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domingo, 27 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (8 y final): los extremos que se tocan por manolo domínguez

Llegamos al final del repaso que Manolo y Jose han realizado en los últimos días a la escena sevillana. Ha sido un repaso (personalmente) detallado, intentando abarcar la escena por completo, y para los no iniciados en mucho de lo que han contado, didáctico.
Muchísimas gracias a los dos por el esfuerzo y la dedicación. 

orthodox, sentencia (2009) alone records
úrsula, hasta que la muerte nos separe (2010) foehn

Está sonando en mis auriculares la actuación de El Niño de Elche con los Voluble en Sónar 2015. 50 minutos de concierto reproducidos por youtube, donde los hermanos Pedro y Benito Jiménez se unen al ilicitano (ahora viviendo en Sevilla) para, junto a Raúl Cantizano y Pablo Peña dar una vuelta de tuerca más al flamenco con su proyecto Raverdial. Un proyecto extremo, audiovisual, que cruza fronteras como antes lo hizo Veneno, Rock Gitano, Omega o La leyenda del espacio. Quizás con menos repercusión o trascendencia, pero a mi entender no con mucha menos importancia.
El Niño de Elcheno podría considerarse estrictamente como un artista sevillano, pero su vinculación con la ciudad empieza a ser cada vez más alta, no solo en Raverdial, sino también colaborando con algunos Pony Bravo para la grabación de su último cd, Sonidos del Extremo o publicando en Knockturne records (el sello donde nos encontramos con otro sevillano adoptivo, David Cordero) la segunda parte de Sí a Miguel Hernández junto a Seidagasa. Este proyecto, que espero tener la suerte de poder ver más pronto que tarde en directo u, ojalá, incluso plasmado en forma de álbum, es un ejemplo de cómo en Sevilla también se ha trabajado desde los márgenes, incluso traspasándolos, de lo académico o establecido.



Otro es el de Orthodox. que en su tercer álbum (sentencia) se olvidó de su querencia por el doom metal y se marcó un experimento free jazz empapado de música procesional que se convirtió, al menos para mí, en un indiscutible hito de la música sevillana. Un disco que mira mucho más a las raíces de lo que parece en primera instancia y que está empapado, no de la evidente referencia de la madrugá y todo lo que acarrea de tópico, sino de noches y noches con las bandas procesionales ensayando para lucirse en la semana santa sevillana mientras sus miembros beben litronas y fuman porros en los parques de la ciudad. De todo eso que es la Sevilla de verdad por encima de la de las postales, enmarcado en el halo de sacro misticismo que el grupo ha convertido en marca identificativa.



Y también hay que enmarcar el trabajo de David Cordero con Úrsula, la banda que se formó en San Fernando pero que lleva ya unos años afincada en Sevilla, y que ha ido alcanzando una madurez increíble con el paso de los años, reflejado especialmente en Hasta que la soledad nos separe, el lp que publicara en 2010 acompañado entonces por Cristina Gámez y, otro fijo de la escena local, Juan Luis Castro (trisfe, tannhäuser, sundae, devil town). Este lp de solo seis temas, editado en el barcelonés sello foehn, supuso el salto definitivo del proyecto hacia lo instrumental, dejando de lado en el camino no solo la voz, sino también el ritmo, para lograr situarse en un espacio entre la electrónica experimental y la música contemporánea donde las texturas van marcando el camino. Un disco donde todo se mimó, desde el diseño artístico (a cargo de Cristo Ramírez) hasta la masterización (responsabilidad de Rafael Anton Irisarri, de la influyente banda The Sight Below), para dar con la obra referencial que definitivamente es.

Hasta que la soledad nos separe no baja de calidad en los poco más de 30 minutos que dura, pero a mí me conmueve especialmente con la pareja Insomnio de Verano/Reflexiones Permanentes, donde el piano te guía a través de un bosque en blanco en negro hacia un destino nuevo, inhóspito, que podría ser el final decepcionante que titula al último corte. pero que en realidad es todo lo contrario, una catarsis de la que, cinco años después, aún no nos hemos recuperado.

viernes, 25 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (7): el hip hop en sevilla por joselito ramone

Mala Rodríguez, lujo ibérico (2000) superego
Tote King, Un tipo cualquiera (2006) BOA


Nacer a finales de los ochenta,  criarte en los 90 y pasar tu adolescencia en los dosmiles en el barrio de la Macarena te enseña dos cosas muy importantes si tienes los ojos y los oídos abiertos: que la banda de la Centuria Macarena va a ser tu banda sonora obligatoria casi a diario y que a dos calles de la tuya se está gestando uno de los movimientos más interesantes de la música española de los últimos tiempo. Porque sí, en La Jota estaban Violadores, en El Prat estaba Mucho Muchacho, pero en la Macarena teníamos a los verdaderos reyes del rap, ambos con su corona: Ella la lleva tatuada en el brazo y él la lleva en su nombre. Mala Rodríguez y Tote King.

