lunes, 24 de julio de 2017

la lista de julio: nuestros discos favoritos del indie español (1991-1998) 1 de 3

Una lista sobre algo tan indefinible como el indie español. Eso que ya no existe y no sabemos realmente si alguna vez fue algo fuera de nuestras cabezas. Grupos que aparecían en Rockdelux o Spiral, en el fanzine de los Malsonando o en la gira Noise Pop, pero nadie de tu trabajo o facultad conocía. Discos que, o te comprabas o no te podías grabar de nadie y, sobre todo, que te hacían sentirte especial por escucharlos. Algo parecido a lo de ahora pero sin internet.

Sin embargo, el indie tuvo su momento, fue algo que intentó trascender las fronteras del inframundo, al que las multinacionales trataron de hincarle el diente, y que, aunque, quedó en agua de borrajas, durante un tiempo, funcionó. Porque qué es si no que La Buena Vida superara las veinte mil copias vendidas de sus discos, que Los Planetas ya grabaran Super 8 con RCA o que nacieran festivales como el FIB. Un monstruo que, en cuanto empezó a crecer, se devoró a sí mismo como en la canción de El Niño Gusano.

Y en el marino, que nos encanta eso de la nostalgia innecesaria, nos hemos atrevido a realizar una lista de nuestros discos preferidos del indie. Y hemos decidido, con toda la jeta del mundo, acotar qué fue indie y durante cuánto existió. Porque Negu Gorriak, Extremoduro, Kiko Veneno o Albert Plá no eran indie, vale, pero también hemos decidido que Lagartija Nick (con o sin Morente), Fangoria o Carlos Berlanga queden fuera de la lista y no sabemos ni por qué (¿por tener un pasado previo quizás?). Ni hemos incluido la escena electrónica, dejando fuera a Madelman, The Frogmen, Parafünk o An Der Beat.

Y, por otro lado ¿en qué periodo encuadramos el indie? Pues según nuestra lista desde 1991 (un 1991 indeterminado) hasta la publicación de Una semana en el motor de un autobús ¿Y por qué? Pues porque una vez lo leímos en un artículo de Rockdelux y nos lo creímos. Y así, y ajustándonos a esos parámetros tan subjetivos, hemos terminado seleccionando estos 30 discos, nuestros preferidos del "indie español de los 90s":


Una foto de Los Planetas en Sevilla, en la puerta de la sala Fun Club, en 1992, robada a Luis Calvo de internet.

30 Cancer Moon, Moor room (1994)
Moor Room está más cerca de los Stooges que de Sonic Youth, de la Velvet que de Pavement, del underground que del indie. Y como tales se convirtieron en una rara avis difícil de asimilar. A mí me costó, tanto que ahora solo les tengo en una cara de una TDK de 90, y me arrepiento de ello.

29 Penelope Trip, Quién puede matar (1996)
Penelope Trip eran otros raritos, pero como aquí las influencias eran más coetáneas encajaron con más facilidad en el mapa indie. Aquí nos ganaron a base de nananás, frases ininteligibles y melodías bañadas en ácido. Además, tienen algunos de los mejores títulos de canciones ever. Seguro que cada uno tiene su preferido.

28 Amphetamine Discharge, Rotaflex (1993)
Sevilla, en realidad Bollullos de la Mitación, también tuvo su cuota de noise pop reflejada en el primer disco de Amphetamine Discharge. Un disco con una carga emotiva del nivel de esa maqueta que conseguí acercándome a los estudios de la calle Jesús del Gran Poder y que es de las pocas cintas que no han acabado en la basura y siguen aquí en mi estantería.

27 Beef, Tongues (1995)
Los Homes de Neu jugando a diseccionar un género. Parecía que no se tomaban nada en serio y, sin embargo, eran los empollones de la escena, llegando adonde los demás solo conseguían asomarse. Tongues fue una enciclopedia de música escrita en el alemán de los setentas, rebuscada cuando querían y tan inmediata como Shake your money maker, el primer hit de la banda, cuando les daba por ser más como Pavement.

26 El inquilino comunista, El inquilino comunista (1993)
Para unos pocos El inquilino estuvo ahí a la vez que Sonic Youth. Por eso son tan importantes. Descubrir Dirty y a los tres días este disco es una absoluta epifanía. Tan trascendentes pueden ser entonces unos como los otros. El disco de unos marcianos que llegaron de Getxo con pistolas de agua y gafas de natación para darle un vuelco al noise pop nacional. Para ti (con ojos sónicos).

25 Surfin' Bichos, El amigo de las tormentas (1994)
Surfin' Bichos (en la foto) no tuvieron disco malo, aunque sí una despedida amarga. Por eso nos parece de rigor no olvidarnos de El amigo de las tormentas en este repaso. Porque solo el ostracismo en el que cayó la banda, rota con la discográfica y rota por dentro, hizo que no se valorara este álbum en su justa medida. Y ya solo por Si tengo que cambiar, Comida china y subfusiles o El diablo adolescente ya merece toda la gloria que le demos.

24 Claustrofobia, Encadenados (1992)
Los barceloneses Claustrofobia son uno de los que menos encajan en esa palabra tan ambigua como es el indie, pero nadie fue más independiente que ellos en esos años. Encadenados no tiene la urgencia de Repulsión, mucho más visceral, pero enamora por la emotividad con la que se grabaron unas canciones que saben a bolero y a la Barcelona de verdad, esa en la que tan bien encajaban Ocaña o Gato Pérez. Hasta cuando versionan el Cita en Hawaii de La Mode se acercan al arrabal y desarman con absoluta facilidad.

23 Ana D, Satélite 99 (1997)
En Satélite 99 está la ternura de Corcobado y la elegancia de Ibon, ambos artífices de este disco maravilloso. Está la puntería máxima al escoger las versiones, la claridad al dar con el estado de ánimo perfecto para el sonido del disco y la figura de Ana, con esa voz quebradiza, dulce y frágil, que convierte todo lo que toca en poesía. Satélite 99 tiene un tercio de cada uno de sus responsables y, por eso, se hace irrepetible y necesario. Abrumador.

22 Mercromina, Hulahop (1997)
Hulahop es uno de los discos de los noventa más curiosos, perturbadores y extrañamente adictivos. Todo un rara avis, las canciones de Hulahop cuentan con un componente más pop de lo habitual en el grupo y estribillos imposibles, y marcarían un punto de inflexión en la banda. Después de esto, Mercromina serían práctimanente otro grupo.

21 La Buena vida, Los mejores momentos (1994)
El segundo disco de La buena vida es tan imperfecto como los de los grupos que los donostiarras amaban por entonces. Es mucho más inmediato que todo lo que vino después y deliciosamente amateur. Y sus canciones son todas pequeñas gemas del indie pop no ya nacional, sino mundial. Parece menos ambicioso que Soidemersol o Hallelujah! pero no está lejos a nivel de inspiración. Los mejores momentos, En hora buena, Cinco días de invierno, Un vestido de tul o Los días veloces están ahí para corroborarlo.

20 El Ejército de Salvación, Canciones de miseria y soledad (1991)
El Ejército de Salvación, cuando se grabó su único lp tras el EP que publicaron gracias a su premio por el concurso de maquetas de Rockdelux, ya era el proyecto de José Antonio Pérez, que aquí contó con Pedro Burruezo (Claustrofobia) para plasmar sus historias de amor desestructurado, miseria y marginación. Canciones que duelen por lo reales que parecen, por lo cruel de contar la vida tal y como es, pero a ritmo de bolero, rumba, salsa o flamenco. Un disco que ha quedado como una anomalía más de esa misma Barcelona que tan bien retrató Claustrofobia.

19 Sexy Sadie, Onion soup (1996) 
No hay duda que en la década de los 00 Sexy Sadie se profesionalizaron y llegaron a publicar discos estupendos con un sonido infinitamente mejor que el de este, pero la locura, el irresistible encanto y la magia de este no la volvieron a repetir. Una barbaridad de disco en el que cada una de sus canciones es mi canción favorita. Un disco que se debe escuchar antes de morir, que rescataría del fuego o que me llevaría a una isla desierta.

18 Chucho, 78 (1997) 
78 puede ser el disco más oscuro de Fernando Alfaro. El primero tras Surfin Bichos, sus canciones solo suenan ya al propio Alfaro. Con las entrañas todavía fuera, aquí la rabia es la que prima, la rabia y la belleza, la dualidad que siempre ha sabido sortear de manera magistral.




17 Sr. Chinarro, Nosequé.Nosecuántos (1998)
El mayor handicap de Noséqué-Nosécuántos es tener delante al porqué. Solo ese. Porque lo demás son 10 canciones que reinciden en ese momento de gloria que se alargó solo unos cuantos meses más (el suficiente tiempo como para editar La pena máxima) y que sigue sonando a gloria y mosto de Umbrete. Antonio Luque (en la foto) a partir de ahí pasó a ser otro, mejor, igual o peor, pero nunca más el mismo. Y yo, al menos yo, le echo mucho de menos.

16 Manta Ray, Manta ray (1995)
Manta Ray siempre fueron un grupo demasiado bueno para lo que nosotros o la escena (!?) nos merecíamos. Un grupo que debuta con semejante disco no puede ser verdad. Más de 20 años después y todavía resulta increíble y acojonante.

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