lunes, 22 de agosto de 2016

shura, nothing's real (2016)/escuelas pías, nuevas degeneraciones (2016)

El personaje que Shura interpreta en el clip de What’s it gonna be? no es precisamente el de la chica popular del instituto. El que muestra en las fotos de su instagram, en casa con su gato, jugando a la play-station en el sofá, haciendo skate o mostrándose fan de Star Wars, tampoco. Shura no vende una imagen de popstar sino todo lo contrario. Y en Nothing’s real, su álbum de debut tras cinco singles inconmesurables, repartidos en casi tres años, no es ese catálogo de ego, lujo y diversión que podría esperarse de alguien que musicalmente se relaciona con estrellas como la propia Madonna. Ella, ni es, ni va de eso.

La foto de la carpeta interior del disco, donde aparece en el suelo de su habitación, en la que hay una tabla de skate, vinilos en la estantería, una doble pletina y un televisor de los pequeños con culo sobre la alfombra, un dinosaurio entrando por la puerta y un agujero en la pared desde el que se ve el espacio exterior con sus estrellas y planetas, parece que refleja a la perfección esa intención de desmarcarse del tópico evidente de estrella del pop que venden las redes sociales. Shura, más que alguien a quien admirar (que lo es) es una de los nuestros. Te la imaginas más en una tienda de cómics que en una fiesta de alto nivel, comprando discos de segunda mano más que dando su nombre a colonias o joyas y jugando a videojuegos online mejor que en el palco de la Super Bowl. Es una infiltrada en el reino de los ganadores. Nuestra infiltrada.

Y el resultado no puede ser más disfrutable. Aquí están casi todas las canciones que nos hicieron adorarla (de sus adelantos solo falta Just Once, solo publicada en un 12” que se regaló en sus conciertos) y los temas nuevos no defraudan en absoluto. Su identificable estilo, forjado a través de los guiños y admiraciones que ella misma ha tratado de acercarnos gracias a esta playlist que compartió con las canciones que le han inspirado a la hora de componer (en la que no faltan Whitney Houston, Kylie, Madonna, Fleetwood Mac o artistas más actuales como Chvrches, Britney, y a los que yo añadiría ídolos del pop mainstrean como Charli XCX, Ladyhawke o Carly Rae Jepsen), no serviría de nada si lo que ofrece no estuviera a la altura. Y esas dudas (si las hubiera) se desatan en cuanto escuchas Nothing’s real o What’s it gonna be?, dos hitazos imponentes que se cuelan casi al principio para poner las cosas en su sitio. Dos ejemplos de un disco de synthpop tremendo de principio a fin.

Sensaciones parecidas me reporta Nuevas degeneraciones, el disco de Escuelas Pías, que evoca desde su título a todos esos perdedores que hemos aprendido a pasar por la vida tratando de no mostrar del todo que lo somos, conviviendo con nuestros fantasmas en un mundo que nos es en parte ajeno pero en el que nos hemos acostumbrado a convivir con los demás. No es un álbum adolescente, de amores imposibles y desamores pasados como el de Shura, pero podría ser el de alguien que una década antes hubiera pasado por todo aquello. Desencantado pero acomodado en ese desencanto. Y por eso es menos inmediato. Incluso menos inmediato que el ep previo publicado por Discos Imaginarios. Aquí están las mismas referencias que siempre han acompañado a Davis y Cristian tanto en Escuelas Pías como Sundae (The Radio Dept., la OMD de Souvenir, Trembling Blue Star o el synthpop español, de Astrud a Algora) pero se le han unido otras (Slowdive y todo el sonido 4AD, A Sunny Day in Glasgow, los Cure más introspectivos…) que consiguen darle un poso de profundidad al conjunto de las canciones, algo que también se refleja en las letras, más crípticas y oscuras, en las que las evidencias son menores (las historias de ese niño de papá con mucho tiempo para malgastar ya no son tan claras) pero logran evocar más. Te dejan con muchas dudas en el cuerpo y cierta inquietud. Sin embargo, aunque Nuevas degeneraciones se entregue a la contemplación, no olvidan las melodías y estribillos certeros, como los de Los márgenes o Sierras, y las guitarras infecciosas de La ciencia del iluso, la más hit del disco, en la que se aceleran hasta acercarse más al noise de toda la vida que al dream pop que parece dominar el cd, conformando un álbum que presenta dos caras, una más reflexiva y oscura y otra más amable.

