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jueves, 31 de agosto de 2017

morrissey, autobiografía (2016)

Lo que me ha pasado con este libro me ha pasado con pocos: cuando estaba leyéndolo me atrapaba hasta no poder soltarlo, pero luego me costaba horrores volver a retomarlo. Es curioso, porque el personaje me tiene ganado de antemano sin ningún tipo de esfuerzo por su parte, pero hay algo en su manera de escribir que me repele y me engancha por igual. Y de verdad que no alcanzo a entender que es ese algo. Aunque me temo que tiene que ver con la fascinación que su persona me produce. Su caprichosa, acertada, contradictoria, vehemente, obsesiva y vulnerable persona.

Autobiografía cuenta su vida y milagros desde sus años de infancia hasta la gira de presentación de Years of Refusal, sobre 2011 aproximadamente. Desde sus años de colegio e instituto hasta su éxito total. Y lo hace sin ningún tipo de capítulo ni división en la historia, solo las que él mismo se impone. La prosa que utiliza, cargada de metafóras e ironías, está repleta de referencias y nombres propios que, como sabemos, ayudan a Morrissey a aislarse de este mundo que tan mal le trata.
Un texto en el que se reconoce al personaje/persona que conocemos, no ya por la prensa, sino por sus canciones.

La primera parte, la de la infancia y adolescencia, a pesar de ser la que a priori más interés despierta, a mí es la que me ha resultado menos interesante. Creciendo en un entorno hostil que no entiende ni le entiende a él, parece que Morrissey quiere pasar por encima de esa etapa contándola de manera críptica y sin mucha pasión. Mucho más de esto último encontramos, por ejemplo, en la parte final del libro, todo lo que viene después del repaso al famoso juicio de los Smiths, repaso, por otro lado, totalmente desternillante y esclarecedor. En esa última parte, Morrissey deja claro que lo que ha obtenido a lo largo de los años, de los discos y conciertos es lo que da sentido a su vida. También deja claro que es un mitómano que guarda instantes, citas, detalles, datos y referencias como oro en paño, algo no tan fácil de ver dentro de su profesión. Un mitómano convertido en mito. Javier Ruiz

"There's a wild man in my head" - I'm not sorry (You are the quarry, 2004)

miércoles, 28 de junio de 2017

sanz i vila, un buen día para desaparecer (2017)

Si bien fue el título lo que me llamó la atención sobre este libro en la tienda, lo que realmente lo explica es su subtítulo: Mi viaje inesperado con el aro tricolor. Esta novela gráfica publicada recientemente por la editorial Lunwerg es el primer acercamiento que hago a la obra de Pau Sanz i Vila, licenciado en Bellas Artes y que lleva ya a sus espaldas algunos años realizando trabajos fantásticos, tanto en dibujo, escultura o publicando libros. Este el último de ellos, un libro que utiliza el dogma de trabajo de Sanz (esto es, el uso de tres colores: azul, amarillo, rosa) no solo como método si no también como pretexto para toda la historia. Una historia que juega con varios recursos artísticos y que actúan como espejos: la autobiografía, la tercera persona y el diálogo directo con el lector. Todo un despliegue que funciona, que dimensiona y da perspectiva a la narración.

Una narración que parte de un hecho insólito, llevando al protagonista, cuál Principito, a encontrarse con determinados personajes que enriquecen la trama y nos dan pistas de lo que está pasando. Todo un periplo en el que nos adentramos en la mente de Sanz i Vila/Azul/Pau y en el que a través de un dibujo sencillo y muy pop (en el que abunda el primer plano y el detalle) llegamos, literalmente, a cualquier parte del mundo. Como en aquellos libros de "Elige tu propia aventura", en Un buen día para desaparecer se interactúa con el relato, siendo el lector una parte muy importante del proceso. Proceso que nos lleva a explorar las emociones más primarias.

