miércoles, 4 de mayo de 2016

beyoncé, lemonade (2016)

Repitiendo la misma jugada de Beyoncé, su quinto disco, Lemonade también nos ha llegado por sorpresa y es un disco visual. Tanto en su versión digital como física se incluye la película (o los doce vídeos de las correspondientes canciones) que ayuda a entender el proyecto en toda su totalidad. Pero ahí acaban los paralelismos. Lemonade, al contrario que Beyoncé (y sus anteriores discos), juega en una liga muy distinta, aquí lo que prima es la sutileza, el detalle, el menos es más. Menos ambicioso (quizás es que se pierde el factor sorpresa), su sonido es más expansivo, más cálido, pero también más robusto. Beyoncé continúa su carrera discográfica más interesada en lograr discos consistentes (desde 4 la ascensión es evidente) que singles de éxito (aunque es inevitable que canciones como Sorry o Hold up acaben en las listas).

Dando inicio con la preciosa y delicada Pray you catch me (nadie canta tan bonito como Beyoncé), que con pocos elementos crece en intensidad y emoción a cada segundo y la juguetona Hold up, una delicia que parece que va a explotar en cualquier momento, pero que contiene el ritmo de manera magistral, Lemonade sigue en su parte central con ese sonido robusto que comentaba de la mano de Jack White y The Weeknd. El primero en Don't hurt yourself, de sonido inédito en la discografía de Beyoncé, el segundo en la intensa 6 inch. Sorry y Love drought, entre el r&b y la electrónica más sutil son también de lo mejor de Lemonade, que guarda parte de sus mejores bazas para el final. La necesaria Freedom con Kendrick Lamar y el inmenso dúo final con la fantástica y sexual All night y la ya conocida Formation.

Un disco que quizás acaba estando un peldaño por debajo de su predecesor, pero a todas luces manteniendo el maravilloso estado de gracia en el que se encuentra Beyoncé, otra de las artistas que define el sonido de nuestros días, puro 2016. Javier Ruiz.

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