lunes, 6 de junio de 2016

rise and fall of primavera sound 16

Ya estoy de vuelta y, como todos los años, con la extraña sensación de haber acertado y disfrutado tanto como desaprovechado. Ningún año me ha faltado ese momento en el que he sentido que estaba tirado una pasta y un fin de semana a la basura para, cinco minutos después, encontrarme en la gloria con tal o cuál actuación. También he vivido continuamente al borde de la lesión muscular, de espalda, de tobillo o gemelos. Mi cuerpo no está preparado para tantas horas de pie. Pero, el momento de comprobar hasta cuánto ha merecido la pena será el 15 de Junio, cuando se pongan a la venta los abonos de 2017.

Mientras tanto, vamos a jugar a hacer una recopilación melodramática de lo que ha sido este PS'16 para mí:



Ladies and gentlemen, we are floating in space

El concierto de Shura Cómo una actuación de poco más de media hora puede cambiarlo todo. Un instante en el que sientes que estás en el sitio correcto en el momento preciso, que estás viendo cómo la historia del pop marca un antes y un después, al menos para uno. El disco de Shura va a ser una de las cosas más grandes que le ocurra a este 2016, y su concierto en el primavera sound irá tomando, poco a poco, el mismo valor de nostáligo-histórico que, por ejemplo, el de The Pains of Being Pure at Heart hace ya unos cuantos años.

La socialización en el PS Encontrarse con esta gente con la que llevas tratando en las redes durante todo el año. Poner cara a algunos nicks, charlar unos minutos de cosas que ocurren a miles de kilómetros o seguir jugando a psicoanalizar el mundo. Esos ratos con Ana y compañía, Dani, Pablo o Lolo valen tanto o más que muchos de los conciertos del festival. Parecen accesorio pero son tan importantes como

Robert Forster (y Grant McLennan) El concierto del Auditori de Robert Forster tiene tanto o más de homenaje que el de Brian Wilson en el escenario Heineken. Derrumbarse no es sencillo cuando uno ha estado ya en miles de conciertos, pero la emoción que se palpaba alrededor cada vez que Forster y su banda atacaban una nueva canción lo hacía todo más fácil. Justo delante mía se sentaba una pareja en la que él, de al menos 50 años o incluso más, con el pelo ya completamente blanco, saltaba de su asiento, se echaba las manos a la cabeza, gritaba e incluso lloraba de pura emoción. Y yo, observándole desde atrás jugaba a ser cómplice, pero mis lágrimas eran mucho menos tangibles que las suyas, hasta que atacaron Finding you con la fuerza de quienes saben que están a punto de dejar huella y mis pies de barro se desmoronaron en segundos.

Los compañeros de viaje Cuando voy al primavera tengo más o menos asumido que buena parte del día voy a estar solo. Es algo inevitable cuando no estás dispuesto a realizar concesiones en lo musical. Pero aunque solo sea para discutir después sobre los aciertos o errores de la jornada, o para tener siempre ahí un plan B, yo siento como absolutamente necesario no peregrinar en soledad. Además, que ya eran demasiados años yendo juntos a conciertos sin tener ningún festival coincidente en nómina.

El perro de Leti Uno de los sustos de este festival llegó desde cientos de kilómetros. Pero recibir la noticia del final feliz por wasap fue como el día en que los transitores cantaron el gol de Zamora contra el Gijón (sí, soy de la Rel y no, en realidad no lo recuerdo pero me lo invento y ya está)

To bring you my love Sí, todo el concierto fue perfecto, pero esa canción, especialmente esa canción, me abrió las carnes como un cirujano patafísico. A lo bestia, sin remilgos ni anestesia. Polly Jean ejerciendo de maestra de ceremonias y Diosa del rock. Hasta el momento en que abandonaron los dos fantásticos últimos álbumes en el repertorio estuvimos asistiendo a un magnífico ejercicio coral, donde todo y todos encajaban a la perfección, pero en 50 ft Quennie, Down by the water y, esencialmente, To bring you my love, PJ harvey dio un paso a frente y se hizo inmensa para mostrarle al mundo, porque aquello se mostró al mundo, quién manda en la escena rock.

