miércoles, 19 de abril de 2017

joan miquel oliver, atlantis (2017)

Cuando alguien tiene una personalidad y una manera de hacer tan marcada es fácil que en su propia inercia de creación la propuesta acabe perdiendo frescura, que acabe perdiendo aire por algún lado.
Joan Miquel Oliver lleva 20 años haciendo canciones, la mayor parte del tiempo con Antònia Font y en los últimos años en solitario. Y a pesar del gran peso del grupo madre, ha sido capaz de mantener la identidad, y de alguna manera ha sabido diferenciarse de AF en cada uno de los discos que ha publicado solo. Quizás por los marcados conceptos con los que ha ido argumentando sus discos, quizás por su inventiva sin fin, Oliver sigue enfrentándose cuál trovador a la música, siendo total y único (aquí solo Toni Toledo se encarga de las baterías) responsable de lo que oímos. Y el resultado sigue siendo absolutamente igual de fresco que el primer día. No hay visos de agotamiento de la fórmula, aquí sigue corriendo el aire por todos los lados, Oliver se ha preocupado de ventilar las estancias.

Lo que sería el cuarto disco oficial bajo su nombre, Atlantis es la segunda parte de una trilogía que empezó en 2015 con el disco azul, siendo la parte terrenal (o acuática) frente al arco más etéreo de Pegasus. Todo esto se traduce en un disco más orgánico, más robusto, y en el cuál Joan Miquel Oliver sigue, al fin y al cabo, mostrándonos el lado más pecualiar y práctico de la realidad: "Cuando me voy a dormir miro un rato al techo, y me duermo, y sueño que vuelo, y tengo un total y absoluto control", canta en Nins a tobogans.
Manteniendo su encantador sonido a electrónica de dormitorio, se amplia la gama a unas canciones con las guitarras más encendidas, con más arreglos. Esto se da sobretodo en la última parte del disco, donde se ahonda en lo que Oliver denomina el leitmotiv del disco: las personas y sus cosas, y lo hace en canciones intensas y con un tono más oscuro de lo que acostumbra.
Pero es en la primera parte del disco donde nos encontramos lo que a mí me parece lo mejor de Atlantis; la triada de canciones que forman la preciosa Nins a tobogans (esta definitivamente entra a formar parte a la lista de las mejores que JM Oliver ha escrito nunca), Agricultors ingràvids, la hipnótica Incident a sa pista dos o la juguetona Rumba del temps. Canciones que sin hablar de nada en particular lo explican todo y que a mí me siguen agarrando a esta isla y llevándome a otros lugares al mismo tiempo. A otros lugares en los que el mundo todavía no se ha vuelto loco y reina la cordura. Javier Ruiz

martes, 18 de abril de 2017

gracias por estos tres meses, lena dunham

No, no llevo desde el principio viendo Girls. No sé si afortunadamente o no pero no llevo 6 años siguiendo las aventuras de Hannah/Lena. Solo llevo tres meses, pero 3 meses muy intensos: en ese tiempo he visto los más de 60 capítulos de la serie y he leído la autobiografía libre que escribió, No soy ese tipo de chica. A todos luces, 3 meses que han sido un exceso. Un exceso para una personalidad tan peculiar como la que tiene Hannah/Lena. No me quiero imaginar lo que hubiera sido vivir 6 años siguiéndola semana a semana.

Desde la última vez que hablamos, en la recta final de la serie hemos visto las despedidas de varios personajes: Ray encontrando el amor dando vueltas en un tiovivo, el éxito de Elijah, la inevitable despedida entre Hannah y Adam en un precioso 6x08 y la constatación de la realidad entre las chicas en un 6x09 definitorio: una realidad que no dejaba en muy buen lugar la amistad entre Shosh y las demás, y en uno mejor la que existe entre Hannah y Jessa. El cierre de un círculo del que Hannah/Lena siempre ha sido la máxima protagonista.

























En una serie como Girls, que por mucho que nos empeñemos, siempre ha sido una historia individual en lugar de coral (a pesar de su título), no cabía otro final que el que hemos visto. Pausado, como sin con él no fuera la cosa, solo marcado por su propio ritmo. Y es que está claro que Girls (citando a la propia Lena Dunham) no ha sido esa clase de serie. Esa clase de serie en la que el cliffhanger manda. Aquí se ha contado una evolución, un de niña a mujer, como diría aquel. Una historia común, pero contada de la manera más rara y extraña posible. O quizás hemos sido (he sido) nosotros que no la hemos entendido. En todo caso, una serie en la que se ha llegado al sobresaliente en varias ocasiones y a la inercia y la vulgaridad en muchas otras. Pero siempre manteniendo interés, que a lo largo de 62 capítulos no es poco. Javier Ruiz

lunes, 17 de abril de 2017

cosmen adelaida, dos caballos (2017)

Dos caballos no es un disco para los tiempos en los que estamos. Es un disco que necesita tiempo y dedicación. Dos cosas de las que no solemos derrochar últimamente. Pero ay si le dedicas esas dos cosas. Ay.

