jueves, 9 de noviembre de 2017

david cordero & dot tape dot, seep (2017)

Esta no es la primera vez que Daniel Romero y David Cordero trabajan juntos. Anteriormente a este cd ya se publicó una cassette en Knocturne records, Brumaria, que sirvió de primera piedra y empuje a lo que ahora es Seep. E intuimos que tampoco será la última, ya que la querencia del asturiano por los bleeps y chasquidos parece casar muy bien con las atmósferas de David, que para este cd ha optado (también había algo de ello en El rumor del oleaje) por preferir la calma y la serenidad a los ambientes más oscuros e inquietantes de Hasta que la soledad nos separe, el último disco que firmó con el sobrenombre de Úrsula, pero que ya tenía mucho más de David Cordero que de su trayectoria anterior.

El cd, magníficamente presentado por el sello japonés Bliss, en carpeta de vinyl cd, con su funda interior de plástico y todo, vuelve a mostrar cómo David disfruta trabajando con sonidos ajenos, moldeándolos para acercarlos a su forma de entender la música, y cómo Daniel sigue fiel a esos sonidos que desde su proyecto personal, dot tape dot, estira el concepto de los clicks'n'cuts hasta expandirlos hacia su propio universo, uno lleno de pinzas de la ropa, reminiscencias campestres y sonidos que parecen nacer en el rocío de la mañana, atrapados en un eterno despertar al sol. Y de la unión nace un disco calmado, preciosista y elegante, de ambient de dormitorio, que explora parajes luminosos y fértiles. Ambos están acostumbrados a trabajar en proyectos colaborativos y, además, se conocen lo suficientemente bien para que se note esa gran complicidad que existe entre ambos. Seep es, por tanto, más que un trabajo conjunto, una obra perfectamente cohesionada de un dúo que, si nos dicen que llevan toda la vida trabajando juntos, nos lo creemos.

Si Hasta que la soledad nos separe (y sé que esto es muy muy personal) me afecta especialmente en verano, una estación que se me antoja sofocante y peligrosamente discriminatoria, y El rumor del oleaje me remite al invierno, donde las playas se vacían y aparecen esos sonidos que durante el verano (y buena parte del otoño) andan escondidos entre la saturación turística, Seep podría ser ese disco que casa a la perfección con la imagen de una naturaleza colorida y deslumbrante. Podría ser la banda sonora del hanami japonés, acompañando con su delicadeza la visión de los cerezos en flor en la fiesta primaveral por excelencia. Manolo Domínguez 

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