J mascis El concierto de Dinosaur Jr no tuvo la perfección del de PJ Harvey, la fuerza emotiva del de Robert Forster o la capacidad de sorpresa del de Shura, y la banda lleva 30 años golpeando el mismo tornillo, pero lo hacen tan bien, tan tan bien, que sigue funcionando a la perfección. Y yo necesitaba estar en uno de sus conciertos. Y apuedo decir que les he visto en directo.

El auditori Porque, aparte de que el lugar de todo el recinto en el que mejor se descansa es ese, todo lo que allí se programa tiene un aura especial. Este año han sido hasta cinco los conciertos a los que he asistido (Alesandro Cortini, Suede, Lubomyr Melnyk, Robert Forster y Baby Dee) y de todos salí con buen sabor de boca.



Dame veneno que quiero morir

Los solapes En este festival es inevitable. Esos conciertos que te pierdes con todo el dolor de tu corazón por la coincidencia con otros. En esta edición me ha tocado no ver a Kiasmos, Car Seat Headrest, Destroyer, Cavern of Anti-matter, Chichos y unos PXXR GVNG que me han dolido especialmente por el fiasco de...

Brian Wilson Sobre el escenario Heineken el sábado sentí observar a un hombre perdido, que no era dueño de sí mismo, invitado a una fiesta de la que era protagonista pero no parte. Y una banda que no fue capaz de darle el valor mítico que tienen unas canciones que en el fondo no necesitaban de este homenaje para ser eternas. Había que estar, pero me dolió verlo hasta el punto de abandonar el concierto antes de tiempo. Salí de allí y me senté en uno de los bancos a tomarme una cocacola tan bloqueado por la sensación de fracaso que no me dio la cabeza para escoger rápidamente cualquiera de las otras dos opciones, Chichos o PXXR GVNG, que tal vez hubiesen conseguido que olvidara más fácilmente que aquello no era lo que ese disco solicitaba.

Los escenarios grandes Jueves y viernes conseguí escapar, pero el sábado tuve que peregrinar hacia aquel castigo de tierra y gravilla donde los cuerpos se agolpan y se ven abocados a un sufrimiento continuo donde solo respiras polvo, tus zapatos se llenan de piedras y el sol te incendia la cabeza. Cómo un festival tan disfrutable y aceptablemente cómodo se convierte, de golpe, en aquel infierno en el que la música pasa a un segundo plano ante el instinto de supervivencia. Para evitar pisarlo en la medida de lo posible.

La vuelta cada noche El sábado hay metro toda la noche, pero jueves y viernes no. Y volver andando a las cuatro después de doce horas de pie (exceptuando los imprescindibles paréntesis que nos regala el Auditori), después de comprobar que tampoco los taxis aparecen fácilmente, se convierte en el castigo divino más cruel para quienes se han entregado al placer frente a la espiritualidad.

Los grupos de electrónica con batería Esto es algo muy personal, pero me choca mucho cuando voy a disfrutar de una actuación de un artista de música electrónica y compruebo que, para el directo, ha cambiado el envoltorio hacia algo mucho más orgánico. En esta edición los mejores ejemplos han sido los de Floating Points y Pantha du Prince, que son dos conciertos que en realidad disfruté, pero de los que esperaba otra cosa más fiel a los discos que presentaban. Manías mías.

Animal Collective Segundo concierto suyo que veo y segundo fiasco. Mira que Painting with me gusta, y es uno de mis discos preferidos de este 2016, pero en directo no logran transmitirme lo mismo que en el formato grabado. Intentan reproducir en directo un sonido que bebe tanto del trabajo de estudio que, al final, todo queda en un quiero y no puedo o, al menos, esa ha sido mi sensación en ambas ocasiones.

Manolo Domínguez

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