miércoles, 19 de abril de 2017

joan miquel oliver, atlantis (2017)

Cuando alguien tiene una personalidad y una manera de hacer tan marcada es fácil que en su propia inercia de creación la propuesta acabe perdiendo frescura, que acabe perdiendo aire por algún lado.
Joan Miquel Oliver lleva 20 años haciendo canciones, la mayor parte del tiempo con Antònia Font y en los últimos años en solitario. Y a pesar del gran peso del grupo madre, ha sido capaz de mantener la identidad, y de alguna manera ha sabido diferenciarse de AF en cada uno de los discos que ha publicado solo. Quizás por los marcados conceptos con los que ha ido argumentando sus discos, quizás por su inventiva sin fin, Oliver sigue enfrentándose cuál trovador a la música, siendo total y único (aquí solo Toni Toledo se encarga de las baterías) responsable de lo que oímos. Y el resultado sigue siendo absolutamente igual de fresco que el primer día. No hay visos de agotamiento de la fórmula, aquí sigue corriendo el aire por todos los lados, Oliver se ha preocupado de ventilar las estancias.

Lo que sería el cuarto disco oficial bajo su nombre, Atlantis es la segunda parte de una trilogía que empezó en 2015 con el disco azul, siendo la parte terrenal (o acuática) frente al arco más etéreo de Pegasus. Todo esto se traduce en un disco más orgánico, más robusto, y en el cuál Joan Miquel Oliver sigue, al fin y al cabo, mostrándonos el lado más pecualiar y práctico de la realidad: "Cuando me voy a dormir miro un rato al techo, y me duermo, y sueño que vuelo, y tengo un total y absoluto control", canta en Nins a tobogans.
Manteniendo su encantador sonido a electrónica de dormitorio, se amplia la gama a unas canciones con las guitarras más encendidas, con más arreglos. Esto se da sobretodo en la última parte del disco, donde se ahonda en lo que Oliver denomina el leitmotiv del disco: las personas y sus cosas, y lo hace en canciones intensas y con un tono más oscuro de lo que acostumbra.
Pero es en la primera parte del disco donde nos encontramos lo que a mí me parece lo mejor de Atlantis; la triada de canciones que forman la preciosa Nins a tobogans (esta definitivamente entra a formar parte a la lista de las mejores que JM Oliver ha escrito nunca), Agricultors ingràvids, la hipnótica Incident a sa pista dos o la juguetona Rumba del temps. Canciones que sin hablar de nada en particular lo explican todo y que a mí me siguen agarrando a esta isla y llevándome a otros lugares al mismo tiempo. A otros lugares en los que el mundo todavía no se ha vuelto loco y reina la cordura. Javier Ruiz

martes, 18 de abril de 2017

gracias por estos tres meses, lena dunham

No, no llevo desde el principio viendo Girls. No sé si afortunadamente o no pero no llevo 6 años siguiendo las aventuras de Hannah/Lena. Solo llevo tres meses, pero 3 meses muy intensos: en ese tiempo he visto los más de 60 capítulos de la serie y he leído la autobiografía libre que escribió, No soy ese tipo de chica. A todos luces, 3 meses que han sido un exceso. Un exceso para una personalidad tan peculiar como la que tiene Hannah/Lena. No me quiero imaginar lo que hubiera sido vivir 6 años siguiéndola semana a semana.

Desde la última vez que hablamos, en la recta final de la serie hemos visto las despedidas de varios personajes: Ray encontrando el amor dando vueltas en un tiovivo, el éxito de Elijah, la inevitable despedida entre Hannah y Adam en un precioso 6x08 y la constatación de la realidad entre las chicas en un 6x09 definitorio: una realidad que no dejaba en muy buen lugar la amistad entre Shosh y las demás, y en uno mejor la que existe entre Hannah y Jessa. El cierre de un círculo del que Hannah/Lena siempre ha sido la máxima protagonista.

























En una serie como Girls, que por mucho que nos empeñemos, siempre ha sido una historia individual en lugar de coral (a pesar de su título), no cabía otro final que el que hemos visto. Pausado, como sin con él no fuera la cosa, solo marcado por su propio ritmo. Y es que está claro que Girls (citando a la propia Lena Dunham) no ha sido esa clase de serie. Esa clase de serie en la que el cliffhanger manda. Aquí se ha contado una evolución, un de niña a mujer, como diría aquel. Una historia común, pero contada de la manera más rara y extraña posible. O quizás hemos sido (he sido) nosotros que no la hemos entendido. En todo caso, una serie en la que se ha llegado al sobresaliente en varias ocasiones y a la inercia y la vulgaridad en muchas otras. Pero siempre manteniendo interés, que a lo largo de 62 capítulos no es poco. Javier Ruiz

lunes, 17 de abril de 2017

cosmen adelaida, dos caballos (2017)

Dos caballos no es un disco para los tiempos en los que estamos. Es un disco que necesita tiempo y dedicación. Dos cosas de las que no solemos derrochar últimamente. Pero ay si le dedicas esas dos cosas. Ay.

Algunos años después del maravilloso La foto fantasma, los madrileños regresan con cambios en la formación (regresos de los inicios y partidas: Elisa parece centrarse ya en su proyecto en solitario, Caliza, aparte de los diseños gráficos de los grupos en los que ha estado) y con un disco no tan amable como el citado. Con un sonido, no sé si deliberado o no, más sucio y con más capas, las canciones, aún manteniendo la fuerza, suenan menos evidentes. De manera inmaculada, el disco se inicia con dos de las mejores canciones que el grupo ha firmado nunca: Contra la pared y Hermanos Wright. La primera, críptica e incesante, la segunda una metáfora preciosa sobre las ganas de querer avanzar. Dos hits increíbles y alucinantes. Pero la diversión continúa y nos encontramos, por ejemplo, con las urgentes Huida (para grabarse a fuego eso de "yo creía que podía cambiar, hacerlo todo bien, hacerlo todo como dicen que hay que hacerlo, pero da igual, por más que insista no va a cambiar") o Parque Jurásico, o con la muy Smiths El final. O con las castañuelas de El futuro o con la esperanza de 2CV. Un disco con las suficientes razones para que no puedas dejar de obsesionarte con él poco a poco, para que cada vez crezca un poco más.

Un disco idóneo para perder el tiempo con él, si es que tienes de eso. Que seguro que sí, aunque vayas diciendo que no. Javier Ruiz

domingo, 16 de abril de 2017

los lunes: novedades (56)

El nuevo single de Saint Etienne
Ya conocíamos una de las canciones del nuevo disco de Saint Etienne que se publica en junio, y ahora es el turno del primer single de Home Counties, Magpie eyes. Con una melodía 100% Saint Etienne, se alejan del techno pop con el que presentaron su anterior álbum y presentan una canción más clásica y orgánica:





Single de los noruegos Young Dreams

Young Dreams publicaron su disco debut en 2013, desde entonces, han publicado algún single suelto y han realizado trabajos de producción para, por ejemplo, Sondre Lerche. Ahora publican otro single, con un ritmo envolvente y estribillo arrebatador:




El nuevo disco de Skittle Alley
Los franceses Skittle Alley regresan y publican nuevo disco, de nuevo con Discos de Kirlian y lo primero que conocemos es esta canción, más animada que de costumbre y llevada por una melodía de bajo:




Nuevo tema de C.Tangana 
Después de Siempre, el disco publicado con el colectivo Agorazein, C.Tangana vuelve a publicar en solitario, con una canción en la que parece anunciar que algo se avecina, que algo grande ha pasado. Parece que el trap no se para:




Otra canción del disco de Maria Arnal i Marcel Bagés
Aunque si algo grande se avecina, eso va a ser el disco que se publica esta misma semana de Maria Arnal i Marcel Bagés. Después de Tú que vienes a rondarme, ya podemos escuchar otra canción de este proyecto que no para de darnos alegrías:




Otro adelanto del nuevo disco de Mishima
El segundo adelanto del nuevo álbum de Mishima es una de esas canciones que el grupo borda: una canción clásica, universal, con una letra ante la que es imposible no empatizar:

viernes, 14 de abril de 2017

los vídeos del fin de semana (37)

El vídeo que elige Manolo: No estamos católicos de Faraón & Los Sarcófagos
Antes descubríamos grupos con la nadadora, pero terminamos cerrándola y ahora ya no nos enteramos de nada. Por eso hemos llegado a Faraón y los Sarcófagos ya con su segundo EP en la calle, este tringle de tres canciones unidas en un solo corte de tres minutos que hasta incluye una versión smitheriana



El vídeo que elige Javi: Baloncesto de La Prohibida
¿Nunca es tarde si la dicha es Baloncesto? 2 años después de su publicación podemos ver en imágenes esta increíble canción por la que el tiempo no pasa. Dirigidas por Salva Musté y con estética invernal, funcionan a la perfección:

jueves, 13 de abril de 2017

future islands, the far field (2017)

GRUPOS VITALES No estoy muy acostumbrado a que las cosas me vayan bien durante mucho tiempo. Sí, tengo golpes de suerte, en un momento dado parece que las cosas se me encauzan, pero tarde o temprano siempre acaban yendo a peor, siempre acaban poniéndose en su estado natural, el de la resignación. No es que sea poco optimismo, es realismo. Por eso me alucina cuando las cosas salen bien con los grupos que me gustan, porque es como si el equilibrio del universo se restableciera.

Future Islands entregaron con Singles uno de los discos más importantes de los últimos años (por los menos para mí). Su salto a la fama después de su actuación en el programa de David Letterman enamoró a medio planeta (es un decir) y desde entonces admiración eterna. Pero no es que uno esté ya predispuesto al grupo, es que ellos siguen entregando razones para que esa admiración no cese.

