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domingo, 16 de julio de 2017

los lunes: novedades (69)

La nueva (e increíble) canción de Templeton
Templeton han conseguido con esta canción que casi 10 minutos se hagan cortos. Casi 10 minutos en los que no puedes más que admirar y asentir. Casi 10 minutos de magia. Casi 10 minutos de una historia cualquiera, de cualquier día, y de cualquier habitación. "No te preocupes, cariño, si ves que he salido es que he ido a la mar".

10/10





Otra canción de Autoescuela
Esta es otra de las canciones que verá la luz próximamente en el sello Snap! Clap! Club. Otra de las numerosas canciones que se publicarán del grupo. Una versión de Polaris para la serie The adventures of Pete & Pete:




El segundo single del nuevo disco de La Bien Querida
El lado bueno es la tercera canción que conocemos del nuevo disco de La Bien Querida que saldrá en otroño. Más continuista que 7 días juntos, es otra preciosa (y optimista) canción, claro:

 


El nuevo single de The Sound of Arrows
The Sound of Arrows siempre tuvieron este lado más paisajístico en su propuesta, pero parece que ahora va a ser el protagonista de su regreso. Tras Beatiful life, este es su nuevo single, en el que tampoco asoma su vertiente más pop y bailable:




Nuevo single de TR/ST
Han tardado en volver, pero madre del amor hermoso cómo lo han hecho. TR/ST regresan con nuevo material que avanzan con este contundente Bicep:

miércoles, 21 de junio de 2017

lorde, melodrama (2017)

Cuando un disco me gusta de la manera que lo ha hecho Melodrama me ocurre lo siguiente: me obsesiono (otra vez la obsesión, sí), no puedo pensar claramente en otra cosa que no sean las canciones de ese disco, no puedo dejar de escucharlo una vez tras otra y llega un punto en el que me atascó en determinadas canciones para no tener que escucharlo entero y derrumbarme ante su inmensidad. Es algo que me resulta hasta enfermizo. Llega un punto en el que desvirtuo ese disco, tanto que tengo que alejarme de él unos días para poder reestructurarlo en mi cabeza y así volver a poder escucharlo de nuevo y otra vez asombrarme ante tal maravilla. Y así todo el rato. Vivo en un bucle contínuo de asombro y síndrome de Stendhal. Emocionante, sí, pero también agotador.

Melodrama es el segundo disco de la neozelandesa Lorde, tras un debut en 2013 que ya era sobresaliente y que sigue tan vigente y arrebatador como el primer día. Un disco por el que no pasa el tiempo y por el que nunca se hará la suficiente justicia. Un disco de pop electrónico que destaca, sobretodo, por la sinceridad que desprende y en el que los aciertos y los hits se cuentan por doquier. Pero hete aquí que se publica Melodrama (lo que los norteamericanos llaman sophomore abum), dispara todas las expectativas, y consigue otro gran disco que añadir a su meteórica carrera con tan solo 20 años. Unos últimos años de su vida de los que hemos sido testigos y que estoy viviendo más intensamente y están dando más de sí que, prácticamente, los míos. Bueno, esto último es una exageración, claro, pero así aprovecho y pongo en situación.
Poco más de 40 minutos de música que nacen desde el mainstream más inquieto con vocación de comerse el mundo, auténtica y genuina música para las masas. Música para cambiar el mundo y hacernos más felices. Noto que inmediatamente después de la publicación de este disco hay una perturbación diferente en la fuerza que me ata al suelo.

Con un tono más abierto y con un enfoque más luminoso que Pure heroine, las canciones de Melodrama fluyen como un grupo de pequeños meteoritos en el espacio que no quieren separar sus rutas. Canciones que se convierten en piezas vitales por la pasión con la que están interpretadas, por el vigor que poseen. Ya sea en la fuerza de Green light o The Louvre, la oscuridad de Sober y Homemade dynamite, o en el tecno pop triunfal en Supercut (con su irresistible frase "'Cause in my head -in my head-, I do everything right") o el precioso retrato de la juventud de Perfect places, aquí no hay lugar para algo que no sea la magnificencia. Incluso la parte central del disco, con sus reprises y sus segundas partes, está integrada en el todo y nos ofrecen algunos de los mejores momentos del álbum.

Melodrama es lo que se vendría llamando un disco generacional, te coja en la generación que te coja. Un disco que marca tu momento vital. Sin duda, un disco de 10/10. Javier Ruiz

lunes, 16 de enero de 2017

la segunda temporada de the leftovers

Quizás en la primera temporada de The Leftovers no nos dimos cuenta, pero su segunda temporada nos lo ha dejado claro: la serie de HBO es un viaje a la paz (¿sí?, ¿realmente ha encontrado el camino de vuelta a casa?) de un hombre que no lo ha tenido fácil. Un viaje de la locura a la cordura en una situación límite y con tintes apocalípticos.



Después de la primera tanda de capítulos, volvieron en 2015 con una segunda temporada en la que, ya desde el cambio de la cabecera, se cambia el tono, se introducen más matices en la historia (se refuerza el componente religioso, pero también aparece un fino sentido del húmor -atención, por ejemplo, al uso del Stay de Rihanna-) y quizás se recurre menos a la música de Max Richter para reforzar los momentos más emotivos.
Con las bases puestas en esa primera temporada, en estos 10 capítulos ha habido tiempo de ahondar más en los personajes, darles más fondo y dimensión.
10 horas de televisión que han formado un mosaico escondido que pudimos ver en su totalidad en la season finale, un tour de force emocional que ha llevado a The Leftovers a ser una de las series más peculiares y especiales de la actualidad.

miércoles, 26 de octubre de 2016

ólafur arnalds, island songs (2016)

De cómo las canciones de Island Songs me han ido atrapando y enamorando está documentado aquí en el marino semana a semana. Un proyecto que consistía en dar a luz en siete semanas a siete canciones, cada una en un sitio diferente de Islandia, el lugar de nacimiento de Ólafur Arnalds. En cada uno de esos lugares, se hacía acompañar de amigos y colegas para cada una de esas canciones. Aquí ha sido igual de importante el fin que lo medios. Un proyecto ambicioso y apasionante, del que, sin duda, Arnalds ha salido reforzado y entregando su mejor obra hasta el momento.
Para llevar a cabo un proyecto como este era necesario que cada una de esas siete partes de las que consta fueran lo suficientemente sólidas individualmente, pero también que finalmente, al juntarlas y verlas como obra tuvieran sentido. Todo esto, en Island Songs ocurre con toda la facilidad y naturalidad del mundo. Cada una de las canciones es un pilar maestro que sostiene una increíble construcción. Una obra donde el piano es el instrumento que unifica, pero en la que se añaden instrumentos de cuerda e incluso algún sintetizador.

Todo da comienzo con la voz rota del poeta Einar Georg en Árbakkinn, a la que siguen unas cuerdas que marcan el tono solemne de la canción. Le sigue la bella 1995 y la fantasmagórica Raddir (esta última capaz de traspasar tu alma). Ólafur Arnalds ha ideado un trayecto que va de la oscuridad a la luz. Como si empezáramos la escucha a altas horas de la madrugada y finalizara con el amanecer. Siendo Öldurót y Dalur los últimos momentos de oscuridad donde ya se perciben los rayos del sol.
La increíble Particles, con la acogedora voz de Nanna Bryndís y la esperanzadora Doria (maravilloso el juego de espejos creado con los pianos) son el broche final, con el sol ya en lo alto.

Island Songs es un disco que redefine la belleza, nada más y nada menos. Que te lleva a un estado de ánimo del que jamás querrás desprenderte. Javier Ruiz

miércoles, 25 de mayo de 2016

el palacio de linares, ataque de amor (2016)

La evidencia que tras canción a canción de adelanto que íbamos conociendo se iba haciendo más palpable, es ya una realidad: Ataque de amor es el disco pop del año.

La quinta referencia del grupo, tras tres siete pulgadas y un diez, es su primer disco largo. 10 canciones que aún manteniendo las formas que El Palacio de Linares venían enseñando, perfeccionan y superan esa manera de hacer canciones. Incluso podría decir que la simplifican para hacerla mejor. 10 canciones en las que la base rítmica actúa como perfecto y efectivo acompañamiento a unas letras que sin querer destacar acaban resultando el elemento diferenciador. Unas letras que conectan de manera generacional con nosotros como pocas lo hacen. Sencillas, directas, sinceras, entrañables, aunque también con mala baba. Que de tan del día a día, de tan cotidianas, se convierten en himnos, en los himnos que necesitamos para seguir aguantando este mundo de mierda.
No le veo sentido si no a canciones como Si fueras mi novia ("Si fueras mi novia te llevaría a cenar a sitios majos, si fueras mi novia no tendrías que preocuparte por el trabajo, pero como no eres nada me quedo en casa viendo series"), Recto y quieto ("Así que me tapo entero y cierro fuerte los ojos, me quedo recto y quieto, pienso en asuntos tribiales, chicas que me gustan") o El Puzzle ("he hecho planes contigo, me he metido a dentista, estudiando todo el tiempo, y eso que solo he visto una foto de tus hombros en internet").

Sin bajar un solo segundo el nivel que mantiene todo el lp, la cara A se inicia con la exultante Ataque de amor (flipante) y Senteemienties (canción que estrenamos en el marino) para continuar con la reposada Lava y terminar esta cara con las más crudas y fantásticas Los peces ("la gente y los peces estamos de acuerdo, en que hay que ponerse de acuerdo y plantarse ante esa gente que no es buena gente") y El puzzle.

La cara B es donde están varias de mis canciones favoritas del disco: Si fueras mi novia, Recto y quieto o No me gusta dormir. También la íntima Hemos quedado ("Hemos quedado a follar, y te he acabado contando que a veces no aguanto y pienso en la muerte") y La melena.

Ataque de amor no es que sea el disco que uno piensa que haría si por lo que fuera se le ocurriera ponerse a tocar (y fuera muy optimista con el resultado). Es también un disco que sin ningún tipo de adorno consigue llegar donde muchos no lo hacen. Donde solo el gran pop, el espectacular, llega.

10/10. Javier Ruiz

jueves, 7 de abril de 2016

charlie kaufman & duke johnson, anomalisa (2016)

Cuando era adolescente, a menudo fantaseaba con lo que me iba a pasar más adelante. Soñaba que conseguiría un trabajo maravilloso en el que me realizaría y encontraría fabulosos compañeros (cosa que no ha pasado, soy un hombre triste), un novio para toda la vida (cosa que ha pasado, soy un hombre afortunado) y una vida placentera en general. Me podía pasar horas enteras solo pensando en eso, escenas en mi cabeza que no iban a ningún lado, solo a sitios mucho más oscuros.

(spoilers)

La vida de Michael Stone es una vida anclada en el gris, en la monotonía, en la más triste rutina. Hasta que viaja a Cincinnati por viaje de negocios y de repente, en una noche, todo parece cambiar. Michael sufre el denominado Síndrome de Frégoli, magistralmente representado. Después de ciertos acontecimientos, hay un punto de inflexión en la película que le da la vuelta y hace que todo adopte otra perspectiva. Es el momento después de la ducha, en el que notamos que algo ha pasado, aunque no sabemos bien qué. A partir de aquí, el desafío no consiste en entender lo que pasa o le parece pasar a Michael en su cabeza (en este punto es importante el papel que juega el juguete japonés), si no cuánto de Michael somos nosotros, si soy yo mismo.


