domingo, 27 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (8 y final): los extremos que se tocan por manolo domínguez

Llegamos al final del repaso que Manolo y Jose han realizado en los últimos días a la escena sevillana. Ha sido un repaso (personalmente) detallado, intentando abarcar la escena por completo, y para los no iniciados en mucho de lo que han contado, didáctico.
Muchísimas gracias a los dos por el esfuerzo y la dedicación. 

orthodox, sentencia (2009) alone records
úrsula, hasta que la muerte nos separe (2010) foehn

Está sonando en mis auriculares la actuación de El Niño de Elche con los Voluble en Sónar 2015. 50 minutos de concierto reproducidos por youtube, donde los hermanos Pedro y Benito Jiménez se unen al ilicitano (ahora viviendo en Sevilla) para, junto a Raúl Cantizano y Pablo Peña dar una vuelta de tuerca más al flamenco con su proyecto Raverdial. Un proyecto extremo, audiovisual, que cruza fronteras como antes lo hizo Veneno, Rock Gitano, Omega o La leyenda del espacio. Quizás con menos repercusión o trascendencia, pero a mi entender no con mucha menos importancia.
El Niño de Elcheno podría considerarse estrictamente como un artista sevillano, pero su vinculación con la ciudad empieza a ser cada vez más alta, no solo en Raverdial, sino también colaborando con algunos Pony Bravo para la grabación de su último cd, Sonidos del Extremo o publicando en Knockturne records (el sello donde nos encontramos con otro sevillano adoptivo, David Cordero) la segunda parte de Sí a Miguel Hernández junto a Seidagasa. Este proyecto, que espero tener la suerte de poder ver más pronto que tarde en directo u, ojalá, incluso plasmado en forma de álbum, es un ejemplo de cómo en Sevilla también se ha trabajado desde los márgenes, incluso traspasándolos, de lo académico o establecido.



Otro es el de Orthodox. que en su tercer álbum (sentencia) se olvidó de su querencia por el doom metal y se marcó un experimento free jazz empapado de música procesional que se convirtió, al menos para mí, en un indiscutible hito de la música sevillana. Un disco que mira mucho más a las raíces de lo que parece en primera instancia y que está empapado, no de la evidente referencia de la madrugá y todo lo que acarrea de tópico, sino de noches y noches con las bandas procesionales ensayando para lucirse en la semana santa sevillana mientras sus miembros beben litronas y fuman porros en los parques de la ciudad. De todo eso que es la Sevilla de verdad por encima de la de las postales, enmarcado en el halo de sacro misticismo que el grupo ha convertido en marca identificativa.



Y también hay que enmarcar el trabajo de David Cordero con Úrsula, la banda que se formó en San Fernando pero que lleva ya unos años afincada en Sevilla, y que ha ido alcanzando una madurez increíble con el paso de los años, reflejado especialmente en Hasta que la soledad nos separe, el lp que publicara en 2010 acompañado entonces por Cristina Gámez y, otro fijo de la escena local, Juan Luis Castro (trisfe, tannhäuser, sundae, devil town). Este lp de solo seis temas, editado en el barcelonés sello foehn, supuso el salto definitivo del proyecto hacia lo instrumental, dejando de lado en el camino no solo la voz, sino también el ritmo, para lograr situarse en un espacio entre la electrónica experimental y la música contemporánea donde las texturas van marcando el camino. Un disco donde todo se mimó, desde el diseño artístico (a cargo de Cristo Ramírez) hasta la masterización (responsabilidad de Rafael Anton Irisarri, de la influyente banda The Sight Below), para dar con la obra referencial que definitivamente es.

Hasta que la soledad nos separe no baja de calidad en los poco más de 30 minutos que dura, pero a mí me conmueve especialmente con la pareja Insomnio de Verano/Reflexiones Permanentes, donde el piano te guía a través de un bosque en blanco en negro hacia un destino nuevo, inhóspito, que podría ser el final decepcionante que titula al último corte. pero que en realidad es todo lo contrario, una catarsis de la que, cinco años después, aún no nos hemos recuperado.

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