miércoles, 20 de septiembre de 2017

the national, sleep well beast (2017)

Acordando que sus dos primeros discos sirvieron de calentamiento (son discos menores respecto al resto de su discografía), The National llevan encadenados cinco discos notables, en algunos casos sobresalientes (pienso en Alligator o Boxer). Pocos grupos de su generación pueden presumir de eso. Muy pocos. Claramente un referente y una de las bandas más importantes del siglo XXI, por pomposo que eso pueda sonar.

Trouble will find incidía en el lado más reposado del grupo, y Sleep well beast viene a confirmar esa tendencía. Incluso aquí desarrollan el componente electrónico, construyendo un nuevo tipo de canciones en su discografía cercano a la indietrónica (¿todavía se puede utilizar esa etiqueta?): música para soñar desde tu habitación entre colchones de sintetizadores.
Dentro de esta parte del disco encontramos varias de las mejores: Walk it back, Empire line o Sleep well beast (la canción). Unas canciones que resultan hipnóticas y sugestivas. Unas canciones que casan perfectamente con los The National más reflexivos y apacibles. En lo que respecta al grueso del disco nos encontramos lo que veníamos buscando: a un grupo que sigue representando la aflicción, la rabia y la esperanza como nadie en canciones de intensa emoción como Day I die, The system only dreams in total darkness, Turtleneck (aquí recordando más que nunca a Rem) o Guilty party. Canciones que se añaden a un repertorio que ya resulta no solo impresionante, sino apabullante.

The National son de esos grupos que en mi cabeza forman parte de esa etiqueta que está a la derecha, la de grupos que me atan al suelo. Un favorito al que, como a los grandes amigos, cuesta verles los defectos. Pero es que nunca fallan. Siempre están dispuestos a sacarte del barro. Javier Ruiz

lunes, 18 de septiembre de 2017

león de pelea, vientos y corrientes (2017)

Cuenta Álvaro Menéndez que su fascinación por el mar viene dada por sus antecedentes familiares. Álvaro tiene padres y abuelos marineros, por lo que el mar siempre ha estado en su vida.
Yo no tengo familiares capitanes, ni siquiera aficionados a la pesca, pero de la misma manera siento siempre el mar a un lado. El vínculo que se establece entre el agua a lo lejos y uno mismo es tan personal e íntimo que no necesita de nada más. Solo uno mismo y la inmensidad.
Por eso este ep es tan único y peculiar: Vientos y corrientes es la visión de la relación que guarda Álvaro con el mar. Por obvio y subjetivo que pueda resultar, esto es importante resaltarlo.

Una visión contemplativa, reconfortante y suspendida en el tiempo. Una visión que proporciona unas canciones que parecen cartas en forma de avión lanzadas al aire. Canciones que son susurros azules en un mundo en calma.

Un disco que sugiere, evoca, y te lleva más allá de donde te encuentras. Justo como hace el protagonista de estas canciones. Javier Ruiz

domingo, 17 de septiembre de 2017

los lunes: novedades (78)

Nueva versión de Homemade dynamite
Homemade dynamite es el tercer single de Melodrama, un disco que este año me ha volado la cabeza. En esta nueva versión de la canción se incorporan SZA, Khalid y Post Malone añadiendo versos, aunque no sé si la mejoran de alguna manera (la canción ya es perfecta de por si) o más bien resulta algo innecesario:





Inédita de Rem de la época Automatic for the people
Al igual que ocurrió con Out of time el año pasado, se reedita Automatic for the people por su 25 aniversario. En este caso se incorporan inéditas, demos y directos. Entre las primeras, esta Mike's pop song, que no podría tener un título más apropiado:




Otra nueva canción de Destroyer
La segunda canción que conocemos del disco que publica Destroyer a final de octubre es esta fantástica Tinseltown swimming in blood que recupera el sonido del disco Kaputt de 2011. Eso solo puede ser bueno, claro:




Jamie xx remezcla On Hold
La estrecha relación que se mantiene entre las discografías de Jamie xx y el propio grupo al que pertenece ve otro capítulo con este remix que Jamie realiza de uno de los singles de I see you. On hold es ahora un rompepistas que se mantiene en lo alto en todo momento:




Björk está de vuelta
Mentiría si dijera que el nuevo single de Björk no me tiene desconcertado. Se trata de una canción de más de cinco minutos que pasa por diferentes fases y estilos y que acaba resultando muy emocionante, pero inabarcable y abrumadora también:

sábado, 16 de septiembre de 2017

el vídeo del fin de semana (58)

Todos queremos ser Manolo, ya que vuelve a estar de vacaciones y vuelvo a elegir vídeo solo yo.
Cover me, una de las canciones que ha compuesto Dave Gahan para este disco, es el tercer single de Spirit, el último álbum de Depeche Mode. Para promocionarlo, el grupo ha publicado este vídeo dirigido por Anton Corbijn (realizador de toda su imagen y diseño) en el que se sueña con el espacio en blanco y negro:

jueves, 14 de septiembre de 2017

especial kiko veneno, pt.4: las 25 mejores canciones de kiko veneno

Y para terminar con el especial, esta lista con mis 25 canciones preferidas de su discografía, tanto de Kiko en solitario como de su grupo primigenio, Veneno. Por ser más o menos fiel a su faceta de intérprete por encima de la de compositor, dejo fuera composiciones que se crearon originalmente para otros artistas, como el Volando voy que hizo para Camarón, centrándome en aquellas que nacieron como propias. He incluido aparte una única versión registrada, y otra que, ya convertida en un clásico personal, tenía en realidad más de apropiación que de propia autoría, pero que no podía faltar en la lista. En definitiva, allá van mis 25 canciones de Kiko acompañadas de esta ilustración de Amaya:



25 Memphis Blues La versión de la lista no podía ser otra que esta revisión de clásico de Dylan, aquí aflamencada y acelerada. Esta declaración de fan, en la que Kiko también se confiesa atascado por el blues de Memphis fue tan acertada que no solo se convirtió en uno de los singles de Está muy bien eso del cariño, sino también en una de las habituales de sus conciertos, incluso ahora, 20 años después.