Corría el año 2000 y yo no tenía aún en casa un ordenador de esos que se supone que iban a explotar con el citado efecto, lo que si explotó es mi cabeza cuando me pasaron una cinta de cassette (En casa por entonces había pocos cd’s debido al precio) que tenía dos canciones de algo que yo no había oído nunca, tenía 12 años y Toma la traca y, sobre todo, Tengo un trato. Dos temas que eran la antesala del disco que más veces he escuchado y posiblemente el disco que señalaría si tuviese que quedarme con solo uno.
Se ha escrito de todo acerca de él y es que Mala Rodríguez tenía claro desde un principio que las fronteras sirven para mezclar cosas y no para separarlas y que los corsés se los pone ella en el escenario, pero su música tiene que volar libre y así ocurre en este disco. Cortes tan dispares como Tengo un trato, Con los ojos de engañá, El gallo, La cocinera o A jierro van creando un paisaje que definía a la perfección ese barrio que es la Macarena, tan lleno de contrastes, de vida, de personajes y de, por qué no decirlo, mucho arte. Así, a bordo de las producciones de Jotamayúscula y Supernafamacho, Mala Rodríguez se encarga de poner patas arribas un género en el que los puristas son a veces más puristas que los del flamenco, estilo musical que inspira no solo algunos temas, si no también esa manera que tiene María de decir las cosas.

Algunos críticos lo han tildado de irregular, de no ofrecer una línea continua, pero para mí gusto no sobra nada y tampoco falta. Está todo en su sitio y esa línea que va tejiendo todo el hilo es la chulería y el descaro de una Mala Rodríguez que no tiene reparos en hacer lo que le apetece, que se deja llevar por caminos nunca transitados saliendo victoriosa, plantando su bandera y su grito en cada esquina inexplorada de nuestro panorama musical. Y haciendo por primera vez que el éxito comercial llegase al hip hop en español, curiosamente con el disco quizás menos ortodoxo de la historia del género en nuestro país.
Luego vendrían Alevosía, con un deje oscuro y premeditado que yo en su momento no entendí (buscaba una continuación del Lujo Ibérico) y que ahora me resulta imprescindible; Malamarismo, que la consagró como una estrella a nivel internacional; Dirty Bailarina donde se arriesga quizás más que nunca y Bruja, disco que desde que salió no he podido dejar de escuchar. Si hubiese nacido en EEUU a día de hoy sería ya una leyenda, una estrella reconocida a lo largo y ancho del mundo, pero María nació en Jerez (porque en su pueblo no había hospital) y se crió en Sevilla y esa es la razón por la que tiene una carrera intachable, cosa que pocos músicos pueden decir, porque Mala Rodríguez ha sabido entender el hip hop como nadie y empaparlo del barrio, de esa Sevilla que es incomoda y bonita a partes iguales.


Y otro experto en mostrar esa Sevilla incomoda nació a dos calles de Mala Rodríguez. A día de hoy Alcántara 7 es una visita obligada para los amantes de la música que vienen a Sevilla. Tote King ha tenido siempre muy claro lo que quería y que si eso que quería antes se contradice con lo que quiere ahora, no tiene reparos en aceptarlo, mostrarlo y hacerse fuerte en eso.  Tras firmar un primer disco a medias con su hermano Shotta: Tu madre es una foca, un disco con temas como Lider del papel o Bloc de espiral que a día de hoy siguen siendo himnos, Tote se lanzó con su primer trabajo en solitario: Música para enfermos en el que nos enseñó como el hip hop no sólo era hablar de lo bueno que es uno o lo que tiene, si no que nos enseñó ( y yo personalmente le debo mucho) que ser un tío normal estaba muy bien, que echarle huevos a la vida era ponerte las pilas y estudiar y hacer lo que te gusta y no partirte la cara con un tío en una discoteca, nos enseñó que las letras del hip hop podían estar plagadas de referencias literarias, cinematográficas y musicales. Y así llegó el disco que lo convirtió en una leyenda viva: Un tipo cualquiera.

Un disco donde Tote se encierra en sí mismo y nos muestra su parte más sensible, sus miedos, sus agobios pero también su rabia contra aquellas cosas que le parecen injustas, todo esto aliñado con una colección sublime de sampleos de rock clásico que le abrió las orejas a más de uno de los talibanes del bombo y caja. Otro ejercicio que hizo que el hip hop encontrara nuevos caminos hacia los que expandirse, nuevas formas, nuevos estilos, sin abandonar el rap más clásico de los 90. Algunos entendidos quizás me tiren piedras por esto, pero al igual que Nueva York pasea con orgullo el Illmatic, Sevilla pasea con el mismo o más Un tipo cualquiera.
Temas como Merece la pena (mi favorito de Tote King), Cuatro minutos te escupo, El primer día del resto de tu vida o Bumm!! (Yo soy el Toterreno) hacen de este disco una de las catedrales del hip hop patrio. No le hicieron falta colaboraciones, no le hizo falta una portada especialmente ostentosa, no le hizo falta más que un Big Hozone en estado de gracia y hacer lo que sabe hacer mejor que nadie: rapear una letras dignas de cualquier escritor consagrado que se precie.

Luego vendrían T.O.T.E, El lado oscuro de Gandhi y El tratamiento regio, pero Un tipo cualquiera es ese disco perfecto que todo genio tiene en su carrera, porque por mucho que él lo afirme, no, no es un tipo cualquiera. Es un genio.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (6): un nuevo rock andaluz en dos episodios por manolo domínguez

no me pises que llevo chanclas, no me pises que llevo chanclas (1989) Mano Negra Records
pony bravo, de palmas y cacería (2013) el rancho discos


Para entender el fenómeno que se generó con el primer lp de no me pises que llevo chanclas había que haber estado en el concierto que se celebró en el parque de los principes en la presentación del disco. Allí no se cabía, ni se escuchaba, ni se veía nada. Te enterabas de qué canción estaban tocando gracias a la gente que coreaba cada tema como si les fuera la vida en ello. Y eran (éramos) tantos que cuando el grupo empezaba con las calles de chicago en las últimas filas aún se cantaba ¿Y tú de quién eres? Cuando terminaban cada canción los aplausos llegaban como la ola de los campos de fútbol.

