jueves, 23 de junio de 2016

alba molina y joselito acedo, teatro de triana (sevilla) 25/5/2016 y alba molina canta a lole y manuel

Alba Molina y Joselito Acedo, Teatro de Triana (Sevilla) 25/5/2016. Prólogo a Alba Molina canta a Lole y Manuel

Mi padre siempre fue un amante del flamenco. De los que con los años abandona el resto de la música y se dedica solo a él. El flamenco como inicio y fin de algo cuyas fronteras no existen, porque nada fuera de ellas existe. Pero nunca logró trasladarme su afición. A lo sumo, algunas cosas puntuales. El Agujetas del documental de Dominique Abel, el Camarón que se hizo universal o, su única concesión a la heterodoxia, los primeros discos de Lole y Manuel.  Yo siempre he tenido esa deuda con él. Una deuda que quedó abierta hace ya más de diez años y que, consecuencias del ateísmo que heredé de mis padres, soy consciente de que nunca podré cerrar.

Sobre  Alba Molina desconozco si es o no creyente, y tampoco creo que fuera lo más importante el pasado 25 de Mayo cuando, justo un año después del fallecimiento de Manuel Molina, su hija decidió hacerle su homenaje más sincero interpretando las canciones que les han convertido, a él y a Lole, en la pareja más importante de la historia del flamenco más libre. Y lo hizo en el salón de actos del colegio donde Manuel creció. En su barrio. Junto a su familia y amigos y frente a un público más que entregado a un acto de una emotividad inasumible. Y por eso este concierto de Alba era tan importante para mí. Porque ella estaba haciendo, pasado solo un año, algo a lo que yo ni me había acercado en más de una década. Y lo hizo a veces emocionada y otras frenada por las lágrimas, pero lo hizo.

Y en ese salón de actos todas las canciones, de Manuel para Lole y Manuel o para su carrera en solitario ya sin ella, sonaron en su formato más austero, acompañadas únicamente por la guitarra de Joselito Acedo, que, sin buscar un protagonismo innecesario, estuvo siempre brillante.  Y ella no es Lole, y eso se demostró cuando en los bises se subió al escenario a cantar, junto a su hija, Cuento para mi niño. Pero la emotividad que Alba tuvo durante todo el recital no puede medirse con más baremos que los subjetivos. Los que hicieron que yo esa noche me quitara, solo en parte, una espina que lleva toda mi vida clavada.



Alba Molina canta a Lole y Manuel 

Alba Molina es una artista en cierto modo (y no necesariamente de forma negativa) a la deriva. Transita entre el flamenco y sus fusiones sin fijar del todo su camino. En cierto modo, podríamos entender que aún está situándose en el mapa musical. Sin embargo, en este disco la base es muy sólida y ella parece tener muy claro a dónde quería llegar con este homenaje tan particular, pero tan reivindicable. Porque Lole y Manuel son sus padres, sí, pero también dos artistas inconmensurables. Y el legado que han dejado es tan grande que lo difícil debe haber sido ceñirse a una selección de solo once canciones, que se podría sentir muy corta si no fuera porque los temas están muy bien escogidos y todos son absolutos clásicos. Todo es de color, Dime, Nuevo día, Romero verde, Recuerdo escolar, Tu mirá… canciones todas que forman parte de una generación que abrazó la música del matrimonio Molina Montoya durante las décadas de los sententa y ochenta y que son, desde hace mucho, parte de la historia del pop y el flamenco en nuestro país. Además, la idea de llevarlo solo a la esencia, eliminando todo lo que no sea guitarra y voz, algo que, por las odiosas comparaciones con su madre (comparaciones, todo sea dicho, de las que nadie podría salir indemne), parece tan arriesgada como finalmente exitosa. Porque aquí Alba se entrega al flamenco y no se pierde por carreteras secundarias. Y así consigue ser lo más respetuosa posible con un repertorio que no merece otra cosa.

Y aunque el resultado, obviamente, no está a la altura de los originales (algo más que lógico) ofrece muchas más luces que sombras y sirve para recuperar y refrescar un legado que cada vez es más reivindicado. A Alba Molina canta a Lole y Manuel se le pueden buscar pegas, cómo no, pero sería ser injusto con una obra realizada con mucho cariño (todo el del mundo, el que nadie podría superar a día de hoy) y profesionalidad, dejando un gran disco, quizás lo mejor que haya grabado Alba hasta ahora. Manolo Domínguez

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