Y la casualidad ha querido que ambos álbumes, tan diferentes pero con tantas cosas en común, y tan esperados ambos por mí, salgan a la calle el mismo mes, en un julio de un calor sofocante que invita a pasar el día con la relajación de Nuevas Degeneraciones y la noche junto a la efervescencia post-adolescente de Nothing’s Real. Dos de mis discos preferidos de lo que llevamos de año, tanto por motivos estrictamente musicales como personales; los que me llevan a identificarme con el de Escuelas Pías y añorar los tiempos de Shura. Manolo Domínguez

domingo, 21 de agosto de 2016

los lunes: novedades (30)

La vuelta de Frank Ocean
Obviamente, este ha sido el fin de semana de Frank Ocean. Si el viernes compartió vía AppleMusic esa especie de video-mixtape que es Endless (y que, todo sea dicha, nos pareció un poco prescindible) y ayer adelantó el vídeo de la primera canción de su segundo disco oficial (que al final no se llama Boys don't cry sino Blonde), hoy le ha tocado a todo el álbum. Y nosotros intentando digerirlo como podemos, de momento nos atrevemos a decir que Nikes es un temazo como la copa de un pino, convincente, moderno y con mensaje. A la altura de lo que esperábamos de él. De Blonde al completo ya hablaremos, que aún estamos asimilándolo.



Una nueva canción de Neleonard
Antes de que se termine el verano se pondrá a la venta el primer disco de Neleonard, Las causas perdidas. De ese disco ya conocemos la genial Coger frío, y ahora podemos escuchar también esta Mariadel, otra canción fantástica que hace que Las causas perdidas sea uno de los discos que más esperamos en el marino:

sábado, 20 de agosto de 2016

el vídeo del fin de semana (12)

Activamos de nuevo el marino, después de unos días en blanco. Y lo hacemos con este nuevo video clip de una de las canciones que más estamos escuchando este verano. Se trata de la canción que el componente de PC Music Danny L Harle ha realizado junto a nuestra adorada Carly Rae Jepsen.
Una canción totalmente maravillosa, de las que te cambian el humor tras su escucha.
El vídeo, que se desarrolla en una casa (ríete tú de la de la Campos), destaca por el tremendo magnetismo que desprende Jepsen:

lunes, 15 de agosto de 2016

especial albert pla: discografía, pt. 1

Ho sento molt (1989) Albert Pla gana en 1988 la cuarta edición del Certamen Nacional de Cantautores, y una de las canciones que interpretó allí, El llegat del pastor, conseguía el premio a la mejor canción. Y lo ganó con una propuesta absolutamente original, rompedora, llena de dobles lecturas y hermosamente descarnada. Su puesta en escena debió suponer, a su escala, algo así como aquel día en el que Bob Dylan cogió una guitarra eléctrica para cambiar el rumbo de la música.

Al siguiente año PDI publica su álbum de debut, el que a día de hoy es mi preferido de toda su discografía. Ho sento molt, el primero de sus lps en catalán, muestra al Pla más poético, el que escupe su ironía con la inocencia de un niño. Un dulce veneno que sabe a gloria y escuece mientras baja por el esófago. Desde esa aparente fragilidad que propone su voz va creando un universo que parece buscar la belleza a partir de un discurso tan efectista como incorrecto. Cantar al amor desde la escatología, criticar el tópico catalanista a través de la figura del hijo torero o encontrar poesía en una violación no es algo fácilmente digerible, que solo funciona si uno se sumerge en su mundo y se empapa de él. Yo lo hice con No solo de rumba vive el hombre, el primer disco suyo que encontré y fui realizando el camino inverso para llegar a esta obra mayúscula donde todo es de una belleza cegadora. La que emerge de su voz al borde del lamento, que se ha convertido en su seña más evidente de identidad.