Un libro con el que no solo conocemos más al autor, quizás también a nosotros mismos. Un buen día para desaparecer, sí, pero también para encontrarte. Javier Ruiz

Puedes conocer más sobre la obra de Sanz i Vila en su página web.

miércoles, 5 de octubre de 2016

aitor saraiba, el hijo del legionario (2011)

Manolo me lleva diciendo varios años que debería prestar atención a la obra de Aitor Saraiba. Hasta ahora eso no había ocurrido. Manolo es mucho de eso, de recomendarme cosas a las que yo hago caso solo en ocasiones. Después, en el 95% siempre lleva razón (bueno, dejésmolo en un 98-99%), pero yo soy así, necesito mis tiempos para interesarme en las cosas. A veces no entiendo como la gente tiene tanto tiempo de hacer cosas: de escuchar discos, leer libros, ver películas, etc. No sé como Manolo puede abarcar tanto. Y no será porque no tiene obligaciones y familia que atender. Yo sé que tiene una vida que le quita tiempo de estar en el sillón escuchando discos o leyendo así que no acabo de entender por qué siempre va por delante mío. Pero pasa, y solo me queda la resignación de saber que si me pierdo algo, Manolo siempre va a estar ahí para decirme que preste atención. Aunque sea a destiempo y después tenga que aguantarle diciéndome que ya me lo había dicho.

Para asimilar un disco o libro que me gusta necesito numerosas escuchas y en ocasiones alguna lectura de más y mucha atención por mi parte. Por eso, cuando algo me gusta mucho me vuelco en ello, como si en el mundo no hubiera nada más. Mi cabeza solo piensa en eso y hasta que no escucho/leo/veo todo de ese artista de turno no paro. Ahora sí, cuando eso ocurre ya pasa a formar parte de mi imaginario, de algo que ya tengo en mi subconsciente listo para relacionar con algo ocurrido en mi vida. Eso ha ocurrido cuando, por fin, me decidí a comprar este libro de Saraiba. Estando en una librería, mandé una foto a Manolo por whatsapp, con este tomo y otro que me llamó la atención y sabía que él había leído. Le pusé algo así como: ¿cuál compro?. Como su respuesta fue bastante efusiva, no tuve dudas. Y demonios, no entiendo como Manolo lo tuvo tan claro, y como podía saber de qué manera me iba a gustar El hijo del legionario y, por extensión, la obra de Aitor Saraiba. Y no lo entiendo porque Manolo no sabe que yo, al igual que Saraiba, he tenido que lidiar con una familia (o con algún miembro de esa familia) en la que, en ciertos momentos, parecía no ser la mía. Saraiba y yo tenemos (o hemos tenido) en común, que arrastramos y llevamos encima problemas familiares. Problemas de adaptación familiar, por decirlo de otra manera. En su caso de comunicación, en el mío también de atención. Por eso también, al igual que Aitor, yo estaba deseando cumplir la mayoría de edad (creo que no esperé al día exacto) para huir. Para vivir mi vida y no la suya. Aunque en algo nos diferenciamos (aparte de que yo no sé coser), y es que él parece haber solucionado esos problemas y yo todavía lo estoy intentando. Javier Ruiz

lunes, 26 de septiembre de 2016

simon hanselmann, melancolía (2016)

Las historias de Megg, Mogg y Búho no son nuevas. No es la primera vez que tenemos en las manos un cómic sobre personajes que viven al margen de las reglas de la convivencia. Las drogas llevan toda la vida siendo protagonistas de la novela gráfica y el eje de casi todo aquello que apeste a juventud. Por ejemplo, recuerdo cuando descubrí el primer número de Odio, el cómic de Peter Bagge, donde se mezclaba la estética grunge del momento con esa vida de rock, fiestas, alcohol… que tan bien encajaba con la nueva estética No Future que llegaba del underground e iba expandiéndose hasta colarse primero en la MTV y finalmente incluso en los telediarios y medios de comunicación generalistas. Odio se convirtió entonces en un cómic generacional.

Pero Buddy, el protagonista de esa serie, en realidad tenía un trabajo, una pareja estable y, a pesar de sus escarceos con drogas y alcohol, estaba integrado en el sistema y se le aventuraba un futuro tras esa época de desparrame controlado. Hasta Apestoso, el más perdido del grupo, era reinsertable y, por tanto, el lector podía verse fácilmente identificado en ese mundo que Peter Bagge retrataba en sus historias, ya que tenía lo atrayente de una vida de excesos y lo tranquilizante de sentir que siempre hay una vuelta atrás. Sin embargo, en las novelas publicadas por Simon Hanselmann no hay resquicio al que agarrarse, o este es tan agreste que la caída al vacío parece segura. Sus protagonistas han cruzado ya la frontera que les aboca a la autodestrucción y no se ven visos de que algo vaya a cambiar. Megg y Mogg son una pareja sentimental poco tradicional. Ambos politoxicómanos que no hacen otra cosa que estar tirados en casa o drogarse. Ambos sin conciencia ni escrúpulos, sin sentimientos. Y Búho parece otra cosa, tiene trabajo e intenta llevar una vida normal, pero su dependencia afectiva de ellos le hace ser un excluido social más. Megg y Mogg se aprovechan de él y él lo asume porque les necesita. Solo si pudiera escapar de ese lazo Búho tendría opciones de salvarse. Y los personajes secundarios, WereWolf, Moco, los hijos de WereWolf… no hacen sino reforzar esa sensación de absoluto desamparo en el que están inmerso todos ellos. Aquí solo hay una destrucción total del modelo de sociedad estándar y un abandono cruel de cualquier opción de vuelta atrás.

Y, aunque en realidad aún están en el inicio de ese descenso a los infiernos (en las viñetas de Melancolía podemos comprobar aún que aún tienen amigos, ordenadores con los que entrar en internet para pasar el rato (o el día, o los días), videojuegos... que salen a comprar comida basura habitualmente e incluso realizan un viaje a Amsterdam en busca de una salida milagrosa que les devuelva de la espiral de adicción y depresión a la que se han lanzado), Simon Hanselmann no parece querer darnos esa opciones de redención. Tampoco busca crearnos cierta empatía con ninguno de los personajes. Megg y Mogg son tremendamente crueles con Búho, hasta el punto de casi generar ternura hacia él de no ser por el patetismo que este muestra. Además, no parece que lo hagan por maldad sino por simple inercia, por una pérdida absoluta de valores afectivos. Incluso Megg parece cruel con Mogg dentro de su estado de depresión absoluto. Y Werewolf, un traficante del tres al cuarto que favorece la dogradicción de sus hijos adolescentes, es aún peor. No hay resquicio alguno.

Pero lo sorprendente es que, en las manos de Simon, todo ello se traduce en una vida tan vacía de valores que termina convirtiendo en rutina situaciones que parecen terriblemente alarmantes. Y ahí radica la gran diferencia entre este cómic y el resto de los que he leído. Aquí todo ocurre sin montañas rusas emocionales, con una normalidad que da verdadero pánico. Un mal viaje por sobredosis, un atraco, unos hijos adolescentes drogados para rendir más en el trabajo… Absolutamente todo es normal y lo más horroroso ocurre sin la sensación de que estemos ante algo extraordinario. Y entonces es cuando uno llega al final del libro y se da cuenta de que hemos presenciado lo más terrible como si no ocurriera nada, porque nada ocurre fuera de lo común en el infierno. Manolo Domínguez

martes, 13 de septiembre de 2016

j.r. moehringer, el bar de las grandes esperanzas (2015)

Si hago un recorrido por las cosas que he estado leyendo en los últimos meses (cosas, por ejemplo, de Paul Hornschemeier o de Roz Chast), casi todas tienen un denominador común. El denominador común son unos personajes que se ven inmersos en una familia desestructurada, unos personajes invadidos por algo de lo que no se puede escapar. Algo a lo que tarde o temprano te tienes que enfrentar.

En el caso de J.R. Moehringer (curioso nombre y apellido, que como comprobamos, no le dejará sin más de un quebradero de cabeza), es algo a lo que se ha visto abocado desde niño, marcando completamente su vida y su identidad. Y precisamente de identidad es de lo que se habla en este libro. De identidades anheladas y buscadas durante años.
Moehringer cuenta su vida sin ningún tipo de pudor y con la distancia necesaria para que no parezca una autobiografía al uso, sino un relato muy realista (sea lo que signifique eso). En todo caso, como siempre, aquí la realidad supera a la ficción por goleada. No escatima en detalles y nos muestra, debido al abandono de su padre, como se queda sin referente masculino al que poder aferrarse y la obsesión, casi neurosis, que desarrolla a raíz de ese hecho. A corazón y escritura abierta, también asistimos, quizás debido a todo esto, como J.R. Moehringer alcanza a lograr metas y objetivos inalcanzables para alguien de su sustrato social. Hazañas a las que él mismo parece darles poca importancia y que parecen ocurrir muy a su pesar. Porque para Moehringer los logros no están determinados por el estatus que uno llegue a lograr, sino por la paz. A vencer el vacío dejado por alguien que ya no es presencia ni voz, sino un fantasma interior con el que saldar cuentas. A buscar espacios y personas que ayuden a compensar el equilibrio.
Aquí también se habla mucho de masculinidad, desde la admiración y como meta. Pero de la masculinidad bien entendida, no como algo ofensivo o que se impone, sino como algo que se antoja imprescindible para forjarse a uno mismo. Javier Ruiz

