jueves, 27 de julio de 2017

la lista de julio: nuestros discos favoritos del indie español (1991-1998) 3 de 3

5 Los Planetas, Super 8 (1994)
Una vez, camino de casa desde la facultad, decidí que grabaría en una cinta Brigitte una y otra vez para poder escuchar esa canción eternamente. Hoy ni siquiera está entre mis favoritas de Super 8. De viaje sí, De viaje sigue siendo la puta mejor canción de la historia cada vez que la escucho. Después, cuando termina bruscamente, se me pasa y comprendo que cuando se publicó Super 8 los mejores Planetas aún estaban por venir.

Hoy intento acordarme de cómo era yo hace 23 años y unos meses y solo me viene a la memoria la imagen de un pringado de universidad con gafas de pasta que solo se pondrían de moda dos décadas después, con una carpeta con el dibujo de un tipo con camiseta de rayas tocando la guitarra y un walkman en el que siempre sonaba el mismo disco de mierda. Ese que se grabó en cinta y se compró unos cuántos meses después con el dinero que su madre le dio para las fotocopias de los apuntes de inteligencia artificial.


4 Le Mans, Entresemana (1994)
La primera vez que visité Donosti solo pensaba en este disco. Solo quería sentirme como me sentía cuando mi imaginación convertía en postales las historias de Peru en la playa o A la hora del café. Creo que lo conseguí. Creo que incluso llovió mientras paseaba por La Concha. Todo fue muy tópico y muy bonito. Tomamos pintxos en Etxaniz y visitamos Beltza Records. Compramos unos pasteles y entramos en la tienda de Loreak Mendian en la que me compré un par de camisetas que ahora ya no me entran. Teníamos una deuda con la ciudad de igual forma que la teníamos con Le Mans. Y, al menos en nuestras cabezas, la saldamos aquella vez en aquel viaje en el que también nos acordamos de La Buena Vida y Family.



3 El niño gusano, El escarabajo más grande del mundo (1998)
No tengo claro si este es un disco que traspasa géneros o que los justifica. En cualquier caso, si que tengo claro que es uno de los mejores discos que he escuchado (que hay muchos en el mundo que no) en mi vida. No vendré aquí a explicar la grandeza de El Niño Gusano a estas alturas, pero sí que después de 20 años este disco sigue tan embriagador como el primer día, con toda su magia intacta. Todo lo que lo hizo especial en 1998 sigue ahí, sin perder absolutamente nada por el camino. Todo lo contrario, las canciones de El escarabajo más grande de Europa han mejorado con los años. Ángel guardia, Un rayo cae, Ahora feliz, feliz, etc, son pura emoción y  sabiduría, verdadero aliento personal y social. Aún siendo escritas en otro contexto que el actual sus proclamas pueden ser adaptadas a la actualidad perfectamente. Claramente, un disco atemporal y eterno. 
Un disco sin par de un grupo sin par, algo demasiado bueno para nuestros yo de entonces y de nuestros yo de ahora. Un disco que supera mil vidas. Un disco que es una forma de vida en si mismo. Mientras tú estás estancando por muchos años que pasen, él sigue creciendo y adoptando nuevas perspectivas, en silencio, listo para darte en la cara en cualquier momento. 


2 Los Planetas, Una semana en el motor de un autobús (1998)
A unos les tocó vivir la publicación del Sgt.Pepper's, a otros la del The queen is dead, a mí la de Una semana en el motor de un autobús. Momentos vitales que marcan el devenirBLABLABLA. Una historia de sobra conocida por todos. Una historia, la de mi vida, que pasa lentamente ante mí cada vez que empieza a sonar Segundo premio y se extiende hasta que termina La Copa de Europa. 
Una semana en el motor de un autobús es mi momento vital. El momento vital del indie español. 

1 Family, un soplo del corazón (1994)
Un disco no puede salvarte la vida. Y si te dicen lo contrario te están mintiendo. Pero Un soplo en el corazón salvó (o cambió) la mía. Y lo hizo casi diez años después de su publicación. A Javi se la salvó un concierto y no pasa nada. 

En casa hay una fotografía en blanco y negro de un matrimonio de ancianos bailando y, detrás, la dirección de un estudio fotográfico de Donosti. Ese matrimonio siempre fue en nuestras cabezas el de Portugal, el marido y la mujer que balancean sus caderas, a pesar de que en la canción están agarrados por las cinturas y ahí no. De igual forma que Martín se ha ido para siempre se vistió de Martín Romaña en nuestro mundo de postales y paquetes sin remite.

Pero sería egoísta querer apropiarnos de un disco que ha significado tanto para tanta gente. Para unos cientos o miles de personas. Un soplo en el corazón tiene el poder de no poderse valorar de forma objetiva. Analizar sus letras, estudiar su producción o estudiar su repercusión sería no comprenderlo. No comprender lo que lleva significando desde su publicación y no entender qué significa en realidad la música. Por eso yo prefiero hablar de las historias que hemos vivido alrededor de él, de cómo sonó desde el salón la primera noche que dormí en Cangas, en una habitación donde se condensaban mis miedos y tus ilusiones y donde todo se llenó de preguntas que solo necesitaban respuestas para no perder esa coraza que solo servía para no sentir el vértigo de mirar al mundo desde la ventana de ese rascacielos al que siempre tuve miedo a subirme. Miedo a perder el equilibrio, miedo a caerme o ver caerse a alguien a quien quiero. Miedo a que nunca hubiera existido este disco y tú y yo no nos hubiéramos conocido.

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