Aquello se convirtió pronto en una celebración más que en un concierto, porque solo las primeras filas lograron escuchar al grupo. Y nosotros estábamos allí, con nuestras litronas, esperando a que empezara bolillón para gritar a los siete vientos mientras bailábamos ska que nosotros éramos uno más de ellos, que sin encontrarnos a ningún moro por el barrio de santa cruz, también íbamos regular.

Los Chanclas triunfaron en toda España, gracias a los 40 o a quien fuera, pero en Sevilla superaron todas las expectativas con un lp editado en un sello local que jamás podría imaginar la repercusión que iban a conseguir. Nadie escapó al síndrome. No había ventana por la que no se escuchara el bolillón o cualquier otro de los temas del maxigrupo llegado de Los Palacios. Un disco que, además (y al contrario que la vergonzante réplica rockera que le surgió con los Mojinos eskozíos), tenía dónde rascar, con una a veces excesiva falta de prejuicios a la hora de recoger influencias y un humor que en general superaba lo digno. Las calles de Chicago era un tema de rock inclasificable, ¿Y tú de quién eres? tiene más de Berlanga que de Martínez Soria, Tengo una tasquita en Triana y A problemas sin remedio son historias de auténticos superhéroes de barrio, y Bolillón es un hit incontestable en clave de ska. Solo flojean descaradamente con el Blues del gorrión, demasiado insulso en comparación con el resto del disco. El debut del Agropop contaba también con la frescura de quien no tenía la presión de ser más chistoso, más ocurrente, y más accesible que lo ya mostrado, y por eso queda como ese ratito de gloria de alguien a quien no se había invitado. Un disco que sobrevive al fenómeno.



Lo de Pony Bravo es distinto, más serio, más fácilmente defendible. Las referencias son más complejas. Se puede nombrar a Talking Heads o Neu! y no pinchar y su humor es más sarcástico, más inteligente. Pero algo hay de aquella forma de concebir el pop desde lo andaluz, de no ocultar el acento al cantar ni la geografía al componer. Pony Bravo son la versión ilustrada de aquel disco y, como tal, no ha alcanzado las cotas de popularidad que tuvieron los Begines y compañía. Se quedan en ese terreno intermedio en el que, desde la autogestión, han logrado la suficiente repercusión como para ser uno de grupos independientes del sur de nuestro país más sólidos.

Y de sus tres álbumes yo me quedo con el tercero, De palmas y cacería, en el que expanden su sonido hacia lo tropical, el rap o el synthpop sumando mucho más que restando, siendo más Pony bravo que nunca. Temas no le faltan, mi DNI, Ibitza, Turista ven a Sevilla, El político neoliberal... todo son aciertos en un lp sensacional que, como guinda, cuenta con un artwork (obra de ) demoledor, con una ironía y brillantez que no la encuentras en todo el panorama musical nacional.

Si montásemos un imaginario podio del pop sevillano, en estos momentos y con la Mala Rodríguez afincada en Madrid, creo que no habría quien se atreva a desbancarles de lo más alto.

martes, 22 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (5): el indie local por manolo domínguez y joselito ramone

Amphetamine Discharge, Rotaflex(1994) Roto Records
Pequeñas cosas furiosas, Frión (1994) Acuarela Records
Sr.Chinarro, El porqué de mis peinados (1997) Acuarela Records
Blacanova, Blacanova (2010) Foehn Records

Mi primer contacto con la escena indie noventera de la ciudad no estuvo en ningún concierto del colectivo karma, sino en el concurso de rock organizado por cartuja'93 (la gestora que se encargó de dar vida al recinto tras la exposición universal del 92) que finalmente ganaran Rhinozeros. Allí descubrí entre otros grupos a estos y a Sr. Chinarro y me perdí, por no ir solo, a Amphetamine Discharge, la banda que empezaba a despuntar en radio 3 con su primera maqueta. El sonido nirvanero de Rhinozeros me convenció rápido, la oscuridad a lo the cure de Luque y compañía me cautivó irremisiblemente, y a la banda de Aurora López la fui descubriendo al poco tiempo, por las canciones de la demo que aún sigue en casa y por la fuerza escénica de los conciertos a los que pronto asistí. De ellos recuerdo uno que sirvió de punto de partida de algo que quiso emular al colectivo karma y se quedó en mucho menos. En marzo de 1994 cinco grupos locales, con Reincidentes como estrella invitada, presentaban el colectivo Zona Saturada en un minifestival que serviría para la grabación de un lp en directo. Se trataban de Desahogados, Destripador Daniels, Malfario, Rhinozeros y Amphetamine Discharge.


El disco tardó mucho en ver la luz, y creo recordar que incluso hubo un dvd de lo ocurrido aquella noche, pero yo no tengo ninguno de ellos; lo que sí que guardo a buen recaudo es mi segunda copia (la primera se perdió en el robo del coche de un amigo) del primer cd de los de Bollullos de la Mitación, Rotaflex, publicado por Roto Records. Ahí estaban casi todas las canciones de la maqueta, lideradas por el hit Old & Young, junto a algunos otros trallazos de noise-pop, que hizo del disco uno de mis álbumes de cabecera (junto a los debuts de planetas, inquilino comunista, penelope trip o lord sickness) de algo que yo empezaba a descubrir simultáneamente en la escena española e internacional (por poner un ejemplo, mi primer cd de sonic youth fue dirty).