Aquí s'acaba el que es donava (1990) Solo un año después, quizá con demasiadas prisas, se publica el irregular Aquí s'acaba el que es donava. 8 canciones que no llegan, ni lírica ni musicalmente, al nivel de inspiración de su anterior, especialmente en las cuatro primeras, las que conforman su cara A. Las historias que aquí se relatan tienen bastante menos de rompedoras y el discurso se vuelve algo menos fatuo, si bien su cuatro últimas canciones, donde se busca la belleza de lo nostágico en El quarto dels trastos, se entrega al amor no correspondido en La gran cascada, se retrata a esa descomprometida sociedad del bienestar que se vendió justo antes de las olimpiadas y la Expo del 92 y se cierra con una crítica a la iglesia ejemplificada en el pollón del cura, salvan un disco más que digno pero que nace con el handicap tanto de lo que precedió como de lo que vendría después.

No solo de rumba vive el hombre (1992) No sé exactamente cuál es el motivo por el que Albert Pla abandona el catalán (en alguna revista del momento leí que por el hastío frente a cierta intelligentsia catalana que no terminaba de comprender su forma de escribir, también podría venir motivado por el paso de PDI a BMG Ariola), pero lo cierto es que el cambio de idioma le permitió ampliar las fronteras de su público y "universalizar" su discurso. Aunque nada de eso hubiese ocurrido No solo de rumba vive el hombre no fuera la obra maestra que es. Un disco donde Pla utiliza la rumba para deformarla y deconstruirla a su antojo, gracias, entre otras cosas, al elenco del que se hizo acompañar para la grabación, con músicos de la talla de Carles Benavent, Pi de la Serra, Chicuelo o la producción de Pep Bordas, que logran un sonido brillante y cálido que le viene de perlas a un cantante que cada vez interpreta mejor, con registros más teatrales y efectivos.

Y las canciones, todas magníficas, desde la Carta al rey al Enterrador de cementerios, del Bar de la esquina a Joaquin el necio, del Sol de verano a la dama de la guadaña... Historias de perdedores que se revuelcan en su mierda hasta convertirla en ternura. Historias que, junto a las de esa otra obra mayúscula que es el Cantecito de Kiko Veneno nos regala un 1992 abarrotado de superhéroes (o antihéroes) de barrio para enamorarnos de sus defectos y sus obsesiones. Un disco para toda la vida de un artista en un estado de gracia irrepetible.

Supone Fonollosa (1995) La continuación a No solo de rumba debería haber sido Veintegenarios, pero BMG decidió que La dejo o no la dejo podría inducir a cierta apología del terrorismo y le secuestró el disco a la espera de tomar una decisión. Así que el cantautor, mientras dirimía con el sello, planteó una solución alternativa y acertó de pleno, porque la reivindicación del poeta Josep María Fonollosa no podía venirle más al dedo. Los protagonistas del escritor se hermanaron con pasmosa sencillez con los que ya forman parte de la discografía de Pla y convivieron juntos con la más absoluta normalidad. Y las adaptaciones musicales no podrían ser más acertadas. La voz ya no es tan delicada, o no siempre lo es, y la instrumentación, para la que siguió contando con músicos como Pep Bordás o Carles Benavent, menos cohesionada (hay canciones donde derivan a las rancheras, en otras parecen apuntarse al espíritu grunge del momento y en la versión de Lou Reed mantienen la influencia de la rumba que spiró todo el disco anterior) pero igual de preciosista y eficaz. Tal vez se pierda en parte la magnificencia del disco anterior, pero el acertado protagonismo de las palabras de Fonollosa completan otro disco de sobresaliente, donde Añoro (el único tema con letra y música de Pla en el cd), Devoro, Maldita ciudad o la épica de No quise hacerle daño pone los pelos de punta como cualquiera de Ho sento molt o las mejores de No solo de rumba. De nuevo tenemos a un gran Pla.

