miércoles, 23 de septiembre de 2015

un repaso personal a la historia del pop sevillano (6): un nuevo rock andaluz en dos episodios por manolo domínguez

no me pises que llevo chanclas, no me pises que llevo chanclas (1989) Mano Negra Records
pony bravo, de palmas y cacería (2013) el rancho discos


Para entender el fenómeno que se generó con el primer lp de no me pises que llevo chanclas había que haber estado en el concierto que se celebró en el parque de los principes en la presentación del disco. Allí no se cabía, ni se escuchaba, ni se veía nada. Te enterabas de qué canción estaban tocando gracias a la gente que coreaba cada tema como si les fuera la vida en ello. Y eran (éramos) tantos que cuando el grupo empezaba con las calles de chicago en las últimas filas aún se cantaba ¿Y tú de quién eres? Cuando terminaban cada canción los aplausos llegaban como la ola de los campos de fútbol.

Aquello se convirtió pronto en una celebración más que en un concierto, porque solo las primeras filas lograron escuchar al grupo. Y nosotros estábamos allí, con nuestras litronas, esperando a que empezara bolillón para gritar a los siete vientos mientras bailábamos ska que nosotros éramos uno más de ellos, que sin encontrarnos a ningún moro por el barrio de santa cruz, también íbamos regular.

Los Chanclas triunfaron en toda España, gracias a los 40 o a quien fuera, pero en Sevilla superaron todas las expectativas con un lp editado en un sello local que jamás podría imaginar la repercusión que iban a conseguir. Nadie escapó al síndrome. No había ventana por la que no se escuchara el bolillón o cualquier otro de los temas del maxigrupo llegado de Los Palacios. Un disco que, además (y al contrario que la vergonzante réplica rockera que le surgió con los Mojinos eskozíos), tenía dónde rascar, con una a veces excesiva falta de prejuicios a la hora de recoger influencias y un humor que en general superaba lo digno. Las calles de Chicago era un tema de rock inclasificable, ¿Y tú de quién eres? tiene más de Berlanga que de Martínez Soria, Tengo una tasquita en Triana y A problemas sin remedio son historias de auténticos superhéroes de barrio, y Bolillón es un hit incontestable en clave de ska. Solo flojean descaradamente con el Blues del gorrión, demasiado insulso en comparación con el resto del disco. El debut del Agropop contaba también con la frescura de quien no tenía la presión de ser más chistoso, más ocurrente, y más accesible que lo ya mostrado, y por eso queda como ese ratito de gloria de alguien a quien no se había invitado. Un disco que sobrevive al fenómeno.



Lo de Pony Bravo es distinto, más serio, más fácilmente defendible. Las referencias son más complejas. Se puede nombrar a Talking Heads o Neu! y no pinchar y su humor es más sarcástico, más inteligente. Pero algo hay de aquella forma de concebir el pop desde lo andaluz, de no ocultar el acento al cantar ni la geografía al componer. Pony Bravo son la versión ilustrada de aquel disco y, como tal, no ha alcanzado las cotas de popularidad que tuvieron los Begines y compañía. Se quedan en ese terreno intermedio en el que, desde la autogestión, han logrado la suficiente repercusión como para ser uno de grupos independientes del sur de nuestro país más sólidos.

Y de sus tres álbumes yo me quedo con el tercero, De palmas y cacería, en el que expanden su sonido hacia lo tropical, el rap o el synthpop sumando mucho más que restando, siendo más Pony bravo que nunca. Temas no le faltan, mi DNI, Ibitza, Turista ven a Sevilla, El político neoliberal... todo son aciertos en un lp sensacional que, como guinda, cuenta con un artwork (obra de ) demoledor, con una ironía y brillantez que no la encuentras en todo el panorama musical nacional.

Si montásemos un imaginario podio del pop sevillano, en estos momentos y con la Mala Rodríguez afincada en Madrid, creo que no habría quien se atreva a desbancarles de lo más alto.

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