"No soporto esa pregunta -le dije-. No soporto que la gente pregunte de qué va un libro. La gente que lee buscando una trama, la gente que chupa las historias como si fueran la nata de una galleta Oreo, debería quedarse con los cómics y las telenovelas. ¿Que de qué va? Todos los libros que merecen la pena van de emociones y de amor y de muerte y de dolor. Va de palabras. Va de un hombre que se enfrenta a la vida. ¿Te vale así?"

10/10

martes, 26 de julio de 2016

seth, la g.n.b doble c: la hermandad de historietistas del gran norte (2013)/wimbledon green: el mayor coleccionista de cómics del mundo (2012)

A pesar de que Wimbledon Green se publicó antes, podríamos considerar (como cuenta el mismo Seth en el prólogo) La G.N.B Doble C como la precuela de la historia, de la gran historia que el canadiense quiere contar con estos dos tomos.
Porque si idolatramos a Tolkien o a R.R. Martin por la creación de sus mundos de ficción, hay que adorar también a Seth por la creación de este mundo en el que el cómic y todo lo que le rodea tiene la importancia que a todos nos gustaría.
La G.N.B Doble C (las siglas en inglés para La hermandad de Historietistas del Gran Norte) y Wimbledon Green empiezan atrapando por su continente: son dos tomos tamaño medio folio que imitan cuardernos y que por su tacto tendrías toda la vida entre manos. Juntos, a manera de díptico, forman un tándem para enmarcar.
Todo esto va de como los cómics pueden salvar nuestra vida. Y Seth lo cuenta partiendo de una visita a una sede en el primero (el tomo rojizo) y contando la obsesión de un hombre en el segundo, el verde. Lo hace, prácticamente, de manera oral, desde diferentes puntos de vista y siempre, siempre, manteniendo el misterio y dejando parcelas a la inteligencia del lector. El dibujo, como siempre en el autor, es claro, sencillo y efectista. Encantador, al fin y al cabo. Como el fino sentido del humor y la intrascendencia que se desprende.

Con estas dos obras, además de ser una lectura de esas que hacen que te sientas mejor con el mundo (y esto siempre es un punto muy importante), Seth también arma un sentido y divertido homenaje a los cómics y a todos sus aficionados, dando luz a historietas (los cómics que veneran los protagonistas) dentro de las historias generales que encandilan y de las que quieres saber mucho más.

lunes, 11 de julio de 2016

seth, george sprott 1894-1975 (2009)

¿Alguna vez has pensado cómo te recordarán cuando ya no estés aquí?, ¿Lo que dirán de ti tus familiares, amigos y conocidos?
George Sprott, una de las obras más importantes de Seth, es la vida y milagros de un presentador de televisión, contada con todo tipo de detalles y desde varias perspectivas, desde sus años mozos hasta sus últimos momentos. Pero, como en la vida, y según como se nos informa, hay lagunas en la vida de George que no conocemos. El punto de misterio y enigma que todos necesitamos.
Seth traza una vida con las diferentes perspectivas y los engañosos juegos de espejos que es una persona, tocando lo que todos llegamos a pensar en algún momento: el por qué de lo que hacemos, cómo nos relacionamos con los demás, los errores que cometemos, etc, en definitiva, el sentido de una vida. Pero lo hace con húmor, de manera ligera y dejando al lector como parte importante de esta historia. Nosotros somos cómplices, y Seth nos deja que atemos los cabos sueltos, siendo, prácticamente, un personaje más.
En cuanto al continente, la obra es excepcional: más grande de lo habitual, permite enseñarnos ilustraciones a doble página y desplegables, constituyendo un tomo único y singular, mientras que el dibujo claro y preciso de Seth en tonos claros es de nuevo excepcional.

Conozca a George Sprott, seguro que una vez que lo haga ya no lo olvidará.

lunes, 20 de junio de 2016

roz chast, ¿podemos hablar de algo más agradable? (2016)

Me he dado cuenta de que prácticamente todos los libros que compro últimamente están relacionados con el hacernos mayores y todas sus consecuencias. Yo, que me jacto de no pensar en la muerte. Va a resultar que en lo que pienso es en el lado desagradable e incómodo de la muerte.
De ese lado, entre otras cosas, habla este libro de Roz Chast. Este valiente libro, mejor dicho. Valiente por las cosas que cuenta, por la sinceridad y la inmesa honestidad.

