martes, 26 de mayo de 2015

francisco nixon, lo malo que nos pasa (2015) por dani fup

Como bien explica en su texto, le pregunté al amigo Dani (ya saben, uno de los responsables del sello Federación de Universos Pop, después de un tiempo parado recientemente ha vuelto a la actividad, también uno de los responsables del Santiago Popfest, y mil cosas más) si le apetecía escribir sobre el nuevo disco de Francisco Nixon. Ya saben que en el marino nos gusta invitar a amigos a que escriban sobre los discos que más nos gustan.

Dani no solo ha hablado de Lo malo que nos pasa, también de la carrera previa de F. Nixon.
Un placer enorme volver a tener a Dani en el marino. Muchísimas gracias por este texto.


"Cuando Javi me preguntó si podía escribir sobre el disco de Francisco Nixon dudé de que yo fuera el más indicado. Aunque he de reconocer que desde que salió no paro de escucharlo y que sus discos anteriores me encantan, no sé si me sentía con la autoridad para hacerlo. Le pregunté si me podía dar hasta el final del día para pensarme si quería hacerlo y durante la tarde estuve pensando en qué podría yo decir de Nixon y su música. También pensé que era el lugar más adecuado para hacerlo porque el marino, como en su día la nadadora, es una página para hablar de música pero también para hablar de otras cosas. Normalmente de uno. Así que (aún no lo sé, escribir es siempre una aventura inesperada y estoy empezando esta) no tengo claro que vaya a hablar demasiado del disco, de los datos técnicos o de ese tipo de cosas que suelen ir en las críticas. Para datos está la wikipedia y para lo otro hay muchas webs ahí afuera.

Mientras pensaba en Nixon y en qué podría decir yo de él, recordé que “Pizza Pop” fue uno de los primeros discos del indie español que me compré. Probablemente el segundo tras “Pequeño Circo” de Sr. Chinarro porque los discos de Beef, Family o Le Mans los compré algo más tarde. En Radio 3 sonaba “Chup Chup” como el primer hit del naciente indie y sólo conocía a otra persona que escuchara ese tipo de música, mi amigo Cipi. Era lo que tiene ser de un pueblo de provincias en los primeros 90. Comprábamos discos por correo en Tipo, Discoplay o Del Sur y luego nos los cambiábamos unos días para grabarlos, pero claro, no sólo eso, sino para disfrutar de la portada, los créditos y las letras si venían incluidos.

“Pizza Pop” es un disco que aún hoy sigue funcionando. Quizá un disco demasiado largo lleno de canciones cortas (16 de las que ninguna llega a los 3:30). Escuchado hoy suena a maqueta. Pero tiene “Chup Chup” una canción de esas que justifican un disco. Y hasta una carrera. El primer hit del indie español junto a “Mi Hermana Pequeña”. No mucho después se estrenó “Historias del Kronen” (en realidad algo más de un año pero en aquellos momentos el tiempo era relativo y que una canción se hiciera conocida podía tener un proceso de meses y hasta de años). La película se convierte en un fenómeno poco recordado en el cine español. La primera película contemporánea que trataba de reflejar de forma realista a los jóvenes y la tendencia natural de la adolescencia y post-adolescencia hacia el nihilismo. Hace muchos años que no la veo y recuerdo que las críticas fueron nefastas. Quizá si la viese hoy la vería con mejores ojos, al menos por su valor documental de una época. Pero sobre todo recuerdo la emoción de cuando sonó en el cine “Chup Chup”. Me dieron ganas de levantarme sobre mi asiento y gritar que yo tenía ese disco y que en ese momento sentía una conexión con lo que pasaba en la pantalla. Por la música. Gracias al éxito “Historias del Kronen” se empezó a hablar del indie en España en medios generalistas (y eso que en la banda sonora había cosas como MCD, Reincidentes o Tribu X que no tenían nada que ver). Saltó tanto a los medios que hasta en la revista musical de PRISA, El Gran Musical, regalaron con un número un CD recopilatorio del asunto que devoré durante meses. Canciones de Family, Dr Explosion, Inquilino, Comunista, Penelope Trip, Vancouvers o la Buena Vida entre otros. Un festín de nombres para un indie-kid como yo. También salía “Cosmic” de Australian Blonde.

Luego vino el anuncio de Pepsi con, otra vez, “Chup Chup”, que les lanzó a una efímera fama, el salto a una multinacional, el escándalo entre puristas del indie: ¡Cobraban 1 millón por concierto! (o eso se decía entonces), artículos, actuaciones en la tele y en fiestas patronales y cierta sensación (al menos desde afuera) de que quizá ellos no pertenecían allí, que estaban de prestado.

Como digo, de Australian Blonde no soy el mayor fan del mundo y apenas tengo dos discos pero, curiosamente, tengo también dos camisetas. Una de ellas era de manga larga y el dibujo era el abecedario pero las letras A y B estaban resaltadas en otro color en un juego ingenioso. La otra venía en una edición promocional del fantástico single “Chance”. Era una camiseta con un balón de fútbol dibujado y el número 10 en la espalda. Me he puesto (y sigo poniendo 20 años más tarde) esa camiseta. Incluso me la ponía cuando Australian Blonde ya no estaban para nada de moda y eran poco menos que una reliquia, cuando empezó a ser habitual renegar de cierto indie (y no, no hablo de la actualidad sino a final de los 90 primeros 2000). Recuerdo que alguien me preguntó en un festival si la llevaba de manera irónica porque no entendía que “aún” me gustasen Australian Blonde. Pero el hecho es que sí, aún me gustaban.

La Costa Brava fue una anomalía, sin duda. Siempre los relaciono, de manera un tanto absurda, con las películas de Berlanga. Ese disparatado mundo de personajes un poco miserables y/o patéticos pero reconocibles  y cercanos. Incluso descubrir que nosotros somos uno de ellos. Que me perdonen el resto de la banda, pero el milagro de juntar a una de las personas que más he admirado y admiro de la música española como Sergio Algora y Fran Nixon ya liberado de la pesada losa de ser indie y construyendo un imaginario de situaciones absurdas y poética urbana, desmesurada (su ritmo de edición era demasiado y el cancionero, con perspectiva, demasiado irregular con picos de genialidad pero también relleno).

Cuando emprende su carrera en solitario en 2006 lo hace en el sello Siesta. Tan sólo unos años antes esa unión hubiera parecido casi absurda y, en ese momento, parecía natural. Dando rienda suelta a su bestiario de personajes que dan risa, compartiendo universos con los creados en La Costa Brava, y con un sonido muy pulcro, “Es Perfecta” con una portada en la que una Nadia Comaneci casi niña sintetizaba el infinito de alternativas semánticas para la palabra “perfecta”, es todo un tratado de pop elegante, de letras inteligentes, irónicas y muchas veces amargas, autobiográficas y, como en mucha de su obra en español, con una reflexión sobre el paso de los años y la confusión del hoy y el ayer. Me contaba Fernando de Flor del grupo Gente Joven que para él, que su disco saliera en Acuarela le hacía casi más ilusión como hecho simbólico que los beneficios reales que vayan a poder pasar cuando se edite. No sé si a Fran le ocurre lo mismo con Siesta pero a mí me hace todo el sentido. Quizá sea sólo una tonta reminiscencia de otra época en la que
aprendimos que un disco editado en un sello u otro significaba algo como comprador y como músico.

“El Perro es Mío” de 2009 es un salto de gigante. “Inditex”, “Erasmus Borrachas”, “Brackets”…siguen buceando en ese océano personal, en ese costumbrismo quizá emparentado con la línea de pop español hija de las Vainica Doble ( y aquí cabe desde Pegamoides hasta Le Mans). Y nuevamente esa idea de que el hacerse mayor es, en cierto modo, una enfermedad irremediable y más vale que nos la tomemos con humor. Porque, eso sí, el humor no deja de estar presente. Eso se ve en sus entrevistas, en sus escritos ya sea en su blog o en sus columnas en El Butano Popular.

Aunque llevo muchos años metidos en el mundo de la música (que no es un argumento para nada, no hay más que ver que es el único usado por alguno para decir memeces sobre sus años secuestrado por la mafia del indie) sólo una vez he hablado con Fran. Fue una noche en una fiesta del blog Está Pasando de Borja Prieto en La Ofrenda (o cómo se llame ahora, los de la mítica frase “Rock hasta las 6”). Hablamos de música, claro, de mis planes de emigrar, de su carrera y, como siempre, aproveché para preguntar por anécdotas de aquellos años ahora un tanto (a mí modo de ver) denostados.  También recuerdo con ilusión como hace años él y Ana vinieron a un concierto que organicé en el que tocaban Dotore y Kikí D’Akí. Hace unos meses le pregunté por la posibilidad de venir a tocar al Popfest de Chile. Como siempre fue todo amabilidad y buena disposición a pesar de que asuntos laborales lo impidió. Si él quiere lo volveré a intentar en otro momento.


Hace unos pocos días que ha salido “Lo Malo Que Nos Pasa” y, aunque suene tópico, es el mejor disco que ha hecho en toda su carrera, en cualquiera de sus proyectos. Ese giro musical (tampoco de 180 grados, sigue siendo muy reconocible) hacia lo que se solía llamar sonido Torrelaguna con Trabuchelli a la cabeza (al que Alpino le dedicó un disco hace unos cuantos años, como ya se adelantaron a todos reivindicando vía versión a Ataque de Caspa a mediados de los 90). Para otros ese sonido se relaciona con las películas del desarrollismo y con Paco Martínez Soria viendo bailar a un montón de suecas en una piscina en un pueblo de la costa levantina. Ese sonido que remite a una época en la que los sellos (otra vez) se preocupaban por el acabado de sus músicas, en las que querían que todo sonase bien, lo mejor posible. También este año otro disco imprescindible parecía remitirse a ese momento musical. Hablo del EP “Medalla de Plata” de Wild Honey que ojalá abra un nuevo camino en su impecable trayectoria porque, para mí, nunca estuvo más certero, compuso y cantó mejor que ahí.

El disco de Nixon es puro lujo. La canción que lo abre “Siempre es el cumpleaños de alguien” tiene todo lo bueno que me gusta del Nixon letrista durante estos años. La construcción de personajes excepcional, la descripción de ambientes, la rimas vainiqueras, el punto decadentista que hace que sea muy fácil reflejarse en esa fascinación pero también hastío de momentos cotidianos. Escuchándola uno quiere de verdad hacerse amigo de Fran, ser invitado a las fiestas que va él y tener las charlas y las borracheras que describe. Porque además de divertidas suenan reales.

Todos las hemos vivido y uno piensa que sería francamente divertidas compartirlas con él. Y eso mismo pasa en el emocionante recuerdo a Algora de “Capitán Negrito”, que uno tiene envidia por haber sido amigo suyo, haber compartido esas charlas y esas risas de una persona que además de un gran artista reflejaba ser un ser humano excepcional, ingenioso, divertido y entrañable. No voy a hablar demasiado del disco, como dije, porque para eso están otro tipo de lugares. Sólo añadir la impagable aportación que tiene en el disco Linda Mirada apareciendo para enamorar con su voz y su presencia. Y quizá destacar que pasan con nota su versión de una canción casi intocable para mí, la relectura de la relectura del “Juventud” que hicieran en su momento los chilenos Tiza y que descubrí, como tantos otros, en ese recopilatorio imprescindible que fue “Papagayo”.

Escuchando una vez más el disco sólo puedo esperar que si alguien lee esto y no lo ha hecho y se fía un poco de mi palabra, incluso si tiene reparos porque no le gusta lo anterior de su autor, le aseguro que no se va a arrepentir."

1 comentario:

  1. hacía años que no me enganchaba tanto a un disco. bonita entrada.

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