24 Te llevo dentro A pesar de mis problemas con Punta paloma, cada vez que llego a este tema se me olvida ser crítico e incisivo y me entrego a esta balada flamenca que en la voz de Kiko se hace magia. Si hay canciones que salvan discos, esta debería ser una de ellas.

23 La catástrofe mayor Después de Veneno Kiko necesitaba reinventarse y lo hizo marchando a Madrid y entregándose a los sonidos del momento. No acertó en todas, pero este tema tan ágil tiene la fuerza suficiente para escapar de las producciones medianas del momento y del paso de los años. Es más, con cada nueva interpretación, como la de doble vivo con la orquesta de cuerdas del Taller de Musics, va ganando puntos y mostrando que no era una canción menor de su repertorio.

22 Veneno Como dijeron los Chunguitos en su día, dame veneno que quiero morir. Dame veneno para acabar con todo, contigo. Una canción con más poso del que parece inicialmente, más dolorosa, que relata una relación tan dañina como adictiva. Porque el coste de la vida es capaz de acabar con todo, contigo, conmigo y con nosotros.

21 Sensación térmica Kiko comenta que eso de la sensación térmica es algo nuevo que sirve para engañarse a uno mismo. En la canción es sinónimo de ese vacío que es tan grande como la cama de Curro el Palmo. La sensación térmica es la ausencia, sus consecuencias y el frío de tener que vivir el día a día sin ti.

20 El pueblo guapeao El mejor tema del último intento de recuperar Veneno fue esta magnífica canción, tan lastrada por la producción del álbum que gana eones si uno se olvida de la versión de estudio y rebusca alguna actuación en directo por internet. O incluso si se queda con la reinterpretación que el propio Kiko realizó en el disco de Jabier Muguruza, con estribillo en euskera. Un adelanto del Kiko más costumbrista que se sublimó en el cantecito.

19 No pido mucho Veneno musicando el poema de Miquel Martí i Pol y estableciendo, nuevamente, relaciones entre la Sevilla underground (la de Smash, la de los hombres de las montañas) y la cultura catalana para cerrar Veneno mezclando palabras y combinando conceptos. Fusionando el arte.

18 Si tú, si yo La primera canción que escuché de Kiko Veneno venía firmada como Veneno a secas y se hacía acompañar de la voz de Martirio para poderse tirar los trastos a la cabeza. Absolutamente opuesto a lo que fue el disco de debut del grupo formado por Kiko y los hermanos Amador, y ya sin Rafael en nómina, la canción suena más funky, menos gitana y nada espontánea. Sin embargo, sus coros vacilones y una letra que entre lo cómico y lo crítico consiguen que la canción se pegue de por vida. Podría ser solo una anécdota en la discografía venena, pero al final termina siendo mucho más.

17 El lince Ramón Está muy bien eso del cariño podría ser uno de los discos más internacionales de Kiko, viajando del tirón de la Andalucía rumbera a la Latinoamérica salsera, como en la historia del lince que perdió los reflejos por amor. Porque él era un gato rumbero que corría a su aire por el Parque de Doñana, sí, pero las trompetas del estribillo de la canción se quedan a dos palmos de las de los Son del Solar de Buscando América. Porque el amor no sabe de frontaras, ni de las geográficas ni de las musicales.

16 Los animales Raimundo, Rafael y Kiko, con el tacita a la batería y la producción de Ricardo Pachón. Me ha costado mucho diseccionar una obra que tiene tanto de concepto unificado que por momentos metía todo el disco en este top y, a los cinco minutos, lo sacaba al completo. Al final han sido 4 las canciones seleccionadas de él, y una de elllas tenía que ser necesariamente esta oda a Los animales que es puro rock con guitarras flamencas.

15 Campeones de la suerte A Joselito le salieron malas las novias y por eso las dejó a todas. A los protagonistas de esta canción todo les sale bien porque son los Campeones de la suerte. Por eso se crecen en la improvisación y han venido aquí a compartir. El mejor Kiko siempre aparece, en todos sus discos, y Dice la gente no iba a ser una excepción.

14 Manuel Siendo sincero, no sé quién es Manuel. No sé por qué tiene esa personalidad tan especial, ni porqué somos incapaces de enfadarnos con él. No lo sé, pero yo ya tengo un Manuel en mi cabeza. Tengo a una persona sensible, imaginativa y muy especial. Por eso se merece esos coros tan africanos y esta canción. Por eso Kiko se la escribió para coronar La familia pollo.

13 La vida es dulce Aquí no todo el mérito es de Kiko. Aquí Raül ha sabido regalar a una composición magnífica la producción que necesitaba para brillar aún con más fuerza. Aquí todo suena a experiencia, experimentación y brillantez. Pocos, muy pocos, son capaces de entregar algo de esta calidad tras cuarenta años de carrera. La vuelvo a escuchar y me vuelvo a sorprender.

12 La chispa El espíritu de Bob Dylan más presente que nunca. Más incluso que en la versión del Memphis Blues Again. La chispa es esa inspiración que jamás debería faltarnos. A él para seguir haciendo música y a nosotros para saber disfrutarla.

11 Patapalo Patapalo es el más malo de todos los personajes creados por Kiko Veneno. Tan malo que come pulpo crudo y que sin tebeos no puede cagar. Y, aunque la canción se grabó previamente como Pata Negra para la maqueta que finalmente se convirtió en el minilp Guitarras callejeras, se publicó oficialmente por primera vez en el debut de Kiko en solitario, Seré mecánico por ti. Una de las más rockeras de la lista, ácida, sucia y callejera, retratando a uno de esos piratas de extrarradio que, cuando les entra el sentimiento, buscan su charca para seguir navegando.

10 Echo de menos Echo de menos puede ser la canción más mediática de la carrera de Kiko. Al menos en su momento lo fue. Miles de anécdotas que antes estaban y que ahora son solo recuerdos. Miles de detalles que aparecen justo cuando desaparecen. Y de nuevo ese mestizaje entre la rumba y la salsa que tan bien marida cuando se hace bien.

