lunes, 31 de octubre de 2016

nick cave & the bad seeds, skeleton tree (2016)

Aunque no se especifica en ningún sitio cuál (o, por lo menos, yo no lo he visto), al parecer gran parte de Skeleton tree estaba ya escrita el día que Arthur cayó por el barranco. Sin embargo, el disco al completo supura dolor, cada detalle de cada una de las ocho canciones que lo forman lo hace. El dolor de un padre que pierde a un hijo con quince años. Un dolor absolutamente incuantificable, tan inmenso que me atrevería a decir que debe ser el mayor que existe. Y con esta premisa, arrolladora como un tsunami, tanto que lo modifica todo, nos toca acercarnos a él, de una forma que me resulta casi obscena, incómoda e inmoral. Como cuando escuchas en las noticias todos los detalles de un crimen o un accidente que solo deberían pertenecer a la familia que ha sufrido el drama. Además, con el agravante ético de que Skeleton Tree es tan inmenso que, encima, tiene la capacidad de emocionar y generar una respuesta positiva en quien se acerca a él. Te empuja a sumergirte en la belleza de algo que, de base, debería ser solo negativo.

¿Pero es realmente así? Es decir. Yo no me siento con derecho a disfrutar de una obra que nace a partir de un suceso tan dramático en lo personal. Pero no podemos dejar de manejar la variable de la voluntariedad por parte de su protagonista, el propio Nick Cave, que es el que ha tomado la decisión de, con la publicación del disco y el documental que ilustra su concepción, realizar un homenaje a la figura de su hijo a través de lo que mejor sabe hacer, que es crear música. Y lo ha conseguido sin matices, absolutamente, porque incluso yo, una persona que nunca ha conectado al 100% con su discografía y que, por tanto, se ha acercado a ella más esporádica y coyunturalmente que de forma realmente intencionada, puedo decir que Skeleton Tree me ha parecido sublime en su exploración de la belleza a través del dolor, del amor y de la necesidad, de la necesidad de hacer perdurar el recuerdo de algo tan importante en la vida de Nick Cave como la existencia de Arthur.

Así que todo ese maremagnum de contradiciones que me abruma con cada escucha del disco, unido al hecho de no ser un verdadero conocido del trabajo de Cave, con o sin sus Bad Seeds,  me impide tratar de ser objetivo y desmenuzarlo canción a canción como he visto en más de una crítica que he leído antes de atreverme a escribir este texto. No voy a enumerar sus pros ni sus contras, ni voy a jugar a ser lo que no nunca he sido cualificando y cuantificando. Solo me atrevo a decir que (y esto sí lo hago sin atisbo de duda), desde el primer segundo hasta el final, Skeleton Tree me genera una gran sensación de disfrute al comprobar que me encuentro ante algo que me parece muy hermoso, terriblemente hermoso, e inmediatamente me sobrepasa la consiguiente culpa por dicho sentimiento, al descubrirme emocionado ante algo que solo existe a partir de un suceso tan trágico como la pérdida de un hijo. Un sentimiento que he vivido de cerca y soy consciente de cómo es capaz de cambiarlo todo en la vida de una persona, hasta el punto de hacer que esta deje de tener sentido. Manolo Domínguez

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