jueves, 16 de marzo de 2017

la lista de marzo: mejores escenas musicales en películas internacionales

Ayer fueron las escenas de películas españolas y hoy cerramos nuestra lista de marzo con 15 escenas musicales en películas extranjeras. La mayoría un poco obvias, pero es que nosotros somos eso, un poco así:

Breakfast at Tiffanys de Blake Edwards (1961) No por sobreexplotada deja de tener sentido esta escena. No porque buena parte de los grupos del mundo han abusado del concepto deja de ser impresionante. No, de ninguna manera.




Bande à part de Jean-Luc Goddard (1964) Las coreografías siempre funcionan. Y si son en una película de Godard protagonizada por Anna Karina más aún. Y como la escena en el Louvre no la podíamos meter en esta lista, pues no había duda (bueno sí, también estaba el baile de la propia Anna Karina en Vivre sa vie) de que esta iba a ser la elegida del cine de Godard.




Rocky de John Avildsen (1976) Todo el mundo ha subido alguna vez corriendo los cien escalones de alguna plaza con la música de la película en la cabeza, la sensación de que todos te siguen y tú sintiéndose como Rocky en ese momento, el absoluto dueño del mundo, capaz de todo en la vida. Y llegar a tu meta y saltar con los brazos en alto para gritarle a todos que lo has conseguido. Aunque bueno, en realidad yo no lo he hecho nunca.




Flashdance de Adrian Lyne (1983) Una escena que ha sido copiada hasta por Madonna, que si ya tiene fuerza de por sí, la canción de Irene Cara producida por Moroder la eleva al cielo. Una escena para desear que la cara de limón amargo vaya desapareciendo de cada uno de los jueces para que el sueño se convierta en realidad.




The Breakfast Club de John Hughes (1985) Aquí lo visual tiene mucha más fuerza que la canción escogida para acompañar el baile de los 5 chicos encerrados en el instituto, uniendo al placer de lo prohibido lo estético de un baile desordenado y desprejuiciado. Y, uniéndose a todo eso, Molly Ringwald, la chica de la que toda persona juiciosa debería haber estado enamorada al menos algún día en su vida.




Do the right thing de Spike Lee (1989) El momento exacto en el que todo estalla. El instante justo en el que se prende la llama de una mecha multirracial que está siempre al borde de la explosión. Porque no debe ser fácil vivir donde solo hay hostias de realidad cada día en cada escalera de cada vivienda de cada calle. Y, de fondo, la única y verdadera llamada a la acción de la historia del rock. Fight the power!




Reservoir dogs de Quentin Tarantino (1992) Otro de los ejemplos en los que la elección no ha sido fácil. Tarantino cuida este aspecto como nadie, por eso solo nos podemos dejar llevar por las favoritas personales, y una de ellas es este fantástico Stuck in the middle with you que sirve como telón de fondo al horror más gore. ¡Y cómo baila un joven Michael Madsen!




Trainspotting de Danny Boyle (1996) En la escena de la sobredosis de Renton la canción de Lou Reed suena esplendorosamente ambigua, aún más de lo que siempre lo ha sido. Ese poder que tiene de llevarte al paraíso y, una vez allí, susurrarte al oído que igual no es justo lo que esperabas, aquí se torna dramático. Los cuatro minutos que pasan hasta el chute de la enfermera son pura poesía. Consiguen dibujar la muerte de la forma más dulce de igual forma que la letra de Reed puede ser lo más hermoso y bello o de una melancolía insoportable según como te coja el día.




Mies vailla menneisyyttä de Aki Kaurismäki (2002) Se puede tratar de decir mucho y no contar nada o, como en este caso, sacar todas las emociones a flote de la forma más neutra y, aparentemente, desapasionada. En Un hombre sin pasado todos los personajes parecen haber perdido la capacidad de tener sentimientos o, al menos,  de exteriorizarlos; pero Kaurismäki logra, como se muestra en esta, su escena final, que esa frialdad nos llegue a nosotros con toda la fuerza que tiene lo contenido. Y cuando eso ocurre, no hay necesidad de aparentar. Ni por su parte ni por la nuestra.




Lost in translation de Sofia Coppola (2003) Vale, es Bill Murray. Y todo lo que haga Bill Murray va a misa, pero es que si encima te canta en un karaoke japonés More than this de Roxy Music, ya tiene el cielo ganado. Por muchas versiones que se hagan, esta siempre será la mejor.




(500) days of summer de Marc Webb (2009) Un pequeño indicio que conduce a un descubrimiento imperceptible. El inicio del amor: ¿There's a light that never goes out? Solo escuchamos el clásico de los Smiths a través de los auriculares de Tom (Joseph Gordon-Levitt), pero es suficiente, no hace falta más, Summer (Zooey Deschanel) también la ha oído y ya no hay marcha atrás




Moonrise kingdom de Wes Anderson (2012) Françoise Hardy y una de sus canciones más bonitas para inmortalizar el primer amor, ese que tiene más de ficción que de real. Si a mí, con doce años, me hubiesen puesto ese mismo single en un pick-up ahora no estaría casado con Amaya.




The perks of being wallflower de Stephen Shbosky (2012) De nuevo los Smiths en otra de las escenas que hemos querido destacar. En The Perks of.. vemos a Charlie (Logan Lerman) crecer, pasar de la adolescencia a lo serio, y lo hacemos, por ejemplo, con The Smiths (entre otros). En esta escena, suena la impresionante Asleep para evidenciar la apatía con la que Charlie se enfrenta en buena parte de la película



Spring Breakers de Harmony Korine (2013) Harmony Korine consigue con este escena, en la que cruza la violencia de La naranja mecánica con la fuerza del ballet de Runaway en el corto para la canción de Kanye West, reivindicar la estética de videoclip (presente durante toda la película) y cohesionar todo el discurso presente en la película con aquello que le es cercano a su público objetivo (por eso era necesario que la música fuera de una artista como Britney Spears, y no de alguien que proviniera del indie). Toda una declaración de un director que es capaz de nadar en lo underground y  el mainstream sin perder credibilidad.




Anomalisa de Charlie Kaufman y Duke Johnson (2015) Para Michael Stone la vida es pura monotonía, todo el mundo habla con la misma voz. Hasta que encuentra a Lisa, que no solo tiene la suya propia, sino que además canta como los ángeles. Lisa es fan de Cyndi Lauper porque tiene una gran voz y no le importa lo que piense la gente. Por eso, Girls just want to have fun (cantada por Jennifer Jason Leigh, que da vida al personaje) suena sincera y emocionante. Uno de los muchos momentos devastadores de Anomalisa.

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