martes, 31 de mayo de 2016

tim hecker, love streams (2016)


No sé cómo valorar este Love streams. Porque aquí se encuentra buena parte de la electrónica ambiental que más me emociona; la que retuerce sonidos hasta llevarlos a la frontera ideal entre lo melódico y lo ruidoso, justo a ese punto donde suele encontrarse el austriaco Fennesz. Y yo en esos espacios me desarmo fácil, me vuelvo frágil. Sin embargo, Love streams tiene un handicap que, en realidad, es buena parte de la esencia del disco. Y es que Tim Hecker se fue a Islandia a grabarlo y se acompañó tanto del compositor neoclásico Jóhann Jóhannsson como de un coro musical de Reykjavik (intuimos que el que aparece en la portada diifuminada del disco) en la grabación de las voces. Y es precisamente esta parte, la de las voces del coro y algunos sonidos que evocan a un órgano de iglesia (igual hasta lo es, pero con estos músicos me cuesta discernir), muy presentes en varios de los cortes del disco (evidentes por ejemplo en los dos Violet monumental), lo que menos me convence. Voces que hacen que se rompa esa conexión entre yo y el álbum, que, por lo demás, me engancha sin reservas recordándome en su experimentación con el drone, el ruido y las atmósferas, al ya citado Fennesz o, en una fase menos agresiva, al Ben Frost de Aurora.

Lo que ya no me atrevo a aseverar es que este problema personal de sincronización con Love streams sea generalizado y, por supuesto, no resto mérito a un disco que no estará entre mis referencias principales del músico, pero al que no le niego su valor. Al final, el tiempo dirá si termino claudicando. Manolo Domínguez

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