También contemporáneos fueron los primeros singles de acuarela, con Sr. Chinarro y Pequeñas cosas furiosas de protagonistas, que también siguen siendo, hoy en día, discos imprescindibles para entender qué ocurría en nuestra ciudad en aquellos años del noise-pop. Ahí están por un lado los primeros pasos de Luque ya fuera de la compañía Karma, y por otro, escondido como una mariposa que se confunde con el tronco de un árbol, uno de esos momentos de magia casi anónima que se materializa en Yermo, una de las canciones más emocionantes de todo el indie nacional. Algunas pequeñas piedras de un edificio que jamás se terminó de construir, pero que no han quedado solas. manolo



Tras toda esta vorágine creativa que se movía más por descargas aleatorias que siguiendo un plan trazado aparecería un disco sin el que mi educación musical quedaría coja, le faltaría algo, y eso que llegué a él casi que 10 años tarde, pero  bueno: nunca es tarde si la dicha es buena, y aquí la dicha era buenísima porque ese disco no era otro que aquel con el mejor título del pop español “El porqué de mis peinados” al que se le perdona hasta la falta de ortografía que se cometió en la portada.

Un disco que desde el título era enigmático, te invitaba a jugar, a tratar de adivinar qué es lo que había detrás de aquella portada tan sugerente y detrás de esos títulos que se sucedían como una serie de pistas tras las cuales podrías adivinar cuál era ese porqué de sus peinados. O quizás acabar más confuso de lo que empezaste. Lo que era seguro es que no te quedas indiferente después de escuchar este disco, notas como que algo hace crac en tu interior y no vuelves a ser el mismo.

Yo recuerdo perfectamente escuchar este disco en las navidades de 2007, era el año que había entrado en la universidad y, tras la decepción que supuso que aquello no fuera aquel nido de cultura y efervescencia creativa que yo soñé, me dedicaba –además de a estudiar- a consumir música como un loco, me pasaba tardes enteras leyendo  blogs musicales y la recién descubierta Rockdelux para encontrar nuevos discos que me saciaran. Uno de estos discos fue este que nos ocupa de Sr Chinarro, y una vez que lo puse por primera vez no podía parar de escucharlo, así que fui corriendo a Fnac a comprarlo en CD y mi sorpresa fue que andaba descatalogado, ese día aprendí que las cosas con Chinarro son así: una de cal y otra de arena.

A nivel musical el shock fue enorme: era un Kiko Veneno en su mejor estado de forma con The Cure tocando detrás. Imposible que fuese malo. Pocos discos he desgranado tanto como este, me lo ponía con los auriculares y me dedicaba a investigar cada sonido, cada nota, cada arreglo y jamás conseguí encontrarme un pero. Todo suena en su sitio: las melodías son redondas, los arreglos sirven para arroparlas aún más, los coros son ese apoyo necesario y Luque canta mejor que nunca. En lo que respecta a las letras no podemos bajar de la matrícula de honor, esos giros costumbristas, esos juegos de palabras, esas continuas referencias, esas elegantes pero a la vez socarronas rimas son un lujo para el oyente. No nos queda más que dar las gracias por un disco así, porque es un auténtico regalo para aquellos que apreciamos la belleza.

Perfecto, Sr Luque: demostraste que sabías disparar.


Para cerrar este capítulo dedicado al indie no podíamos acabar con otro grupo que no fuera Blacanova. Los descubrí con la publicación de sus Ep’s Monja, Perro y Madre, pero con fue con su debut cuando caí rendido a sus pies. Por entonces estaba en una etapa un poco rara de mi vida y no era la alegría de la huerta que se diga, así que un disco como Blacanova me venía perfecto, me sentía como ese niño insecto de la portada: extraño, pero puede que hasta cómodo en mi situación. Aunque después hayan publicado dos discos más: ¿Cómo ve el mundo un caballo? y Regiones devastadas, ambos también con portadas y sonido sobresalientes, este primer disco aún sigue teniendo para mí algo especial y es que la primera vez que lo puse y sonó ese “Ha vuelto a ocurrir pero esta toma es aún mejor” sabía que me encontraba con un disco hecho a mi medida.

Las letras jugaban a crear un paraíso artificial, un decorado de cine en el que cabían ensoñaciones, delirios y pensamientos enfermizos que en las voces perfectamente empastadas de Armando e Inés tenían su caldo de cultivo perfecto para crecer en el interior de cada uno de los oyentes e introducirte de lleno en ese universo tan extraño y placentero que es Blacanova. En cuanto a la música tenía todo aquello que me gustaba, era como una receta extraña donde el pop, el shoegaze, las atmósferas oscuras y las guitarras luminosas se unían creando un todo en el que nada sobra, una fórmula magistral de esas que se hacían (o hacen) en las farmacias.

Porque quizás Blacanova, que desde un primer momento jugó a retorcer el apellido de la icónica Olga Baklánova, no sean más que unos alquimistas modernos del sonido y de ser así, créanme: tienen la fórmula perfecta. joselito

domingo, 20 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (4): los años ochenta en sevilla por manolo domínguez

Dulce Venganza, Sadomasodiscoshow (1984) DRO
Tiernos mancebos, Tiernos mancebos (1987) polydor
 Silvio y sacramento, Fantasía occidental (1988) mano negra records

Los ochentas fueron mi incursión en la música, de forma un poco extraña. Por un lado estaban los dictados de los 40 principales, mi biblia del momento, y por otro las cintas que mi padre me grababa de la discoteca de un compañero de trabajo que incluían a Zombies, Pegamoides, Aviador Dro o Siniestro total. Una mezcla de lo más sana para un chaval de 10 u 11 años que aún no tenía la necesidad de definirse de ninguna manera. Lo que no recuerdo es por cuál de las dos vías me llegó esa canción que hablaba de matar a una chica y que tenía, además, un hipopótamo en la bañera como cara B. Ese primer single de los sevillanos Dulce Venganza se convirtió en mi habitación en el éxito mundial que merecía.

