jueves, 24 de noviembre de 2016

especial new order (1): 1980-1985

El mismo mes que se publicaba Closer (Julio de 1980) el resto del grupo ya había ofrecido su primer concierto sin Ian Curtis. Lo hicieron como No-Names y pronto se convirtieron en New Order, con una nueva vida que, en un principio, solo estaba en los papeles. Porque su primer single, en la calle en marzo del año siguiente, tenía dos temas que ya habían sido demos con Joy Division y a un Bernard Sumner tratando de ser quien en realidad no era. Aún así, el material lo justifica todo. Ceremony e In a lonely place son dos canciones incontestables, la primera más luminosa y la segunda tan sombría como la portada de cualquiera de los discos de Joy Division.


Movement, FACT50, 1981
Procession llegaría pronto, en septiembre, con Everything's gone green en la cara B adelantando el giro hacia lo electrónico que, poco a poco, iba a tomar la banda. Y en Noviembre tenemos en la calle Movement. Un lp complicado de valorar en su justa medida, con el pasado pesando aún en exceso y el grupo aún sin las ideas del todo claras. Prueba de ello es que dos de las canciones las cantara Peter Hook (una de ellas, Dreams never end, mi preferida del lote), y que el espíritu de Ian Curtis siguiera presente en casi cada respiración de los cuatro miembros (a los ex-Joy Division se les unía Gillian Gilbert) del grupo. Con todo, hay aciertos en sus 36 minutos y ese tono de oscuridad que desprende te va calando a medida que avanza. Dreams never end, Truth, The him... Si no fuera por el peso de la ausencia estaríamos hablando con más determinación de Movement, un disco que, además, cuenta con un nuevo acierto de Peter Saville que se vuelve a apropiar  (ya lo había hecho para la carpeta Procession) de un trabajo de Fortunato Depero para insinuar la F de Factory y la L del número de referencia (50) del catálogo del sello.


Y al año siguiente, en Abril, llega el primer aviso serio de cambio. Temptation, publicada como single, tiene una vitalidad que no se había mostrado hasta entonces, ya sea con Ian o sin él, y unos coros que invitan más al hedonismo que a la autodestrucción. Aquí sí estaba naciendo un nuevo grupo; New Order empezaban a ser New Order. Y en marzo de 1983 todo salta por los aires. Blue monday. Los siete minutos más bailados de la historia de la música de club. How does it feel to treat me like you do? Un éxito irrepetible en ese 12" que imitaba un disco flexible de ordenador (otra maravilla de Saville) y que dejaba a las claras que New Order estaban ahí para cambiar el rumbo de la música. Manolo Domínguez



Power, corruption & lies, FACT 75, 1983
Y vaya si lo hicieron. Porque, si no bastase con el maxi más vendido en la historia de la música, ese mismo año se publicaba el que es uno de los discos más importantes de la música pop. Power, corruption & lies sigue teniendo un fondo oscuro, Peter Hook sigue llevando con su bajo las canciones hacia la oscuridad, pero el camino abierto con Blue Monday ya no tenía vuelta atrás. Solo escuchando los teclados de Age of consent uno se da cuenta de que nos estamos acercando un poco más hacia la luz y escuchando a Bernard Sumner comprendemos que la decisión de mirar solo hacia delante es la más acertada. We all stand quizás no es el mejor ejemplo para escenificar ese paso al frente, pero al momento llega The village y ya no cabe duda alguna, solo queda dejarse llevar hasta llegar a ese final arrollador que es Leave me alone, una canción que por si sola justifica carreras musicales, pero que en este disco es una más de una auténtica obra maestra a la que de nuevo Peter Saville le pone la guinda con un diseño sencillo en las formas (una reproducción del detalle de un cuadro de Fantin-Latour con unos códigos encriptados que se desvelaban en la contraportada) pero majestuoso en su resultado. Power, corruption & lies tiene un triple valor dentro de la historia de la música, libera el alma de una de sus figuras más importantes, abre una nueva brecha en el pop y determina el camino a seguir de uno de los exponentes más importantes para definir los ochentas, siendo el punto de partida hacia la inmortalidad de una banda, New Order, que ya la había alcanzado años antes con otro nombre y otra personalidad al frente. Manolo Domínguez



Low-life, FACT 100, 1985
Con las palabras y el concepto New Order ya asimilado y a pleno rendimiento, en 1985 llega Low-life, la referencia 100 del sello. Y como para celebrar ese número, el grupo publica otro de sus discos esenciales. Pocos discos encontramos que den comienzo como lo hace este: la inmensa Love vigilantes y la descomunal The perfect kiss. Dos canciones históricas de las que, por mucho que digamos, nunca les haremos justicia. La primera, otra de sus cimas dentro del pop emocional de los ochenta. La segunda, uno de sus perfectos clásicos. Pero, por si fuera poco, Low-life mantiene el nivel (y de qué manera) a lo largo de su minutaje: encontramos parte de lo que fueron en su pasado reciente en la rabia de Sunrise y sobre todo en la preciosa Elegia, una las grandes canciones en el grueso del álbum.
Las fantásticas Sub-culture, y Face up funcionan como cierre de álbum, la primera, otro trallazo para los clubs, la segunda, más pop. Low-life es el único disco del grupo en el que Peter Saville los retrató en portada (aún a regañadientes y no con pocas dificultades). Javier Ruiz

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