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miércoles, 27 de septiembre de 2017

discos que me levantan dos palmos del suelo: party in the dark, mogwai (2017)

Mogwai ha publicado recientemente su noveno disco. Un disco que, a mi juicio, les lleva de vuelta a sus momentos más gloriosos. Una vuelta a la buena forma y a las canciones inmensas: la emocionante Brain sweeties, la contundente Every's country sun (la canción) o la preciosa Coolverine. Pero entre todas ellas la mejor es Party in the dark, la canción menos Mogwai del disco pero a la vez la más representativa. Una melodía muy suya en una canción fuera de sus estándares habituales.
Incluso para acentuar su carácter de rareza, se ha publicado en un 7" en el que la cara b es otra canción que se sale de su normal, Eternal panther, y que juntas forman un anexo perfecto a Every country's sun. Por si fuera poco, y para hacer todo esto más exclusivo, en alguna tirada de este vinilo se ha nombrado mal a la cara B (aparece llamada Black panther), lo que no hace más que darle más valor a esta referencia.

Como si de un disco perdido de los '90 se tratara, Party in the dark/Eternal panther son casi siete minutos de pop, envolvente en la cara A y atronador en la B. Siete minutos para escapar de mi vida de mierda a campos de dream pop y shoegaze. Siete minutos para volver a creer que Mogwai es el grupo de nuestras vidas. Para creer que el mundo es un lugar mejor. Nuestra vida salvada por un 7", o por lo menos esta mañana. Javier Ruiz

lunes, 20 de febrero de 2017

discos que me levantan dos palmos del suelo: playing the angel, depeche mode (2005)

Que ya solo hacen discos para fans. Que ya no son relevantes. Que en lugar de marcar tendencia, las siguen. Que ya no hacen canciones buenas. Que donde van con esas fotos de promo. Que donde está la revolución.
Estas, entre otras, son algunas de las cosas que se les ha achacado a Depeche Mode, digamos, desde hace un par de décadas. Mientras, ellos han seguido a lo suyo: publicando discos y realizando las (siempre espectaculares) giras correspondientes. Y aunque se podría ver a Depeche Mode como una maquinaria de proporciones descomunales que debe resultar más complicado parar que dejar que siga su curso (muchos diran por inercia), no por eso deja de ser una realidad que a los que gustamos de su manera de hacer canciones sigamos disfrutando de su peculiar forma de retratar lo que importa. Su peculiar intensidad.

Playing the angel, publicado en 2005, y como bien se indica, es un tratado sobre la pena y el sufrimiento en varios tempos, una idea que engobla el concepto del disco y le da categoría de gran obra conceptual. Un concepto que parece potenciar y dar lo mejor del grupo y ofrece 12 canciones que ahondan en una producción cristalina y pulida: del delicado Precious, a la explosiva e industrial A pain that I'm used to o la popera Suffer well (una de las primeras canciones firmadas por Dave Gahan para DM, también la destacable Nothing's impossible). Y de ahí a la desgarrada Lilian o el barroquismo de Macro, canciones que generan un estado de ánimo con diversos picos emocionales y de largo recorrido.

Playing the angel no solo es el disco más acertado de esta etapa del grupo, sino que también nos ofrece grandes singles que añadir a su apabullante colección. Un disco que ponía de manifiesto la validez de Depeche Mode en el siglo XXI. Javier Ruiz

martes, 10 de enero de 2017

discos que me levantan dos palmos del suelo: barrio fino, daddy yankee (2004)

Tú quieres ser como yo ahora, pero Lebron James nunca será como Jordan. Así se definía Daddy Yankee en 2004, en la letra de King Daddy, uno de los temas más potentes de Barrio fino donde da el puñetazo sobre la mesa en el momento justo. Porque el tercer álbum del portorriqueño fue en el que saltó definitivamente al éxito mundial y el que le consagró como líder absoluto de un género, el reguetón, que estaba buscando su disco definitivo.

Daddy provenía, como buena parte de los primeros artistas del género, del Hip-Hop y el Raggamuffin, y eso en Barrio fino se nota. Y también sobrevuela por sus canciones la salsa, otra de las influencias claras del cantante, pero de la que no recoge la conciencia social de totems como Rubén Blades o Juan Luis Guerra, sino más bien sus aspectos puramente formales o musicales. Por ello esa radiografía que en sus letras se hace de Puerto Rico, de sus diferencias de clase y de la vida en sus barrios, proviene más del intento de retratar imágenes más o menos autobiográficas que de generar una real denuncia al respecto. Por ejemplo, en la intro de Barrio fino ya se aclara de dónde proviene el rapero, y en King Daddy se apunta hasta dónde va a llegar. Desde abajo hasta lo más alto. Y en el resto del álbum se habla de fiesta, de sexo, de bailar y de follar (o no, eso solo se sobreentiende). Más o menos de todo aquello a lo que alguien que ha nacido en el Guetto puede aspirar, si no te meten antes un tiro en una reyerta (esto no lo insinúo, se dibuja en Talento de barrio, la película que protagonizó en 2005 aprovechando el éxito alcanzado).

Y musicalmente estamos ante una bomba que invita, obliga, al baile y al perreo (si nosotros supiéramos de eso), donde el éxito masivo aún no había dulcificado su sonido hacia el electro-latino y permite que las 21 canciones del cd suenen violentas y directas, con ritmos cortados a machete y fraseos escupidos a la cara; con orgullo de barrio, muchas ganas de dejarlo y horas y horas de discoteca mientras tanto. Un disco sin las coartadas intelectuales de Calle 13 o Tego Calderón pero mucha más inmediatez. Como si el camino más corto pasara por la Old-School y las formalidades de maestros del discurso sonoro como Public Enemy, Run DMC o Rage Agaisnt the Machine, pero la meta no estuviera en las calles sino en las pistas de baile.

¿Y qué es lo que finalmente hace de Barrio fino un disco tan incontestable? Aparte de un hit como Gasolina, una de las canciones más importantes que nos ha dejado lo que llevamos de siglo, y la producción hiperagresiva de Luny Tunes o Fido, es la fuerza que desprende desde que empieza a sonar King Daddy y que no baja jamás el listón, con los puntos álgidos de Lo que pasó pasó, Santifica tus escapularios, No me dejes solo (con la colaboración de otros maestros del reguetón como Wisin & Yandel), Corazones, Golpe de estado, Sabor a melao o Dos mujeres, por poner solo algunos ejemplos de un álbum tan excesivo como necesario, que cada vez que suena en casa me hace sentir lo que no soy. Manolo Domínguez