lunes, 23 de octubre de 2017

mogwai, every country's sun (2017)

Lo sencillo al hablar sobre Every country's sun sería sostener la crítica sobre la obsesión inmovilista de la banda de Glasgow. Insistir en que llevan 20 años haciendo el mismo disco. Y no me faltaría parte de razón. Pero eso ya lo sabe todo el que se acerca a Mogwai y no estaría aportando nada diciéndolo. Es más, no sería justo siquiera, porque estaría apelando a lo obvio para no profundizar. Así que no, no voy a hacer eso, prefiero errar en mis argumentos para defenderlo a quedarme en la superficie.

Porque Mogwai, aun manteniendo unas premisas respecto a las que no se mueven un ápice, no siempre han rayado al mismo nivel. The hawk is howling es el claro ejemplo de que, a veces, algo falla y la receta sale mal. Y Rock Action la que muestra que, cuando todo encaja, el plato es exquisito. Every country's sun estaría más cerca de lo segundo que de lo primero. Por ser más concretos, yo diría que está más cerca de Young team que de cualquier otro álbum de su discografía, algo en lo que la vuelta a la producción de Dave Fridmann, con quien no trabajaban desde Rock action, tendrá mucho que ver. Porque aquí no solo funcionan las canciones, el sonido es compacto y directo, y especialmente efectivo.

Quizás sea cierto que el primer adelanto del noveno álbum de los escoceses, Coolverine, supuso para mí una decepción. Era un viaje en círculos concéntricos que no hacía más que llegar una y otra vez al mismo lugar sin aportar demasiado. Pero Party in the dark ya fue otra cosa. Uno de esos escasos momentos en los que la banda recurre a la melodía vocal para dejarnos un trallazo noise de impacto considerable. Todo un hit para quienes no suelen buscarlos y el primer motivo para mantener la esperanza. Después llego el disco completo y nos encontramos con Brain sweeties, con un crescendo de comedido impacto, que seguía por la senda buena, y Crossing the road material, excelsa y apabullante. Después la calma de Aka 47 nos permite respirar para volver al grano con el impacto hardcore de 20 size, otro golpe de mano hacia lo que podemos decir que se convierte, por derecho propio, probablemente en el mejor disco suyo desde hace más de diez o quince años. Porque Don't believe the file, Battered at a scramble o Old poisons no se quedan muy lejos de las nombradas. Y la explosión final de Every country's sun la guinda de un pastel que sí, ya hemos comido otras veces pero que en esta ocasión ha salido más que digno.

Así que, aparte de reivindicar el 7" con la cara B Eternal-Panther, como ya hizo Javi en su día, hay que defender el álbum, que tiene para convencer a los fans infalibles e incluso a quienes se acercan con recelo a cada nueva referencia del grupo. No será el mejor de su discografía porque eso son palabras mayores, pero sigue dando lustre a un grupo que cuenta muchos más aciertos que errores. Manolo Domínguez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario