividad y, tras varios intentos frustrados por incorporarse al mercado laboral, finalmente decidió matricularse en la facultad de Biología. Sin embargo, los años iban pasando (cuando esto ocurrió yo ya superaba con bastante la treintena) y él no avanzaba en los estudios, ni le encontraban aficiones o divertimentos. Todas las mañanas cogía su maleta y marchaba para no volver hasta anochecer, pero curso tras curso las matrículas repetían casi todas las asignaturas. Entonces sus padres decidieron ir a la facultad e interesarse cómo iba realmente y, en casi diez años, los aprobados no pasaban de tres o cuatro asignaturas.

Bastante afectados buscaron a un conocido que se prestó a vigilarle durante varios días. Comprobó que ciertamente se dirigía cada mañana al campus, pero, en vez de entrar en clase, buscaba un sitio en la biblioteca, se sentaba con sus apuntes y allí perdía todo el día. Tres o cuatro folios y la mirada absolutamente perdida entre ellos y la mesa. No se relacionaba con otros alumnos ni hacía mucho más que dejar pasar las horas sentado en esa silla. Una rutina repetida una y cien veces de lunes a viernes para después encerrarse en su habitación durante el fin de semana con las mismas hojas fotocopiadas, gastadas de tanto ser miradas.

Estos días, al encontrármelo en la parada en la que yo hago transbordo del c1 al 31, he recordado esa historia y cómo me vino a la cabeza mientras mi madre me la contaba el protagonista de Alas de algodón, la canción de Vainica doble que mejor retrata a esos perdedores que va dejando esta sociedad por el camino. Vidas truncadas, imposibles de levantarse, y que quedan como daños colaterales no sé si de un sistema que siempre falla o de la propia condición humana. Personajes que, según como los retrates pueden despertar pena, ternura o incluso repulsión. Como la de Juan, el portero de la vivienda con la pared llena de golondrinas, o Ricardo, mi mejor amigo de la infancia. Alguien que también debió haber tenido su caída fatídica, justo antes de su primera comunión o, en este caso, mientras el camión de la mudanza se llevaba mis cosas hacia esa nueva vida que se cobraba una víctima colateral que vuelve a mi conciencia, dos o tres veces a la semana, para intentar cobrarse el daño que involuntariamente le hice hace ya más de treinta años.

lunes, 12 de octubre de 2015

recordando canciones: los vampiros, dënver (2015)


Canciones, siempre canciones. En cada una de las cosas que realizamos. Hits emocionales como los de Juanjo Sáez que se van añadiendo a nuestras vidas día a día. David Summers decía que odia a las niñas a las que todas las canciones le recuerdan algo; nosotros no podríamos vivir sin canciones y por eso nos hemos inventado esta nueva sección en la que compartiremos trabajo Javi, Amaya y Manolo. La idea es elegir (cada semana, cada mes, cada cierto tiempo...) una canción y preparar un texto e ilustración inspirados en ella. Algunas veces participaremos unos y otras veces otros. Para esta ocasión, la primera, Amaya eligió el temazo de Dënver, Javi se encargó de escribir un pequeño texto y Manolo realizó un collage inspirado en los vampiros. Un estreno que nos ha resultado de lo más entretenido. Seguro que pronto llegarán más.


Los Vampiros de Dënver por Manolo Domínguez.




Las ilustraciones pertenecen a Vampir de Joan Sfar


Los Vampiros de Dënver por Javier Ruiz.

Sin querer sonar antiguo ni de vuelta de todo, uno cada vez sale menos a bailar. Tan poco, que solo el hecho de bailar se ha convertido más en una actitud vital (en mi cabeza) que en un hecho palpable y demostrable. Como si el hecho de hacerlo, aunque sea en la habitación, en la intimidad, sea una vía de escape. Más como hecho que demuestra la individualidad y un estado mental confortante que como imposición lúdica y social.

Pero ay, a veces uno se siente infinito y te apetece hacer eso que has ensayado en tu habitación cientos de veces junto a tus amigos, aunque solo lo sean por esa noche, aunque haya que hacerlo en lugares reservados para otra cosa, esta noche solo quiero bailar en la disco, en otro momento te cuento otros misterios.Aunque puedo estar equivocado, hay que tenerlo en cuenta. Quizás cientos, miles de canciones hablando de salir a bailar sin condiciones pueden llegar a tener razón. Salgamos a bailar, hagásmolo junto a todos nuestros amigos, y con los que no lo son también. No lo pienses más, estás equivocado.

Pero no, no creo que lo esté. Esta noche creo en los vampiros y en los hombres lobos, pero no me van a atrapar. Podemos ir a tu casa.