jueves, 28 de julio de 2016

death in vegas, transmission (2016)

5 años y varios maxis en solitario de Richard Fearless después de Trans-love energies, llega finalmente el sexto álbum de Death in Vegas, que podría haber sido perfectamente el primero en solitario de su líder, ya que para esta ocasión solo ha contado con la colaboración de la actriz Sasha Grey para que ponga voz a los temas no instrumentales de este disco, y del resto se ha encargado él como único artífice. Y esa libertad quizá haya derivado en que nos encontramos con una obra más cercana a los EPs que estos años han aparecido con la firma de Fearless que al trabajo previo en la banda madre, aunque el hecho de que el mejor tema del lp de 2011 fuera el trallazo Your loft my acid, podía dar pistas sobre el definitivo viraje a la electrónica que iba a dar el proyecto. Además, el músico londinense ya había expresado que uno de los motivos de que Sasha Grey fuera la elegida para meter las voces en el disco era su declarado fanatismo por bandas como Chris & Cosey o Throbbing Gristtle, dos referencias que también pueden aparecer en este Transmission, los primeros en las formas y prescindiendo de ese halo synthpop que mostraban, y los segundos en su vertiente más electro minimal y menos ruidosa.

Porque Transmission es un álbum oscuro, obsesivo y opresivo, donde se exploran terrenos de techno minimal frío, que en los pasajes en los que Sasha aparece (como la intensa Consequences of love) consigue generar un clima de apasionante desasosiego. Y es que parece que Richard Fearless esté buscando en cada momento, más que parecer la banda sonora de un filme de esos que te tienen con el corazón encogido durante todo el minutaje, mutar completamente en él, que la música en sí misma sea la que te atrae, te provoca y te inquieta. Y mientras temas como Transmission, Mind control, Sequential analog memory o el evidente hit You disco I freak van pasando, nosotros vamos entrando cada vez más en su juego y vamos comprobando como la pista de baile (o el salón de casa, que para el caso es lo mismo) va oscureciéndose cada vez más como la carretera de un bosque en el que las ramas se acercan a uno poco a poco y casi sin que lo notemos. Y el disco avanza y nosotros miramos de reojo la portada con esa foto del retrovisor de un coche que no se sabe hacia dónde se dirige pero en el que llevas rato subido y, ni puedes, ni quieres abandonar.

Transmission no es amable, no lo pretende, pero es hipnótico como pocos discos en este 2016. Una obra que, sin recuperar un Contino Sessions que hace años que no escucho, podría ser el mejor de una banda irregular pero con momentos de inspiración tremendos en su carrera. Soberbio. Manolo Domínguez

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