martes, 28 de noviembre de 2017

taylor swift, reputation (2017)

El sentirse identificado con la música que escuchas (en ocasiones) está sobrevalorado. Está genial que te sientas como en casa cuando escuchas ciertos discos o canciones. Letras o conceptos con los que te sientes tú mismo al 100%, como si los hubieran creado expresamente para ti. Eso está bien. Pero últimamente se me pasa por la cabeza que no siempre tiene que ser así. Yo mismo me he visto escuchando este disco decenas de veces y puedo asegurar que el mundo en el que vive Taylor Swift nada tiene que ver con el mío. Su mundo de super-estrella incomprendida me es totalmente ajeno (en este aspecto guarda algún punto en común con Morrissey), pero eso no impide que disfrute su propuesta. Su propuesta de canciones cursis en algunos casos, y de reproche en otros. En ambos, nada que objetar, ambas facetas del disco se saldan con resultados sorprendentes. Con una primera parte más dedicada a dejar clara su posición y en la que abundan los ritmos casi industriales y una segunda en la que se muestra más distendida y en la que abunda una electrónica envolvente, reputation es, sin duda, uno de los discos pop del año. Un pop de radio fórmula, que nace con la vocación de ser masivo y que lo consigue gracias a canciones que constan de múltiples ganchos y atractivos. Una sobre estimulación de los sentidos que acaba resultando excitante y muy divertida. A la felicidad por el estribillo. Y la felicidad de reputation es que está repleto de canciones fantásticas. Canciones en todos los casos, con una producción a la altura de las circunstancias, tan espectacular como heterogénea. Así, conviven a la perfección composiciones como ...Ready for it?, End game o Dancing with our hands tied que parecen creadas para que todo el mundo enloquezca coreándolas, con otras como New Year's Day, Getaway car o Call it what you want que prácticamente parecen de otro disco diferente.

Un disco desafiante, sorprendente y con el que se cumple una de las consignas básicas en la publicidad: millones de personas no pueden estar equivocadas al comprarlo. Sin que sirva de precedente, esta vez no lo están. Javier Ruiz

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