9 Bilonguis La mejor canción de El hombre invisible vuelve a retratar una pérdida que solo genera sufrimiento y confusión. Como esos efectos personales que solo sirven para no aprender a olvidar. Porque nunca es fácil asumir que todo tiene una fecha de caducidad y que, la mayoría de las veces, no la ponemos nosotros. Por eso, si alguna vez te vas, hazlo de verdad y no me dejes en los bolsillos del pantalón esas alas de cucaracha que me recuerdan que ya no estás cada vez que meto las manos dentro.

8 Coge la guitarra La guitarra y el cante como paracetamol para las penas del alma. Coge la guitarra y haz que nos pique el sol. Sácate las nubes de enmedio y vamos a sentarnos a ver como los rayos suben la temperatura del corazón. Y tócate esa de La quiero a morir para que todos la bailemos.

7 San José de Arimatea Aquí Veneno hizo suya la canción de Gianni Morandi y la vistió de surrealismo jipista y apostasía. San José de Arimatea apareciendo con un radiocassette, en una historia alucinógena en la que todo parece regado de química. Uno de los clásicos de aquel disco tan irrepetible, tan radical y atrevido como la letra de la canción.

6 Respeto Cada cual vaya diciendo lo que quiera, se lo lleva la corriente. Y pides a tu dios por la mañana, que lo malo no te coja. Palabras más necesarias que nunca en este mundo que parece haberse convertido en un refugio de perros de presa hambrientos. Por eso no hay que olvidarse de lo importante que es el respeto. A todo, a nosotros mismos. Yo, yo me comprometo.

5 Lobo lópez Como un relato de Carver en andaluz, el Lobo López sobrevive a un encuentro casual con la cabeza bien baja y el ánimo sostenido solo por unos rayos de sol que pican en la espalda. Tratando de contar las cosas más importantes apuntando solo una anécdota. Uno de esos momentos que se leen más por lo que evoca que por lo que sucede.

4 Los delincuentes Veneno haciendo un single. Veneno por chirigotas. La más accesible del disco más radical del pop español, con su estribillo y su pito de caña.  La vida de unos perros callejeros que trapichean, roban y llaman a tu casa para venderte uno u otro género. Y ellos mientras, dedicados a cambiar el destino de la música con dos guitarras de palo.

3 La casa cuartel Cuando ni Federico Lorca es suficiente para salvarte la noche si él no está contigo, y  ya has aprendido a hacerlo todo entre dos y solo estás deseando volver a casa a esperar a que llegue. Cuando esas dos entradas que ella no supo aprovechar y pertenecían a los padres de Kiko se estropearon por una guardia mal puesta. Cuando una relación es tan real y sincera que nada se disfruta igual si no es acompañado. Y solo entendiendo el amor de esa forma se puede llegar a escribir una canción como La casa cuartel. Dejando que los recuerdos se conviertan en poesía.

2 En un mercedes blanco Recuerdo cuando iba a visitar a mi abuela a su casa por las tardes y, a la vuelta ya de noche, casi siempre me encontraba a alguien en el portal fumando la heroína que quemaban en un trozo de papel de aluminio. Cuando les veía desde dentro del portal, sentados en la escalera de fuera, mi sensación era siempre entre miedo y tristeza. Sin embargo, nunca te molestaban; les pedías permiso para pasar y te miraban con cara de derrota. La historia de En un mercedes blanco no es más que esa cara. Y un papel tirado en un portal de una casa y el olor a chino quemado que queda después.

1 Joselito En este artículo de El mundo se explicaba la historia de Joselito y, de paso, la de los años que Kiko pasó en Conil, al frente del bar El Adán. Ese texto sirve para comprender la grandeza de una canción que mira hacia abajo, donde se encuentra el serrín en los bares de toda la vida, y nos enseña que se puede ser mucho más revolucionario contando historias cotidianas que fijándose en las grandes batallas. Todo lo que se había apuntado hasta entonces en las letras de sus canciones aquí se sublimaba, trascendiendo géneros y disciplinas artísticas. Si por mí fuera, esta canción estaría sonando de forma perpetua en una sala de cada museo de arte contemporáneo que se precia de querer mostrar precisamente eso. Y aún así no le estaríamos haciendo suficiente justicia.



miércoles, 13 de septiembre de 2017

especial kiko veneno, pt 3: de la autoedición al presente

Después de la experiencia multinacional, Kiko apuesta por controlar al 100% su música e incluso se reinventa con sello propio, Elemúsica, que estrena con la publicación del cd compartido con Pepe Begines (cantante de No Me Pises Que Llevo Chanclas) en el que reinterpretan temas de las discografías de ambos. Un disco lleno de anécdotas, como la interpretación de la pared de Bambino, pero que quedaba solo en eso.

El hombre invisible, 2005 Pero el paso más serio llega con el siguiente álbum propiamente dicho. Un disco que anda en ese punto intermedio, y más cerca de la maravilla de los dos primeros con BMG que de sus pasos en falso. Más rockero que africano, suponemos que claramente influenciado por la banda de acompañamiento (Los Notas del Retumbe), y más directo que introspectivo. Porque, aunque Bilonguis o Contigo parecen robadas de los tiempos del cantecito, en Satisfacción, Inspiración o Los notas del retumben se deja claro que aquí lo anglosajón va a tener más fuerza que las raíces negras.

En cuanto a sus letras, aquí el hombre invisible que se retrata en la canción no es uno de esos personajes a los que hay que engancharse de inmediato, sino ese hombre en la sombra, sin escrúpulos ni ética, que mueve los hilos para mal de esta sociedad de libre mercado. Hay crítica social, sí, pero también tiempo para el amor (Mi morena) y el desamor (Bilonguis) con esa forma tan característica de exponer las emociones de Kiko.