Además, para asegurarse el éxito, incluye la aparentemente innecesaria revisión de Walk on the wild side que, a la postre, se convertiría en el tema más comercial de toda su trayectoria y un clásico ya de su carrera.

Manolo Domínguez

domingo, 14 de agosto de 2016

los lunes: novedades (29)

Todo lo que canta Carly Rae Jepsen se convierte en hit
Emotion sigue sonando en las casas de los marinos tiempo después de su publicación. Un disco totalmente alucinante (por algo fue nuestro disco favorito de 2015). Ahora, Carly Rae Jepsen colabora en el nuevo single de Danny L Harle de PC Music y es un hit tremendo y eufórico que vamos a escuchar y disfrutar mucho este verano:




El nuevo single de Beck sigue siendo de Guau
Camilo Lara anda últimamente con sus Mexrrissey (que es uno de nuestros discos favoritos de este año), pero también tiene tiempo con Mexican Institue of Sound de remezclar a Beck y su single de este año Wow. Wow fue una de nuestras canciones favoritas en primavera y ahora lo es también en verano:






Una nueva canción de The Royal Landscaping Society con motivo de los Juegos Olímpicos
Royal Landscaping Society estrenan canción para incluirla en el recopilatorio que Beko ha publicado con motivo de la celebración de los juegos olímpicos. Y en él nos encontramos con un sonido tan deudor de Kraftwerk en la base rítmica como de The Field Mice en la melodía vocal. Una canción que insiste en los parámetros de su minilp de debut y demuestra que siguen en forma. A celebrarlo con medalla.

los vídeos del fin de semana (11)

El vídeo que elige Javi: Good summer de Kate Nash
La inglesa Kate Nash se dio a conocer a mediados de los 2000 con un debut que estaba repleto de canciones pop adorables que por muchos años que pasen siguen vigentes (Foundations, Mouthwash, etc). Su último disco, en 2013, la mostraba más fiera y guitarrera, pero en este 2016 vuelve con otro himno eufórico que habla del verano inglés. Un hitazo increíble y un vídeo en el que es imposible que no te entren ganas de levantarte y ponerte como un loco a bailar:



El vídeo que elige Manolo: Olympic Village, 6AM de Belle & Sebastian
Olympic Village, 6 AM, el tema que Belle & Sebastian han dedicado a los juegos olímpicos es, sí, una canción menor. Un instrumental que sabe a banda sonora, a optimismo y a cara B de la época Jeepster del grupo. Es decir, que sabe a gloria, que se disfruta y que te mete las ganas en el cuerpo de salir a hacer deporte... o a verlo desde el sofá del salón.

viernes, 12 de agosto de 2016

recordando canciones: november rain, guns'n'roses (1991)

November rain por Amaya Granell:




November rain por Manolo Domínguez:

1992 fue en España el año de los juegos olímpicos de Barcelona, y en Sevilla el de la Expo, el año en el que la ciudad jugó a ser lo que realmente no era, una ciudad de referencia mundial en el ámbito social y cultural. Con motivo de la exposición universal se habló incluso de reunir a The Beatles para una actuación en Cartuja que, o no existió y fue solo un gran bulo o no fraguó. Sí fue sin embargo una realidad la serie de conciertos Guitarras legendarias que en cinco días reunió a B.B.King, Paco de Lucia, Phil manzanera, Roger Waters, Joe Satriani, Steve Vai o Brian May entre muchos otros, y que yo imagino como un tostonazo de dimensiones considerables. O la presencia de Jean Michel Jarre en un espectáculo creado para la ocasión en el lago del recinto de la Expo. Por aquella época yo ya relacionaba su música con lo hortera y pasé de comprar entrada (a precio desproporcionado) o intentar colarme, como parece que hizo mucha gente, ya que el espacio desde el que se desarrollaba era tan amplio que fue imposible de acotar correctamente.