Porque en Anomalisa todo momento es importante, desde la manera en la que Michael le pide a su acompañante en el avión que ya le puede soltar la mano, hasta el número de veces que explica que hay algo en él que no va bien.
Tal vez sea la incapacidad de entablar relaciones verdaderas, salir de tu cabeza para poder comprender a los demás, el tedio, el hastío, la incapacidad de llevar una vida normal y placentera, etc. El mal de nuestros días plasmado de manera cruda y directa, plasmado en personajes que no son independientes, sino todo lo contrario.



Aquí lo importante no es descifrar los misterios de la película (que por otro lado, también), sino acompañar a Michael en sus deseos más intimos, en sus ganas de mejorar su vida, en poder mirarse al espejo y no romperse.

10/10

lunes, 28 de septiembre de 2015

chvrches, every open eye (2015)

En Reino Unido lo llaman "sophomore album", aquí lo podríamos llamar "el difícil trago del segundo disco", trago que Chvrches han pasado como quién ve llover. Tras un debut buenísimo, de los mejores de los últimos años, lo han vuelto a hacer.

Y sí, parecía difícil, pero Every open eye es muchísimo mejor que The bones of what you believe. Chvrches han perfeccionado su fórmula, aquí todo es más grande, más fuerte, más brillante, más alto, más todo: la producción es más clara y directa que en su debut, las canciones mejores, la voz de Lauren Mayberry cada vez es más expansiva. Me pongo a pensar en casos como este, en los que tras un primer disco que te marca e impacta, te encuentres un segundo disco que incluso te guste más y no encuentro precedente.

Every open eye no da respiro alguno. Hasta la canción número 8 (tras casi media hora de escucha) no aparece un tema que baje las revoluciones por minuto (tras él, solo Afterglow las vuelve a bajar). Todo el álbum es un estado de como construír canciones que te dan la alegría completa. A la felicidad por la electrónica. A la felicidad por los Chvrches.

Every open eye comienza con Never ending circles, a modo de preparación de pista. A partir de ahí, el viaje más alucinante que podamos encontrar este año: una secuencia de canciones, a cuál mejor, ante las que no puedes más que abrir la boca de admiración e incredulidad, semejante derroche de talento y genio para las melodías pop no suele verse a menudo.

Leave a trace es (ya) la típica canción del grupo que parece inofensiva, pero que va ganando en presencia e intensidad para finalizar siendo favorita. Keep you on my side, Make them gold y Clearest blue son tres hitazos como pocos, en los que absolutamente toda la canción es un gancho constante, estrofa-estribillo-estrofa aquí no tiene valor. Chvrches se saltan estas normas básicas (ya lo hacían en, por ejemplo, Gun) para entregar canciones en las que no sabes a qué momento de su duración agarrarte más fuerte y nunca más soltarte.

High enough to carry you over es la canción que canta Martin Doherty en este disco (al igual que hacía en The bones of what you believe con Under the tide) y sin duda, es una de las mejores del álbum. Su preciosa voz dota a la canción de una emoción a flor de sintetizador, puro satén electrónico para no parar de llorar y bailar.
La eufórica Empty threat es el preludio a uno de los dos medios tiempos. El primero de ellos es Down side of me, y cerrando Alferglow, otra preciosidad. Antes, Playing dead y Bury it. La primera lo más oscuro del conjunto y la segunda otro hit instantáneo (¡entiérralo!).

En lo que respecta a los bonus tracks de la edición especial, Get away, la canción que publicaron en 2014 para el proyecto de la BBC alrededor de la película Drive, sigue tan lozana como el primer día, totalmente al nivel del disco, Follow you es otra maravilla cantada por Martin (quiero un disco entero de Chvrches cantado por él, o en su defecto, un disco en solitario) y Bow down otro éxito (y van...).

Chvrches han realizado lo que es uno de los discos más alucinantes que he podido escuchar en los últimos años. Música para bailar con el corazón. (Verdadera) Música para las masas.

10/10