A mí personalmente me llega más cuando suena más gitano que rockero y más latino que anglosajón, y por eso me entrego con mucha más facilidad a Bilonguis, Contigo, Ella no es la misma o No cuesta dinero pero, en general, estamos ante un retorno de lo más digno y que muestra que Kiko Veneno sigue siendo imprescindible, tanto cuando mira hacia el norte como lo hace hacia el sur.

Dice la gente, 2010 Lo que no esperábamos, al menos si no contamos el parentésis en el que se dedicó (junto a Los Delinqüentes, Muchachito y Tomasito) al proyecto G-5, esa especie de superbanda de flamenco mestizo, es que transcurrieran 5 años sin saber de Kiko desde El hombre invisible hasta este Dice la gente. Pero es normal que alguien que lleva ya tanto tiempo en esto de la música se tome las cosas con calma y apueste por hacer las cosas a su forma que precipitarse. Porque, aunque el décimo álbum de su discografía se editara con Warner, todo el trabajo previo fue autoproducido y, una vez estuvo listo, se buscó quien lo pusiera en tiendas, porque Kiko ya comprendió que él es más un hombre de letras que de números.

Pero la espera mereció, y bastante, la pena. Porque Dice la gente tiene mucho con lo que alegrarse. La chispa con ese aire tan Dylan (un clásico de siempre) ya nos pone de buen humor desde el principio, y La cadena de oro, con la que vuelve el Kiko más social, tiene ese punto guarro que tan bien dulcifica con su voz. También funciona muy bien Dice la gente, a pesar de (o mejor gracias a) sonar casi como una revisión del Soukora de Ali-Farka Touré y Ry Cooder. Pero, al menos para mí, el momento más sublime llega con Campeones de la suerte, con una melodía que enamora y una letra que nos devuelve al mejor Kiko. Justo tras esta viene la revisión del Bird on a wire de Leonard Cohen, cantada con acento andaluz y coros africanos, que es pura delicia y La rama de Barcelona, que suena a rumbita intrascendente pero que, misteriosamente, funciona. Serán los efectos de su consumo.

Para mí, solo la excesivamente cursi (Kiko siempre anda en ese filo, del que no suele caerse, pero  aquí acaba en tropiezo) Totupán y El mosquito suicida, donde se acompaña del mencionado G-5, desmerece un disco notable que, por si fuera poco, se cierra con Agua del grifo, colofón infeccioso y el perfecto complemento para cerrar algo que se abrió con La chispa. Seguimos disfrutando con su música.

Sensación térmica, 2013 A pesar de que la experiencia con Dice la gente obtuvo, al menos bajo mi impresión, muy buenos resultados, para este Kiko prefirió dejar en otras manos las labores de producción y optó por la figura de Raül Fernández, que se está convirtiendo en firma habitual de buena parte del nuevo flamenco de estos últimos años. Y el resultado no es nada obvio. Raül ha dejado su firma en la mayoría de las canciones y se nota su presencia durante todo el disco. No hay muchos convencionalismos en la parte instrumental y el sonido se ve misteriosamente rejuvenecido. No me atrevo a decir que haya salvado ninguna composición menos acertada, pero sí que le ha dado una nueva visión a un artista que siempre se jactó de no repetirse, por lo que me atrevería a decir que la decisión no puede ser más acertada. Y, como además tenemos grandes aciertos como La vida es dulce, Los planetas, Malagueñas de San Juan de la Cruz o Sensación térmica, solo queda alegrarse de otro disco más que celebrable.

Sin embargo, hay cosas que hacen que Sensación térmica no sea tan tan redondo. La simpleza de la letra de No cal patir, cargada de ripios cargantes, y Babú y ¿Sabes o no?, que se hacen algo pesadas, son la que menos me convencen de las 10. Mala suerte, de nuevo más rockera, no está mal, pero no trasciende, y a lo mejor le falta algún hit marca de la casa. Pero entonces, quizás, Sensación térmica no sería ese disco diferente que es dentro de la carrera de alguien que, con 60 años cumplidos, se atreve a seguir arriesgando y experimentando. Algo que demuestra, junto a un pasado que es parte la historia de la música, así en general, que estamos ante uno de los nombres más imprescindibles del pop nacional de los últimos 40 años. Vamos, nada.


martes, 12 de septiembre de 2017

especial kiko veneno, pt 2: los discos con jo dworniak

Hasta el momento, todo lo que había intentado Kiko para vivir de la música le había salido rana en lo comercial. Mientras, había montado un bar en Conil en el que se dedicó a servir copas durante unos años, había participado puntualmente en el programa de televisión La bola de cristal y terminó trabajando de promotor cultural en la Diputación de Sevilla cuando ya empezaba a tener claro que el tiempo para convertirse en músico profesional se estaba agotando.

Y en esas se encuentra con Santiago Auserón, que le anima a agarrarse al máximo al último clavo y se vuelca en que la apuesta no vuelva a caer en saco roto. Para ello, una vez tenían la canciones, le presenta al británico Jo Dworniak y le lleva a Londres para grabar lo que sería Échate un cantecito, el disco que lo cambió todo en la carrera de Kiko.

Échate un cantecito, 1992. La justicia poética, por mucho que Sergio le cantase con La Costa Brava, no existe. Échate un cantecito no triunfó porque Kiko lo mereciese, porque entonces habría ocurrido 15 años antes cuando se publicó Veneno, sino porque la fórmula funcionó y los astros se alinearon. Y el primer paso para ello, imagino que completamente consciente, fue amansar a la fiera. Las canciones que Kiko compuso para ese disco ya no nacían asilvestradas como las de sus discos anteriores, sino que tenían ese punto de accesibilidad necesario para salir del underground. El segundo fue atinar en todo el resto. Las composiciones son tremendas, auténticos himnos de superhéroes de barrio, las letras pura poesía y la producción el sorprendente acierto de un británico que por entonces no sabía lo que era el flamenco pero ya se había codeado en parte con lo latino en La canción de Juan Perro. El último eslabón fue la gira conjunta con Santiago Auserón, que terminó por hacer el resto.

Pero, aunque los designios del mercado son inexcrutables, lo cierto es que Échate un cantecito es una obra maestra de la música pop. No le sobra ni un solo minuto y muestra el gran momento de inspiración de Kiko cuando se enfrentó a su último intento de salir del ostracismo. Lobo López es emocionante en el autorretrato de un perdedor con estilo, Joselito es un cuadro de Solana pintado con la luz de Sorolla, Superhéroes de barrio el mejor resumen en una sola canción de lo que es el disco y Echo de menos o En un mercedes blanco otros serios candidatos a formar parte de la historia de la música. Kiko con este disco había dejado de ser moderno y pasó a convertirse en un clásico. Su poesía nace de los lugares que frecuenta, retrata lo que comparte en los bares y en las esquinas de cada calle, y lo hace con la maestría de quien se ha formado en lo académico para comprender y retratar lo real, aquello que sobrevive al tiempo y la globalización.

Échate un cantecito, al final, cumplió su objetivo de permitir que Kiko pudiera dedicarse a lo que mejor sabía hacer y marcó el inicio de una segunda etapa en su carrera discográfica, en la que tuvo (ventas mediante) más apoyo de las discográficas y contó con el trabajo tras los cristales del estudio del productor Dworniak. Una etapa que ha ayudado drásticamente a que veinticinco años después, aún podamos seguir disfrutando de él.

Está muy bien eso del cariño, 1994. Y el siguiente paso fue, otra vez, un ejemplo de inspiración bien orientada. Quizás un escalón por debajo en sus letras, que no llegan al inalcanzable nivel del anterior, pero igual de atrayente en lo musical. Aquí no está Joselito pero es fácil engancharse a la trágica historia del Lince Ramón. Desaparece el Lobo López para encontrarnos sus raíces en la emocionantísima La Casa cuartel, que esboza de forma hermosa la relación del guardia civil Bienvenido López y su esposa, los padres de Kiko. Y, aunque en el resto de canciones no se explicitan esos personajes tan particulares de sus historias cantadas, no andan muy lejos las inspiradoras Échate un cantecito, Respeto o Viento de poniente. También acierta cuando, a su manera, enseña las cartas versionando a Dylan en un Atascado por el blues de Memphis que es casi más suya que del premio Nobel. Quizás, solo quizás, sea Hace calor la única en la que el listón se queda en lo intrascendente y simplón, pero que sirvió para que Kiko Veneno siguiera siendo uno de los artistas mimados del momento gracias a lo insistentemente que sonó ese verano.

Al final, era solo cuestión de tiempo, dinero y confianza, y tener ambos discos delante obligan a dar las gracias a Santiago Auserón por haberle convencido de que había que seguir luchando por hacer, no ya con lo que uno realmente disfruta sino, al menos en este caso, aquello en lo que se es un maestro.

Punta Paloma, 1997. Sin embargo, poco después todo volvió a torcerse en parte. Porque Punta Paloma esta muy muy lejos de sus predecesores. Es solo escuchar como arranca con Válgame Juana, compararla con el descaro del Muchachita de Veneno y comprender que algo se había perdido por el camino. Te como a besos mejora la cosa, pero parece una canción de Ketama sin Ray Heredia ni Sorderita. Rita no ayuda a engancharse al disco y el dueto con Santiago Segura es hasta peor. Y aunque Yo nací parece que intenta recuperar la frescura de antaño con un blues gitano, ahí metido en un disco tan dispar, queda bastante desvalido. Al menos Todos los santos ya es otra cosa, y Te llevo dentro es tan bonita que no desentonaría en ninguno de sus dos trabajos previos (y eso es mucho decir), pero en general la sensación es que la de que la cosa se ha quedado a medias.

También es cierto que en lo personal le tengo manía porque no lo acepté muy bien y me desenganché algo de la música de Kiko por su culpa. Así que, encima, le tengo algo de rencor, como a ese amigo al que le encanta malmeter en las relaciones. Es una especie de patito feo en una década gloriosa.


Después, en 1998, llegó un cd colaborativo en el que se repasa la discografía anterior con nuevas interpretaciones a dúo de algunas de sus mejores composiciones, en el que no todas salen igual de paradas, pero que no deja de ser una agradable anécdota. Y en el 2000 se cerraba su etapa con BMG, más a las malas que a las buenas.

La familia pollo, 2000. Y a mí aquí me ocurre lo contrario que con Punta Paloma. Creo que sobrevaloro este disco. No lo escuché en su momento y, cuando lo recuperé, me enamoré de ese aparente patito feo que al final te aporta muchísimo más de lo que esperabas de él. Y soy consciente de que Kiko lo grabó asumiendo que ya había perdido buena parte del apoyo que la discográfica le había brindado hasta entonces. Incluso en una entrevista le escuché que sabía que al director de la compañía en ese momento no le gustaba ni él ni lo que hacía, y que tenía un poco la sensación de que estaba grabando La familia pollo para que se tirara a la basura.

Y para tirarlo a la basura no, pero para cerrar contrato con la multinacional sí que sirvió. Y, a mi parecer, lo hizo con bastantes mejores resultados que los que ofreció Punta Paloma. Me encanta la recreación de Manué y su infinita ternura, la apropiación de las peripecias de Ruiz de Lopera en Fijarse, el africanismo de La negrilla y la maravillosa melodía de la que debe contarse como otro clásico de su discografía, Coge la guitarra. Hasta me hace gracia escucharle cantar en inglés en H.R.S. Y si hay defectos en el disco, a mí no me da la gana verlos. Esperanza II, la interpretación del tema que le regaló en su día a Cathy Claret, me vuelve a recordar a Ketama, pero aquí sonando como a los mejores Ketama. Y el ritmito simplón de La experiencia (que me recuerda en algo a Hace calor) lo acepto por esos coros africanos que le dan un puntito diferente a la canción más aburrida del disco.


Tras esto llegó la ruptura con el sello y la decisión de Kiko de apostar por la autoedición, una aventura que tendría algunos frutos y abriría la siguiente puerta en su carrera.

lunes, 11 de septiembre de 2017

especial kiko veneno, pt 1: veneno y los años pre-cantecito

Solo por Veneno y Échate un cantecito Kiko Veneno debería ser considerado como uno de los artistas más grandes de la historia del pop español. Pero a menudo se tiende a olvidar el resto de su discografía; sus años hippies, la influencia africana, su arrebato indie, su dignísima madurez... Kiko jamás ha dejado de hacer música interesante y, aunque con sus altos y sus bajos (estamos hablando de más de 40 años de trayectoria), quedarse solo con los titulares de las hemerotecas sería un acto de reducción excesiva.

Yo llevo tiempo deseando repasar toda su discografía en el marino, listar sus discos y escoger mis canciones preferidas, pero Javi nunca se animaba a acompañarme. Así que, al final, me lanzo en solitario con este ejercicio de justicia poética hacia uno de mis artistas preferidos desde que le conocí hace ya más de 30 años. Kiko Veneno, Sevilla, sus personajes y sus historias resumidas en este especial en 5 capítulos, 3 para sus discos y un cuarto con mis 25 canciones preferidas.  Allá vamos, maestro:

Veneno y los años pre-cantecito:

Veneno, 1997 ¿Dónde está la magia de este disco? ¿En la batería del Tacita, en las guitarras de los Amador, en la locura de Kiko, en la producción de Ricardo Pachón o en la unión de todo eso? No lo sé, y en el fondo no me importa. Solo sé que en las tres mil viviendas a mediados de los setenta se estaba fraguando algo muy importante para la música. Algo revolucionario, novedoso y trascendente.

Ricardo Pachón definía perfectamente en el documental Dame Veneno la relación entre Kiko y los Amador como la unión entre un anarco teórico con dos anarcos reales. El acercamiento de la universidad a la calle. Kiko, que venía de patearse los Estados Unidos en busca de eso que se estaba cociendo desde el movimiento hippie, se encuentra con dos gitanos autodidactas con un talento descomunal y una cultura arraigada en el pasado y presente flamenco de su familia y entorno, los ensucia de rock y blues y se encuentra con el germen de algo tan innovador como transgresor.

Podría decir que el resultado de ello fue el disco Veneno, pero eso, con todo lo grandioso que ya de por sí es, sería quedarme corto, porque de allí surgió mucho más. De aquel vendaval de inspiración y locura, y gracias a la figura de Pachón que se encargó de focalizar todo el talento que allí había, surgió una forma de acercarse al flamenco que derivó en las discografías de Pata Negra y Kiko, en el histórico La leyenda del tiempo de Camarón y en todo ese flamenco fusión que anda cargado de luces y sombras.

Sin embargo, no es Veneno un disco que yo recibiera con los brazos abiertos desde la primera escucha. Mi primer contacto con el grupo fue el single Si tu, si yo, que grabaron junto a Martirio y que, gracias a su repercusión en las radiofórmulas, llegó a mí siendo solo un adolescente. Después vendrían canciones sueltas, las apariciones de Kiko en La bola de cristal, el Mechero blanco de El pueblo guapeao, y así hasta encontrarme con Échate un cantecito, el disco que me hizo comprender cómo de importante era este hombre y que me obligó a investigar a fondo en su pasado. Y no, Veneno no fue lo que imaginaba. Demasiado flamenco, demasiado gitano, demasiado libre, y tuve que ir digiriéndolo poco a poco. Pero al final uno va aprendiendo (y madurando) y en cada escucha va descubriendo matices hasta entregarse absolutamente a ese delirio, genial e irrepetible. El record mundial imbatible marcado en la primera carrera; algo que ocurre en más de una ocasión en la música y que obliga a sus autores a entender su carrera como la resaca de una explosión más que como un trabajo de largo recorrido.

Seré mecánico por ti, 1981 Veneno duró lo que sus miembros aguantaron comiéndose los mocos y murió, según dice el documental de Pedro Barbadillo, tras una serie de cinco conciertos en el Teatro Villaroel, de una de cuyas sesiones la prensa reflejó que el grupo decidió viajar a Barcelona para suicidarse. Después sus componentes volvieron a hacer historia con otro gran fracaso comercial, el inmenso La leyenda del tiempo, donde Ricardo Pachón se empeñó en certificar la consolidación del flamenco fusión de la forma más incuestionable posible, con la figura del más grande al frente y, tras ello, los caminos se bifurcaron, los Amador convirtiéndose en Pata Negra y Kiko adueñándose del nombre para transformarse en Kiko Veneno.

Y en 1981 llega el debut en solitario del catalán fino con un disco, grabado en Madrid, que tiene algo de lo anterior (especialmente esa libertad compositiva de Kiko) y mucho del Madrid de la movida. La producción es muy funky (exceptuando en Más al sur, con la guitarra de Raimundo que huele a veneno) y el envoltorio (portada de Ceesepe y contraportada con foto de García Alix) muy deudor del Madrid de esos ochenta de Malasaña. Y el resultado se queda a medias. No es tan rompedor (no era posible, en realidad, serlo) ni tiene una colección de canciones tan cohesionadas. Sin embargo hay donde rascar: La catástrofe mayor, Más al sur, la historia de Seré mecánico por ti, retratada en el comic de Ceesepe que sirve de portada, o las también aparecidas en el Guitarras Callejeras de Pata Negra, Ratitas divinas y, especialmente, Pata palo. Pero comparado con lo que teníamos de antes y lo que vino diez años después se queda corto, bastante corto.

Pequeño salvaje, 1987 Tras un pequeño nuevo escarceo con Raimundo, con el que firmaron como Veneno el single Si tú, si yo, que no deja de ser una canción muy divertida, por mucho que se parezca poco a lo que fue el grupo en los setenta, Kiko lo vuelve a intentar en solitario con Pequeño salvaje.  Y él no es muy de repetirse, o eso dice en la entrevista posterior a este concierto emitido en el programa musical golfa, pero aquí la heterogeneidad se convierte en dispersión. Este puede ser el disco más flojo de toda su discografía. A mí me convence el tema que da nombre al disco y poco más. Igual siempre lo he recibido doblado, pero me parece más que intrascendente. La balada Tú quieres la verdad se hace larga, Yo lucho tiene alguna estrofa que se me ha clavado en el cerebro (lo de yo lucho, yo lucho y después siempre me ducho) pero es, eso, dispersa, Cuando te beso es un rockabilly innecesario, y así todo el disco. Otra piedra más a la constancia de un Kiko que empieza a estar por los suelos.

Sin embargo, una de mis anécdotas preferidas con respecto al artista tiene mucho que ver con este disco, ya que en un viaje a Barcelona para asistir a un Primavera Sound me encontré una copia a muy buen precio en una de las tiendas de la calle Tallers. Y a la vuelta del festival, con mi bolsa llena de los vinilos que compré esos días, me encontré con el propio Kiko en la puerta de embarque, que volvía de actuar en el festival por el homenaje a La leyenda del tiempo, en la que interpretó Volando voy. No soy especialmente mitómano, pero no pude evitar jugar a verle la cara cuando le saqué mi copia recién adquirida para que me la firmase. Así que, 35 años después de su publicación, en casa anda mi Pequeño Salvaje dedicado por el más grande.

El pueblo guapeao, 1989 Al final Seré mecánico por ti y Pequeño salvaje no ayudaron a sacar a Kiko del ostracismo, sino más bien todo lo contrario, y Rafael y Raimundo por su parte no acabaron nada bien, lo que propició, tras la marcha del segundo de Pata Negra, un nuevo acercamiento de Raimundo y Kiko en un intento a la desesperada de salvar las carreras discográficas de ambos. Con veneno pero sin Ricardo ni Rafael, todo sea dicho.

Lo que ocurre es que la cosa no pudo salir peor. El disco, aparte de no estar a la altura en cuanto a sus canciones, se quedó sin producir ni mezclar (suponemos que el sello no confió mucho en sus posibilidades comerciales) y directamente suena a rayos. Si hay algo rescatable es solo bajo los benévolos oídos de quienes nos quedamos con lo que pudo ser por encima de lo que fue. Y así la versión de Palabras para Julia, la graciosa historia del Mechero blanco o El pueblo guapeao (que se acerca mucho a lo que sería después el estilo del Cantecito, pero se destroza con un final de canción un poco absurdo) tienen algo de la inspiración de ambos. A la Habana yo me fui tiene gracia y poco más, y El mejicano un estribillo resultón, pero no son suficientes para que las canciones hagan que nos olvidemos de un sonido calamitoso.

Y si el resultado no logró que Kiko abandonara definitivamente fue, según cuenta el mismo, por poco. Él sentía que las discográficas no le respaldaban y así había poco que hacer. Pero entonces se cruzó Santiago Auserón por el camino y todo cambió.

domingo, 10 de septiembre de 2017

los lunes: novedades (77)

El nuevo hit de Beck
Ya conocíamos esta canción que pertenece al nuevo disco de Beck desde hace algunos meses, pero es ahora cuando se publica oficialmente acompañada de un vídeo espectacular realizado por Canada. Un hit, otro de los que van a llevar Colors, su nuevo disco:




La nueva canción de Zayn (ft. Sia)
Zayn publicó a principios de año Still got time, una canción que debería haber sido una de las más importantes del verano, y ahora, cuando este se termina, publica una que debería ser una de las canciones de este otoño. Una composición de Sia (esto no se puede negar) que yo no puedo dejar de escuchar on repeat:




La Bien Querida & J & Muchachito 
Esta es la cuarta canción que conocemos del disco de La Bien Querida que se publica en poco menos de un mes. Este nuevo single es una nueva colaboración de Ana con J, aunque esta vez se acompañan también de Muchachito a las palmas:

los vídeos del fin de semana (57)

El vídeo que elige Javi: ME4U de Danny L Harle
Mi vídeo de esta semana es el que pertenece a una de las canciones de uno de los eps del año: 1UL EP de Danny L Harle.
Me4U ahora tiene imágenes que ilustran nada más y nada menos que la maravillosa Kim Chi.
Kim Chi pertenece al mundo de RuPaul's Drag Race (participó en la octava temporada del formato) y es tan fantástica que no necesita más que sentarse ahí y llenar la pantalla con su innegable saber estar y su atrayente presencia.:




El vídeo que elige Manolo: Dive de Saint Etienne
El clip que acompaña a Dive no puede ser más cursi, abarrotado de tópicos como los globos, las camisetas de rayas, las pompas de jabón o los castillos de arena en la playa. Pero la canción es incontestable, aunando el recuerdo de las Baccara con un estribillo que no puede sonar más Miami Sound Machine. Desde ya uno más de los clásicos de la banda:

jueves, 7 de septiembre de 2017

discos que me hunden en el barro: el primer disc, gran amant (2011)

No descubro nada nuevo si digo que hay cosas que solo pasan una vez en la vida. Pasan sin casi darte cuenta y después se te queda cara de tonto esperando, en vano, que vuelvan a ocurrir. Poder volver a revivir ese momento que ni siquiera te diste cuenta que era tan importante.

El primer disc es el único disco de Gran Amant, grupo del mallorquín Gerard Armengol. Gerard, también ilustrador y diseñador gráfico (ha publicado incluso en The New York Times), publicó estas canciones en 2011 y desde entonces, solo podemos volver a ellas una y otra vez, ya que no han tenido continuación.
Un disco que vive y sigue teniendo vida propia en un mundo que parece sacado de algún momento de los '90 donde las locuciones, las cortinillas, y los diálogos relacionados siguen teniendo vigencia. Un disco premeditadamente naíf y en ocasiones críptico, pero con la riqueza necesaria como para crear una obra capaz de atrapar y perdurar. Pop artesanal y mediterráneo. Un mediterráneo lo-fi y no siempre un lugat donde brilla el sol. Un mar que guarda rincones ariscos y no siempre calma.

Y no, no es un disco en el que recrearse tirado en el barro (la etiqueta es tan solo un pretexto), es simplemente que guarda la esperanza de lo que empieza con la intención de continuar y se queda en una ocasión única. El primer paso y el último. La alegría y la tristeza juntas y sin posibilidad de tiempo para elegir con cuál te quedas. Javier Ruiz

lunes, 4 de septiembre de 2017

recordando canciones: perfect illusion, lady gaga (2016)

El momento exacto en el que escuchas una canción por primera vez es determinante. En este caso, fue un viernes por la mañana temprano, en la habitación de un hotel de una ciudad en el extranjero esperando a que llegara la hora de que abrieran el bar para desayunar. En ese instante me entró curiosidad por saber como sonaba eso de lo que tanto hablaba la gente. En ese momento desperté en mí la atracción hacia el personaje. Hasta ese momento, atracción cero por mi parte. Si me hubieran hecho un análisis marica de sangre para determinar mi nivel de adoración a grandes iconas, los resultados podrían haber sido estos (aprox.):

-70% Madonna
-20% Beyoncé
-  5% Rihanna
-  5% Otras/os

Esto es, cero % Gaga . No sentía ni frío ni calor con su propuesta. Bueno, sí, indiferencia. Pero ese viernes cambió todo. Bueno, tampoco hay que exagerar. Todo no, y tampoco es que ahora sea ultrafan a muerte. Pero sí que me llama poderosamente la atención su persona. Y sus canciones (algunas, cada vez más), que prácticamente ni había escuchado.

Pero escuchando Perfect illusion ese día de vacaciones me voló la cabeza. Tres minutos de una canción aparentemente inofensiva en la que parece mentira que hayan participado tres de los productores/compositores más solicitados de la actualidad. Parece mentira porque ni es un prodigio de la composición ni de la producción, ya que sin ser yo un entendido de ambas cosas, no parece tan espectacular, ni avanzada, ni incluso contemporánea como se podría esperar, pero así todo, claramente, es una canción que te consigue poner en un estado de ánimo curioso. Una canción diferente a todo lo que escuchamos actualmente (prácticamente en cualquier ámbito) y que al escucharla por primera vez se pasan por las siguientes fases:

1. Rechazo: Ni es una canción EDM (ese ritmo atropellado y que parece que nunca va a arrancar), ni tampoco rock guarro como pide la interpretación de Lady Gaga. Como es una cosa rara que de primeras no sabes por donde cogerla es evidente que la primera sensación sea de rechazo total y de no querer escucharla nunca jamás en la vida.

2. Curiosidad: Pero joder, es tan irracional que necesitas escucharla de nuevo para poder comprobar cuantísimo se les ha ido la olla. Y demonios, el subidón en el estribillo final es para morir de emoción y rabia. Está cantada como si le acabaran de romper el corazón dos minutos antes y el "misteken for love" es de una genialidad absoluta.

3. Fascinación: Aquí ya estás entregado totalmente a esta locura (si no has muerto antes de un ataque epiléptico al ver el vídeo) y ya no hay marcha atrás. Abrí una puerta a mis casi 40 años que me pregunto porque seguía cerrada a estas alturas: "Don't be a drag, just be a queen".

Lo que pasó a continuación no te sorprenderá. Sigo tirando de la cuerda y me doy cuenta que Lady Gaga cuenta con un numero considerable de greatest hits. Grandes canciones de las que vivía ajeno. Insensato de mí.

En estos momentos, si me hicieran otro análisis los resultados quedarían así:

-70% Madonna
-20% Beyoncé
-  5% Rihanna
-  4% Lady Gaga
-  1% Otras/os




(por el bien de su buen nombre y trabajo, aclarar que ni Amaya ni Manolo han tenido nada que ver con el marino Gaga que ilustra este texto)

domingo, 3 de septiembre de 2017

los lunes: novedades (76)

Otra nueva canción de Frank Ocean
Frank Ocean canta en una de las canciones que más estoy escuchando este verano, Slide, junto a Calvin Harris. Una de las muchas que ha estrenado este año tanto haciendo featurings como en su programa de radio, blonded. La nueva es esta preciosa Provider y sigue la racha de gracia por la que está pasando:




Cuarto adelanto de Sleep well beast
El nuevo disco de The National se publica esta semana, y con esta nueva canción ya son 4 las que conocemos. Y parece que, de nuevo, nos vamos a encontrar otro gran disco del grupo. "The day I die, day I die, where will we be?"




El disco en solitario de Ricardo Lezón 
Después de publicar con su grupo McEnroe, junto a David Cordero como Viento Smith y también junto a The New Raemon, ha llegado el momento de que Ricardo Lezón publique disco en solitario. La desgarradora y esperanzadora historia de Arena y romero es la primera canción que conocemos del disco, y como siempre, la emoción siempre va por delante:




David Cordero & dot tape dot.
Seep nace de la colaboración entre Daniel Romero (Dot Tape Dot) Y David Cordero. El primero ha aportado infinidad de loops marca de la casa y el segundo les ha puesto orden para fraguar esta colaboración que debía haberse producido mucho antes. El álbum pronto en el sello japonés Plop! y, mientras llega, tenemos dos temas ya escuchables en soundcloud. El primero de ellos es este Trickle:



sábado, 2 de septiembre de 2017

los vídeos del fin de semana (56)

Manolo sigue de vacaciones, por lo que siguo eligiendo vídeo clip yo solo. Esta semana elijo dos veces, que no se diga. El primer clip que he escogido es este que presenta la vuelta después de tres años de Baxter Dury. Una canción, que como viene siendo habitual, suda sexo por todos los acordes.
Es innegable que Baxter Dury posee algo que los demás no tenemos, en todos los sentidos:




El segundo clip es el que corresponde al nuevo single de St.Vincent, una canción que se aleja de las coordenadas habituales de la autora para construir un hit que podría competir fácilmente con los actuales en las listas de éxitos. El vídeo, más pop imposible, nos muestra a St.Vincent en escenarios y situaciones de lo más disparatadas y encantadoras. Para ver en bucle: