miércoles, 18 de febrero de 2015

nando cruz, una semana en el motor de un autobús, la historia del disco que casi acaba con los planetas (2011)

Manolo vuelve al marino para hablarnos (o no) del libro de la editorial Lengua de trapo que trató sobre el tercer disco de Los Planetas. Como siempre, un texto maravilloso.

"El libro de Nando Cruz sobre Una semana en el motor de un autobús termina justo donde yo entro a escena; en el Escenario grande del FIB minutos después de que despidiésemos a Jesus & Mary Chain con absoluta apatía. Allí Los Planetas presentaban su tercer disco en uno de esos conciertos que parecían destinados a ser historia. Y nosotros, a una distancia mayor de lo deseable de las primeras filas y un poco escorados a la izquierda, estábamos nerviosos, tensos, callados esperando el momento en el que pasaríamos a la posteridad simplemente por el hecho de haber estado allí.

Entonces J y compañía aparecen y salta un flash sobre nuestras cabezas. Empezamos a darnos cuenta de que, a pesar de que nada va a ser como tenía que ser, todo está en su sitio: ellos, nosotros y Una semana en el motor de un autobús. Un concierto, el peor de la historia de la banda, que perfectamente podría ser el mejor de nuestras vidas, por todo lo que supone estar en el momento justo en el lugar exacto. Escuchar por primera vez en directo esas canciones sobre las que Jesús Llorente decía en su crítica para la rockdelux que al intentar asimilarlas uno podía caer, como un niño tras ver Superman, en la tentación de saltar por la ventana con una capa colgada del cuello.

Bastantes años antes, siendo yo un niño, mi madre nos dio a elegir entre ir al circo o al cine. Mi hermano y yo elegimos película y mi hermana, demasiado pequeña para tener voz, asintió. La película era Superman y esa fue la última vez que se nombró el circo en casa. Mi primer salto al vacío de la madurez fue cambiar los payasos por un hombre con una capa roja que era capaz de volar y de cambiar el rumbo del tiempo dando vueltas alrededor de la tierra en sentido contrario al de su rotación. Algo parecido a escuchar por vez primera Segundo premio, la canción que estaba sonando justo en el momento en el que F. se acercaba a mi oído y me decía que ese último mes, que no le iba demasiado bien con su pareja, la había escuchado cientos de veces en su habitación y se sentía especialmente identificado con su letra. Pero a mí no me habían dejado nunca y no podía decir lo mismo. No podía decir nada que se le pareciese y, aunque hacía como que no me importaba, no era así y me jodía no poder tener el mismo grado de identificación con mi grupo preferido que F.

Pero lo que no sabía entonces es que en realidad el que estaba más cerca de las canciones de Una semana en el motor de un autobús no era él sino yo, a falta de dos asignaturas para terminar la carrera, terminando la objeción de conciencia como portero en un colegio cerca de casa, y sin tener nada claro qué iba a ser de mi vida cuando cerrara esas dos etapas que estaban llegando ya a su fin. Porque era yo el que se encontraba al borde de ese precipicio en forma de X de la portada del cd (sí, por entonces el tercer álbum de los planetas era solo un cd), tratando de decidir si había que saltar o permanecer ahí, paralizado, observando como todo lo que ocurre en el mundo ocurre allí al fondo.


1998 fue un año de fin de siglo, de los que, como el año en que vi Superman en el cine, tu vida da un cambio hacia delante para después volver a avanzar solo por inercia. El siguiente crac coincidió con la publicación de Actos inexplicables de Nacho Vegas, pero ese es un capítulo del que, creo,  jamás me atreveré a hablar."

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