The Far Field es el perfecto disco con el que un grupo de éxito desearía volver: igual de bueno, igual de emocionante y manteniendo el estado de gracia en el que ha entrado el grupo. Un disco frenético, que no da descanso, que mantiene la chispa encendida a lo largo de sus 45 minutos y al que, quizás, solo le puede reprochar una cierta uniformidad en sus formas.
Aquí Future Islands parecen volver a la manera de hacer canciones que mostraron en sus primeros álbumes, pero manteniendo la fuerza del sonido de Singles, haciendo de esta combinación la piedra angular de The Far Field: un sonido vigoroso, una voz, la de Samuel T.Herring, capaz de llegar al más allá y sobretodo, unas canciones fantásticas de tecno pop que derrochan talento. Aladdin, North Star (una de sus canciones más pegadizas y abiertas de toda su discografía), Day glow fire, Black rose o Shadows (junto a Debbie Harry) son melodías que para intentar descifrar su secreto necesitas escuchar decenas y decenas de veces. No solo eso, canciones que tienen un potencial increíble, singles clarísimos que siguen el concepto de su anterior álbum.
En estas 12 canciones, Future Islands plasman imágenes e historias tan apasadionadas como sus interpretaciones, romanticismo sintético extremo, amor en tiempos de trap y tropical house. 9,00 Javier Ruiz

martes, 11 de abril de 2017

olivier schrauwen, arsène schrauwen (2015-2017)

El dibujante Olivier Schrauwen relata en esta novela gráfica, editada en castellano en 3 tomos por la editorial Fulgencio Pimentel (y entregada en una caja que es un pequeño regalo para el coleccionista), la historia del viaje que realizó su abuelo Arsène a las colonias belgas del Congo para ayudar a su primo en la megalómana tarea de levantar su proyecto arquitectónico en medio de la selva. Y, una vez allí, las vicisitudes con las que se irán encontrando le llevarán, entre otras cosas, a descubrir el amor y el sexo, y a acercarse a los límites del miedo, interior y exterior.

La novela parte de esta idea, con un aparentemente claro hilo narrativo que arranca con Arsène subiendo al barco que le llevará a su destino, pero pronto empieza a mostrar que nada va a ser convencional en su lectura, especialmente el discurrir del tiempo, que se difumina entre miedos, sueños, paranoias o estados febriles y que permiten a Oliver ensanchar a su antojo los límites del cómic, tanto en su formalidad gráfica como en lo narrativo. Y es en ese momento cuando se le exige al lector olvidar ciertos convencionalismos y entregarse sin reservas a la propuesta que el autor nos hace. No nos debe importar cuánto hay de verdad en lo que estamos leyendo. No es necesario saber si el consejo que Arsène recibe de un extraño durante su viaje en barco, y que le lleva a la más absoluta paranoia, es o no ficción; si tiene sentido cerrar con cinta aislante cada resquicio que deje la ropa a la infección por unos supuestos gusanos que sobreviven en el agua, pero tampoco es relevante. Para Arsène es algo real y nosotros debemos sentirlo de igual manera. De la misma forma en la que sobrevive su acercamiento al sexo, más idealizado en la figura de la esposa de su primo y más carnal y libidinoso en los seres mutantes que encontrarán en su viaje por la selva.



Todo lo que ocurre en los tres tomos de Arsène Schrauwen es real dentro de ellos, hasta los delirios febriles del protagonista tras enfermar, y es precisamente eso lo que hace que la historia escape de lo convencional y consiga la categoría de obra maestra. Porque Oliver, consciente de que al difuminar esas fronteras obtiene una mayor libertad creativa, se toma unas licencias en lo gráfico que hacen de cada página una nueva experiencia, diferente de la anterior. El uso del color (solo tenemos dos tramas de colores, con resultados visuales que lo acercan a la risografía), la deformación de la línea de lectura habitual (no siempre debemos ir de izquierda a derecha y de arriba abajo, e incluso no siempre vamos a encontrarnos las palabras, a menudo escondidas entre unas y otras viñetas) y los pocos convencionalismos en el dibujo (el detalle a la hora de representar a los personajes varía según nos encontremos en un espacio real, en un sueño, o dependiendo de la importancia de lo dibujado dentro de la historia...) hacen que observar el resultado sea ya una gran experiencia en sí mismo, mucho más aún cuando ves cómo se conjugan todos estos aspectos, dando ese carácter mayúsculo a la novela, inquietante, sorprendente y, sobre todo, fascinante.

Olivier ya había avisado previamente, y en Mowgli en el espejo había explorado ya terrenos cercanos, pero Arsèn Schrauwen es un paso al frente tremendo, que, como mínimo, le sitúa al dibujante entre mis autores preferidos del momento. Manolo Domínguez 

the bats, the deep set (2017)

Descubrí tarde a The Bats, con The Guilty Office (y no cuando salió), y me llevé una gran alegría cuando tuve en mis manos el vinilo de Free all monsters, hace ya seis años. Ahí encontré todos los parabienes que había leído sobre ellos que, sí, también estaban en los anteriores, pero no es lo mismo que te lo cuenten a sentirlos de primera mano. Desde entonces ha pasado el tiempo y, poco a poco, he ido acercándome más a sus discografía. Y durante un tiempo he pensado si al final he llegado a ellos justo al final de ellos. Si iba a haber o no continuación a ese disco de 2011. Pero anuncios de conciertos, reediciones, un disco en directo y ese adelanto del disco que fue Antlers antes de finalizar 2016 me iban dando pistas de que todo seguía tan normal, hasta que, al final, ha llegado The deep set. Sin embargo, una vez aquí, resulta que no lo he recibido con la misma euforia que el anterior. The Bats no parecen dispuestos a dar un paso en falso, en su nuevo álbum está la misma esencia de siempre con un sonido (serán los años y los medios) más compacto y seguro que el de sus primeros discos. Pero igual es eso, que nada ha cambiado desde entonces. Y que a mí ya no me llega con la frescura de cuando casi no les había descubierto.

Aunque esto no trata de mis sentimientos, sino de confirmar que siguen sonando elegantes, que esa esencia que me recuerda a los primeros R.E.M. permanece intacta, que cuando se mencionaban a estos y a The Go-Betweens para celebrar el debut de The Goon Sax no era en balde, y que no andan dispuestos a hacer canción mala. Y para muestra basta citar la ya mencionada Antlers, o las dos que cierra el disco, la balada Shut your eyes o Not so good, que me hacen siempre volver al principio del disco a revisar por qué no se me han clavado las canciones de este The deep set como lo hicieron años antes Simpletons, Free all monsters o When the day comes. Caprichos de la vida o que, simplemente, aquellas estaban un puntito por encima. Manolo Domínguez

domingo, 9 de abril de 2017

los lunes: novedades (55)

Nuevo single de Kate Nash 
La inglesa Kate Nash ha estrenado lo que será la primera canción del ep que publica a finales de este mismo mes. En él se incluye una de las dos canciones que publicó el año pasado (My little alien) y este pegadizo Call me. También ha empezado un proyecto de financiación para lo que será su cuarto disco. Se puede consultar aquí.




Otra nueva canción de Frank Ocean

Frank Ocean sigue presentando el programa de radio que tiene en Apple Music, donde semanalmente realiza un buen repaso a toda esa música que le inspira o, sencillamente, de la que disfruta al escucharla.  Pero, además, se está guardando una bala en cada podcast, ya que en ambos ha presentado nuevo material. Si la semana anterior fue Chanel, esta es Biking, con Jay Z y Tyler the Creator, que a Manolo le ha gustado incluso más que la anterior (Javi no anda tan entregado):




Nuevo adelanto de Potajenesis
Ya sabemos que Potajenesis será el primer álbum de Higinio Orduña y poco a poco vamos recibiendo adelantos que nos dan pistas sobre lo que nos vamos a encontrar. Toallitas desmaquillantes, también con ilustración de Consuegra Romero en el aspecto gráfico, es la última:




Discos de Kirlian parece que no tiene freno
Después del synthpop de Fragile Tom, que se publicaba la pasada semana en la edición de DDK, ahora el turno es para el avance de lo que será el álbum de Silent James, que lo tendremos el 18 de abril. Aires de pop clásico, que viajan del universo de Bacharach al de The Divine Comedy en esta Love & Magic:

los vídeos del fin de semana (36)

El vídeo que elige Javi: Tú que vienes a rondarme de Maria Arnal i Marcel Bagés
La que es una de las canciones destacadas de la temporada, ya tiene vídeo. Es un plano secuencia dirigido por Marc Sempere y Albert Lloreta Ribalta y en el que vemos a Maria Arnal interpretar esta maravilla que no deja de sorprender a lo largo de sus cuatro minutos. Un clip a la altura de la canción, sin duda:




El vídeo que elige Manolo: ¡Viva! de Los Punsetes
Ya no quedan programas musicales en televisión. Por eso el hecho de ver a Los Punsetes actuando en Late Motiv, el late show de Buenafuente para Movistar+ se ha convertido en una de las noticias de la semana. Y eso es malo, no porque actúen, sino porque no sea lo habitual:

miércoles, 5 de abril de 2017

los punsetes, ¡viva! (2017)

Los Punsetes han llegado a su quinto disco manteniendo las coordenadas de su sonido y su manera de contar las cosas. Y no es fácil, lo han logrado llegando hasta aquí en un envidiable estado de forma. Cuatro discos en los que han perfeccionado su búsqueda de la gran canción pop definitiva. Y en este quinto, lo han vuelto a hacer.
Porque si es de alabar dar giros y contínuos cambios en el sonido, también lo es no hacerlo y seguir tan lozano como en el primer día. Porque el inmovilismo también es una virtud. Que la gente se viene arriba con los cambios y aquí no hay quién duerma.
Aunque bueno, tampoco vayamos a pensar que Los Punsetes llevan haciendo la misma canción 10 años (que quizás sí, y aquí paz y después gloria). En ¡Viva! creo que llevan el concepto a su máxima expresión, consiguiendo la producción más acertada para sus canciones de toda su discografía.
Además es que me siento muy identificado con lo que cuentan: me siento identificado con el Miedo, con el pajillero en horas bajas de Presagios de partida o con la luz de esperanza de Camino. Con el desencanto cachondo en general, vaya. Y no es porque me vaya la guasa, es que me va el desencanto.
Y además (otro además, en !Viva¡ todo es derroche) es que han conseguido una secuencia de canciones a las que no se les puede poner peguita alguna. Un tiro tras otro sin apenas despegar el pie del acelerador.
10 años haciendo canciones que molan, dame la gloria que ya me busco la paz. Javier Ruiz

martes, 4 de abril de 2017

la lista de abril: mejores canciones invierno 2017

Al igual que el año pasado, repasamos las canciones que más nos han gustado con el pretexto de las estaciones, y como ya estamos en primavera, toca listar las de este invierno. Una manera como cualquier otra de destacarlas y volver a hablar de ellas.
Si el año pasado todo esto lo ilustramos con cuadros rusos, este vamos a hacerlo con cuadros de Joaquín Sorolla. Nos tomamos la licencia de hacerlo, esperando que nadie nos denuncie.
Esta maravilla se llama La Catedral de Burgos y data de 1910.































