lunes, 9 de enero de 2017

discos que me hunden en el barro: automatic for the people, rem (1992)

Da igual que estés inmerso en la más absoluta miseria o que, por el contrario, tengas un buen día. Cuando empiezan a sonar los acordes de Drive, todo se funde a negro. Se funde a negro irremediablemente. Da igual que en este disco estén Man on the moon, The sidewinder sleeps tonite o incluso Ignoreland, que vendiera millones de copias o que después de sonar consiga remontarte (ya conocen el efecto sanador de la música). Cuando empieza Drive todo se hunde.
Como cuando ves llorar a alguien y no puedes evitar hacerlo tú también, cuando empiezan a sonar las guitarras de la primera canción entramos en ese estado emocional de una gran obra de arte en la que cada pieza encaja como si se tratase de un engranaje absolutamente perfecto. La majestuosidad de una obra de arte ante la que ves reflejado el momento en el que no ves la luz al final de túnel, el momento en el que todo falla. La tristeza al terminar y no poder evitar la alegría con lágrimas de estar ante una obra más grande que tú y ese momento.
Como en una paleta de un pintor, en Automatic for the people encontramos diversos tonos y matices de una bajada a los infiernos. Todos ellos guiados por la prodigiosa voz de Michael Stipe. Como en una montaña rusa emocional de la que nunca quieres salir, por dolorosa que sea, volver a Automatic for the people es mirar atrás y regodearte en lo que nunca fue, pero pensando que quizás mañana acabe siendo e incluso mejor. Javier Ruiz

"Nightswimming deserves a quiet night, I'm not sure all these people understand"

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