Algunos años después del maravilloso La foto fantasma, los madrileños regresan con cambios en la formación (regresos de los inicios y partidas: Elisa parece centrarse ya en su proyecto en solitario, Caliza, aparte de los diseños gráficos de los grupos en los que ha estado) y con un disco no tan amable como el citado. Con un sonido, no sé si deliberado o no, más sucio y con más capas, las canciones, aún manteniendo la fuerza, suenan menos evidentes. De manera inmaculada, el disco se inicia con dos de las mejores canciones que el grupo ha firmado nunca: Contra la pared y Hermanos Wright. La primera, críptica e incesante, la segunda una metáfora preciosa sobre las ganas de querer avanzar. Dos hits increíbles y alucinantes. Pero la diversión continúa y nos encontramos, por ejemplo, con las urgentes Huida (para grabarse a fuego eso de "yo creía que podía cambiar, hacerlo todo bien, hacerlo todo como dicen que hay que hacerlo, pero da igual, por más que insista no va a cambiar") o Parque Jurásico, o con la muy Smiths El final. O con las castañuelas de El futuro o con la esperanza de 2CV. Un disco con las suficientes razones para que no puedas dejar de obsesionarte con él poco a poco, para que cada vez crezca un poco más.

Un disco idóneo para perder el tiempo con él, si es que tienes de eso. Que seguro que sí, aunque vayas diciendo que no. Javier Ruiz

domingo, 16 de abril de 2017

los lunes: novedades (56)

El nuevo single de Saint Etienne
Ya conocíamos una de las canciones del nuevo disco de Saint Etienne que se publica en junio, y ahora es el turno del primer single de Home Counties, Magpie eyes. Con una melodía 100% Saint Etienne, se alejan del techno pop con el que presentaron su anterior álbum y presentan una canción más clásica y orgánica:





Single de los noruegos Young Dreams

Young Dreams publicaron su disco debut en 2013, desde entonces, han publicado algún single suelto y han realizado trabajos de producción para, por ejemplo, Sondre Lerche. Ahora publican otro single, con un ritmo envolvente y estribillo arrebatador:




El nuevo disco de Skittle Alley
Los franceses Skittle Alley regresan y publican nuevo disco, de nuevo con Discos de Kirlian y lo primero que conocemos es esta canción, más animada que de costumbre y llevada por una melodía de bajo:




Nuevo tema de C.Tangana 
Después de Siempre, el disco publicado con el colectivo Agorazein, C.Tangana vuelve a publicar en solitario, con una canción en la que parece anunciar que algo se avecina, que algo grande ha pasado. Parece que el trap no se para:




Otra canción del disco de Maria Arnal i Marcel Bagés
Aunque si algo grande se avecina, eso va a ser el disco que se publica esta misma semana de Maria Arnal i Marcel Bagés. Después de Tú que vienes a rondarme, ya podemos escuchar otra canción de este proyecto que no para de darnos alegrías:




Otro adelanto del nuevo disco de Mishima
El segundo adelanto del nuevo álbum de Mishima es una de esas canciones que el grupo borda: una canción clásica, universal, con una letra ante la que es imposible no empatizar:

viernes, 14 de abril de 2017

los vídeos del fin de semana (37)

El vídeo que elige Manolo: No estamos católicos de Faraón & Los Sarcófagos
Antes descubríamos grupos con la nadadora, pero terminamos cerrándola y ahora ya no nos enteramos de nada. Por eso hemos llegado a Faraón y los Sarcófagos ya con su segundo EP en la calle, este tringle de tres canciones unidas en un solo corte de tres minutos que hasta incluye una versión smitheriana



El vídeo que elige Javi: Baloncesto de La Prohibida
¿Nunca es tarde si la dicha es Baloncesto? 2 años después de su publicación podemos ver en imágenes esta increíble canción por la que el tiempo no pasa. Dirigidas por Salva Musté y con estética invernal, funcionan a la perfección:

jueves, 13 de abril de 2017

future islands, the far field (2017)

GRUPOS VITALES No estoy muy acostumbrado a que las cosas me vayan bien durante mucho tiempo. Sí, tengo golpes de suerte, en un momento dado parece que las cosas se me encauzan, pero tarde o temprano siempre acaban yendo a peor, siempre acaban poniéndose en su estado natural, el de la resignación. No es que sea poco optimismo, es realismo. Por eso me alucina cuando las cosas salen bien con los grupos que me gustan, porque es como si el equilibrio del universo se restableciera.

Future Islands entregaron con Singles uno de los discos más importantes de los últimos años (por los menos para mí). Su salto a la fama después de su actuación en el programa de David Letterman enamoró a medio planeta (es un decir) y desde entonces admiración eterna. Pero no es que uno esté ya predispuesto al grupo, es que ellos siguen entregando razones para que esa admiración no cese.

The Far Field es el perfecto disco con el que un grupo de éxito desearía volver: igual de bueno, igual de emocionante y manteniendo el estado de gracia en el que ha entrado el grupo. Un disco frenético, que no da descanso, que mantiene la chispa encendida a lo largo de sus 45 minutos y al que, quizás, solo le puede reprochar una cierta uniformidad en sus formas.
Aquí Future Islands parecen volver a la manera de hacer canciones que mostraron en sus primeros álbumes, pero manteniendo la fuerza del sonido de Singles, haciendo de esta combinación la piedra angular de The Far Field: un sonido vigoroso, una voz, la de Samuel T.Herring, capaz de llegar al más allá y sobretodo, unas canciones fantásticas de tecno pop que derrochan talento. Aladdin, North Star (una de sus canciones más pegadizas y abiertas de toda su discografía), Day glow fire, Black rose o Shadows (junto a Debbie Harry) son melodías que para intentar descifrar su secreto necesitas escuchar decenas y decenas de veces. No solo eso, canciones que tienen un potencial increíble, singles clarísimos que siguen el concepto de su anterior álbum.
En estas 12 canciones, Future Islands plasman imágenes e historias tan apasadionadas como sus interpretaciones, romanticismo sintético extremo, amor en tiempos de trap y tropical house. 9,00 Javier Ruiz

martes, 11 de abril de 2017

olivier schrauwen, arsène schrauwen (2015-2017)

El dibujante Olivier Schrauwen relata en esta novela gráfica, editada en castellano en 3 tomos por la editorial Fulgencio Pimentel (y entregada en una caja que es un pequeño regalo para el coleccionista), la historia del viaje que realizó su abuelo Arsène a las colonias belgas del Congo para ayudar a su primo en la megalómana tarea de levantar su proyecto arquitectónico en medio de la selva. Y, una vez allí, las vicisitudes con las que se irán encontrando le llevarán, entre otras cosas, a descubrir el amor y el sexo, y a acercarse a los límites del miedo, interior y exterior.

La novela parte de esta idea, con un aparentemente claro hilo narrativo que arranca con Arsène subiendo al barco que le llevará a su destino, pero pronto empieza a mostrar que nada va a ser convencional en su lectura, especialmente el discurrir del tiempo, que se difumina entre miedos, sueños, paranoias o estados febriles y que permiten a Oliver ensanchar a su antojo los límites del cómic, tanto en su formalidad gráfica como en lo narrativo. Y es en ese momento cuando se le exige al lector olvidar ciertos convencionalismos y entregarse sin reservas a la propuesta que el autor nos hace. No nos debe importar cuánto hay de verdad en lo que estamos leyendo. No es necesario saber si el consejo que Arsène recibe de un extraño durante su viaje en barco, y que le lleva a la más absoluta paranoia, es o no ficción; si tiene sentido cerrar con cinta aislante cada resquicio que deje la ropa a la infección por unos supuestos gusanos que sobreviven en el agua, pero tampoco es relevante. Para Arsène es algo real y nosotros debemos sentirlo de igual manera. De la misma forma en la que sobrevive su acercamiento al sexo, más idealizado en la figura de la esposa de su primo y más carnal y libidinoso en los seres mutantes que encontrarán en su viaje por la selva.



Todo lo que ocurre en los tres tomos de Arsène Schrauwen es real dentro de ellos, hasta los delirios febriles del protagonista tras enfermar, y es precisamente eso lo que hace que la historia escape de lo convencional y consiga la categoría de obra maestra. Porque Oliver, consciente de que al difuminar esas fronteras obtiene una mayor libertad creativa, se toma unas licencias en lo gráfico que hacen de cada página una nueva experiencia, diferente de la anterior. El uso del color (solo tenemos dos tramas de colores, con resultados visuales que lo acercan a la risografía), la deformación de la línea de lectura habitual (no siempre debemos ir de izquierda a derecha y de arriba abajo, e incluso no siempre vamos a encontrarnos las palabras, a menudo escondidas entre unas y otras viñetas) y los pocos convencionalismos en el dibujo (el detalle a la hora de representar a los personajes varía según nos encontremos en un espacio real, en un sueño, o dependiendo de la importancia de lo dibujado dentro de la historia...) hacen que observar el resultado sea ya una gran experiencia en sí mismo, mucho más aún cuando ves cómo se conjugan todos estos aspectos, dando ese carácter mayúsculo a la novela, inquietante, sorprendente y, sobre todo, fascinante.