Cigarettes After Sex, Apocalypse No, no nos hemos obsesionado con esta canción, en absoluto ha sonado en nuestras casas decenas y decenas de veces. Para nada tenemos grabada a fuego su letra, ni una de sus frases "filming helicopters crashing in the ocean from way above" resuena en nuestras cabezas sin remedio.
El apocalipsis más deseado, el de la felicidad, el que ocurre entre tú y yo.

Los Planetas, Islamabad Ya lo hemos dicho todo de Islamabad y del álbum que la contiene, ZTA. Islamabad ha sido el gran golpe de gracia de Los Planetas, una de las cimas de su carrera entregada varias décadas después.

Sampha, (No one knows me) Like the piano Este año hemos visto la publicación del debut de Sampha después de múltiples colaboraciones (han seguido después de Process) y no ha defraudado. Pequeñas joyas como esta canción en la que se desnuda emocionalmente.

Joe Crepúsculo, Música para adultos Crepus ha metido varias canciones en su octavo disco que podrían pasar fácilmente por entrar entre las mejores de su discografía. Una de ellas es Música para adultos, un medio tiempo intenso de letra críptica y memorable.

Tristesse Contemporaine, Girls Como unos Blur (sí, los de Song 2) sintetizados, Tristesse Contemporaine se lanzan en este cruce entre Suicide y The White Stripes a los leones, con frialdad y valentía, saliendo existosos del envite.

Future Islands, Ran Si eres de los que se quedaron enamorados de Singles, estarás de enhorabuena por el regreso de los americanos Future Islands. Como si de una droga se tratase, nos vuelven a administrar lo que más necesitamos: canciones que emocionan, canciones para cantar a voz en grito.

The XX, I dare you El tercer disco de The XX se publicó a principios de año. Semanas antes lo presentaron en el programa americano Saturday Night Live, donde tocaron esta maravillosa canción en la que se entregan a la épica a través de la luminosidad.

Lorde, Green light Lo siento Manolo, aquí va otra ocasión en la que digo lo mucho que me gusta esta canción: una canción de las que te cambian el carácter. De las que hacen que en cuatro minutos nada importe más. Una (gran) canción pop.

Black Kids, Natural born kissers Black Kids se autopublicaron su segundo disco hace unas semanas, pero en una jugada maestra, ha sido retirado para publicarse de forma oficial en breve (entendemos que bajo un sello discográfico). En él podremos encontrar este hit sobrenatural que dan ganas de salir a cantar y bailar por toda la ciudad.

Zayn ft. Partynextdoor, Still got time Zayn se ha hecho un Drake y lo ha hecho mucho mejor que Drake en sus últimos y excesivos discos. Una etiqueta, tropical house, que sigue dando buenas canciones, que sigue ofreciendo hits instantáneos.

The Magnetic Fields, '81: How to play the synthesizer No es sencillo quedarse con solo una de las canciones de 50 song memoir, pero este cruce entre el kraut y el synthpop que es How to play the synthetisers es una de las firmes candidatas. Una declaración de principios de todo lo que fueron sus primeros discos.

You're Jovian, Pieces Como esos primerizos My bloody valentine que descubrí a destiempo, Pieces es una canción anclada en un pasado shoegaze que sigue teniendo vigencia cuando se hace así de bien. Cuando tiene vida por encima de recordar a quién.

The Jesus and Mary Chain, Always sad Al final resulta que no, que la vuelta de los JAMC no era tan innecesaria. Al menos escuchando Always Sad, más cerca de unos primerizos Primal Scream que de ellos mismos, nos vuelven a entrar las ganas de recuperarles. Porque nada puede ser como antes, claro, pero a veces gusta jugar a que sí es posible.

Los Punsetes, Camino En lo que se refiere a lo que se cuenta, Camino es una de las letras más acertadas de los madrileños. Y mira que tienen el listón alto. Una oda con muy mala hostia del inmovilismo en el que nos encontramos, entre el que yo mismo me podría encontrar. En lo que se refiere a cómo suena, uno de los puntos fuertes de ¡Viva!, una bomba de relojería a punto de explosionar.

Jens Lekman, How we met, the long version Del indiepop al indiedisco sin despeinarse. Jens Lekman consigue con How we meet, the long disco version una vuelta a los pasajes menos melancólicos con los que sacarnos a bailar como lo que somos, chicos indies que solo sabemos mover suavemente las caderas.

Vasas Flora Och Fauna, En invasiv art Canciones como esta, que nos acerca al pop finés más clásico, hacen que el olvido en el que han caído Cats on fire sea menos duro. A falta de nuevo disco, esta canción nos ha alegrado este invierno que ya parece más primavera.

Yung Beef, Pole position  Desde que se publicó aquel disco de PXXR GVNG con Sony que nos suena ya tan lejano, los miembros del colectivo no han dejado de salpicar las redes con canciones o mixtapes. Y no todo anda a la misma altura, pero Pole position nos devuelve al juguete casi roto que impresionó con Ready pa morir y se lleva la cuota trapera de esta lista.

Joan Miquel Oliver, Rumba del temps Tan pronto como esta semana se publica el nuevo disco del mallorquín, dos años justos después del fantástico Pegasus. Lo presentaba esta encantadora canción en la que nos sigue maravillando con sus ocurrencias, tan banales pero tan necesarias.

Frank Ocean, Chanel Menos vocorizado que en Blonde,  Frank Ocean ha vuelto a atacar por sorpresa con esta canción donde suena como lo que es, el mejor ejemplo de lo que es, o debería ser, el R'n'B en el siglo 21.

Chilly Gonzales & Jarvis Cocker, Salomé La música sobre la que se sostiene la obra de teatro que ha preparado Jarvis Cocker junto a Chilly González nos acerca casi más al universo Hannon que al de Pulp y, por momentos, como ocurre especialmente con esta Salomé, se queda cerca de los logros de ambos.

Kelly Lee Owens, Lucid Una nueva musa del techno, al que bastardiza a base de retazos de pop desquiciado. Lucid es el mejor ejemplo de todo lo que nos podemos encontrar en su disco de debut.

The Flaming Lips, We a famly Al final de este viaje sicotrópico nos encontramos con la voz de Miley Cyrus para redondear una de las mejores canciones de Oczy Modly. Sicodelia del siglo 21, bien entendida, y mejor gestionada para el disco aparentemente más introspectivo de los Flaming Lips.

Arca, Anoche  Si hasta ahora los discos de Arca habían sido de todo menos plácidos, los adelantos del que va a ser su próximo álbum consiguen dejarnos con una sensación de congoja que se convierte pronto en pura atracción. y de ellas, Anoche es la que tiene ese plus que la hace tan necesaria en cualquier repaso de los últimos meses de música.

Max Richter, Tuesday El último disco de Max Richter se cierra con esta magistral Tuesday, que no es ni más ni menos que la carta de suicidio dejada por Virginia Woolf a su marido, narrada por la actriz Gillian Anderson. Una canción río en la que se plasman muy diferentes tipos de emociones. Toda una experiencia. Acongojante.

Ravens, Mount Eerie Hace ya casi 15 años y yo sigo soñando con mi hermano de vez en cuando, en situaciones que pertenecen al pasado o a un presente imposible. No quiero ni pensar qué tiene que suponer despertar cada mañana para Phil Elverum.


lunes, 3 de abril de 2017

the magnetic fields, 50 song memoir (2017)

Stephin Merritt siempre ha aclarado en entrevistas que las letras de sus canciones no son autobiográficas, que se suele recrear en historias que le cuentan o en la inspiración que le aportan las horas que pasa con su libreta en los cafés. Por eso la portada refleja uno de esos instantes. Merritt aparentemente aburrido mientras a su alrededor la gente vive; Merritt buscando esa inspiración. Sin embargo, en 50 song memoir el concepto es radicalmente diferente y queda claro desde la nota que se muestra en la trasera de la caja en la que vienen los 5 lps. Esta es la autobiografía del líder de The Magnetic Fields, escrita en 50 canciones, a una por cada año desde el de su nacimiento hasta 2015.

