domingo, 25 de octubre de 2015

haruki murakami, escucha la canción del viento y pinball 1973 (2015)

Escucha la canción del viento y Pinball 1973 fueron las dos primeras obras de Murakami, allá por 1979 y 1980 respectivamente. Tusquets las publica ahora en un solo tomo, siendo las únicas novelas de H. Murakami que quedaban por traducir al español.

Como primeras obras, funcionan más que nada para comprobar como se iba gestando el mundo Murakami. Todavía por pulir, todavía en proceso, algunos de los gestos más característicos de su obra posterior ya aparecen aquí. El gran salto en su carrera lo dio con la publicación en 1982 de La caza del carnero salvaje, uno de sus mejores libros, pero no por ello carecen de interés estas dos novelas cortas (o relatos largos).

Las dos historias (contadas de manera críptica) que se presentan en cada uno de los libros están relacionadas, formando un todo y dando sentido a esta edición por parte de la editorial.
Si en la primera seguimos al protagonista en su vida de estudiante, pasando unos días en su ciudad natal, en Pinball 1973 lo seguimos en Tokio, unos años más tarde (la historia continúa en el siguiente libro que comentaba antes, La caza del carnero salvaje, compartiendo algún  personaje también con Baila, baila, baila, otra de sus novelas, aunque todos ellos se pueden leer de manera independiente).

Si Escucha la canción del viento la historia resulta más convencional, en Pinball 1973 la historia se vuelve más Murakami (dicho ya como estilo), con gatos incluídos, con todo lo que eso representa. Ambas muy evocadoras, ambas contadas desde el detalle, desde las cosas pequeñas:

"Un  día, algo cautiva nuestro interés. Cualquier cosa. Algo insignificante. Un capullo de rosa, un sombrero perdido, un jersey que nos gustaba de niños, un viejo disco de Gene Pitney... Una sucesión de pequeñas cosas que no van a ninguna parte. Durante dos o tres días, aquello ronda por nuestra mente y, luego, vuelve a su lugar de origen... La oscuridad. En nuestro corazón hay innumerables pozos abiertos que sobrevuelan los pájaros.

Lo que me cautivó a mí aquel domingo de otoño al aterdecer fue, ni más ni menos, una máquina pinball...."


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