lunes, 3 de abril de 2017

the magnetic fields, 50 song memoir (2017)

Stephin Merritt siempre ha aclarado en entrevistas que las letras de sus canciones no son autobiográficas, que se suele recrear en historias que le cuentan o en la inspiración que le aportan las horas que pasa con su libreta en los cafés. Por eso la portada refleja uno de esos instantes. Merritt aparentemente aburrido mientras a su alrededor la gente vive; Merritt buscando esa inspiración. Sin embargo, en 50 song memoir el concepto es radicalmente diferente y queda claro desde la nota que se muestra en la trasera de la caja en la que vienen los 5 lps. Esta es la autobiografía del líder de The Magnetic Fields, escrita en 50 canciones, a una por cada año desde el de su nacimiento hasta 2015.

Y, obviamente, la autobiografía de un personaje como él no puede ser monótona ni monotemática. En su segundo gran trabajo conceptual (en realidad, casi todos lo son a su manera, pero son 69 love songs y este en los que se ha explayado más en cuanto a cantidad y a los que parece que les ha dedicado más intensidad) hay no solo un repaso narrativo a su vida, sino también musical a su discografía. Porque, asumiendo que la madurez y el camino recorrido ya no le permiten volver atrás sin cicatrices ni desaprender lo aprendido, entre las 50 canciones hay un poco del todo. Del pop barroco de la época en la que la vocalista principal fue Susan Away, del Merritt entregado a los sintetizadores de buena parte de la década de los noventas y del ya más complejo en lo compositivo y técnico que surge en este siglo 21, justo a partir de 69 love songs. Y lo hace tal vez primando todo ese aprendizaje de tantos años de carrera frente a la inmediatez (que yo, particularmente, ADORO) de sus primeros discos, pero sin olvidar sus orígenes (ahí está How to play the sinthetizer como declaración de intenciones), y sin caer, nunca, en el principal defecto que hizo de Love at the Bottom of the el menos interesante de su discografía, el aburrimiento. Con la diversidad de géneros musicales que trata, siempre utilizados a su antojo y llevados a la personalidad de la banda, y la facilidad para escribir grandes canciones, los 5 discos de esta enciclopedia consiguen no hacerse pesados en casi ningún momento, aunque, es evidente, no todas rayen a la misma altura.

Así, tal vez sin llegar a la brillantez de 69 love songs, yo fácilmente me llevo más de una docena de canciones memorables (A cat called Dionysus, Judy Garland, It could have been Paradise, Hustle 76, Rock'n'roll will ruin your life, How to play the synthetizer, Weird diseases, A serious mistake, Eurodisco Trio, Ghosts of the marathon dancers, Cold-Blooded man, Never again, Surfin', Till you come back to me, Stupid tears, I wish I had pictures) y otras muchas notables, que poco a poco, escucha tras escucha, se van haciendo igual necesarias. Mucho que decir viniendo de una obra tan mastodóntica como es este álbum.

Pero donde está el gran mérito de este disco es en la gran capacidad de síntesis de Merritt, que a través de 50 letras que citan pasajes, anécdotas o circunstancias de sus 50 años, logra fabricar el mejor retrato de una personalidad compleja, esquiva, hipocondríaca y, sobre todo, lúcida, brillante e irónica. Avanzar en sus canciones es un viaje por un parque de atracciones muy particular, en el que aparecen estrellas fulgurantes (por ellas aparecen Judy Garland, Allen Ginsberg, Gainsbourg, sus grupos preferidos de Krautrock, Ang Lee...), los distintos novios de su madre, los del propio Merritt, su miedo al SIDA, al resto de las enfermedades del mundo, los clubs que frecuentaba en su juventud, sus primeros pasos musicales, su dificultad para ser sociable... todas aquellas historias que han ido, primero, forjando su personalidad y, después, dirigiendo sus pasos. No debe ser sencillo hablar de uno mismo, menos aún cuando el objetivo es entretener, y emocionar, al público con tus canciones y, de ninguna manera, si eres tan, aparentemente, retraído o asocial como a veces lo parece Stephin Merritt. Sin embargo él lo consigue, pero solo por un motivo, porque es el mejor letrista que he tenido el placer de seguir en mi vida. Y uno de los mejores compositores. Solo por eso. Manolo Domínguez

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