Y, obviamente, la autobiografía de un personaje como él no puede ser monótona ni monotemática. En su segundo gran trabajo conceptual (en realidad, casi todos lo son a su manera, pero son 69 love songs y este en los que se ha explayado más en cuanto a cantidad y a los que parece que les ha dedicado más intensidad) hay no solo un repaso narrativo a su vida, sino también musical a su discografía. Porque, asumiendo que la madurez y el camino recorrido ya no le permiten volver atrás sin cicatrices ni desaprender lo aprendido, entre las 50 canciones hay un poco del todo. Del pop barroco de la época en la que la vocalista principal fue Susan Away, del Merritt entregado a los sintetizadores de buena parte de la década de los noventas y del ya más complejo en lo compositivo y técnico que surge en este siglo 21, justo a partir de 69 love songs. Y lo hace tal vez primando todo ese aprendizaje de tantos años de carrera frente a la inmediatez (que yo, particularmente, ADORO) de sus primeros discos, pero sin olvidar sus orígenes (ahí está How to play the sinthetizer como declaración de intenciones), y sin caer, nunca, en el principal defecto que hizo de Love at the Bottom of the el menos interesante de su discografía, el aburrimiento. Con la diversidad de géneros musicales que trata, siempre utilizados a su antojo y llevados a la personalidad de la banda, y la facilidad para escribir grandes canciones, los 5 discos de esta enciclopedia consiguen no hacerse pesados en casi ningún momento, aunque, es evidente, no todas rayen a la misma altura.

Así, tal vez sin llegar a la brillantez de 69 love songs, yo fácilmente me llevo más de una docena de canciones memorables (A cat called Dionysus, Judy Garland, It could have been Paradise, Hustle 76, Rock'n'roll will ruin your life, How to play the synthetizer, Weird diseases, A serious mistake, Eurodisco Trio, Ghosts of the marathon dancers, Cold-Blooded man, Never again, Surfin', Till you come back to me, Stupid tears, I wish I had pictures) y otras muchas notables, que poco a poco, escucha tras escucha, se van haciendo igual necesarias. Mucho que decir viniendo de una obra tan mastodóntica como es este álbum.

Pero donde está el gran mérito de este disco es en la gran capacidad de síntesis de Merritt, que a través de 50 letras que citan pasajes, anécdotas o circunstancias de sus 50 años, logra fabricar el mejor retrato de una personalidad compleja, esquiva, hipocondríaca y, sobre todo, lúcida, brillante e irónica. Avanzar en sus canciones es un viaje por un parque de atracciones muy particular, en el que aparecen estrellas fulgurantes (por ellas aparecen Judy Garland, Allen Ginsberg, Gainsbourg, sus grupos preferidos de Krautrock, Ang Lee...), los distintos novios de su madre, los del propio Merritt, su miedo al SIDA, al resto de las enfermedades del mundo, los clubs que frecuentaba en su juventud, sus primeros pasos musicales, su dificultad para ser sociable... todas aquellas historias que han ido, primero, forjando su personalidad y, después, dirigiendo sus pasos. No debe ser sencillo hablar de uno mismo, menos aún cuando el objetivo es entretener, y emocionar, al público con tus canciones y, de ninguna manera, si eres tan, aparentemente, retraído o asocial como a veces lo parece Stephin Merritt. Sin embargo él lo consigue, pero solo por un motivo, porque es el mejor letrista que he tenido el placer de seguir en mi vida. Y uno de los mejores compositores. Solo por eso. Manolo Domínguez

las nuevas canciones de ama: la canción de marzo

Último viernes del mes y nueva canción de Ama. Y ya van tres, Nadie más, Presentación y En la corriente. Las tres pertenecientes a enero, febrero y marzo. Tres canciones bien diferentes y que nos presentan a unos Ama versátiles y con contínuas ganas de sorprender. En esta canción de marzo, llevada por un teclado lúgubre, Ama hablan del final, del inevitable final.


Y como en las otras dos, se cuenta con un artista que realiza la parte gráfica. En esta ocasión es Cruz Larrañeta quién se encarga de la preciosa portada y el evocador clip:

                 
               

domingo, 2 de abril de 2017

los lunes: novedades (54)

Así suena Saturno
Sufjan Stevens es amigo de publicar proyectos paralelos entre disco y disco oficial dentro de su discografía. Esto ya ha empezado y ya podemos escuchar una de las canciones del álbum que se publicará en junio del viejo proyecto junto a Bryce Dessner, Nico Muhly y James McAlister. Se llama Saturn y es una maravilla electrónica de las que borda.
Y a final de este mes se publica en audio y en vídeo (en plataformas de internet, no físicamente, entendemos) Carrie & Lowell Live. Ya ha empezado la época del chorreo, ya ha empezado la época de la perdiz

 


Nueva canción de Broken Social Scene 
Siempre es un placer la vuelta de uno de los grupos más especiales de la actualidad. Su comeback es una realidad y estos días lo han presentado en directo en la televisión americana. Una canción-celebración para disfrutar sin fin:





El segundo disco de Marnie
Ya conocíamos una canción del segundo disco de Marnie (ya saben, vocalista de Ladytron), y ahora es el turno del single del disco, una canción-hit para llorar de la alegría. Y además cuenta con vídeo estrenado en la web de Playboy




Canción inédita de Jens Lekman 
Las canciones que se incluyen en Our first 100 days nacen de una causa social generada a partir de la llegada de Trump a la Casablanca y tiene como objeto defender aquellos derechos que pueden verse en entredicho con el nuevo gobierno fascista que se ha encontrado el país. Y en lo estrictamente musical bastante hay que rascar, de entre lo que nos hemos quedado con este inédito de Jens Lekman, que si bien no anda a la altura de las canciones de su nuevo disco, no deja de ser interesante para cualquier completista del sueco:




Los mapas de Wild Honey
¿La canción de la primavera? ¿El mejor estribillo del mundo? ¿El sonido del cielo?




El nuevo single de Mishima

Un nuevo álbum de los catalanes Mishima está a la vuelta de la esquina y ya podemos escuchar una canción, la que lo presenta, una muestra que los sitúa más abiertos y más pop que de costumbre:




Nueva canción de Karen Koltrane
En abril se publica el nuevo álbum de Karen koltrane, de nuevo con el sello barcelonés Foehn y, por el adelanto que ya se puede escuchar (este Onda gravitacionales) parecen dispuestos a seguir manteniendo a flote cierto espíritu shoegaze con querencia a los sintetizadores, que también les acerca al dream-pop. Ganas de tener el disco completo:

los vídeos del fin de semana (35)

El vídeo que elige Javi: Atlantis de Joan Miquel Oliver
Un nuevo vídeo de J.M. Oliver siempre es una acontecimiento. Está claro que le gusta divertirse en ellos, y en este para Atlantis, la canción titular del disco que publica esta misma semana, evidentemente lo ha hecho. Lo ha dirigido Guardas Forestales con Pedra en la dirección de arte y vestuario y Anna Hierro en las coreografías. Una genialidad, no podía ser menos:




El vídeo que elige Manolo: Maricón Zara de Planeta No
Ya ha pasado más de un año de la publicación de Odio, el disco de los chilenos Planeta No, pero aún ha habido un hueco para convertir esta Maricón Zara en un hermoso clip reivindicativo, en el que, entre pasajes de estética manga, se homenajea a Daniel Zamudio, el joven gay tristemente asesinado, convertido desde entonces en un símbolo de la lucha por la igualdad en su país (por ejemplo, Alex Anwandter se inspiró en él para su filme Nunca vas a estar solo). Un tema de synthpop de lo más pegadizo que sirve para reivindicar algo que no debería seguir necesitándose reivindicar a estas alturas mientras te entregas al baile sin fin. Todo un regalo que sigan manteniendo vivo el magnífico Odio:

martes, 28 de marzo de 2017

los planetas, zona temporalmente autónoma (2017)

Zona temporalmente autónoma no es el disco político de Los Planetas. Tampoco el mejor. Dos estrofas, una adaptación de un cántico popular y un título robado no hacen barricada. Ni una versión de Yung Beef oculta el bosque. Zona temporalmente autónoma tiene cosas buenas y cosas malas. Y quedarse solo con lo uno o lo otro podría terminar siendo un error. Pero al final dos respuestas fuera de lugar en unas entrevistas y tres anécdotas en el disco lo han sacado todo de contexto. Basta con atender la letra de la canción que da nombre al nuevo álbum del grupo y nos damos cuenta de que el anarquismo se convierte finalmente en una oda al amor sin condicionantes externos. Porque J solo sabe escribir de amor y cuando no es así la caga. Y el resto de las canciones no andan lejos de esta versión actualizada de José y yo. Las relaciones personales vistas desde un prisma más popular, el que tienen las letras del cante jondo desde los tiempos de Manuel Vallejo.

No es sencillo acercarse de nuevo a un álbum de Los Planetas. Mucho menos después de Una ópera egipcia y de, incluso, haberlos dado por muertos hace no demasiado tiempo. Pero Zona temporalmente autónoma ya está en la calle y es, me atrevería a decir, más de lo que un fan crítico podría esperar. No es perfecto, ni tan siquiera se acerca a serlo, pero hay tanto o más que destacar que defectos se le pueden encontrar. Entre lo primero, la ya convertida en clásico versión del Ready pa morir, el primer single, Espíritu olímpico, la ya mencionada Zona temporalmente autónoma, la delicada Hay una estrella, la prodigiosa adaptación melódica de la letra de Manuel Agujetas en Libertad para el solitario o la muy Unidad de desplazamiento Hierro y níquel. De lo segundo, la insulsa Porque me lo digas tú, tan La Buena Vida mal gestionado (en música y, sobre todo, letra), la excesivamente plana Gitana o ese clásico de su nueva era flamenca, que en más de una de la Ópera naufragó, Ijthad. Entre medias, Una cruz a cuestas, que podría ser un clásico para quien lleve bien la voz entre lo jondo y lo lírico de la menor de las Morente, o el cierre a lo Caja del diablo de Guitarra Roja, que pretende ser mucho más de lo que al final consigue.