Olivier ya había avisado previamente, y en Mowgli en el espejo había explorado ya terrenos cercanos, pero Arsèn Schrauwen es un paso al frente tremendo, que, como mínimo, le sitúa al dibujante entre mis autores preferidos del momento. Manolo Domínguez 

the bats, the deep set (2017)

Descubrí tarde a The Bats, con The Guilty Office (y no cuando salió), y me llevé una gran alegría cuando tuve en mis manos el vinilo de Free all monsters, hace ya seis años. Ahí encontré todos los parabienes que había leído sobre ellos que, sí, también estaban en los anteriores, pero no es lo mismo que te lo cuenten a sentirlos de primera mano. Desde entonces ha pasado el tiempo y, poco a poco, he ido acercándome más a sus discografía. Y durante un tiempo he pensado si al final he llegado a ellos justo al final de ellos. Si iba a haber o no continuación a ese disco de 2011. Pero anuncios de conciertos, reediciones, un disco en directo y ese adelanto del disco que fue Antlers antes de finalizar 2016 me iban dando pistas de que todo seguía tan normal, hasta que, al final, ha llegado The deep set. Sin embargo, una vez aquí, resulta que no lo he recibido con la misma euforia que el anterior. The Bats no parecen dispuestos a dar un paso en falso, en su nuevo álbum está la misma esencia de siempre con un sonido (serán los años y los medios) más compacto y seguro que el de sus primeros discos. Pero igual es eso, que nada ha cambiado desde entonces. Y que a mí ya no me llega con la frescura de cuando casi no les había descubierto.

Aunque esto no trata de mis sentimientos, sino de confirmar que siguen sonando elegantes, que esa esencia que me recuerda a los primeros R.E.M. permanece intacta, que cuando se mencionaban a estos y a The Go-Betweens para celebrar el debut de The Goon Sax no era en balde, y que no andan dispuestos a hacer canción mala. Y para muestra basta citar la ya mencionada Antlers, o las dos que cierra el disco, la balada Shut your eyes o Not so good, que me hacen siempre volver al principio del disco a revisar por qué no se me han clavado las canciones de este The deep set como lo hicieron años antes Simpletons, Free all monsters o When the day comes. Caprichos de la vida o que, simplemente, aquellas estaban un puntito por encima. Manolo Domínguez

domingo, 9 de abril de 2017

los lunes: novedades (55)

Nuevo single de Kate Nash 
La inglesa Kate Nash ha estrenado lo que será la primera canción del ep que publica a finales de este mismo mes. En él se incluye una de las dos canciones que publicó el año pasado (My little alien) y este pegadizo Call me. También ha empezado un proyecto de financiación para lo que será su cuarto disco. Se puede consultar aquí.




Otra nueva canción de Frank Ocean

Frank Ocean sigue presentando el programa de radio que tiene en Apple Music, donde semanalmente realiza un buen repaso a toda esa música que le inspira o, sencillamente, de la que disfruta al escucharla.  Pero, además, se está guardando una bala en cada podcast, ya que en ambos ha presentado nuevo material. Si la semana anterior fue Chanel, esta es Biking, con Jay Z y Tyler the Creator, que a Manolo le ha gustado incluso más que la anterior (Javi no anda tan entregado):




Nuevo adelanto de Potajenesis
Ya sabemos que Potajenesis será el primer álbum de Higinio Orduña y poco a poco vamos recibiendo adelantos que nos dan pistas sobre lo que nos vamos a encontrar. Toallitas desmaquillantes, también con ilustración de Consuegra Romero en el aspecto gráfico, es la última:




Discos de Kirlian parece que no tiene freno
Después del synthpop de Fragile Tom, que se publicaba la pasada semana en la edición de DDK, ahora el turno es para el avance de lo que será el álbum de Silent James, que lo tendremos el 18 de abril. Aires de pop clásico, que viajan del universo de Bacharach al de The Divine Comedy en esta Love & Magic:

los vídeos del fin de semana (36)

El vídeo que elige Javi: Tú que vienes a rondarme de Maria Arnal i Marcel Bagés
La que es una de las canciones destacadas de la temporada, ya tiene vídeo. Es un plano secuencia dirigido por Marc Sempere y Albert Lloreta Ribalta y en el que vemos a Maria Arnal interpretar esta maravilla que no deja de sorprender a lo largo de sus cuatro minutos. Un clip a la altura de la canción, sin duda:




