lunes, 28 de noviembre de 2016

rusos blancos, museo del romanticismo (2016)

Rusos Blancos no son los novios, ni siquiera el mejor amigo de la novia o el hermano de él, sino ese conocido de segundas, invitado de refilón o compromiso, que sabe que aquello no va con él pero que, ya que está, lo va a disfrutar de la mejor forma posible. O, lo que es lo mismo, canapés a discreción, alcohol, bailar el Follow the leader, vomitar en el baño, perder la corbata en una silla del salón y ligue ocasional al final de la noche. Y todo ello sin perder el savoir faire ni la compostura, con el traje inmaculado mientras amanece y ya no queda ningún invitado conocido, y los zapatos manchados del barro del jardín donde os perdisteis cuando el dj pinchó la enésima de Enrique Iglesias.

Museo del romanticismo es pop elegante, con esa clase que no aparece en los catálogos de ropa de El Corte Inglés y que les hace ser especial y diferentes. Lo noto o Cada vez más cadáver son justo eso: dos canciones que han sabido recoger parte de lo que fue su anterior EP, un paréntesis electrónico que se convirtió en absolutamente necesario, para sonar distinto a todo lo ofrecido hasta entonces. Porque cuando el grupo anunció que Crocanti no iba a ser un giro en la trayectoria del grupo, sino más bien un capricho bien entendido, tampoco desvelaron que parte de aquel experimento se iba a quedar flotando en el aire. Por eso el funki-rap de No soy esa clase de hombre no suena a fuera de lugar, o la melodía tan Betacam de Más difícil todavía encaja tan a la perfección en el conjunto del disco. Porque el pasado no volverá (o sí, quién sabe) pero no se olvida. Tampoco desentonan esos teclados prog de Define serio que nos llevan a la pista baile de cuando todo eran pantalones de campana y los gin-tonics eran con ginebra Larios. Y también saben jugar a ganar, o a matar, como pocos lo logran: Lo hacen a lo grande en la inmensa Sábanas blancas cuando aceptan cualquiera, o en la historia de No soy esa clase de hombre, donde añaden al aura de perdedor con clase que tan bien encarnó siempre Jarvis Cocker, y que parece ser una de las referencias de la banda, un punto malicioso que hace voltear la tortilla y convertir la cara en cruz.

Ellos echan de menos follar contigo, yo solo pienso en que todo debería ser más fácil si nos empeñásemos en que el mundo se parezca más a discos como este, lúcidos, irónicos, elegantes e inspirados. Manolo Domínguez

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