jueves, 2 de marzo de 2017

50 canciones para recordar a the magnetic fields

El 10 de marzo es la fecha en la que se publicará al fin el nuevo disco de The Magnetic Fields. Creo que no descubro nada si comento que se trata de un repaso por los 50 años de su líder Stephin Merritt, materializados en 50 canciones ordenadas desde su nacimiento hasta 2015. Y yo, con todas las dudas que me dejan los adelantos que se han ido mostrando en la cuenta de instagram del grupo, estoy deseando que llegue el día de poder escucharlo al completo y detenidamente. Ese y el de su presentación en el PS'17.



Y, para hacer más sobrellevable la espera hasta entonces, me he dedicado a jugar a ser un poco el propio Stephin y he seleccionado sus (mis) otras 50 canciones preferidas de la discografía de su proyecto principal (solo de The Magnetic Fields). 50 canciones repartidas entre todos sus discos, ordenadas el la lista cronológicamente y de las que he querido destacar una por álbum, para no dejar este artículo en algo tan frío como 50 títulos en una playlist sin más.  Lo he hecho asumiendo el riesgo de que las comparaciones después sean más que odiosas, pero es que toda una vida de Merritt es mucho, demasiado, incluso para él mismo. Manolo Domínguez

Así que aquí van mis seleccionadas y, después, la lista completa en spotify:

Smoke signals, Distant plastic trees (1991) Los dos primeros discos de The Magnetic fields, los dos con portada de Wendy Smith y editados conjuntamente tanto en cd como vinilo, tienen a Susan Away como cantante, lo que le da un aire distinto al grupo, a pesar de que las composiciones e instrumentación son siempre de Stephin. En su debut reluce este baladón a piano que encoge el corazón. Una preciosa canción de amor sobre relaciones aparentemente destructivas ("hiciste un cóctel molotov y lo lanzaste al suelo, nos hizo volar y ahora volamos alrededor".

The saddest story ever told, The wayward bus (1992) Solíamos salir las noches de verano y bailar bajo la lluvia de neón, solíamos cogernos de las manos viendo las películas, pero ya nunca más lo haremos (...) Verás el mundo buscando a una chica que nunca encontrarás y luego en silencio envejecerás: La historia más triste jamás contada.

Young & Insane, The house of tomorrow EP (1992) El agobio de vivir en un pueblo de mierda donde todo es de mierda. Nosotros somos jóvenes y dementes y tenemos que huir de aquí. Así se estrena Merritt como vocalista, con una canción sobre el Angst juvenil.

The flowers she sent and the flowers she said she sent, holiday (1994) Otra de esas frases para la posteridad en la discografía de uno de los mejores letristas de la historia del pop. Un estribillo que cuenta que las flores que envió y las que dice que envió están todas muertas, como nuestra relación, como esos libros que leíste, y los que dijiste que leíste, y que ahora han quedados todos tirados por el suelo.

Crowd of drifters, The charm of the highway strip (1994) Merritt, con un tono más dramático que nunca, cuenta esta historia de camiones y carreteras secundarias en la que se intuye otra ruptura de fondo en el relato de un viajante de comercio perdido entre carreteras secundarias.

All the umbrellas in London, Get lost (1995) Todos los paraguas de Londres no podrían parar esta lluvia, ni toda la droga de Nueva York calmar este dolor, ni todo el dinero de Tokio conseguir que me quede. Otra ruptura contada con la poesía más dolorosa del mundo. La canción de The Magnetic Fields, así, sin ambages ni dudas. Y cuando digo la me refiero a mi.

I think I need a new heart, 69 love songs vol. 1 (1999) Él deja las llaves en el recibidor y te pide que no le llames, por favor. Y todo se desmorona mientras en la radio suena I think a need a new heart, esa canción que habla justo de como me siento yo mientras la escucho y te veo marchar. 69 love songs es un triple álbum dedicado a eso, al amor tal y como Stephin lo ve, con ese adorable tono depresivo que le pone a todas las cosas.

Papa was a rodeo, 69 love songs vol. 2 (1999) Otra balada que te deja como un kleenex usado. Así canta Merritt que su padre fue un Rodeo y su madre fue una banda de rock, que pasó sus días en una camioneta y que no sabe vivir como los demás, en un solo lugar. Y tú le escuchas y te imaginas mirando las estrellas, subido al capó del camión, con una espiga de trigo en la boca y tu camisa de leñador a medio quitar. Y te imaginas con una vida distinta a la que tienes y sientes nostalgia de todo eso que solo está en las letras de las canciones.

I can't touch you anymore, 69 love songs vol. 3 (1999) Te preguntas si nos enamoramos demasiado rápido, te preguntas, entonces, si es demasiado bueno para durar. Te preguntas todo eso porque no sabes mantener una relación. Y yo lo sé pero hago como si no lo supiera. Porque te quiero, pero no podría tocarte más.

I thought you were my boyfriend, I (2004) Stephin se entrega a la pista de baile con reservas; con uno de esos hits para bailar con lágrimas en los ojos, ese título de canción que se ha convertido en un género musical en sí mismo. Bailar como si este fuera el último baile y tú no me hubieras hecho creer que eras mi novio. Y si tú no quieres, uno menos son nueve.

Too drunk to dream, Distortion (2008) En todo Distorsion, pero en especial en esta canción, The Magnetic Fields suenan como cuando Jesus & Mary Chain se fijaron en los Beach Boys para hacer esa obra maestra que es Psychocandy. Y lo hace para volver a enfangarse en las relaciones no correspondidas y admitir que, solo borracho, puede dormir y dejar de pensar en él.

I don't know what to say, Realism (2010) Después de Distorsion parece que todo se jodió entre la banda y yo. Aquella entrega sin reservas llegó hasta I, y a partir de ahí nos inventamos algo que ya no se sostenía hasta que con Realism aceptamos que solo quedaban rescoldos. Pero rescoldos que enternecen como esta canción. Que hacen pensar que todo es recuperable.

I've run away to join the fairies, Love at the bottom of the sea (2012) Con Love at the bottom of the sea me pasó igual. Otra decepción, otra oportunidad perdida de la que solo hemos rescatado esta canción en la que, sí, Merritt vuelve a cantarle al amor perdido, y a entregarse a las hadas para que se rían de él como ya antes lo había hecho con él. Tan negativa como siempre, tan hipnótica como sus mejores canciones.


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