¿Podemos hablar de algo más agradable? trata sobre los últimos años de vida de los padres de la escritora, contados sin el menor pudor y afrontando desde su propia verdad toda la historia. Utilizando el humor como vía de escape, Chast ilustra gags con las situaciones más insospechadas, quitando peso a lo importante pero sin perder de vista lo que se está contando. Porque eso es lo más importante, toda la marea de sentimientos contradictorios a los que se enfrenta, viéndote reflejado en muchos de ellos.
Chast prescinde en muchos momentos de las ilustraciones, incluyendo solo texto. Estas, a todo color y en blanco y negro, son efectivas y siempre en movimiento, vivas, como las fotografías que también tenemos ocasión de ver. Javier Ruiz

miércoles, 8 de junio de 2016

miguel gallardo, turista accidental (2016)

No todo en esta vida van a ser sesudas lecturas en las que nos realicemos con cada una de sus páginas, descubriendo el sentido de las cosas y viendo la luz con cada uno de sus capítulos. Aunque Miguel Gallardo también nos ha ofrecido algo de eso (los dos volúmenes que cuentan las vacaciones y por extensión, su vida, junto a su hija María, que tiene trastorno del espectro autista), su nueva obra, Turista accidental, publicada por Astiberri, es un entretenido compendio de las anécdotas y circunstancias que han rodeado a algunos de sus viajes. Teniendo en cuenta, según como nos explican y sabemos, que Miguel Gallardo es un poco despistado, la diversión está asegurada.

Dividido por capítulos a modo de lugares que ha visitado, el libro, como todo los viajes, acaba resultando enternecedor, un poco caótico, y siempre, siempre, muy divertido. Con varios tipo de dibujo (siempre maravilloso en los retratos de perfil), principalmente a blanco y negro y colores claros, Turista accidental es un maravilloso pasatiempo para este verano, y una forma perfecta para seguir conociendo a Gallardo, dispuesto a contarnos todo lo referente a su vida siempre con el humor y la propia caricatura por delante. ¿Para qué buscar el chiste en la gente cuando uno mismo ya es suficiente broma?. Javier Ruiz

miércoles, 30 de marzo de 2016

adrian tomine, intrusos (2016)

En Intrusos, la nueva publicación del estadounidense, Adrian Tomine vuelve a la colección de relatos cortos para componer su obra, escapando del formato de novela gráfica que ya probó, y donde tal vez pinchó, con Shortcommings. Se trata de seis historias en un libro de 121 páginas, en las que trabaja técnicas diferentes de dibujo, desde la tinta negra que siempre le ha caracterizado hasta una línea clara a color y con un detalle que traspasa las fronteras del cómic para instalarse descaradamente dentro del concepto de arte gráfico. Porque Adrian Tomine cada vez dibuja mejor y tiene un mayor control de la distribución del espacio (tanto cuando decide dedicar toda la página a una única viñeta como cuando las distribuye siempre cuidando la mayor elegancia estética posible) y control de los personajes (magníficamente trabajados y llenos de matices -debilidad especial por los protagonistas de Vamos, buhos y Triunfo y tragedia-, o acercándose a una caricatura amable -Hortiescultura es el mejor ejemplo de ello-).



Y, allí donde el dibujo ya no llega, lo hace su gran capacidad narrativa para encontrar aquellos detalles que retratan mucho más de lo que muestran. Tal vez en esta novela más que nunca. Porque, al contrario que en sus inicios, donde la sombra solía ser constante, Adrian ha trabajado mucho los matices en sus seis historias. Ya no se esfuerza por dibujarlo todo negro (como tampoco lo ha hecho en el apartado gráfico), sino que ahonda en los personajes y, con detalles o más explícitamente, saca buena parte de los infinitos matices que tiene el ser humano y procura dar una visión menos amarga de sus vidas. Sí, en la novela de Tomine siempre habrá tormenta, pero ahora la intercala con pasajes más soleados. Y es posible que esta bajada de nivel en la escala dramática haga menos efectista o inmediata su obra, que ya no impresione de primeras, pero exige reflexionar más sobre los sentimientos humanos y, a la larga, creo que aporta bastante más.

La responsabilidad, la frustración, la derrota y el miedo. El propio y ese que se incorpora, especialmente cuando te conviertes en padre, sobre las personas que tienes a tu alrededor, que te impide ser feliz y dejar que los demás luchen por serlo, queda en Intrusos mejor reflejados que nunca; como en la figura paternal de Triunfo y tragedia, quizás la más terrible y emotiva de las seis historias, y la que sé que me va a acompañar toda la vida. Porque uno, en muchas cosas, es bastante parecido a lo que encontrarás en las páginas del libro si te animas a leerlo.


martes, 8 de marzo de 2016

carl wilson, música de mierda (2016)

El pretexto está claro: utilizar uno de los discos más exitosos de Céline Dion, Let's talk about love (1997), para escribir sobre los gustos musicales de la gente y la manera en la que estos nos moldean como personas.
El libro, en su título original Let's talk about love: Why other people have such bad taste (Por qué otras personas tienen mal gusto), se publicó dentro de la famosa serie 33 1/3 (por donde han pasado discos de gente como Bowie, Love o Gainsbourg), pero en España Blackie Books lo ha publicado de manera independiente.
Como comentaba, este disco de Céline Dion (el que contiene el omnipresente hit de la película Titanic My heart will go on) es solo el pretexto. Aquí se habla más bien poco del disco, y mucho de algo tan poco objetivo como el gusto. Se hace todo un ensayo sobre los gustos, sus circunstancias, y hasta de sus consecuencias.

Wilson inicia el libro situando y poniendo en antecedentes la carrera y figura de Dion, explicando y dando detalles de su niñez, juventud y vida adulta. Aunque de entrada, el personaje no sea muy atrayente, todo esto se explica de manera amena, rozando el humor. Asistimos a varios episodios inolvidables, siendo este uno de los destacados. Pero de nuevo, todo funciona como medio y no como fin. Son anécdotas que sirven para explicar comportamientos y actitudes frente a la música.

Actitudes en las que, como era de esperar en algo como el gusto, siempre resultamos contradictorios (Wilson tampoco se escapa de la contradicciones en algún que otro pasaje del libro).
La manera en la que con ellos nos queremos definir como personas: la persona que somos y la que queremos parecer ante el resto. Este último punto es importante. La persona que somos ante el resto si nos gusta, para seguir el ejemplo, Céline Dion.

Música de mierda es un libro con el que tus convicciones o tus formas de enfrentarte a la música van a cambiar, o por lo menos, las vas a entender más.

Mención especial merece el epílogo de Manolo Martínez (de Astrud). Al final, Manolo casi desmonta el argumento del libro en unas pocas páginas, ofreciendo un nuevo punto de vista a todo lo que hemos leído previamente en el ensayo de Wilson. 

lunes, 29 de febrero de 2016

daniel clowes, paciencia (2016)

¿Qué serías capaz de hacer por la persona a la que quieres?
Eso es lo que parece haber pensando Daniel Clowes para dar forma a la historia de Paciencia, su nuevo libro.
Aunque Paciencia sea la protagonista, el verdadero protagonismo se lo lleva Jack, su pareja. Jack es quién lleva el ritmo de la narración, que como bien indica la contraportada, se embarca en un viaje alucinante en busca de su amor eterno.

Como si se tratase de una épica película de larga duración en la que asistimos a varias fases o capítulos, en Paciencia Clowes se adentra en un género que poco había abordado hasta ahora. Como dirían los americanos, Daniel Clowes goes science fiction.
Y lo hace llevándosela a su terrerno, en una historia con maneras clásicas y a todo color. Aunque más que como un género, la utiliza como recurso. Aquí no se dan grandes explicaciones técnicas, los personajes ni siquiera la entienden, solo es una vía para llegar al fondo de la historia.

Como viene pasando en su obra, la historia se explica sin grandes detalles, dando mucho por entendido. Esta característica, tan insignificante, en el caso de Clowes resulta uno de sus puntos fuertes. Todo esto hace que se cree una complicidad e implicación muy especial con el lector.

Mención aparte merecen los esfuerzos de la editorial de Logroño Fulgencio Pimentel por ofrecernos esta Paciencia un mes antes que su publicación en su idioma original.

God bless Daniel Clowes


martes, 9 de febrero de 2016

haruki murakami, asalto a las panaderías (2015)

Llegó la Navidad 2015, y como es habitual durante los últimos 3 años, Libros del zorro rojo publicó en España Asalto a las panaderías, otra de los historias cortas del japonés ilustradas por la alemana Kat Menschik. Después de Sueño (2013) y La biblioteca secreta (2014), llegó el turno de Asalto a las panaderías, dos historias que en su versión original se publicaron por separado, pero que Libros del zorro rojo publicó el pasado noviembre conjuntamente (por cierto, la nueva traducción y publicación de Murakami por parte de Tusquets, su editorial habitual aquí, es el libro de relatos El elefante desaparece, se publica el 1 de marzo y también incluye esta historia).

El relato consta, como comentaba, de dos partes, en Asaltar la panadería, la primera de ellas, Murakami vuelve a contar algo que en un principio puede resultar normal, cotidiano, pero acaba convirtiéndose en algo fuera de lo común para los protagonistas, algo en lo que Richard Wagner tendrá mucho que ver.
En la segunda parte, Asaltar de nuevo la panadería, el relato se vuelve más cotidiano si cabe, ofreciendo un final (?) inesperado e incidiendo en el detalle ("nosotros éramos asaltantes, no atracadores").
El trabajo de Kat Menschik, como es habitual, acompaña el relato de manera evocadora, sugiriendo y plasmando de manera magistral las imágenes que forma Murakami, resultando más espectaculares si cabe gracias a la fantástica edición del libro (al igual que en los dos volumenes anteriores).


"...estoy dentro de un pequeño bote, flotando sobre la tranquila superficie del mar..."


lunes, 8 de febrero de 2016

fulgencio pimentel publica la nueva obra de daniel clowes en españa

Fulgencio Pimentel, la pujante editorial riojana, ha anunciado que será la encargada de publicar en España lo nuevo de Daniel Clowes, Patience.
Patience es el esperado nuevo libro de Clowes, que cada vez dilata más en el tiempo sus obras.
Y estamos de suerte, porque la vamos a poder disfrutar antes que en su versión original americana.
En España se publica el 15 de febrero, esto es, tan pronto como el lunes que viene, mientras que en Estados Unidos tendrán que esperar a marzo.


Todo un acontecimiento, otro grandísimo acierto de Fulgencio Pimentel

miércoles, 4 de noviembre de 2015

juanjo sáez, hit emocional (2015)

Hay cosas indiscutiblemente objectivas, a las que no se les puede poner objeción ninguna. La gravedad, el sol saliendo por las mañanas, la grandeza de Sufjan Stevens, etc.
Pero, afortunadamente, hay muchas otras que no son ni blancas ni negras, entre ellas la emoción.
Juanjo Sáez sabe bien eso, y lo aplica a todas sus facetas artísticas. Sus libros siempre se han basado en ella, principal protagonista de sus historias.

Hit emocional no es una simple recopilación de su sección en la revista Rockdelux, es mucho más que eso. De hecho, esa es la excusa. En Hit emocional nos cuenta cuáles son estilos, grupos y discos favoritos, pero no se limita a contarlo mediante impersonales listas (que también), sino a través de las personas y momentos de su vida que más le han marcado. Juanjo, como cualquiera de nosotros (qué os vamos a contar), no sabe hablar de canciones sin llevarlas a lo personal. Pero tan hacia lo personal, tan al extremo, que en ocasiones no se puede evitar sentir cierto pudor.

Como siempre acertado y certero,  Sáez simplifica cosas muy importantes, siempre de manera que se puedan entender mejor, como un mago haciendo trucos, algo sencillo en las formas, pero complicado en el fondo:

"El indie pasó a segundo plano de un plomazo. Recuerdo ir el segundo año que se hizo el Sónar, todo era distinto: futurista y revolucionario. Es curioso que cuando más parece que va a haber una revolución, menos la hay, y en el fondo algo cambia, pero no tanto como prometía"

Siempre descarado y un poco insolente, aquí se olvida de todo esto y va directamente al hueso, a lo realmente importante. A las cosas que nos pasan a todos con los discos:

"Su música no me decía gran cosa. No le prestaba atención suficiente. Pero un día, de repente, como una fruta en el árbol que pasa de estar verde a madura, el azúcar se concentra en el fruto como para que un ser vivo se la quiera comer. Un día La distancia adecuada maduró en mi cabeza"

