miércoles, 14 de junio de 2017

cigarettes after sex, cigarettes after sex (2017)

Como padezco un trastorno mental relacionado con los discos y las listas y su orden en mi cabeza, llevo una lista actualizada de los mejores discos del año en la que voy apuntando y numerando todos los lanzamientos que a mí me parecen relevantes e importantes.
La miro y en estos momentos el número 1 es este disco. No me pregunten por qué, yo tampoco sé como ha pasado. Y está ahí desde la primera escucha. Eso de situar un disco en la primera posición no es algo que haga así como quién ve llover, todo lo contrario. Pero aquí no tuve dudas.

Cigarettes After Sex, el proyecto de Greg Gonzalez, ya ha visto una reinvención allá por 2011 cuando publicaron un disco de indie pop que nada tenía que ver con lo que ahora son. Pero pasó página pronto, y en 2012 publicó I., un ep de 4 canciones que se acercaba más al grupo que hoy en día conocemos. Siguiendo las coordenadas de ese ep, pero simplificando y concretando más sus parámetros, publica este disco de 10 canciones, que ahora sí, presenta a una banda con un sonido diferencial y con el que crean un estado de ánimo casi narcótico. Un estado de ánimo que ha parecido conectar con mucha gente ahí fuera: sus reproducciones en las plataformas de streaming se cuentan por millones, y si miramos en youtube esas cifras se multiplican. Como si la dulzura de estas canciones estuviera actuando de alguna manera ante este mundo de mierda en el que estamos. Como si al final ganaran los buenos. Como si este disco fuera la respuesta a la desazón generalizada: la solución a un problema que nadie puede solucionar. Porque sí, las canciones y lo que nos hace felices tienen que ser la respuesta.

Y aún con este concepto tan marcado, todo esto no se come a las canciones, y funcionan por si mismas: la pegadiza John Wayne, la increíblemente hermosa Apocalypse, la intensa Sunsetz, la cristalina K., etc. Canciones que cuentan con numerosos atractivos y estribillos preciosos. 10 canciones que si bien nos pueden recordar a varios referentes (quizás The XX, quizás Portishead), funcionan como una unidad homogénea. Aquí la monotonía no se entiende como un problema sino como una vía para conseguir un propósito. Un próposito que se llega a través del sonido, pero también a través de unas letras que contrastan con todo esto: "well I know full well that you are: the patron saint of sucking cock" (Young & dumb), "now I stand on the stage, I forget my lines, do you play Satan's imagination and a voice in my head's causing suicide searching for any way to remember them" (Flash). Aunque también evocan imágenes con las que, prácticamente, podríamos realizar una película: "said you wear a new perfume for each city that you visit so you can always remember how it felt to be there, and your lips are red and all the pictures that you send wearing white or black, all leading up to when we met" (Truly), "you leapt from crumbling bridges watching cityscapes turn to dust filming helicopters crashing in the ocean from way above" (Apocalypse), e incluso que despiertan una sonrisa: "baby, he's got to be crazy living like he's John Wayne, always facing the world and chasing the girl, baby, he's got to be crazy" (John Wayne). Un contraste que multiplica las dimensiones de este disco y la fuerza de su propuesta.

Aún siendo un disco aparentemente plácido, Cigarettes After Sex (el álbum) guarda en su interior una calma propia de la lluvia antes de la tormenta. Como la sensación de las primeras gotas en la piel. Javier Ruiz 

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