lunes, 15 de mayo de 2017

wild honey, torres blancas (2017)

Tengo una imagen mental a la que recurro en esos momentos en los que necesito desconectar. Una imagen en la que todo es maravilloso y no pasa nada. Es decir, un lugar en el que estoy a salvo. O Hablando con tópicos, un sitio lejos del mundanal ruido. En esa imagen estoy observando un paisaje de montañas nevadas. Simplemente observando.

Torres blancas, el tercer disco de Guillermo Farré como Wild Honey, es el que afianza el sonido que ha ido creando a lo largo de estos casi diez años que ya dura el proyecto. Un sonido cálido, clásico pero a la vez muy personal, tremendamente emocional y que parece estar destinado a ofrecer confort. Un sonido en el que vivir y que encaja a la perfección en esa imagen que describía más arriba.

Torres blancas sigue el camino en castellano emprendido en Medalla de plata, que ahora se antoja el ideal para estas canciones, cada vez menos crípticas, y siempre evocadoras. Porque si bien siguen siendo igual de enigmáticas, las letras de Torres blancas son más abiertas y muestran escenas y momentos claros y concretos (frases como "skaters patinando en la plaza" cuentan mucho más que cien libros).
Una colección de canciones inmaculada, ensoñadora (atención, p.ejemplo, a los arreglos de cuerda de Acantilado o a las increíbles trompetas de Mapas de zonas desiertas), y con alto poder de magnetismo. Un derroche de belleza y elegancia en mayúsculas. Javier Ruiz

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