"No sé como me puede gustar esa musiquilla de ascensor...ese sonidito insustancial...No puedo entender que cuando termina el disco pueda volver a pulsar play"

Con Hit emocional, la música también se lee. Esa cosa tan difícil de conseguir, pero tan fácil de disfrutar.






pd: hace años en la nadadora, quisimos emular a Juanjo Sáez, y nos salió esto. Como sabéis, no conocemos la vergüenza.


domingo, 25 de octubre de 2015

haruki murakami, escucha la canción del viento y pinball 1973 (2015)

Escucha la canción del viento y Pinball 1973 fueron las dos primeras obras de Murakami, allá por 1979 y 1980 respectivamente. Tusquets las publica ahora en un solo tomo, siendo las únicas novelas de H. Murakami que quedaban por traducir al español.

Como primeras obras, funcionan más que nada para comprobar como se iba gestando el mundo Murakami. Todavía por pulir, todavía en proceso, algunos de los gestos más característicos de su obra posterior ya aparecen aquí. El gran salto en su carrera lo dio con la publicación en 1982 de La caza del carnero salvaje, uno de sus mejores libros, pero no por ello carecen de interés estas dos novelas cortas (o relatos largos).

Las dos historias (contadas de manera críptica) que se presentan en cada uno de los libros están relacionadas, formando un todo y dando sentido a esta edición por parte de la editorial.
Si en la primera seguimos al protagonista en su vida de estudiante, pasando unos días en su ciudad natal, en Pinball 1973 lo seguimos en Tokio, unos años más tarde (la historia continúa en el siguiente libro que comentaba antes, La caza del carnero salvaje, compartiendo algún  personaje también con Baila, baila, baila, otra de sus novelas, aunque todos ellos se pueden leer de manera independiente).

Si Escucha la canción del viento la historia resulta más convencional, en Pinball 1973 la historia se vuelve más Murakami (dicho ya como estilo), con gatos incluídos, con todo lo que eso representa. Ambas muy evocadoras, ambas contadas desde el detalle, desde las cosas pequeñas:

"Un  día, algo cautiva nuestro interés. Cualquier cosa. Algo insignificante. Un capullo de rosa, un sombrero perdido, un jersey que nos gustaba de niños, un viejo disco de Gene Pitney... Una sucesión de pequeñas cosas que no van a ninguna parte. Durante dos o tres días, aquello ronda por nuestra mente y, luego, vuelve a su lugar de origen... La oscuridad. En nuestro corazón hay innumerables pozos abiertos que sobrevuelan los pájaros.

Lo que me cautivó a mí aquel domingo de otoño al aterdecer fue, ni más ni menos, una máquina pinball...."


lunes, 27 de julio de 2015

charles burns, cráneo de azúcar (2015)

Si me hubieran preguntado justo después de la lectura de Cráneo de azúcar si había entendido algo, hubiera dicho que no, nada. Días después sigo estando en las mismas. No tengo claro que haya entendido parte de lo que Charles Burns quería contar.
Sí, hay una historia que culmina y de la que se pueden sacar conclusiones, pero el camino que nos ha llevado a eso a lo largo de Tóxico y La colmena quería contar mucho más, y es ahí donde no lo tengo claro. 


La trilogía iniciada en Tóxico ve final en este Cráneo de azúcar, con un final que podemos entender, pero que tampoco aclara mucho de lo sucedido. Cerrar cajas abriendo otras, siempre dejando la puerta abierta. La puerta en la dividida cabeza del protagonista, que vemos plasmarse a lo largo de toda la historia en situaciones de lo más extrañas e insólitas, un tour de force entre la realidad y el subconsciente, entre la evasión y los hechos, sean o no conscientes. 

Tras la lectura de Cráneo de azúcar (por consiguiente, de la trilogía) puede que queden cosas sin mucho sentido, pero algo sí que queda claro, Burns nos explica algo que no sabemos (todavía), pero que está ahí, latiendo en algún lugar. 

miércoles, 22 de julio de 2015

el nuevo libro de haruki murakami

El nuevo libro traducido de Murakami, para ser exactos. O los nuevos libros. Escucha la canción del viento y Pinball 1973 fueron las dos primeras novelas de Haruki Murakimi publicadas en Japón en 1979 y 1980 respectivamente. También las dos únicas que quedaban de su obra por traducir al castellano. Y ya las tenemos aquí. Se publican conjuntamente en un solo volumen el 1 de octubre.