domingo, 20 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (4): los años ochenta en sevilla por manolo domínguez

Dulce Venganza, Sadomasodiscoshow (1984) DRO
Tiernos mancebos, Tiernos mancebos (1987) polydor
 Silvio y sacramento, Fantasía occidental (1988) mano negra records

Los ochentas fueron mi incursión en la música, de forma un poco extraña. Por un lado estaban los dictados de los 40 principales, mi biblia del momento, y por otro las cintas que mi padre me grababa de la discoteca de un compañero de trabajo que incluían a Zombies, Pegamoides, Aviador Dro o Siniestro total. Una mezcla de lo más sana para un chaval de 10 u 11 años que aún no tenía la necesidad de definirse de ninguna manera. Lo que no recuerdo es por cuál de las dos vías me llegó esa canción que hablaba de matar a una chica y que tenía, además, un hipopótamo en la bañera como cara B. Ese primer single de los sevillanos Dulce Venganza se convirtió en mi habitación en el éxito mundial que merecía.

Y poco después llegó Sadomasodiscoshow, un maxi que se abre de lo más funky, con los dos temas más acertados del lote, y se va haciendo más sucio y guitarrero hasta terminar con Dunas, que se queda cerca del sonido oscuro que por entonces dictaban gente como Gabinete Caligari o Parálisis Permanente. Son 5 canciones que muestran claramente las señas de toda la carrera de la banda de Benito Peinado. Letras entre lo cómico y lo absurdo y una libertad musical aplastante, que le llevó a saltar de un género a otro sin red de seguridad, acertando a veces y fallando en otras.

El hecho de quedarme con este Maxi en vez de con su disco posterior de 1989, Hippy Hop, donde abraza el rap más guitarrero (amo el dinero) con el pop y los estribillos desarmantes (caramelos envenenados), es única y exclusivamente por una canción, Tú y yo, que mezcla el funk con lo tropical y se postula como uno de esos himnos olvidados de la década. Un hito que suena hoy incluso más actual que entonces.



Tiernos mancebos llegaron para mí unos años después, en 1987, con un sonido cercano al pop más sixtie y una acertada imagen mod que no pasaba desapercibida. Además lo hacían con un single (cada vez que ocurre) incontestable y un falsete, ese que gritaba ¡que vuelva la luz!, que se pegaba como supergen. Y tenían un disco cargado de grandes canciones (a quién vas a quejarte, el esclavo o la ya esclarecedora Sevilla indómita) y una portada maravillosa, con una fotografía de los miembros de la banda sentados en un banco del parque coloreada a lo ouka leele. Quizás el hecho de que para entonces la movida anduviese ya deshaciéndose como el bajo imperio romano y que la escena se encontrase en un extraño impasse hizo que el disco quedase ahí perdido en medio de la nada, pero tanto este lp como, en menor medida, el debut de las balas (banda surgida de los restos de tiernos mancebos) son ejemplos, como los de Helio, Dogo y Mercenarios, Círculo Vicioso o Baldomero Torre y sus cuchillos afilados, de lo que fue la sevilla de los ochenta. Una escena que tuvo, como siempre, su mayor handicap en la descentralidad territorial frente a Madrid o Barcelona.



Pero si por entonces había un ídolo local, y un disco mítico, esos son Silvio y Fantasía occidental. Aquí sobra decir nada. Sureños es historia del pop nacional, Chorla destila rock y whisky a raudales y La pura concepción y Rezaré son dos himnos a la imagen de la virgen y la semana santa que hacen sentirse capillita hasta al más agnóstico. Y Betis, esa canción que traspasa el concepto de versión para hacerse propia. Jamás olvidaré el concierto que Scorpions dieron en el pabellón de Alemania de la Expo'92 por el momento en que, cuando la banda de las baladas cursis empezó a interpretar su versión del His latest flame de Elvis, todo el público comenzó a cantar la canción con la letra de Silvio, dejando claro que en Sevilla, si hay un rey, ese siempre fue y será Silvio Fernández Melgarejo. Un rey que comenzó tocando la batería con Smash y fue forjándose su propia leyenda entre conciertos memorables y lamentables, y una presencia que estaba incluso por encima de sus canciones. El más grande y claro mito del pop sevillano por siempre.

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