El vídeo que elige Manolo: ¡Viva! de Los Punsetes
Ya no quedan programas musicales en televisión. Por eso el hecho de ver a Los Punsetes actuando en Late Motiv, el late show de Buenafuente para Movistar+ se ha convertido en una de las noticias de la semana. Y eso es malo, no porque actúen, sino porque no sea lo habitual:

miércoles, 5 de abril de 2017

los punsetes, ¡viva! (2017)

Los Punsetes han llegado a su quinto disco manteniendo las coordenadas de su sonido y su manera de contar las cosas. Y no es fácil, lo han logrado llegando hasta aquí en un envidiable estado de forma. Cuatro discos en los que han perfeccionado su búsqueda de la gran canción pop definitiva. Y en este quinto, lo han vuelto a hacer.
Porque si es de alabar dar giros y contínuos cambios en el sonido, también lo es no hacerlo y seguir tan lozano como en el primer día. Porque el inmovilismo también es una virtud. Que la gente se viene arriba con los cambios y aquí no hay quién duerma.
Aunque bueno, tampoco vayamos a pensar que Los Punsetes llevan haciendo la misma canción 10 años (que quizás sí, y aquí paz y después gloria). En ¡Viva! creo que llevan el concepto a su máxima expresión, consiguiendo la producción más acertada para sus canciones de toda su discografía.
Además es que me siento muy identificado con lo que cuentan: me siento identificado con el Miedo, con el pajillero en horas bajas de Presagios de partida o con la luz de esperanza de Camino. Con el desencanto cachondo en general, vaya. Y no es porque me vaya la guasa, es que me va el desencanto.
Y además (otro además, en !Viva¡ todo es derroche) es que han conseguido una secuencia de canciones a las que no se les puede poner peguita alguna. Un tiro tras otro sin apenas despegar el pie del acelerador.
10 años haciendo canciones que molan, dame la gloria que ya me busco la paz. Javier Ruiz

martes, 4 de abril de 2017

la lista de abril: mejores canciones invierno 2017

Al igual que el año pasado, repasamos las canciones que más nos han gustado con el pretexto de las estaciones, y como ya estamos en primavera, toca listar las de este invierno. Una manera como cualquier otra de destacarlas y volver a hablar de ellas.
Si el año pasado todo esto lo ilustramos con cuadros rusos, este vamos a hacerlo con cuadros de Joaquín Sorolla. Nos tomamos la licencia de hacerlo, esperando que nadie nos denuncie.
Esta maravilla se llama La Catedral de Burgos y data de 1910.































Cigarettes After Sex, Apocalypse No, no nos hemos obsesionado con esta canción, en absoluto ha sonado en nuestras casas decenas y decenas de veces. Para nada tenemos grabada a fuego su letra, ni una de sus frases "filming helicopters crashing in the ocean from way above" resuena en nuestras cabezas sin remedio.
El apocalipsis más deseado, el de la felicidad, el que ocurre entre tú y yo.

Los Planetas, Islamabad Ya lo hemos dicho todo de Islamabad y del álbum que la contiene, ZTA. Islamabad ha sido el gran golpe de gracia de Los Planetas, una de las cimas de su carrera entregada varias décadas después.

Sampha, (No one knows me) Like the piano Este año hemos visto la publicación del debut de Sampha después de múltiples colaboraciones (han seguido después de Process) y no ha defraudado. Pequeñas joyas como esta canción en la que se desnuda emocionalmente.

Joe Crepúsculo, Música para adultos Crepus ha metido varias canciones en su octavo disco que podrían pasar fácilmente por entrar entre las mejores de su discografía. Una de ellas es Música para adultos, un medio tiempo intenso de letra críptica y memorable.

Tristesse Contemporaine, Girls Como unos Blur (sí, los de Song 2) sintetizados, Tristesse Contemporaine se lanzan en este cruce entre Suicide y The White Stripes a los leones, con frialdad y valentía, saliendo existosos del envite.

Future Islands, Ran Si eres de los que se quedaron enamorados de Singles, estarás de enhorabuena por el regreso de los americanos Future Islands. Como si de una droga se tratase, nos vuelven a administrar lo que más necesitamos: canciones que emocionan, canciones para cantar a voz en grito.

The XX, I dare you El tercer disco de The XX se publicó a principios de año. Semanas antes lo presentaron en el programa americano Saturday Night Live, donde tocaron esta maravillosa canción en la que se entregan a la épica a través de la luminosidad.

Lorde, Green light Lo siento Manolo, aquí va otra ocasión en la que digo lo mucho que me gusta esta canción: una canción de las que te cambian el carácter. De las que hacen que en cuatro minutos nada importe más. Una (gran) canción pop.

Black Kids, Natural born kissers Black Kids se autopublicaron su segundo disco hace unas semanas, pero en una jugada maestra, ha sido retirado para publicarse de forma oficial en breve (entendemos que bajo un sello discográfico). En él podremos encontrar este hit sobrenatural que dan ganas de salir a cantar y bailar por toda la ciudad.

Zayn ft. Partynextdoor, Still got time Zayn se ha hecho un Drake y lo ha hecho mucho mejor que Drake en sus últimos y excesivos discos. Una etiqueta, tropical house, que sigue dando buenas canciones, que sigue ofreciendo hits instantáneos.

The Magnetic Fields, '81: How to play the synthesizer No es sencillo quedarse con solo una de las canciones de 50 song memoir, pero este cruce entre el kraut y el synthpop que es How to play the synthetisers es una de las firmes candidatas. Una declaración de principios de todo lo que fueron sus primeros discos.

You're Jovian, Pieces Como esos primerizos My bloody valentine que descubrí a destiempo, Pieces es una canción anclada en un pasado shoegaze que sigue teniendo vigencia cuando se hace así de bien. Cuando tiene vida por encima de recordar a quién.

The Jesus and Mary Chain, Always sad Al final resulta que no, que la vuelta de los JAMC no era tan innecesaria. Al menos escuchando Always Sad, más cerca de unos primerizos Primal Scream que de ellos mismos, nos vuelven a entrar las ganas de recuperarles. Porque nada puede ser como antes, claro, pero a veces gusta jugar a que sí es posible.

Los Punsetes, Camino En lo que se refiere a lo que se cuenta, Camino es una de las letras más acertadas de los madrileños. Y mira que tienen el listón alto. Una oda con muy mala hostia del inmovilismo en el que nos encontramos, entre el que yo mismo me podría encontrar. En lo que se refiere a cómo suena, uno de los puntos fuertes de ¡Viva!, una bomba de relojería a punto de explosionar.

Jens Lekman, How we met, the long version Del indiepop al indiedisco sin despeinarse. Jens Lekman consigue con How we meet, the long disco version una vuelta a los pasajes menos melancólicos con los que sacarnos a bailar como lo que somos, chicos indies que solo sabemos mover suavemente las caderas.

Vasas Flora Och Fauna, En invasiv art Canciones como esta, que nos acerca al pop finés más clásico, hacen que el olvido en el que han caído Cats on fire sea menos duro. A falta de nuevo disco, esta canción nos ha alegrado este invierno que ya parece más primavera.

Yung Beef, Pole position  Desde que se publicó aquel disco de PXXR GVNG con Sony que nos suena ya tan lejano, los miembros del colectivo no han dejado de salpicar las redes con canciones o mixtapes. Y no todo anda a la misma altura, pero Pole position nos devuelve al juguete casi roto que impresionó con Ready pa morir y se lleva la cuota trapera de esta lista.

Joan Miquel Oliver, Rumba del temps Tan pronto como esta semana se publica el nuevo disco del mallorquín, dos años justos después del fantástico Pegasus. Lo presentaba esta encantadora canción en la que nos sigue maravillando con sus ocurrencias, tan banales pero tan necesarias.

Frank Ocean, Chanel Menos vocorizado que en Blonde,  Frank Ocean ha vuelto a atacar por sorpresa con esta canción donde suena como lo que es, el mejor ejemplo de lo que es, o debería ser, el R'n'B en el siglo 21.

Chilly Gonzales & Jarvis Cocker, Salomé La música sobre la que se sostiene la obra de teatro que ha preparado Jarvis Cocker junto a Chilly González nos acerca casi más al universo Hannon que al de Pulp y, por momentos, como ocurre especialmente con esta Salomé, se queda cerca de los logros de ambos.

Kelly Lee Owens, Lucid Una nueva musa del techno, al que bastardiza a base de retazos de pop desquiciado. Lucid es el mejor ejemplo de todo lo que nos podemos encontrar en su disco de debut.

The Flaming Lips, We a famly Al final de este viaje sicotrópico nos encontramos con la voz de Miley Cyrus para redondear una de las mejores canciones de Oczy Modly. Sicodelia del siglo 21, bien entendida, y mejor gestionada para el disco aparentemente más introspectivo de los Flaming Lips.

Arca, Anoche  Si hasta ahora los discos de Arca habían sido de todo menos plácidos, los adelantos del que va a ser su próximo álbum consiguen dejarnos con una sensación de congoja que se convierte pronto en pura atracción. y de ellas, Anoche es la que tiene ese plus que la hace tan necesaria en cualquier repaso de los últimos meses de música.

Max Richter, Tuesday El último disco de Max Richter se cierra con esta magistral Tuesday, que no es ni más ni menos que la carta de suicidio dejada por Virginia Woolf a su marido, narrada por la actriz Gillian Anderson. Una canción río en la que se plasman muy diferentes tipos de emociones. Toda una experiencia. Acongojante.

Ravens, Mount Eerie Hace ya casi 15 años y yo sigo soñando con mi hermano de vez en cuando, en situaciones que pertenecen al pasado o a un presente imposible. No quiero ni pensar qué tiene que suponer despertar cada mañana para Phil Elverum.


lunes, 3 de abril de 2017

the magnetic fields, 50 song memoir (2017)

Stephin Merritt siempre ha aclarado en entrevistas que las letras de sus canciones no son autobiográficas, que se suele recrear en historias que le cuentan o en la inspiración que le aportan las horas que pasa con su libreta en los cafés. Por eso la portada refleja uno de esos instantes. Merritt aparentemente aburrido mientras a su alrededor la gente vive; Merritt buscando esa inspiración. Sin embargo, en 50 song memoir el concepto es radicalmente diferente y queda claro desde la nota que se muestra en la trasera de la caja en la que vienen los 5 lps. Esta es la autobiografía del líder de The Magnetic Fields, escrita en 50 canciones, a una por cada año desde el de su nacimiento hasta 2015.

Y, obviamente, la autobiografía de un personaje como él no puede ser monótona ni monotemática. En su segundo gran trabajo conceptual (en realidad, casi todos lo son a su manera, pero son 69 love songs y este en los que se ha explayado más en cuanto a cantidad y a los que parece que les ha dedicado más intensidad) hay no solo un repaso narrativo a su vida, sino también musical a su discografía. Porque, asumiendo que la madurez y el camino recorrido ya no le permiten volver atrás sin cicatrices ni desaprender lo aprendido, entre las 50 canciones hay un poco del todo. Del pop barroco de la época en la que la vocalista principal fue Susan Away, del Merritt entregado a los sintetizadores de buena parte de la década de los noventas y del ya más complejo en lo compositivo y técnico que surge en este siglo 21, justo a partir de 69 love songs. Y lo hace tal vez primando todo ese aprendizaje de tantos años de carrera frente a la inmediatez (que yo, particularmente, ADORO) de sus primeros discos, pero sin olvidar sus orígenes (ahí está How to play the sinthetizer como declaración de intenciones), y sin caer, nunca, en el principal defecto que hizo de Love at the Bottom of the el menos interesante de su discografía, el aburrimiento. Con la diversidad de géneros musicales que trata, siempre utilizados a su antojo y llevados a la personalidad de la banda, y la facilidad para escribir grandes canciones, los 5 discos de esta enciclopedia consiguen no hacerse pesados en casi ningún momento, aunque, es evidente, no todas rayen a la misma altura.

Así, tal vez sin llegar a la brillantez de 69 love songs, yo fácilmente me llevo más de una docena de canciones memorables (A cat called Dionysus, Judy Garland, It could have been Paradise, Hustle 76, Rock'n'roll will ruin your life, How to play the synthetizer, Weird diseases, A serious mistake, Eurodisco Trio, Ghosts of the marathon dancers, Cold-Blooded man, Never again, Surfin', Till you come back to me, Stupid tears, I wish I had pictures) y otras muchas notables, que poco a poco, escucha tras escucha, se van haciendo igual necesarias. Mucho que decir viniendo de una obra tan mastodóntica como es este álbum.

Pero donde está el gran mérito de este disco es en la gran capacidad de síntesis de Merritt, que a través de 50 letras que citan pasajes, anécdotas o circunstancias de sus 50 años, logra fabricar el mejor retrato de una personalidad compleja, esquiva, hipocondríaca y, sobre todo, lúcida, brillante e irónica. Avanzar en sus canciones es un viaje por un parque de atracciones muy particular, en el que aparecen estrellas fulgurantes (por ellas aparecen Judy Garland, Allen Ginsberg, Gainsbourg, sus grupos preferidos de Krautrock, Ang Lee...), los distintos novios de su madre, los del propio Merritt, su miedo al SIDA, al resto de las enfermedades del mundo, los clubs que frecuentaba en su juventud, sus primeros pasos musicales, su dificultad para ser sociable... todas aquellas historias que han ido, primero, forjando su personalidad y, después, dirigiendo sus pasos. No debe ser sencillo hablar de uno mismo, menos aún cuando el objetivo es entretener, y emocionar, al público con tus canciones y, de ninguna manera, si eres tan, aparentemente, retraído o asocial como a veces lo parece Stephin Merritt. Sin embargo él lo consigue, pero solo por un motivo, porque es el mejor letrista que he tenido el placer de seguir en mi vida. Y uno de los mejores compositores. Solo por eso. Manolo Domínguez

las nuevas canciones de ama: la canción de marzo

Último viernes del mes y nueva canción de Ama. Y ya van tres, Nadie más, Presentación y En la corriente. Las tres pertenecientes a enero, febrero y marzo. Tres canciones bien diferentes y que nos presentan a unos Ama versátiles y con contínuas ganas de sorprender. En esta canción de marzo, llevada por un teclado lúgubre, Ama hablan del final, del inevitable final.


Y como en las otras dos, se cuenta con un artista que realiza la parte gráfica. En esta ocasión es Cruz Larrañeta quién se encarga de la preciosa portada y el evocador clip:

                 
               

domingo, 2 de abril de 2017

los lunes: novedades (54)

Así suena Saturno
Sufjan Stevens es amigo de publicar proyectos paralelos entre disco y disco oficial dentro de su discografía. Esto ya ha empezado y ya podemos escuchar una de las canciones del álbum que se publicará en junio del viejo proyecto junto a Bryce Dessner, Nico Muhly y James McAlister. Se llama Saturn y es una maravilla electrónica de las que borda.
Y a final de este mes se publica en audio y en vídeo (en plataformas de internet, no físicamente, entendemos) Carrie & Lowell Live. Ya ha empezado la época del chorreo, ya ha empezado la época de la perdiz

 


Nueva canción de Broken Social Scene 
Siempre es un placer la vuelta de uno de los grupos más especiales de la actualidad. Su comeback es una realidad y estos días lo han presentado en directo en la televisión americana. Una canción-celebración para disfrutar sin fin:





El segundo disco de Marnie
Ya conocíamos una canción del segundo disco de Marnie (ya saben, vocalista de Ladytron), y ahora es el turno del single del disco, una canción-hit para llorar de la alegría. Y además cuenta con vídeo estrenado en la web de Playboy




Canción inédita de Jens Lekman 
Las canciones que se incluyen en Our first 100 days nacen de una causa social generada a partir de la llegada de Trump a la Casablanca y tiene como objeto defender aquellos derechos que pueden verse en entredicho con el nuevo gobierno fascista que se ha encontrado el país. Y en lo estrictamente musical bastante hay que rascar, de entre lo que nos hemos quedado con este inédito de Jens Lekman, que si bien no anda a la altura de las canciones de su nuevo disco, no deja de ser interesante para cualquier completista del sueco:




Los mapas de Wild Honey
¿La canción de la primavera? ¿El mejor estribillo del mundo? ¿El sonido del cielo?




El nuevo single de Mishima

Un nuevo álbum de los catalanes Mishima está a la vuelta de la esquina y ya podemos escuchar una canción, la que lo presenta, una muestra que los sitúa más abiertos y más pop que de costumbre:




Nueva canción de Karen Koltrane
En abril se publica el nuevo álbum de Karen koltrane, de nuevo con el sello barcelonés Foehn y, por el adelanto que ya se puede escuchar (este Onda gravitacionales) parecen dispuestos a seguir manteniendo a flote cierto espíritu shoegaze con querencia a los sintetizadores, que también les acerca al dream-pop. Ganas de tener el disco completo:

los vídeos del fin de semana (35)

El vídeo que elige Javi: Atlantis de Joan Miquel Oliver
Un nuevo vídeo de J.M. Oliver siempre es una acontecimiento. Está claro que le gusta divertirse en ellos, y en este para Atlantis, la canción titular del disco que publica esta misma semana, evidentemente lo ha hecho. Lo ha dirigido Guardas Forestales con Pedra en la dirección de arte y vestuario y Anna Hierro en las coreografías. Una genialidad, no podía ser menos:




El vídeo que elige Manolo: Maricón Zara de Planeta No
Ya ha pasado más de un año de la publicación de Odio, el disco de los chilenos Planeta No, pero aún ha habido un hueco para convertir esta Maricón Zara en un hermoso clip reivindicativo, en el que, entre pasajes de estética manga, se homenajea a Daniel Zamudio, el joven gay tristemente asesinado, convertido desde entonces en un símbolo de la lucha por la igualdad en su país (por ejemplo, Alex Anwandter se inspiró en él para su filme Nunca vas a estar solo). Un tema de synthpop de lo más pegadizo que sirve para reivindicar algo que no debería seguir necesitándose reivindicar a estas alturas mientras te entregas al baile sin fin. Todo un regalo que sigan manteniendo vivo el magnífico Odio: