lunes, 26 de junio de 2017

the drums, abysmal thoughts (2017)

No creo que haya existido en el mundo alguien más fan que yo de The Drums. Desde su primera referencia, el ep Summertime!, bebía los vientos por sus canciones, por lo cool que parecían y por todo lo que pudieran hacer o decir. Se convirtieron en mi nueva cosa favorita del momento. Aún recuerdo, sin ser yo especialmente dado, como en un festival me perdí varios conciertos con tal de que me firmaran uno de sus cds. Verlos allí, en persona tan de cerca, fue algo extasiante. Los autores de un puñado de mis canciones favoritas enfrente mío, tan altos y tan guapos.
El amor continuó varios años más: su segundo disco, más oscuro que el primero, fue como una segunda luna de miel: con la experiencia acumulada en la primera, pero todos un poco más sabios. Incluso con buen cuerpo me cogió Encyclopedia, más influenciado por los experimentos electrónicos que Jacob (parte fundamental en el grupo hasta este disco, en el que solo colabora de manera testimonial) gustaba en el momento.
Pero han pasado ya algunos años, y finalmente Jonny Pierce se ha quedado solo frente al proyecto, y publica en este verano su cuarto disco. Un cuarto disco que ya se hace bola empezando por su duración, 50 minutos (a todas luces un exceso en un grupo de estas características) que no tendrían problema si en ellos encontráramos buenas canciones, pero solo encontramos una vuelta a la típica canción de The Drums de sus inicios, sin encanto alguno y totalmente a destiempo, perdiendo toda frescura por el camino. Un disco en el que solo encuentro la motivación que me ofrece Mirror, la primera canción del álbum. Una canción que consigue sacar todas las virtudes que el grupo, sin duda, poseía. Algo me quema por dentro cuando empieza esa canción y mucho (mucho) después descubro que aquí no hay más que ver, que puedo ir desfilando. Lo que veo, eso sí, es que estas canciones solo me producen indiferencia, y eso, en una relación de amor y admiración, no es bueno.
Ay, Jonny, con lo que os querido y lo bien que nos hemos llevado. Javier Ruiz

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