lunes, 5 de septiembre de 2016

festival solarnit, recinto son fusteret (palma) 3-septiembre

El fin de semana pasado se llevó a cabo la tercera edición del Festival SolarNit, antes conocido como SolarFest. Con cambio de formato, más reducido y modesto, desgraciadamente no contó con el apoyo del público palmesano, y solo un par de cientos de personas acudimos al primer día del festival. Esto contrastaba con la comodidad del recinto, eso sí, y la alternancia en los dos escenarios facilitaba el estar atento a todos los conciertos.
El viernes se agrupó un tándem con el que nada podía fallar: Chucho y Joan Miquel Oliver. Los primeros presentaban su nuevo disco, Los años luz, en Mallorca, y el segundo seguía maravillándonos (si es que Joan Miquel necesita algún pretexto) con las canciones de su disco del año pasado, Pegasus.

A pesar de todo y los años transcurridos, solo era la segunda ocasión en la que tenía la oportunidad de ver a Chucho en concierto. Y rayos, no estaba preparado para tal torrente de emociones. Chucho formaron parte de mi educación emocional allá por finales de los noventa y principios de los dosmil, por lo que enfrentarme a su directo ya debí suponer que sería algo importante. Pero por alguna razón, me cogió desprevenido. Esa noche no solo Alfaro se enfrentaba a sus demonios.




Lo primero que llama la atención es la facilidad con la que las nuevas canciones se integran con el viejo repertorio. Sin ningún tipo de brecha, ya sea generacional o de calidad. Las canciones de Los años luz ganan muchos enteros en su puesta en directo, más robustas y anímicas, si eso es que eso es posible. Flores sobre el estiércol, Oso bipolar o Fuego fatuo te hacen temblar el pecho por su intensidad. Al igual que Un inmenso placer o Cosas hermosas te pueden provocar un Stendhal. 
Y eso solo si hablamos de sus últimas canciones, si hablamos de, por ejemplo, Revolución, Un ángel turbio, El detonador EMX-3 o con la que cerraron, Magic (a la postre, su gran clásico), Chucho nos llevaron a un lugar en el que las medias tintas no caben, es un todo o nada. Un todo o nada en el que la sangre es la que determina. Y la pasión el único fin. Imposible salir indemne.
Inmediatamente después del concierto de Chucho, llegaba el turno de Joan Miquel Oliver. Y mira que he tenido ocasiones de verlo en directo, pero siempre, siempre, vuelve a sorprender. En esta ocasión, su concierto tuvo un tono más festivo de lo normal, incluso sus canciones más animadas (Surfistes en càmara lenta, Flors de cactus, Foto) sonaban con un delicioso aire de música disco.


Joan Miquel, siempre fantástico, ofreció canciones de cada uno de sus discos, con momentos realmente gloriosos: la vigorosa Lego, la delicadeza de Ryanair o su memorable inventario de su piso de la calle Missió, por poner algunos ejemplos. De nuevo: 10//10.
Para lo que no estaba preparado y no esperaba, era para la fiesta que tenían preparada Kero Kero Bonito inmediatamente después del concierto de Joan Miquel. Yo, que vivía ajeno e ignorante a su propuesta, salí de su concierto convertido en fan absoluto. Desde la inicial Kero Kero Bonito (la canción), con la que consiguieron llamar la atención de todo el recinto, pasando por sus incipientes hits Break, Lipslap, Graduation (todos ellos pertenecientes a su inminente nuevo disco), Sick beat o My party, ofrecieron un concierto de festival con todas las de la ley: de los que sorprenden, animan y consiguen ponerte la sonrisa en la cara. This is my kind of party.



Y hasta aquí llego mi SolarNit. Nada más y nada menos. Javier Ruiz

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