Pero no solo dentro del marco de la Exposición se celebraron conciertos en Sevilla ese año. El estadio Benito Villamarín también fue sede de noches memorables, e incluso del fallido intento de ser una de las fechas del Dangerous Tour de Michael Jackson, que finalmente suspendió, aparentemente por dudas de la organización sobre la seguridad del recinto. Sin embargo, sí que se celebró, un 30 de junio, la gran noche del Rock con Guns’nRoses, Faith No More y Soundgarden y entradas a unas 4.500 pesetas que me alejaron de poder asistir. Yo nunca he sido fan de ninguno de los tres grupos, pero sí tenía curiosidad por formar parte de aquella velada que a buena parte de mis compañeros de facultad les tenía obsesionados. Recuerdo perfectamente como desde casa, al igual que cuando el Betis marcaba algún gol, se escuchaba el murmullo de lo que sucedía a un par de kilómetros. Y si miraba desde la calle observaba el estadio completamente iluminado, como en los mejores partidos del equipo, mientras yo moría de envidia por no formar parte del evento del verano en la ciudad. 

Guns’n’Roses por aquel entonces aún no tenían tan claramente asociado el sambenito de lo hortera. Sus camisetas solo se veían entre los heavies y no en los festivales modernos de electrónica o las estanterías de Inditex, y la imagen de Axl y Slash no daba (tanta) pena como ahora. Acababan de publicar su obra magna, el eterno (por lo largo) Use your illusion I & II, cuyos volúmenes se podían comprar por separado en una de las estrategias de mercado más incomprensibles que he vivido jamás, y habían trascendido el mundo de rock o el heavy más blandengue para llegar a todo el público en general. Sus temas más animados hacían que los más duros vibrasen como Dios manda y sus baladas enternecían al pijerío más estandarizado, el de los snoopys, los polos pasteles y los levi 501 super-remangados. Además, aún no había explotado del todo el grunge, que los empujaría de golpe y sin remisión al fango de lo rancio, y aún eran unas absolutas estrellas. Por eso había que verles, y yo sin embargo me lo estaba perdiendo. Al día siguiente, sorprendentemente la comidilla, más que en la actuación de los cabeza de cartel, estaba en la lluvia de latas y botellas que le cayó a Mike Patton, el cantante de Faith No More, cuando empezó a pedirle a gritos al público que les tiraran latas de cerveza hasta hacerle daño. ¡Más cosas ahora! ¡Más cosas! repitió hasta que todos los espectadores se quedaron sin bebida en las manos y el escenario se convirtió en el suelo de la plaza del Arenal tras el botellón de cien fines de semana sin recoger. Una experiencia que, para la juventud rockera, significó casi más que las propias canciones que interpretaron. Una lluvia de noviembre en la que en vez de chuzos de punta volaron latas de cruzcampo.

Pero lo peor fue cuando empezaron a contarme como durante todo el día, en los alrededores del estadio, en los programas de radio locales, en las sedes de los periódicos y casi en todas las esquinas de todas las calles de la ciudad, se regalaron cientos o incluso miles de entradas para disimular la baja taquilla conseguida. Yo, con toda mi envidia en mi habitación, pensando lo que debería ser poder contar a mis nietos algún día que yo estuve allí, mientras la mitad del aforo había entrado completamente gratis. Menos mal que al año siguiente se pasó Radiohead por la ciudad y de eso sí que puedo presumir por haber estado.