sábado, 17 de enero de 2015

the slap: un ¿pequeño? acontecimiento nos conduce a un descubrimiento muy perceptible

Un plato que cae y se rompe en pedazos. Así es la cabecera de The Slap, con la que da inicio cada capítulo. Algo que ya nos pone sobre la pista.

A raíz de leer sobre la adaptación americana que dará comienzo en febrero, llegué a la serie australiana The Slap. 8 capítulos, 8 horas de televisión que llegan a lugares donde pocas series lo han logrado.
Lugares ambiguos, ni blancos ni negros, sino todo lo contrario. Se dice que hay tres lados de una historia, tu punto de vista, el mío, y la verdad. Pues bien, aquí hay muchos más. Muchísimos más.

The Slap parte de un acontecimiento claro. En una reunión de amigos, un adulto propina una bofetada a un niño. A partir de ahí, nos explican lo que pasa después de ese acontecimiento a través del punto de vista de 8 de las personas que estaban en esa reunión (cada capítulo está protagonizado por cada uno de esos 8 personajes), en un juego por empatizar con cada una de esas personas y sus circunstancias. Pero juegan sucio, no nos lo ponen fácil. Cuando parece que estás de parte de un personaje, te rompen con sus actos y vuelves al punto de partida. Un juego de espejos que no acaba nunca.
Un mosaico de emociones a flor de piel.

                                                               (es necesario un spin-off de Anouk)

Dejando a un lado la empatía que se pueda sentir por uno o por otro, cada uno de los personajes de The Slap es absolutamente fascinante. Y cada una de las cosas que hacen o dicen relevantes.
Realmente la bofetada solo sirve como revulsivo a las vidas de los personajes, ya de por si bastante alteradas. Un acontecimiento que solo hace que aflorar lo que estaba por debajo de esas vidas. The Slap son 8 horas de realidad que duele.

pd: se recomienda no hacer el visionado en momentos bajos. Puede llegar a ser perjudicial para el estado anímico

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