miércoles, 4 de febrero de 2015

el nadador: ¿quién le ha dado permiso para usar esta piscina?

En ocasiones ocurre que de repente, y sin venir a cuento, por diversas razones te acuerdas de un disco, una película, un libro o una ilustración. Por cualquier cosa, te viene a la cabeza una historia o una imagen.
Eso me ha pasado últimamente con El nadador, película que protagonizó Burt Lancaster en 1968.


Hace unos años, por casualidad, me topé con ella en la televisión. Sin conocer absolutamente nada de ella, me quedé prendado y absolutamente fascinado. La premisa es ciertamente llamativa. Un fornido Burt Lancaster decide llegar a su casa, al otro lado de colina, nadando de piscina en piscina de sus ricos amigos y conocidos. Aunque a primera vista parezca una historia muy localizada, se torna universal por el devenir que toma.
Lo que en principio parece una idea divertida, se acaba convirtiendo en un viaje a lo más profundo del ser humano. A lo más profundo de la frontera entre la cordura y la locura. A lo más profundo de las relaciones sociales y su percepción. En este último aspecto llama la atención las diferentes maneras en las que los personajes alrededor del protagonista afrontan la situación, siendo un claro reflejo de la sociedad actual.

Todo aquí es totalmente evocador. Desde la alegría inicial acompañada con el sol de la mañana, a la llegada de la tarde y con ella el frío. Y finalmente la tormenta. La temible tormenta. La caída de una realidad que te empapa hasta los huesos.

El nadador está basada en el relato del mismo título de John Cheever. Una breve maravilla que tras su lectura, mucho más concreta y matizada que la película, uno no puede evitar quitárselo de la cabeza.

También, en 2013, y acompañando la edición de Hidroboy en un flexi disco conmemorando el 15 aniversario de Lujo y Miseria, Carlos Ballesteros realizó 9 postales plasmando momentos e imágenes de la película. Se pueden ver aquí. Un homenaje a esta genialidad de historia inolvidable.

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