Pero de todo lo mencionado, lo más destacable del álbum es que J ha sabido aquí cohesionar como hasta ahora no había logrado sus enseñanzas anglosajonas y sus raíces populares. Porque así Una cruz a cuestas puede ser pop afandangado, Soleá estar más cerca del slowcore (mmm, ¿se sigue usando esta etiqueta?) que de una verdadera soleá y Libertad para el solitario tener de Agujetas solo la esencia, sin necesidad de dejar que la métrica de los distintos estilos domine como en La leyenda del tiempo o de naufragar como en la Ópera.

Así, al final no estamos ante una banda en estado de gloria como en el intervalo del 94 al 2000, ni tan siquiera cerca de aquello, pero sí que han salvado cierto bache creativo y emocional y se han agarrado a aquello que mejor saben hacer para, si no llegar a lo sobresaliente, al menos salir del envite dejando unas sensaciones más que decentes. Las que, siendo sincero, yo ya no esperaba ahora mismo de ellos. Manolo Domínguez

mount eerie, a crow looked at me (2017)

Siento envidia de una de las personas más tristes del planeta. Porque Phil Elverum es una de las personas más tristes del planeta. Su esposa, Geneviève Gosselin, fallecía de cáncer en julio de 2016 y les ha dejado solos, a él y a su hija de solo un año. Y solo unos meses después él ha publicado este álbum en el que habla de la ausencia y de la pérdida, y que respira amor en cada canción, en cada estrofa y en cada lamento que surge de su voz rota para siempre. Y a mí, egoístamente, me gustaría saber expresar qué es el amor como él lo ha conseguido con este disco.

El que probablemente sea el álbum más accesible de toda la carrera de Mount Eerie ha resultado ser el más terrible, extremadamente doloroso. Grabado en la habitación en la que su esposa fallecía y utilizando sus instrumentos musicales, Phil se ha olvidado de su querencia por lo experimental y se ha limitado a sacar de sus entrañas nueve canciones austeras, tan hermosas y frágiles como dañinas. Dañinas para quien no tenga cerradas todas las heridas y se acerque a él sin la conveniente armadura.

Sin embargo, detrás de todo el dolor que desprende, reflejado en anécdotas como ese paquete comprado por la madre que llegó con una maleta para la hija de ambos, que Geneviève compró sabiendo que no llegaría a verla con ella camino del colegio, o en la visión de un cuervo volando por encima de sus cabezas, uno descubre la infinita capacidad de amar de Phil y la pasmosa facilidad que tiene para mostrárselo al mundo en un homenaje imposible de asimilar al cien por cien.

Phil es uno de los hombres más tristes del planeta y yo, moderadamente feliz en mi asimilada vida familiar, siento una tremenda envidia por no saber transmitirle a Amaya cuánto les necesito, de la misma forma en la que el autor de este disco se lo dice a su ya desaparecida esposa. Envidia del arte que ha logrado surgir de esa cruel conjunción de amor y ausencia que es A crow looked at me y que me genera, a la vez, una terrible sensación de culpa por algo que debería ser un cumplido. Ser capaz de extraer la belleza que hay en unas canciones que se han escrito en el negro más desolador posible. Manolo Domínguez

lunes, 27 de marzo de 2017

girls, poco antes del final

SPOILERS COMO UNA CATEDRAL DE GRANDES  (a la altura del 6x07)

A Girls le hacía falta un gran revulsivo. Algo que (a pesar de que la quinta temporada ha resultado ser una de las mejores y más acertadas) nos hiciera encarar la recta final de la serie con verdadera expectación. Y ese algo tiene el tamaño de una lenteja.
Buscando algo totalmente inesperado y drástico para Hannah, se ha logrado poner (prácticamente) contra las cuerdas a buena parte de los personajes.










Evidentemente, este hecho está marcando la acción, ofreciendo de nuevo lo peor de muchos de ellos, sin pudor alguno.
Aunque todo esto está siendo de lo más interesante, no nos libramos del cansinismo extremo de algunos compartamientos que se presentan. Pero Girls no sería Girls si eso no pasara.

Parece que esta temporada está siendo marcada por numerosas y maravillosas escenas que quieren y consiguen emocionar. Escenas como el encuentro en el portal de Hannah y su alter ego en esa patochada de la película (6x05) o el gran tanto del final del 6x06 con la canción inédita de Robyn (después de la inolvidable e icónica escena con Dancing on my own en el 1x03). Aunque si ha habido un punto de inflexión esta temporada ese ha sido el 6x03, un capítulo soberbio y con ganas de remover conciencias.

A menos de un mes para la gran series final, parece que algo está cambiando, parece que el tiempo está pasando para estos personajes, que sí, vamos a echar de menos. De una manera u otra. 

domingo, 26 de marzo de 2017

los lunes: novedades (53)

Nuevo disco de Perfume Genius
El nuevo disco de Perfume Genius (después del sensacional Too bright) se publica a principios de mayo y se presenta con la impresionate Slip away. Slip away sigue la estela de canciones como Queen o Grid y también cuenta con vídeo que se puede ver en youtube.




El debut de Cigarettes after Sex
A principios de junio se publica el disco debut de Greg Gonzalez como Cigarettes after Sex y en el marino no podemos estar más entusiasmados (bueno, Manolo no tanto, pero eso es porque se los va a perder en el Primavera Sound). Después de K. no hemos parado de escuchar esta alucinante Apocalypse, segunda canción que conocemos de este debut. Con este proyecto se nos acaban los adjetivos, nos puede tanta belleza:




El nuevo single de Saint Etienne
Saint Etienne presenta nuevo álbum en junio. Y, como ya es costumbre en la industria musical, esta semana ya se ha presentado el primer adelanto casi 3 meses antes. Una canción en la que consiguen ser ellos mismos sin repetirse, que no es un himno, pero que les mantiene a gran nivel. Un acierto:




Nueva canción de Vasas Flora Och Fauna
De Cats on fire hace años que no sabemos nada y damos casi por finiquitado. Más aún cuando su líder Mattias Björkas lleva un par de años dedicado a Vasa Flora Och Fauna, banda que ya publicó su álbum de debut en 2015. Ahora preparan la continuación a este y adelantan En invasiv art, que suena a pop clásico, interpretado en finlandés, y nos acerca al universo de gente como Leevy & the Leavings, Jaarko & Laura o Hector.




Por otro lado, también están disponibles nuevos adelantos de los próximos discos de Future Islands (en cuyo clip llevan el concepto de lyric video más allá), Cosmen Adelaida y Joan Miquel Oliver. En este último caso, dos, la canción que le da título y otra (maravillosa) que se ha estrenado en la web de la revista Enderrock

los vídeos del fin de semana (34)

El vídeo que elige Javi: My willing heart de James Blake
The colour in anything se publicó hace casi un año, pero todavía seguimos enganchados
 a él. Una maravilla de disco que posiblemente sea el mejor que ha publicado y del que ahora se publica video clip para una de sus canciones. My willing heart (compuesta junto a Frank Ocean) es una preciosidad que se ve aumentada con estas imágenes dirigidas por Anna Rose Holmer donde vemos a una embazarada Natalie Portman sumergirse en el mar (p.j):




El vídeo que elige Manolo: Chócalala de Diploide
Después del EP libertario que publicaron en 2016 y que seleccionamos entre los mejores del año, Diploide vuelven a la carga con esta Chócalala, de cuyo clip se ha encargado Nathan Brenville y que se puede descargar en el soundcloud de galleta records:

viernes, 24 de marzo de 2017

jugando a ser plutón, pt. 4 y final (un repaso tangencial por la discografía de los planetas)

La leyenda del espacio (2007) Agujetas decía en una entrevista realizada para Agujetas Cantaor, el documental sobre su persona que dirigió Dominique Abel en 1999, que uno no empezaba a cantar flamenco hasta que cumplía los 70 años, que lo que se hacía hasta esa edad era otra cosa. Mi padre le daba la razón. Y yo no le dada nunca la razón a mi padre. Camarón grabó La leyenda del tiempo con 29 años, pero yo eso no se lo podía decir porque para él eso no era flamenco. No se compró el disco en su día, pero seguro que de haberlo hecho sería uno más de los que lo devolvió a la tienda.

La portada y el nombre del disco de Los Planetas remite a aquél en el que Ricardo Pachón rompió las barreras que quedaban entre el flamenco y el resto, pero el concepto de disco se acerca más a los postulados de otro transgresor, Enrique Morente, que a La leyenda del tiempo. Yo nunca fui fan de Omega porque ahí sí coincidía con mi padre en que Morente no cantaba gitano (el tiempo me ha hecho cambiar de opinión sobre este disco). Tampoco vi el directo junto a Lagartija Nick, por eso no puedo compararlo con el de Los Planetas, pero lo que viví en Cádiz en Agosto de 2007, junto a Amaya embarazada de 7 meses, fue algo que cuesta olvidar, no solo por sentir las patadas de Mateo mientras la música atronaba, sino por ver a Los Planetas otra vez en estado de gracia (junto al de la gira de Una semana en Sevilla, el mejor concierto suyo que he vivido), en un escenario que ya no existe en el Parque Genovés.

La leyenda del espacio no solo abre una nueva vía de exploración en el grupo, también lo hace en mí. Me lleva a reconocer todo aquello de lo que yo renegué una y mil veces en el salón de casa, y ayudó a que decidiera, poco a poco, ir trayéndome los discos de flamenco de la casa de mis padres a la mía. Un trayecto que, inevitablemente, iba a terminar produciéndose, pero que probablemente lo aceleraran canciones como el Canto de Bute, Ya no me asomo a la reja o Negras las intenciones, que me guiaron a la luz que reproducen las portadas de ambas leyendas, la del tiempo y del espacio. Manolo Domínguez 


Una ópera egipcia (2010) Otra vez en todo lo alto tras La leyenda del espacio, llega Una ópera egipcia. Es 2010 y todo esto ya se trata de posicionarse. Tras más de 15 años se empiezan a ver los primeros signos de agotamiento en el mundo exterior (esto se acentúa mucho más en los posteriores años de sequía discográfica), pero demonios, o estás con ellos o estás contra ellos. La pasión no entiende de medias tintas. Y uno que los tiene hasta grabados en la piel no se desanima, y este disco no es que sea otra cima, pero tampoco un paso en falso a lo Encuentros con entidades o Contra la ley de la gravedad. Aquí ya conviven "los nuevos" Planetas con los que ya conocíamos, y lo hacen en canciones tan emocionantes como Una corona de estrellas, uno de los grandes singles (no publicado oficialmente, es un decir) del grupo.

