miércoles, 10 de mayo de 2017

kelly lee owens, kelly lee owens (2017)

El debut de Kelly Lee Owens se está tomando con muchas reservas. Probablemente el hecho de que la artista provenga de un mundo absolutamente ajeno a la electrónica (ella ha sido bajista de History of Apple Pie) facilita las suspicacias y cuesta asimilar el hecho de que, surgiendo de la nada o, lo que es peor, de algo tan ajeno como el indiepop, haya entendido tan bien las coordenadas desde las que se mueve el género y, lo que es más importante, ha dotado a sus canciones de alma, algo de lo que carece buena parte del techno y la IDM actual. De todo esto ya apuntó cosas con su EP de 2016, pero es en este, su álbum de debut, donde se consolida todo lo que hasta ahora se bosquejaba.

En los ocho cortes del LP hay un poco de todo, temas en los que ella ha introducido su voz o retazos melódicos unas bases a veces techno, otras más ambient, que no solo sostienen las canciones, sino que les aporta ese toque de frialdad que tan bien combina con la calidez de esos detalles más humanos. Y así, con esta confluencia se han ido construyendo no solo los mejores momentos del disco, sino algunas de las canciones a recordar en el futuro de lo que ha sido la electrónica en 2017. Ahí está si no Lucid (que nace congelada para terminar emocionando con unos toques de la mejor IDM que se pueda hacer en el siglo 21), o la colaboración de Jenny Hval en Anxi, que se antoja más que necesaria si indagamos un poco y descubrimos el activismo feminista de ambas. Y también luce especialmente brillante CBM, la única incorporación al disco de su anterior EP, que sigue deslumbrando con su nuevo traje.

Este debut igual no es una obra perfecta. Si nos ponemos tiquismiquis (habrá quien lo haga, obviamente) encontramos que los pasajes más ambient (SO o Keep walking son más intrascendentes y a Bird y 8 tal vez les cueste un poco arrancar) no son tan brillantes como cuando mete ritmo a las canciones, pero lo cierto es que en conjunto es una de las grandísimas sorpresas de la electrónica en lo que llevamos de año. Un disco para disfrutar tanto si se llega a él desde el purismo techno o desde la ortodoxia indie pop. Y ella, Kelly Lee Owens, un nombre a tener muy en cuenta por su brillantez compositiva, añadiendo a ello su implicación social y en defensa de los derechos de las mujeres en un universo tan machista como el de la música, que hace que haya que fijarse y mucho en sus acciones tanto dentro como fuera de la pista. Manolo Domínguez 

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