jueves, 5 de noviembre de 2015

robert forster, songs to play (2015) por manolo domínguez

Han pasado siete años desde The Evangelist, un disco que nos cogió con la lágrima fácil y nos emocionó por partida doble. Ahora Robert Forster vuelve con un álbum diferente, donde la ausencia de Grant McLennan, por el efecto del paso del tiempo, se hace menos imponente, permitiéndole dar cierto color a unas canciones que en el anterior no lo tenían. Es como si hubiese tenido que pasar el tiempo necesario para poder volver a trabajar con mayor libertad y presentarnos un disco menos marcado por el dolor de la pérdida de un amigo.

Tal vez por eso, por la necesidad de aligerar un lastre imposible de eliminar, se ha dejado arropar por su familia en la grabación del disco. Aquí está la guitarra de su hijo Louis y la voz de su mujer Karin, clave en canciones como Songwriters on the run o And I knew, que no serían lo mismo sin ella. Y así consigue un trabajo más luminoso, menos apesadumbrado, sin perder la esencia compositiva de Robert Forster, donde mandan los medios tiempos y las melodías de belleza contenida. Grandes ejemplos de ello son And I knew o Disaster in motion, que cierra de forma imponente el álbum.

Pero Robert también se anima, como en Learn to burn, que abre el disco con un tema clásico de rock con reminiscencias al Lou Reed más setentero, en A poet walks, que parece un homenaje a la memoria de Arthur Lee, o en I'm so happy for you, donde el violín de Karin se reivindica junto a la facilidad melódica de Robert. Tres canciones donde parece querer dar un tono decididamente más alegre al disco. Menos me convence el toque bossa de Love is where it is, que al final recuerda demasiado a esa versión que hizo José Feliciano del Light my fire de los Doors para tomármela muy en serio. Y también encuentro un escalón por debajo la segunda lectura del ideario Lou Reed, I love myself and I always have, que desdibujan solo relativamente el nivel de sobresaliente de la mayoría del disco.

Songs to play es un gran álbum, mágico cuando solo suena a Robert Forster (o, me atrevería a decir incluso cuando recuerda a los Love de Alone again or en la fantástica A poet Walks) o efectivo sin emocionar en los pocos momentos en que pierde su esencia. Tarea de cada uno es ya decidir si se deja emocionar por todo lo que tiene de brillante o se ceba en su carácter imperfecto. Yo estoy más por lo primero.

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