Y poco después llegó Sadomasodiscoshow, un maxi que se abre de lo más funky, con los dos temas más acertados del lote, y se va haciendo más sucio y guitarrero hasta terminar con Dunas, que se queda cerca del sonido oscuro que por entonces dictaban gente como Gabinete Caligari o Parálisis Permanente. Son 5 canciones que muestran claramente las señas de toda la carrera de la banda de Benito Peinado. Letras entre lo cómico y lo absurdo y una libertad musical aplastante, que le llevó a saltar de un género a otro sin red de seguridad, acertando a veces y fallando en otras.

El hecho de quedarme con este Maxi en vez de con su disco posterior de 1989, Hippy Hop, donde abraza el rap más guitarrero (amo el dinero) con el pop y los estribillos desarmantes (caramelos envenenados), es única y exclusivamente por una canción, Tú y yo, que mezcla el funk con lo tropical y se postula como uno de esos himnos olvidados de la década. Un hito que suena hoy incluso más actual que entonces.



Tiernos mancebos llegaron para mí unos años después, en 1987, con un sonido cercano al pop más sixtie y una acertada imagen mod que no pasaba desapercibida. Además lo hacían con un single (cada vez que ocurre) incontestable y un falsete, ese que gritaba ¡que vuelva la luz!, que se pegaba como supergen. Y tenían un disco cargado de grandes canciones (a quién vas a quejarte, el esclavo o la ya esclarecedora Sevilla indómita) y una portada maravillosa, con una fotografía de los miembros de la banda sentados en un banco del parque coloreada a lo ouka leele. Quizás el hecho de que para entonces la movida anduviese ya deshaciéndose como el bajo imperio romano y que la escena se encontrase en un extraño impasse hizo que el disco quedase ahí perdido en medio de la nada, pero tanto este lp como, en menor medida, el debut de las balas (banda surgida de los restos de tiernos mancebos) son ejemplos, como los de Helio, Dogo y Mercenarios, Círculo Vicioso o Baldomero Torre y sus cuchillos afilados, de lo que fue la sevilla de los ochenta. Una escena que tuvo, como siempre, su mayor handicap en la descentralidad territorial frente a Madrid o Barcelona.



Pero si por entonces había un ídolo local, y un disco mítico, esos son Silvio y Fantasía occidental. Aquí sobra decir nada. Sureños es historia del pop nacional, Chorla destila rock y whisky a raudales y La pura concepción y Rezaré son dos himnos a la imagen de la virgen y la semana santa que hacen sentirse capillita hasta al más agnóstico. Y Betis, esa canción que traspasa el concepto de versión para hacerse propia. Jamás olvidaré el concierto que Scorpions dieron en el pabellón de Alemania de la Expo'92 por el momento en que, cuando la banda de las baladas cursis empezó a interpretar su versión del His latest flame de Elvis, todo el público comenzó a cantar la canción con la letra de Silvio, dejando claro que en Sevilla, si hay un rey, ese siempre fue y será Silvio Fernández Melgarejo. Un rey que comenzó tocando la batería con Smash y fue forjándose su propia leyenda entre conciertos memorables y lamentables, y una presencia que estaba incluso por encima de sus canciones. El más grande y claro mito del pop sevillano por siempre.

jueves, 17 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (3): el rock de las tres mil por manolo domínguez

Veneno, Veneno (cbs) 1977
Pata Negra, Rock gitano (mercury) 1983
Kiko Veneno, Échate un cantecito (rca) 1992

Nacer a 500 metros de las tres mil viviendas no te asegura tener duende. Ni tan siquiera saberlo reconocer. Nacer a 500 metros de las tres mil viviendas solo te enseña a anestesiarte frente a ciertas situaciones: Ver normal que haya dos yonkis fumando plata en tu portal cuando vas a entrar a casa, comprobar que la cabina de teléfono está siempre ocupada por algún poliadicto y acostumbrarte al trasiego de compradores, de ida camino del centro para reunir el dinero suficiente y de vuelta después a recoger su dosis diaria. Tampoco te ayuda a conocer mejor el hervidero cultural que Kiko Veneno sí encontró entre fogatas y que Ricardo Pachón después plasmó en algunos de los discos más importantes de la música española del siglo XX. Al menos a mí, que todo esto me llegó a través de la radio y la prensa escrita. Lo tenía a 5 minutos andando de casa y me lo tuvieron que mostrar desde fuera.



El primer recuerdo que tengo de Kiko Veneno es una canción a dúo con Martirio que hablaba de tirarse los tiestos a la cabeza. Yo tendría para entonces unos 10 u 11 años y me enganché a eso del uéuéué y lo de si tú no fueras tan americano yo no sería tan ruso (supongo que sin entender qué significaba). Sin embargo nunca tuve la canción en formato físico y ahí quedó la cosa hasta que años después apareció un disco con una versión de una canción de Paco Ibáñez que siempre sonaba en casa. El lp era el pueblo guapeao y la canción Palabras de Julia.

A partir de ahí me fui enterando de que Veneno era la unión de Kiko con los hermanos Amador, y que ese no era su primer disco juntos, sino que la magia ya apareció diez años antes con un álbum maldito titulado como el propio proyecto. Lo conseguí, lo escuché y, excepto por el hit indiscutible que es los delincuentes, me pareció demasiado extraño y difícil para mí.

Sobre pata Negra no tengo claro cuando les escuché por primera vez, quizás por el consejo de un amigo que no dejaba de repetirme las bondades del Blues de la frontera (más de una vez me decía que en Radio Aljarafe lo tenían como disco de la década de los ochenta) o por verles tocando en una terraza en la película Bajarse al moro. Probablemente antes, porque los managers o patapalo son canciones clavadas desde mi adolescencia, pero no fue hasta unos años después que terminé de entrar en ese universo infinito de arte, inspiración y (sí) locura. Quizás fuera mi reticencia primera a todo lo que oliera a flamenco, quizás mi inmersión en los sonidos anglosajones de Smiths, Housemartins y derivados, pero no terminaba de aceptar que parte del mejor pop español se estaba haciendo, como quien dice, en mi mismo barrio.



Ahora ambos son dos grupos de cabecera. Veneno es un lp que destila arte y anarquía, y toda la discografía de Pata Negra hasta que Raimundo y Rafael se separaron es incontestable, aunque yo me quedo con su época más macarra, la de sus dos primeros discos donde aún estaba todo por pulir y el gitaneo se mezclaba con el rock de forma más salvaje y menos académica. El Blues de la frontera puede ser más perfecto, más medido, más irrefutable, pero el duende, a mi entender, está en Rock Gitano y Veneno, dos discos que huelen a cerdo asándose en una fogata en las vegas mientras la familia Amador baila bulerías alrededor con las guitarras sonando toda la noche. Ya puede ser en el descaro de La muchachita, el humor socarrón de El tardón o Los delincuentes, el arte gitano con mayúsculas de Badajoz o Compañero del alma o la experimentación física y química de No pido mucho, Aparta el corazón de las mangueras y buen parte del disco de la piedra de hachís en la portada, tanto juntos como por separado, los Amador y Kiko Veneno han firmado una parte muy importante (¿la más?) de la música hecha en nuestro país.

Después, con échate un cantecito todo resultó más sencillo porque Kiko así lo quiso. El disco más accesible del sevillano prestao fue superventas en nuestro país y le elevó a un altar que igual no le correspondía según directrices del mercado pero que sí se merecía. No siempre (en realidad muy pocas veces) el éxito suele ir acompañado en nuestro país con la calidad, pero con este disco no cabía duda de que sí era así. Todas sus canciones son éxitos absolutos, juntas reflejan ese universo de superhéroes de barrio que son las calles de Sevilla y, por extensión, de cualquier ciudad de nuestro país. Desde ese Lobo López de mechón blanco hasta el Joselito de voz de oro todo en el disco se describe con una ternura especial, tan especial que es imposible no caer rendido al cantecito de Kiko. Un disco que une el flamenco con el resto del mundo y, especialmente con los sonidos que le llegaban de África, para hacerse universal e irrepetible.

Historias, todas, que se forjaron tan lejos y tan cerca de casa, pero que yo solo he sabido descubrir desde el dial en mi habitación, ajeno a lo que bullía en ese barrio que no se podía pisar por decreto legal y que estaba a solo dos calles de la nuestra.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (2): rozando los límites del flamenco por manolo domínguez

Bambino, Hablemos del amor (1973) columbia
María Jiménez, María Jiménez (1976) movieplay
Remedios Amaya, Luna nueva (1983) CFE


Que mi padre, aficionado al flamenco más puro, aceptara la fusión de Remedios Amaya en su disco Luna Nueva, junto a su participación en Eurovisión, no entraba dentro de lo esperable. Sin embargo ocurrió, y ese 23 de Abril de 1983 nos sentamos toda la familia delante del televisor. Yo con mi cuaderno y mi bolígrafo para ir anotando las puntuaciones de España en el festival, y mi padre con la esperanza de que el flamenco, con bases electrónicas o sin ellas, se entendiera fuera de nuestro país y nuestro entorno más reducido. Cuando llegó el turno de España mi madre fue la primera en darse cuenta: "Va descalza". Y a mí eso me fascinó. Se puede ir descalzo en un escenario, y Remedios lo estaba haciendo. Yo quedé fascinado con todo, el tema y esa puesta en escena que andaba tan lejos de lo que yo solía escuchar a esa edad.

La actuación la conocemos todos y el resultado final también. Tras las interpretaciones fueron pasando las votaciones de todos los países y ninguno dejó nada para el nuestro. Finalizó el festival, nos habíamos quedado con cero puntos y yo con el cuaderno sin estrenar. No lo podía entender, no estaba preparado para un fracaso que, a la postre, hizo más grande a Remedios Amaya.

Después llegó su retiro y la vuelta posterior en 1996, pero aquel disco de 1983, Luna Nueva, donde se mezcló el flamenco con los sintetizadores que estaban copando buena parte de la música más moderna de nuestro país, quedó como ese extraño hito incomprendido en el que una cantaora tradicional como Remedios Amaya se dejó convencer para traspasar esa frontera que solo se le permite a unos pocos.




Otros que lo han hecho desde sus orígenes, y de forma mucho más natural, han sido Bambino y María Jiménez. El primero siempre coqueteó desde la rumba con otros géneros, el bolero, la música ligera y el pop, y lo sublimó en Hablemos del amor, su disco de 1973 donde hace suyos clásicos como Algo de mí, Hablemos del amor o La nave del olvido; canciones que, a pesar de haber sido interpretadas por gigantes como Camilo Sesto o Raphael, yo las siento suyas. Porque Bambino vivía sus canciones, las lloraba, las sufría y las amaba. Y yo con él desde casa, como si fuera mi amor el que pierde en la nave del olvido sin poder hacer nada por evitarlo. 

Y María Jiménez, el coño con más arte de la ciudad, ese que se embarcó en la gira de la campaña por el referéndum de Andalucia junto a Alameda, Silvio y Luzbel, Pata Negra, Manuel Gerena, Camarón o Carlos Cano casi sin tener claro qué era lo que estaba reivindicando, pero derrochando un arte y una fuerza que no dejó a nadie indiferente, y que se supo dejar guiar en un primer disco, producido por Gonzalo García Pelayo, que suena a rumba, a rock andaluz y a flamenco y huele a María Jiménez por los cuatro costados. Un disco donde se atrevieron a llevar su terreno un tema tan bello como Canción de amor número 2 de Amancio Prada, o el Gracias a la vida de Violeta Parra, que aquí parece andaluz por los cuatro costados, que desarma con Me muero, me muero, y se cierra con los teclados progresivos que acompañan a la Noche de lamento triste que completa un lp rotundo, mágico y visceral, como lo es ella.

Y me duele dejar fuera a dos cantaoras mayúsculas, las hermanas Fernanda y Bernarda de Utrera, que también coquetearon con esa frontera entre el flamenco y "lo demás", pero que siempre fueron más de canciones que de discos y que, sinceramente, se me escapan al ser mucho más puristas de un género del que solo me atrevería a decir que estoy aún en los primeros pasos. Un género que de tan grande merecería un especial propio, y que obviamente escribiera otro.

lunes, 14 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (1): orígenes y rock andaluz por joselito ramone

Smash, Glorieta de los lotos (1970) philips
Triana, El Patio (1975) movieplay
Lole y Manuel, Nuevo día (1975) movieplay


Antes de empezar a escribir este texto he estado rebuscando en el cajón del mueble del salón donde se encuentran –ligeramente olvidadas- las cintas de cassette. Y digo ligeramente porque de vez en cuando me gusta ver las cintas, originales y piratas de los Smiths, los Doors, Bob Marley, REM, El último de la fila, Franco Batiatto, Isabel Pantoja, No me pises que llevo chanclas… Cintas sin las que no entiendo mi formación musical. Y de entre ellas una que siempre ha permanecido en mi memoria, quizás por ser original y tener una portada que desde pequeño me pareció mágica, hablo de Nuevo día de Lole y Manuel, disco que ha flotado siempre por mi cabeza, banda sonora inconsciente, que siempre ha estado ahí, aunque yo no deparara en ello hasta pasados bastantes años.

Recuerdo que planeando  un viaje a Granada en el que iba visitar a un amigo, que por aquel entonces trabajaba allí, cogí mi viejo Ipod nano de 8 gigas y me puse a quitar y poner discos para ver qué escuchaba durante el viaje en tren, y de entre los discos metí el Nuevo día, sentía que tenía que escucharlo prestándole atención.  Y así fue: tres horas de viaje dan para mucho, pero yo no escuché otra cosa que no fuera ese disco. La voz de Lole produjo un hechizo casi mágico, prácticamente me olvidé de todo cuanto ocurría a mi alrededor y canciones como Nuevo día, La plazuela y el tardón, Con hojas de menta o Por primera vez eran lo único que podía mantener mi atención en aquel viaje. Porque aquello, era como una primera vez y todo era nuevo: no se parecía al flamenco que yo había escuchado con anterioridad y sin embargo lo llevaba escuchando desde pequeño, estaba claro que era un disco único, de esos que se instalan en tu vida y te siguen acompañando en cada paso que das.

Al bajar del tren mi amigo me estaba esperando en el andén así que apagué el Ipod y se rompió el hechizo, pero el efecto ha permanecido para siempre, no puedo evitar escuchar este disco sin emocionarme sin sentir que esa poesía tan simple y bonita que encierran las letras de Manuel Molina me va atrapando en un universo de paz, amor, flores en el pelo y fraternidad absoluta con mis semejantes. Puede que el movimiento hippie naciera en los Estados Unidos, pero aquí tomó otro sentido, un sentido más puro, más real, más sureño. Aquí Todo es de color.

Y de las cintas pasamos al CD. Cuando tenía más o menos 11 años llegó a casa el primer equipo de música que reproducía CD’s lo cual a mí me pareció la revolución cultural más importante de la historia. Por aquel entonces lo más que escuchaba eran discos de Maná, Operación triunfo, Ska-P y Mala Rodríguez, una mezcla un poco extraña, sí, pero al fin y al cabo así fue mi preadolescencia musical. Tímidamente, pero con paso firme,  empezaron a aparecer discos de Triana, primero los últimos que editaron, que me resultaban más accesibles y que contenían ese hit que es Tu frialdad y así, poco a poco, fui viajando hacia atrás hasta llegar a El patio. Un disco definitivo y eso que era el primero.

He de reconocer que con 12-13 años, y más cuando los triunfitos lo ocupaban todo, un disco como El patio no resultaba fácil de entender, por suerte aquí mi padre tuvo mucho que ver, porque me explicó lo trasgresor que era mezclar esa música llamada rock progresivo (esto del rock progresivo me lo apunté y lo investigué en la Encarta) con las raíces de la música hecha en nuestro país. Para mí todo lo que sonase a trasgresión y revolución era bien acogido y si encima ese disco estaba hecho en mi ciudad mucho mejor, así que lo tomé como mío y hasta el día de hoy no he encontrado sonidos que me hagan viajar más allá que ese combo que es Abre la puerta y Sé de un lugar: melodías, arreglos, letras que me hacen sentir vivo, que me hacen sentir que aquí, en mi ciudad se hacen las cosas de otra manera, ni mejor ni peor, de otra manera. De una manera que me encanta.

La evolución natural era pasar de las cintas al cd y de este al mp3 y así lo hice yo, como supongo la mayoría de personas de mi generación y posteriores. Pues el mp3 vino acompañado de tener Internet en casa y poder descargar vía emule infinidad de discos, la piratería será mala malísima, pero a mí me ha servido para conocer cosas que de otra manera me hubiese resultado imposible.



Estando  en 1º de bachillerato, de nuevo mi padre se acercó a mi habitación y vio mi horario de clase en el que aparecían los nombres de mis profesores y profesoras, entre ellos el de Mayte Matito, que me enseñaba Lengua y literatura. Mi padre me dijo: dile a tu profesora si tiene alguna relación con Julio Matito. Mi respuesta no fue otra que: ¿y ese quién es? A partir de ahí una tarde hablándome de Smash, un grupo que yo no entendía, después de empezar a escucharlos, cómo había pasado tanto tiempo sin conocer y por qué no eran mundialmente famosos. En esa charla mi padre me enseñó recortes de periódicos sobre Smash que tenía guardados y que al día siguiente llevé al instituto para enseñárselos a Mayte, que resultó ser la hermana de Julio, otro talento que se nos fue demasiado pronto por culpa de un accidente de tráfico. Ella me siguió contando cosas de él y del grupo, me habló del documental Underground, la ciudad del arcoíris  y desde ese momento hasta el día de hoy no he podido dejar de escucharlos porque, para mí, Julio, Gualberto y Antonio son los principales responsables de que esta ciudad haya evolucionado como lo ha hecho.

domingo, 13 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano: introducción

Sevilla siempre ha sido y será periferia. No es Madrid ni Barcelona ni lo será nunca. Ni tiene la infraestructura de estas. Sin embargo, siempre ha mantenido una interesante escena musical, desde los primeros años en los que surgieron la banda Gong y, posteriormente, Smash hasta hoy día, que incluso se podría citar algún que otro sello discográfico y estudio de grabación que cuenta en su haber no solo con bandas locales sino del resto del país e internacionales, esta ciudad siempre se ha caracterizado por mantenerse en un delicado buen estado de salud. En estos más de 40 años de andadura musical podemos encontrarnos que algunos de los nombres más insignes de la música nacional, de Smash a Sr. Chinarro, de Veneno a Pony Bravo, de Silvio a La Mala, han surgido de los barrios de Sevilla, y, en su mayoría, cuentan con el denominador común de ese aire sureño que deja el flamenco, una música que se vive en sus calles y sus bares, y se respira en muchos rincones de la ciudad. Aunque no siempre ha sido así, también la influencia anglosajona ha sido fuerte, tanto aquí como en el resto del mundo. Al principio gracias a los discos que llegaban de la base americana de Morón y después con la globalización de la música, que lo impregna todo de homogeneidad. 



Con todo esto se ha ido formando una más que interesante colección de discos, canciones y grupos que nos han acompañado en nuestro aprendizaje musical de tal forma que, me atrevería a decir, casi ha tenido tanta importancia como la que llegaba de fuera. Porque, al menos yo, podría decir que no he visto ni una vez en concierto a The Cure y quince a Sr. Chinarro, nunca a Slowdive y siete a Blacanova, cero a Public Enemy (y mira que vinueron a un territorios) y varias a Mala Rodríguez. Y por eso nos hemos animado, Joselito Ramone y yo, a realizar un repaso-homenaje a toda esa música que ha nacido en las mismas calles que hemos pisado y a esos discos que hemos heredados de nuestros padres, tíos y vecinos y que jamás han dejado de sonar en nuestras casas. Un repaso tan subjetivo como, esperamos, interesante de leer. 

Se tratará de un resumen de la música sevillana en siete capítulos y algo más de veinte discos que se irá publicando aquí en el blog de un marino en la orilla y que se adelanta, a modo de aperitivo, con esta lista de las que son, a nuestro parecer, las mejores 30 canciones del pop sevillano:


1 en un mercedes blanco, kiko veneno
2 dime, lole y manuel
3 la pared, bambino
4 el garrotín, smash
5 abre la puerta, triana
6 sureños, silvio y sacramento
7 yo me quedo en sevilla, pata negra
8 quiromántico, sr. chinarro
9 los delincuentes, veneno
10 me muero me muero, maría jiménez
11 se nos rompió el amor, bernarda y fernanda de utrera 
12 la niña de fuego, manolo caracol
13 a leadbelly, gong 
14 la niña, la mala rodríguez
15 yermo, pequeñas cosas furiosas
16 quién maneja mi barca, remedios amaya
17 el polígono sur, dogo y los mercenarios
18 mi dni, pony bravo
19 old and young, amphetamine discharge 
20 remedios, blacanova
21 todo en un día, sundae
22 tú y yo, dulce venganza
23 cada vez que ocurre, tiernos mancebos 
24 botines, tote king
26 coming in flames, sick buzos
27 piel de astracán, maga
28 meditation, strange fruit 
29 nunca sabrás, montevideo
30 combustión, helio  

                                             

(por manolodominguez)