Un disco correcto, buena continuación de La leyenda del espacio, pero también el primero con el que no puedo asociar ningún momento especialmente relevante, especialmente trascendental. Y eso, con semejante recorrido no puede ser bueno. En Zona temporalmente autónoma, publicado a día de hoy, ya hay alguna canción que me duele escuchar y con la que ya siempre irán asociados determinados recuerdos. Las comparaciones son odiosas. Javier Ruiz

jueves, 23 de marzo de 2017

jugando a ser plutón, pt. 3 (un repaso tangencial por la discografía de los planetas)

Encuentros con entidades (2002) Benicàssim 2002. Los Planetas presentan poco antes de su salida Encuentros con entidades. Poco puedo decir del concierto, su recuerdo se ha diluido entre las numerosas ocasiones que los he visto y el fervor de la juventud en un festival con mar.

Dentro del recinto también se monta un stand expresamente para vender el cd single de Pesadilla en el parque de atracciones también pocos días antes de su publicación. Así que Carlos y yo compramos ese cd el primer día del festival y de nuevo nos volvimos locos con él en el coche. Sonaba a toda leche por las calles de Benicàssim. Una bomba de canción que nos hacía pensar que ese disco iba a ser la polla en vinagre. Unida al primer single, Corrientes circulares en el tiempo (a la larga una de mis canciones favoritas del grupo), nuestra ilusión no podía ser más grande ni nuestras expectativas estar más altas.

Pero, ay, aparecen lo que yo considero los primeros problemas en el paraíso. El primer gran traspiés. El gran bajón.
Aparte de esos dos primeros singles también están Mil millones de veces, San Juan de la Cruz o El espíritu de la Navidad (sí, totalmente  a favor), pero también El artista madridista, uno de sus singles que más coraje me dan.
Canciones que están entre lo mejor de Los Planetas, pero como obra, como una unidad, queda coja.

Se me puede acusar de antiguo, pero yo entiendo las relaciones sentimentales como un largo recorrido. En esta relación, como en cualquier otra, no todo va a ser un punto en todo lo alto. No siempre va a ser todo excelencia. Una mala tarde la puede tener cualquiera. Javier Ruiz



Los Planetas contra la ley de la gravedad (2004) Con el diseño del single de adelanto, Y además es imposible, Javier Aramburu ya dejó claro su cariño por el trabajo de Edward Gorey. Los Planetas contra la ley de la gravedad era la confirmación. De eso y de muchas cosas más. Porque ese fue el primer disco que no me compré porque Amaya ya lo había hecho. Y, claro, si tarde o temprano íbamos a terminar viviendo juntos, qué sentido tenía hacerse con él por duplicado. Así, además, me ahorré el dilema de decidir si seguía confiando en ellos o no. Amaya no dudaba y eso era como decir que yo tampoco.

Y lo cierto es que no tener que decidir fue lo mejor que me pudo pasar en ese momento. Ahora, con el tiempo, la cosa no resulta tan catastrófica y, por momentos, incluso más que digna (Nunca me entero de nada y Experimentos con gaseosa mis preferidas). Pero, entonces, yo ya había perdido la ilusión y singles como el ya mencionado o No ardieras me parecían de lo más flojo de su carrera. Estaba tan fuera de onda que empecé a rechazarlos. Si me hubiese encontrado a J por la calle habría cambiado de acera. Si me hubiesen preguntado por los grupos de mi vida no les habría nombrado. Si tuviera alguna camiseta con el diseño de la portada la habría hecho paño. Fue tanto el bloqueo que, a día de hoy, aún tengo que mirar en wikipedia cuando tengo que escribir el nombre del disco. Lo he borrado de mi memoria como una víctima olvida el momento del accidente. A pesar de que, como digo, al final solo fueron heridas leves y algún pequeño trauma, y tampoco llegó la sangre al río. Manolo Domínguez

miércoles, 22 de marzo de 2017

jugando a ser plutón, pt. 2 (un repaso tangencial por la discografía de los planetas)

Una semana en el motor de un autobús (1998) Y entonces, conmigo ya totalmente inmerso en la causa, llegó Una semana en el motor de una autobús. Y no es que este disco nos volviera a cambiar la vida, al igual que hiciera Super 8, es que con este álbum prácticamente puedo decir que me hice mayor. Una persona con 20 años no es mayor, ni mucho menos, pero algo cambió. Como cuando la gente tiene hijos o tiene una experiencia que le hace dar un salto en su crecimiento como persona. Eso supuso para mí este disco.

No es que lo comprara el primer día de salida (eso, en una capital de provincia y en la época no era tan fácil) es que previamente (un par de semanas antes, si no recuerdo mal), me fui a comprar el cd single de Segundo Premio. Y claro, llegar a casa y encontrarte la canción de tu vida. El tema que a partir de ese momento citas cuando te preguntan por tu canción favorita. Y la portada que refleja tu situación mejor que ninguna otra. No hay duda de que el trabajo de Javier Aramburu para esta época del grupo es una de sus cimas.

Pero todo esto quedó en nada con la publicación del disco. No vendré a aquí a explicar todo lo que gira alrededor de Una semana en el motor de un autobús. Hay varios libros que lo explican. Varios libros que dan cuenta de todas las circunstancias de estas canciones. De las circunstancias que giraban alrededor de J y compañía. Aunque es curioso que todo eso coincidiera en el año 1998, crucial para Los Planetas, pero también para mí. Un año en el que parece que todo cambia para luego quedar todo igual. O no. Realmente todo cambió. Aunque no me diera cuenta. Javier Ruiz



Unidad de desplazamiento (2000) Unidad de desplazamiento lo tengo con la portada esa que había que abrirla tantas veces que cuando llegabas al disco no recordabas cuál era. Lo compré la semana que salió. Previamente se había publicado el single Un buen día y recuerdo a quien me lo puso por primera vez diciéndome "Ahora que van a sonar en los 40 igual ya no te gustan tanto". Le dio al play al reproductor y cuando terminó no sabía qué decir. Era la mejor canción de toda su discografía. La mejor letra. La mejor melodía. La mejor todo (bueno, no, la mejor portada no). Después sonó en los 40, cierto. Y desapareció lo de los cuatro millones de rayas. Pero me dio igual todo.

El cuarto álbum de Los Planetas suena como un bosque después de la tormenta. Los animales vuelven a resurgir de sus madrigueras y las gotas de agua caen de las hojas hacia el río, sonando como las percusiones del primer disco de Triana. Era tan maduro como un recién titulado yendo por primera vez a su nuevo trabajo. Con corbata y discman. Hay días, algunos, en los que pienso que es el mejor de todos. Son justo esos días en los que no necesito ser el chico raro de la clase que piensa que todo es una mierda menos lo suyo. Días en lo que acepto que los malos van a ganar por goleada y solo queda admitirlo y tratar de salir bien en la foto. Lo mejor posible.

Una cosa curiosa que me ocurre con este disco es algo que siempre comento a conocidos y casi nadie puede evitar mirarme como si fuera un loco con algún tipo de trastorno obsesivo. Unidad de desplazamiento tiene mis 6 segundos preferidos del pop nacional. Los que van del 2m44s al 2m50s de Maniobra de evasión. Y también el salto al infinito de J como letrista. Capaz de llegar más alto que en ese Los Planetas vs las drogas que es Una semana en el motor de un autobús. Dos detalles de los que uno se va dando cuenta poco a poco, mañana tras mañana escuchándolo con los cascos en el autobús camino de la oficina. Manolo Domínguez

martes, 21 de marzo de 2017

jugando a ser plutón, pt. 1 (un repaso tangencial por la discografía de los planetas)

El viernes sale el noveno álbum de Los Planetas. Si incluimos Medusa Ep son 24 años ya girando alrededor de la banda. Manolo les ha visto hasta en 6 ciudades diferentes (Dos Hermanas, Benicàssim, Sevilla, Alburquerque, Cádiz y Santander). Javi se compró todos los singles de Subterfuge en un stand de una feria tirados de precio. Ambos tienen toda su discografía. Manolo renegó de Una ópera egipcia. Javi no. Manolo escuchó Super 8 antes que Loveless. Javi antes que Dirty. Los dos, y Nacho, y amigos que se apuntaron, le hicieron este surrealista especial en La página de la nadadora. Manolo les odia a día de hoy. Javi sigue confiando. Ambos se han pedido el preorder el nuevo disco en Amazon. Los Planetas, a veces se nos olvida pero es así, son parte esencial de nuestra experiencia musical. Y por eso, y porque nos va un poco la marcha (todo esto lo hemos decidido esta mañana y ya vamos tarde), hemos preparado este repaso poco profesional de la discografía del grupo. Hoy, la primera parte:

Super 8 (1994) No escuché Super 8 en su momento de salida. Lo escuché un par de meses antes de la publicación de Una semana en el motor de un autobús. Carlos (amigo de la infancia) y yo fuímos un día a un Capabro y mirando cds nos llamó la atención la portada del Super 8. Lo compramos (no recuerdo si él o yo, de todas maneras da igual, porque los poníamos en su coche) y a partir de ahí ya no hubo marcha atrás.

Nos flipaba todo: desde el diseño del disco a su actitud. Y claro, sus canciones, que poníamos una y otra vez en el coche. Estábamos descubriendo el grupo de nuestras vidas (por lo menos de esa época de nuestras vidas) y todavía no lo sabíamos. Un disco (y un grupo) generacional, un disco que nos cambió la vida. Porque sí, los discos te pueden cambiar la vida. Y la mía ya no fue la misma desde que estas canciones entraron en ella. A mí me daba la impresión de que se llenaba de verdad. De que se llenaba de realidad. Por lo menos más de la que yo me traía entre manos. O la suficiente para un chaval de casi 20 años que no se enteraba de nada.

Super 8 fue la primera de las sacudidas emocionales que nos han proporcionado Los Planetas. No sería la última. Javi Ruiz

Pop (1996) Suena DB por primera vez en casa. Antes de escucharlo he hecho la tontería de ponerme Super 8 y, tras los 9 minutos de La caja del diablo vienen estos otros 9 minutos. Dos canciones para casi media hora. Pero algo falla. Siento que el cambio en el sonido no ha sido a mejor. No estoy cómodo. Igual es que es sábado y el viernes saliste, fuiste a la alfalfa, vomitaste cerca del chapa, a solo unos metros de donde Antonio Luque apuraba su cubata, y te trajeron a casa no recuerdas cómo. O igual no, igual es que simplemente suena peor.

Ayer acabé mal, como casi siempre que salía, pero hoy contaba con las 2500 pesetas que me había dado mi abuela y corrí al centro, compré el cd en Sevilla Rock, volví en el 30 y ahora estoy en casa, con una resaca de cojones y acostado en la cama mientras intento descifrar por qué J titula una canción de amor José y yo. Bueno, eso y quiénes son David o Claudia. David y Claudia: Casi me atrevería a decir que esa canción la tocaron en el concierto que dieron el verano anterior en Dos Hermanas, cuando vi a Los Planetas por primera vez en concierto, teloneando a Lagartija Nick. O igual me lo invento y no la hicieron, qué se yo.

Pop no es, a día de hoy, mi disco preferido del grupo. Es más, es uno de los que menos disfruto. Pero entonces todo daba igual porque yo, aparte de con las canciones de Sr. Chinarro, necesitaba identificarme con algo que sonara como lo que se hacía en el Reino Unido, pero cantado en español; cantado para mí. Y Pop era ese algo. Yo era José y yo era yo. Manolo Domínguez

when nalda became punk, those words broke our hearts (2017)

De un tiempo a esta parte escucho menos indie pop. Siempre voy saltando de un estilo a otro y, cada cierto tiempo, predomina uno diferente. Mi relación con la música siempre ha sido así. No soy tan encasillable como podría parecer.

Sin embargo, ese eclecticismo de aficionado se me hace raro en el caso de los músicos. Esos grupos que se reinventan con cada nueva referencia me suelen escamar. No sé por qué, porque yo hago lo mismo desde el otro lado de la barrera. Pero, a pesar de no ser objetivamente lo que debería esperar, soy muy fan de grupos como When Nalda Became Punk, que tienen muy claro cuál es su lugar. De otra forma no habrían conseguido algo que podría corresponderse con el Grammy del indie pop, grabar en dos de los sellos más importantes del género y con una misma referencia. La colaboración entre Discos de Kirlian y Shelflife para sacar a la calle este 10" es un hito. Toda una epifanía de andar por casa.

Pero esto no habría podido ocurrir si los gallegos solo fueran un ejercicio de estilo sin canciones. Porque con solo acercarse a la melodía de Long before, al arrebato punkpop de Big Whoop o, a mi preferida, New year's day, con esos teclados tan eighties que enamoran a la primera, uno se da cuenta de por qué tienen el apoyo de dos sellos (el estadounidense ya toda una institución y el barcelonés, a pesar de ser mucho más joven, me atrevería a decir que también) que son de los que guían el camino del género.

Y después de esto, igual en el próximo disco Elena, Roberto, Antonio y Bruno se pasan al hardcore o al techno y se me viene abajo todo este alegato, pero hasta ahora solo puedo pensar que están en el camino, y que se merecen todo lo que han logrado. Manolo Domínguez

lunes, 20 de marzo de 2017

los lunes: novedades (52)

Otro adelanto de Arca
La propuesta del venezolano detrás de Arca es inquietente, cada vez más. Y los temas que están sirviendo de adelanto del que será su nuevo álbum generan tal desasosiego (sublimado por el trabajo de Jesse Lanza como director de los clips) que no somos capaces de decidir si nos genera rechazo, atracción o amabas cosas. Lo que sí tenemos claro es que estamos descubriendo poco a poco uno de los discos más personales y originales de 2017. Y eso, tal y como se mueve la múscia, ya es mucho que decir:





Nuevo single de Night Sports
Desde el maravilloso ep Kids in Europe que no sabíamos de Caspar Book. Pero ya podemos escuchar su nuevo single, tan contagioso como de costumbre:





La vuelta de The Sound of Arrows
¡Hemos vivido lo suficiente para poder ver el regreso de los suecos The Sound of Arrows! Y han regresado con una canción con su ya característico toque cinematográfico que tiene la fuerza en su estribillo de cuerdas. Una preciosidad:

domingo, 19 de marzo de 2017

los vídeos del fin de semana (33)

El vídeo que elige Manolo: How we meet, the long version de Jens Lekman
Jens ha vuelto, y eso es siempre bueno. Además ha vuelto a entregarse al hedonismo y a fiesta, siempre dentro del prisma de alguien que lleva la melancolía a cuestas. Y nosotros bailamos sus canciones, así como quien no quiere que se le note, moviendo ligeramente las caderas mientras seguimos el ritmo con la mano:



El vídeo que elige Javi: I feel it coming de The Weeknd & Daft Punk
I feel it coming fue una de mis canciones favoritas del año pasado. Una de las dos colaboraciones en el último disco de The Weeknd con los franceses Daft Punk. Una melodía fantástica que se acompaña de los ya clásicos coros robóticos y que se plasma en video clip con coartada espacial:

jueves, 16 de marzo de 2017

black kids, rookie (2017)

Si bien la vuelta de Black Kids ha supuesto una gran sorpresa, a nadie debería sorprenderle que lo hayan hecho con semejante álbum.
Partie traumatic, su debut, ya era un gran disco, pero me atrevería a decir que con Rookie lo han superado.
Black Kids dieron la campanada en 2008 con I'm not gonna teach your boyfriend how to dance with you, canción que a la larga ha acabado jugando en su contra, canción que ha podido jugar el papel de one hit wonder. Pero en 2017 (aunque el vídeo de Obligatory drugs se colgó en youtube a finales de 2016), quién lo iba a decir, publican su segundo disco y consiguen que nos olvidemos por completo de I'm not gonna teach... gracias a la consistencia de Rookie (parecen jugar con todo esto ya desde el título). Y gracias también a los hitazos que contiene, que en esta ocasión tampoco se quedan atrás. Natural born kissers debería ser ya uno de los mayores hits que ha conocido el ser humano: una suerte de sonido Philadelphia con bien de distorsión y voz angelical que es para no parar jamás de bailar. O IFFY y su pretórico estribillo, u Obligatory drugs, rozando la fina línea de la broma para convertirse en una de las canciones chorras más contagiosas del mundo.
También a la altura se encuentran In a song, tan The Cure, y la muy ochentas Way into leather, una magnifíca forma de finalizar el disco.
Sí, nadie los esperaba ya, no sé si su vuelta era muy trascendente, pero seguro que escuchando Rookie pasas un buen rato. Javier Ruiz

Rookie se escucha en el bandcamp del grupo.

la lista de marzo: mejores escenas musicales en películas internacionales

Ayer fueron las escenas de películas españolas y hoy cerramos nuestra lista de marzo con 15 escenas musicales en películas extranjeras. La mayoría un poco obvias, pero es que nosotros somos eso, un poco así:

Breakfast at Tiffanys de Blake Edwards (1961) No por sobreexplotada deja de tener sentido esta escena. No porque buena parte de los grupos del mundo han abusado del concepto deja de ser impresionante. No, de ninguna manera.




Bande à part de Jean-Luc Goddard (1964) Las coreografías siempre funcionan. Y si son en una película de Godard protagonizada por Anna Karina más aún. Y como la escena en el Louvre no la podíamos meter en esta lista, pues no había duda (bueno sí, también estaba el baile de la propia Anna Karina en Vivre sa vie) de que esta iba a ser la elegida del cine de Godard.




Rocky de John Avildsen (1976) Todo el mundo ha subido alguna vez corriendo los cien escalones de alguna plaza con la música de la película en la cabeza, la sensación de que todos te siguen y tú sintiéndose como Rocky en ese momento, el absoluto dueño del mundo, capaz de todo en la vida. Y llegar a tu meta y saltar con los brazos en alto para gritarle a todos que lo has conseguido. Aunque bueno, en realidad yo no lo he hecho nunca.




Flashdance de Adrian Lyne (1983) Una escena que ha sido copiada hasta por Madonna, que si ya tiene fuerza de por sí, la canción de Irene Cara producida por Moroder la eleva al cielo. Una escena para desear que la cara de limón amargo vaya desapareciendo de cada uno de los jueces para que el sueño se convierta en realidad.




The Breakfast Club de John Hughes (1985) Aquí lo visual tiene mucha más fuerza que la canción escogida para acompañar el baile de los 5 chicos encerrados en el instituto, uniendo al placer de lo prohibido lo estético de un baile desordenado y desprejuiciado. Y, uniéndose a todo eso, Molly Ringwald, la chica de la que toda persona juiciosa debería haber estado enamorada al menos algún día en su vida.




Do the right thing de Spike Lee (1989) El momento exacto en el que todo estalla. El instante justo en el que se prende la llama de una mecha multirracial que está siempre al borde de la explosión. Porque no debe ser fácil vivir donde solo hay hostias de realidad cada día en cada escalera de cada vivienda de cada calle. Y, de fondo, la única y verdadera llamada a la acción de la historia del rock. Fight the power!




Reservoir dogs de Quentin Tarantino (1992) Otro de los ejemplos en los que la elección no ha sido fácil. Tarantino cuida este aspecto como nadie, por eso solo nos podemos dejar llevar por las favoritas personales, y una de ellas es este fantástico Stuck in the middle with you que sirve como telón de fondo al horror más gore. ¡Y cómo baila un joven Michael Madsen!




Trainspotting de Danny Boyle (1996) En la escena de la sobredosis de Renton la canción de Lou Reed suena esplendorosamente ambigua, aún más de lo que siempre lo ha sido. Ese poder que tiene de llevarte al paraíso y, una vez allí, susurrarte al oído que igual no es justo lo que esperabas, aquí se torna dramático. Los cuatro minutos que pasan hasta el chute de la enfermera son pura poesía. Consiguen dibujar la muerte de la forma más dulce de igual forma que la letra de Reed puede ser lo más hermoso y bello o de una melancolía insoportable según como te coja el día.




Mies vailla menneisyyttä de Aki Kaurismäki (2002) Se puede tratar de decir mucho y no contar nada o, como en este caso, sacar todas las emociones a flote de la forma más neutra y, aparentemente, desapasionada. En Un hombre sin pasado todos los personajes parecen haber perdido la capacidad de tener sentimientos o, al menos,  de exteriorizarlos; pero Kaurismäki logra, como se muestra en esta, su escena final, que esa frialdad nos llegue a nosotros con toda la fuerza que tiene lo contenido. Y cuando eso ocurre, no hay necesidad de aparentar. Ni por su parte ni por la nuestra.




Lost in translation de Sofia Coppola (2003) Vale, es Bill Murray. Y todo lo que haga Bill Murray va a misa, pero es que si encima te canta en un karaoke japonés More than this de Roxy Music, ya tiene el cielo ganado. Por muchas versiones que se hagan, esta siempre será la mejor.




(500) days of summer de Marc Webb (2009) Un pequeño indicio que conduce a un descubrimiento imperceptible. El inicio del amor: ¿There's a light that never goes out? Solo escuchamos el clásico de los Smiths a través de los auriculares de Tom (Joseph Gordon-Levitt), pero es suficiente, no hace falta más, Summer (Zooey Deschanel) también la ha oído y ya no hay marcha atrás




Moonrise kingdom de Wes Anderson (2012) Françoise Hardy y una de sus canciones más bonitas para inmortalizar el primer amor, ese que tiene más de ficción que de real. Si a mí, con doce años, me hubiesen puesto ese mismo single en un pick-up ahora no estaría casado con Amaya.




The perks of being wallflower de Stephen Shbosky (2012) De nuevo los Smiths en otra de las escenas que hemos querido destacar. En The Perks of.. vemos a Charlie (Logan Lerman) crecer, pasar de la adolescencia a lo serio, y lo hacemos, por ejemplo, con The Smiths (entre otros). En esta escena, suena la impresionante Asleep para evidenciar la apatía con la que Charlie se enfrenta en buena parte de la película



Spring Breakers de Harmony Korine (2013) Harmony Korine consigue con este escena, en la que cruza la violencia de La naranja mecánica con la fuerza del ballet de Runaway en el corto para la canción de Kanye West, reivindicar la estética de videoclip (presente durante toda la película) y cohesionar todo el discurso presente en la película con aquello que le es cercano a su público objetivo (por eso era necesario que la música fuera de una artista como Britney Spears, y no de alguien que proviniera del indie). Toda una declaración de un director que es capaz de nadar en lo underground y  el mainstream sin perder credibilidad.




Anomalisa de Charlie Kaufman y Duke Johnson (2015) Para Michael Stone la vida es pura monotonía, todo el mundo habla con la misma voz. Hasta que encuentra a Lisa, que no solo tiene la suya propia, sino que además canta como los ángeles. Lisa es fan de Cyndi Lauper porque tiene una gran voz y no le importa lo que piense la gente. Por eso, Girls just want to have fun (cantada por Jennifer Jason Leigh, que da vida al personaje) suena sincera y emocionante. Uno de los muchos momentos devastadores de Anomalisa.

miércoles, 15 de marzo de 2017

la lista de marzo: mejores escenas musicales en películas nacionales

Ya hemos dicho que nos gustan las listas ¿verdad? Pues es cierto. Nos gustan. Y por eso prometimos hace un mes que íbamos a crear una sección específica de listas, que inauguramos en febrero con nuestras canciones preferidas de lo que llevamos de siglo 21. Una forma como otra cualquiera de hacer balance y ponernos al día de todo lo disfrutado musicalmente en los últimos años.

Para marzo la cosa se nos ha complicado, porque nos hemos metido en una tarea en la que pinchamos un poco. Ninguno de nosotros es un experto en cine y, con completa seguridad, esta puede ser una de las listas más sesgadas que podamos hacer nunca. Sin embargo, nos encantan las escenas de película en las que aparecen canciones y hemos elegido, en dos tandas, nuestras preferidas, tanto de películas nacionales como internacionales. Y nos hemos puesto solo una premisa, evitar en lo posible películas musicales. Al final, 10 de aquí hoy y, mañana, otras 15 de fuera, y sin querer repetir director. Una de esas listas en las que, obviamente, no están todas las que son y, probablemente, muchos penséis que ni siquiera son las que están. Pero qué más da, si esto lo hacemos solo por divertirnos:


Bienvenido Mr. Marshall de Luis G. Berlanga (1953)
Todo un clásico del cine español. La fantástica interpretación de Lolita Sevilla dedicándole la copla Coplilla de las divisas a unos americanos que no tuvieron tiempo de disfrutarla es uno de los puntos álgidos de esta película que muestra el talento de Berlanga no solo para evitar la censura, sino especialmente para hilvanar algunas de las mejores comedias que ha tenido el cine español.




Viridiana de Luis Buñuel (1961)
La última cena con música de Händel y, de fondo, la vileza humana, capaz de joder todo lo que se le ponga a mano. Una escena tan descarnada, tan cruel y tan real, que da vértigo verla.




Abuelo Made in Spain de Pedro Lazaga (1969)
En la película protagonizada por el ya icónico Paco Martínez Soria el grupo de sus nietos no eran sino Los gritos, que interpretaban en ella dos de sus canciones más reconocidas, Reiremos, soñaremos y esta genial Veo visiones, en una discoteca con todos los ingredientes necesarios para que uno muera de amor.




Criacuervos de Carlos Saura (1976)
En esta escena está todo lo que nos enamora. Una canción mágica compuesta por José Luis Perales e interpretada por Jeanette, una Ana Torrent que hipnotiza con su mirada, un jersey de cuello vuelto igual al que yo llevaba con la edad que ella tenía cuando protagonizó la película y, en este caso, unos subtítulos en chino que le dan un punto exótico irresistible a la escena del filme de Carlos Saura.




El sur de Víctor Erice (1983)
Mateo no ha hecho la primera comunión y, además, no le gustan los pasodobles. Pero de no haber sido así yo estaría allí, con todos mis prejuicios revolviéndome la tripas, para rememorar esta escena mientras observo una sonrisa que vale mil veces más que París y que es una de las pocas cosas que, por sí mismas, justifican la existencia.




El Pico 2 de Eloy de la Iglesia (1984)
Como en el barrio, donde brillaron las navajas desde que tengo uso de razón, esta escena final de la película huele a plata quemada y sabe a polígono y a radiocassette robado. Y la interpretación de Juana Salazar de este tema compuesto por Quino Carmona expresamente para la segunda parte de la saga El Pico, es tan tremenda que tiene casi más fuerza que la pelea protagonizada por el lamentablemente fallecido Pirri, cuyas incursiones en cine y televisión no lograron sacarle de la heroína.




¡Átame! de Pedro Almodóvar (1990)
En el caso de Almodóvar, podríamos haber elegido decenas de ejemplos para esta lista. Entre todos ellos, nos hemos decantado por la escena final de ¡Átame!, donde Antonio Banderas, Victoria Abril y Loles Leon hacen el camino inverso que realizan la mayoría de personajes de las películas del manchego: van del pueblo a la ciudad. Y lo hacen cantando Resistiré del Dúo Dinámico como si de una catarsis se tratara, como respuesta a todo lo que hemos visto en pantalla las dos horas de la película. Cantar para abrir el camino. Cantar para espantar todo lo malo.




Belle Époque de Fernando Trueba (1992)
Por culpa de esta película y esta escena, yo siempre he querido estar en una fiesta de pueblo en la que los viejos se agarran cuando empieza a sonar el pasodoble. Y, a pesar de que aquí es un tango lo que suena, sentirme uno más de ellos mientras, en mi cabeza suena el himno de la república y el sueño por todo aquello que hemos perdido desde entonces.




Antártida de Manuel Huerga (1995)
En Antártida, esta película en la que Ariadna Gil vuelve a aparecer (también lo ha hecho en Belle Époque), aquí encarnando a una estrella de rock convertida en un juguete roto, nos encontramos con el regalo de ver a John Cale interpretando en directo Antarctica starts here. El problema es que en youtube solo hemos encontrado el making of de la escena, pero aquí escuchar a Cale es tan impresionante que lo damos por bueno y lloramos de emoción.




La leyenda del tiempo de Isaki Lacuesta (2006)
Makiko quiere cantar como Camarón y, por eso, viaja desde Japón a la isla donde la sal se confunde con la nieve para empaparse de todo aquello que convirtió a José Monge en lo que le hizo eterno. Pero lo que allí se encuentra es muy diferente a lo que esperaba y le entrega otras virtudes que las que ella esperaba. La realidad convertida en una conversación telefónica, que puedes ver directamente situándote en 1h35m40s o, mucho mejor, disfrutar al completo de una de las mejores películas de la historia del cine español.